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Javier Cámara y Ricardo Darín, nominados a mejor actor de reparto y mejor protagonista por 'Truman'. RTVE
Premios Goya 2016: Nominados a mejor actor protagonista y mejor actor de reparto

Brumosos límites entre principales y secundarios

  • El trabajo de muchos actores ha estado por encima de sus películas

  • Pedro Casablanc, Darín, Tosar y Etxeandia se disputan el premio a mejor actor

  • Manolo Solo, Cámara y Felipe García Vélez tienen como rival a Tim Robbins

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Predecir los ganadores de unos premios como los Goya de esta edición con la actitud del que intenta adivinar el número de la lotería puede que sea, paradójicamente, lo más razonable a la vista de cómo han sido en conjunto las nominaciones, y eso que el caso de las interpretaciones masculinas, tanto de protagonistas como de secundarios, parece uno de los menos disparatados.

Vista la tendencia de las nominaciones a los premios anuales, habrá que empezar por hacerse unas cuantas preguntas generales: ¿en qué piensan los académicos? y de paso, ¿en qué piensan los productores? Y también, ¿por qué no?, ¿en qué piensan los críticos?

Dicho esto, cabe subrayar que en este año, si no malo ni mediocre, menos estimulante en comparación con lo que dio de si el cine español el año pasado, sin ir más lejos, se podría afirmar que en algunos casos el trabajo de muchos intérpretes, no sólo los nominados, ha estado en general por encima del nivel de las películas en las que participaban.

Pedro Casablanc y Manolo Solo, en B

No es el caso, desde luego, de Pedro Casablanc, memorable en su encarnación de Luis Bárcenas, en la estupenda B, la película, dirigida por el debutante David Ilundain, título importante para esta cinematografía un tanto acomplejada, que por fin se atreve a hablar sin complejos del aquí y el ahora de este delirante folletín en el que vivimos, con la contundencia y la convicción del trabajo sólido y concienzudo, como lo vienen haciendo desde siempre el cine francés y el norteamericano, retratando a personajes reconocibles de la vida pública con nombres y apellidos.

Pedro Casablanc, formado en los mejores ambientes teatrales, viene siendo un asiduo de las series televisivas y su presencia en el cine consolida un generoso goteo de pequeños papeles en los que no resulta fácil reconocerle de unos a otros, aunque ya dicen bastante de su talento. Con su papel de Bárcenas le llega una oportunidad única que ha aprovechado de la mejor manera imaginable.

El parecido físico con el peculiar y ya popular contable y tesorero del Partido Popular es asombroso, gracias a la combinación de maquillaje, peluquería y actitud gestual, pero lo es más su capacidad para reproducir la gran cantidad de matices que es capaz de hacer resonar con sobria convicción durante la película, desde la impaciencia y la resignación del que se siente atrapado pero no vencido, hasta el desdén y la chulería hacia el tribunal tan característico de algunos perdedores venidos a menos, de quien se creía impune hasta poco antes o todavía no acaba de creerse lo que le está pasando.

A su lado o frente a él, en cualquier caso en perfecta sintonía, Manolo Solonominado a mejor secundario en el papel del juez Ruzmás discreto pero no menos meritorio, otro de esos actores españoles capaces de hacer creíble cualquier personaje que se le encomiende a golpe de oficio, sobriedad y modestia. En este caso en el trance de dirigir un interrogatorio surrealista, esforzándose por mantener la seriedad que la justicia exige, reprimiendo las emociones, el asombro, la indignación, las ganas de reír el disparate o la desfachatez, de dar un golpe sobre la mesa, tras una firme fachada de profesionalidad. Y eso en el centro de una mesa memorable, flanqueado por una secretaria y el técnico encargado de las grabaciones, que no se permiten un solo diálogo y que el espectador identifica con su propia mirada entre curiosa y estupefacta.

Ricardo Darín y Javier Cámara, en Truman

De Ricardo Darín se espera siempre lo máximo, y por supuesto que estuviera entre los nominados a mejor actor masculino en los Goya de este año. Su presencia en pantalla, tanto en producciones del otro lado del Atlántico como de este, es en sí misma un aliciente único para el público porque goza de ese magnetismo indescriptible pero evidente, reservado a los elegidos.

