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Elecciones en Brasil | Análisis

La corrupción, la inseguridad y el apoyo de los evangélicos llevan a Bolsonaro a la presidencia

  • El desencanto con los partidos tradicionales ha acabado encumbrando al ultraderechista
  • Evangélicos y la clase media asustada por la violencia, claves en su victoria 
     

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Los planes de Bolsonaro para Brasil

El descrédito de los partidos políticos tradicionales, embarrados en la corrupción; el apoyo de los evangélicos y de las élites económicas; el miedo ante el aumento de la criminalidad y el rechazo al PT de Lula. Estos son los factores que han acabado llenando las urnas de Brasil de votos para el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro

Después de casi tres décadas en la política, Bolsonaro ha ganado las elecciones con el apoyo no solo de la clase media sino de amplios sectores populares, antiguos votantes de la izquierda. Ha sido una victoria transversal, en la que no le han dado la espalda ni las mujeres (a pesar de sus declaraciones machistas) ni los jóvenes. 

Solo así se explica que haya obtenido el 55% de los votos, más de 57,6 millones, una cifra solo superada por Lula da Silva en 2006. Son casi 11 millones más que los obtenidos por el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad

Bolsonaro gana en Brasil apoyándose en el descrédito de la clase política por la corrupción

Un candidato libre de corrupción

El disgusto de los brasileños con los líderes políticos tradicionales es palpable. Solo el 13% se mostró “satisfecho” o “muy satisfecho” con la democracia en general en 2017, según la encuesta anual realizada por Latinobarómetro, un centro de estudios chileno.

Los méritos de Bolsonaro como diputado son escasos (es autor solo de dos proyectos que se convirtieron en ley), pero nunca se ha visto empañado por casos de corrupción, lo que a ojos de muchos brasileños ya le otorga una mínima credibilidad de la que carecen sus adversarios. Sobre esta base, Bolsonaro ha levantado sus promesas de orden y soluciones expeditivas a los problemas del país. 

"Los mensajes de Bolsonaro son muy claros - explica Anna Ayuso, Investigadora senior para América Latina de CIDOB - Ofrece soluciones simples a problemas complejos. Puro populismo". Pero, "para bien o para mal", apostilla Ayuso, la corrupción generalizada en el resto de candidaturas le han hecho aparecer como el candidato de la "renovación".

Para Esther Solano, polítologa y profesora de la Universidad de São Paulo, Bolsonaro ha sabido cabalgar un "sentimiento de frustración con la política, de descrédito, cansancio e incluso rabia con la forma tradicional de hacer política" que se ha extendido también a los medios de comunicación, desbordados en esta campaña por las redes sociales.

Solano ubica al nuevo presidente brasileño en la estela de otros líderes de la derecha o la extrema derecha mundial, como Matteo Salvini en Italia, Viktor Orban en Hungría o el propio presidente estadoundiense, Donald Trump

Las mañanas de RNE con Íñigo Alfonso - Triunfo de Bolsonaro en Brasil: "El parlamento puede condicionar la gobernabilidad del país"

"Buey, bala y biblia" 

"Buey, bala y biblia". Así resume Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano, la base política sobre la que Bolsonaro ha cimentado su victoria: "los grandes propietarios, los sectores que piden mano dura y los evangélicos", a los que se ha sumado la élite empresarial del país. 

Si a los empresarios les suena a gloria el programa neoliberal radical de privatizaciones masivas y reducción del gasto social, el conservadurismo moral del nuevo presidente apela a los evangélicos, que constituyen una cuarta parte del electorado. Bolsonaro, católico, ha prometido eliminar las clases de educación sexual, oponerse al feminismo (que tacha de "ideología de género"), derogar los derechos de los homosexuales y frustrar cualquier intento de aliviar las estrictas leyes de aborto. 

"Es el apoyo de los evangélicos el que ha convertido a Bolsonaro en un candidato creíble", opina Anna Ayuso. 

La inseguridad ha sido su otro gran caballo de batalla. El año pasado se produjeron casi 64.000 asesinatos, una cifra histórica. Además de acabar con las bandas de delincuentes, Bolsonaro ha prometido flexibilizar las leyes de tenencia de armas, lo que le ha granjeado las simpatías de la clase media blanca. 

Partidarios de Jair Bolsonaro posan con un arma de cartón y un muñeco que representa al expresidente Lula preso

Partidarios de Jair Bolsonaro, nuevo presidente de Brasil, posan con un arma de cartón y un muñeco que representa al expresidente Lula preso. REUTERS/Ricardo Moraes

Un voto contra Lula y el PT 

"Esta elección se ha ganado en la oposición al Partido de los Trabajadores", considera Carlos Malamud. "Lula le endosó a Haddad todo el rechazo que una parte fundamental de la sociedad brasileña siente por Lula y el PT", añade.  

Esta elección se ha ganado en la oposición al Partido de los Trabajadores

El fundador del PT, el expresidente Luiz Inácio Lula de Silva, cumple una condena de 12 años de prisión por corrupción y lavado de dinero. Su sucesora, Dilma Rousseff, fue destituida por el Parlamento por sospechas de prevaricación.

No obstante, el PT sigue siendo el partido mayoritario en un Parlamento muy fragmentado (30 partidos), que será precisamente el freno a los posibles excesos de Bolsonaro. 

"La moderación le vendrá por la vía de los hechos. Su partido [el Social-Liberal] solo tiene el 10% en el Parlamento", subraya Anna Ayuso.

Incluso entre la mayoría parlamentaria conservadora hay diferencias en política económica entre neoliberales y proteccionistas. "La negociación será dura, son políticos de la vieja escuela", considera Esther Solano. 

La profesora de la Universidad de São Paulo augura también un fuerte antagonismo por la izquierda, tanto en el Parlamento como en la calle, que se movilizó tras la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta.

Durante las horas posteriores al anuncio del resultado, grupos de jóvenes opositores a Bolsonaro han salido a protestar en las calles de las grandes ciudades. Otros han volcado su decepción en las redes sociales, donde la etiqueta #EleNaoEMeuPresidente ("No es mi presidente") se ha convertido en tendencia global. 

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