En Truman, la película de Cesc Gay que invita al espectador a asistir a un trágico trance fúnebre con relativa comodidad, basta decir que Darín está a la altura de sí mismo en el papel de enfermo terminal, desahuciado, decidido a despedirse del mundo con la máxima discreción, reservándose el penoso espectáculo de una degradación inminente e inevitable, peleando hasta el último minuto por mantener la dignidad antes que la salud.

A su lado Javier Cámara, con méritos suficientes para contarse entre los nominados a papel protagonista y sin embargo relegado a la categoría de mejor secundario. Por suerte, la Concha de Plata ex aequo que recibieron en San Sebastián atenúa en parte el agravio. Tan difícil como mantener la sonrisa frente al drama propio resulta acompañar al futuro difunto conociendo los pormenores de lo que se avecina, tragándose sigilosamente el dolor y manteniendo el mejor ánimo en la romería de sucesivas despedidas tácitas del amigo, en un conmovedor derroche de humanidad que eleva a Javier Cámara a la categoría de gran actor que viene ganándose desde hace años.

Luis Tosar, el habitual

A estas alturas resulta raro que Luis Tosar no se cuente entre los nominados a los Goya y por eso tiene toda la lógica que aparezca este año por su trabajo en El desconocido, el brillante debut como director de Dani de la Torre, encarnando un personaje moralmente ambiguo, que se convierte en el centro de una intriga trepidante, agobiante, atrapado literalmente, junto a sus hijos, en el asiento de su coche bajo la amenaza de un despechado cliente de la sucursal bancaria que dirige.

La tensión crece cada minuto de este relato vibrante, thriller con aires de gran producción gratificantemente novedoso en el panorama cinematográfico español, y en el centro de todo funciona inmejorablemente el rostro y las manos de Tosar, haciendo gala de una inagotable infinidad de matices y registros, en ese encuadre dentro del encuadre que dibujan las ventanillas del automóvil, sirviendo al mismo tiempo al empaque de gran espectáculo visual, de acoso, acción y velocidad por un estilizado paisaje urbano, y como catalizador de un complejo drama intimista en el que entra en juego el valor y la autoestima del personaje y su reivindicación ante los ojos de sus hijos.

Asier Etxendia, el novio

La cuarta nominación a mejor actor protagonista corresponde a Asier Etxendia por su trabajo en La novia, lo que sin restar méritos a este brillante actor, parece formar parte de la obnubilación colectiva que ha desembocado en una abrumadora lluvia de nominaciones a los Goya para esta peculiar versión de Bodas de sangre, sobrecargada de un lirismo inexistente en el original de García Lorca, y su contagioso eco en las de casi todos los premios que recapitulan lo mejor del año y se dan a conocer por estas fechas.

Asier Etxendía asume el papel del novio, el que se lleva en definitiva la peor parte en este trío desmesuradamente pasional, y también, el que menos bazas tiene para alzarse con el Goya a mejor actor este año, pues el suyo es además, siendo importante, el menos protagónico de todos.

Felipe García Velez, alias Caralimpia

De los otros nominados a mejor actor de reparto queda el veterano Felipe García Vélez por su papel de Caralimpia en A cambio de nada, el más que meritorio debut del actor Daniel Guzmán como director.

García Vélez, que arrastra a sus espaldas un generoso repertorio de secundarios de carácter que se remonta a principios de los 80, perfila un sugerente personaje que transpira las esencias mugrientas del clasicismo realista del mejor cine negro, delincuente medio redimido bajo la tapadera de mecánico, que acaba convirtiéndose en familia afectiva del desorientado protagonista.

Tim Robbins, la nota internacional

El otro nominado a mejor actor de reparto es nada menos que el actor norteamericano Tim Robbins, que asume con evidente oficio el papel de B en Un día perfecto, el nuevo y como casi siempre atípico largometraje de Fernando León de Aranoa. Un individuo de esos que se definen eufemísticamente como de mediana edad, de vuelta de casi todo, el más errático, confuso y también el más divertido de los curtidos cooperantes de la misión humanitaria que entre ironías y desastres intentan llevar a cabo los miembros de una ONG en una zona de guerra de algún lugar de los Balcanes.

Este año constata que en el cine español hay talento interpretativo para dar y tomar y quizás se pueda decir a media voz que son todos los que están pero quizás no estén todos los que son, o viceversa.

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