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El gigante aéreo IAG nace con un corazón mitad español, mitad británico

  • Iberia se fusiona con British Airways y crea el tercer grupo de Europa

  • Facturarán 15.000 millones de euros y transportarán 60 millones de pasajeros

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El tercer grupo aéreo europeo nace este viernes con un corazón que es mitad español (Iberia) y mitad británico (British Airways). Con la creación del International Airlines Group (IAG) culmina un proceso que comenzó hace dos años y que permitirá a ambas compañías conservar sus marcas, al tiempo que se refuerzan y dejan atrás un período de crisis que ha sido especialmente agudo para la británica.

Así, Iberia ha pasado en diez  años de ser una compañía estatal -fue la aerolínea de bandera durante 75 años hasta que comenzó su privatización en marzo de 2000- a convertirse en parte de un grupo privado e internacional.

La unión de estas dos aerolíneas sólo se verá superada en el continente por la alemana Lufthansa y la franco-holandesa Air France-KLM, mientras que a nivel mundial se convertirá en el sexto grupo del sector, ya que su facturación anual se acercará a los 15.000 millones de euros.

Es la tercera gran fusión de compañías aéreas europeas tras el acuerdo entre Air France y KLM en 2005, y entre Lufthansa y Swiss Arlines en 2006.

Una operación entre iguales

Los accionistas de Iberia tienen el 44% del capital de la nueva corporación -que contará con la sede financiera en Londres y la social en Madrid-, mientras que British Airways posee el otro 56%.

Caja Madrid se convierte, con casi el 23% de Iberia, en el accionista de referencia de la nueva compañía, aunque la entidad financiera ya ha descartado que vaya a aumentar su participación.

Tanto Iberia como British Airways han cotizado este jueves por última vez en solitario en sus respectivos mercados bursátiles. La española ha cerrado una presencia de diez años en la Bolsa de Madrid con una caída del 1,92%, mientras que la británica ha terminado con una bajada del 1,74%.

El nuevo grupo IAG debutará el próximo lunes en los parqués de Londres y Madrid. En la City lo hará dentro del FTSE-100 -el índice que selecciona los 100 principales valores del mercado londinense-, pero en la capital española lo hará dentro del mercado continuo, con lo que el Ibex 35 se quedará temporalmente con una selección de 34 valores, hasta que el Comité Asesor Técnico decida qué compañía sustituye a Iberia.

Casi 60 millones de pasajeros al año para 250 destinos

La compañía fusionada contará con 408 aviones (la quinta flota más grande del mundo) que volarán hasta 250 destinos en todo el planeta y transportarán a casi 60 millones de pasajeros cada año.

Para British Airways, la clave de esta operación está en lograr acceso a nuevos destinos en Latinoamérica, mientras que Iberia aumentará su presencia en Asia-Pacífico y América del Norte.

Entre las dos aerolíneas suman 57.000 trabajadores. Precisamente en el campo de personal se ha localizado el principal obstáculo para cerrar esta fusión: el déficit de 4.380 millones de euros que acumulan los dos fondos de pensiones de la aerolínea británica.

Al final, los empleados de British que contribuyen a los fondos podrán elegir entre mantener su aportación y ver reducida un poco la pensión que reciban en el futuro, o aumentar ahora ligeramente su contribución para poder conservar el nivel previsto de pensión. 

La fusión ha dejado una puerta abierta a la integración de otras líneas aéreas, tal y como han repetido el presidente de Iberia, Antonio Vázquez (que también lo será de la nueva sociedad), y el consejero delegado de British, Willie Walsh, quien va a ocupar el mismo cargo en IAG.

Una fusión impulsada por la crisis

Ese acuerdo se cerró a finales del año pasado, lo que permitió que el 29 de noviembre de 2010, los consejos de administración de ambas aerolíneas aprobasen definitivamente la unión, que se había formalizado el 8 de abril de 2010 con la firma del contrato de fusión.

Eso puso fin a dos largos años de negociaciones que habían comenzado justo antes del estallido de la crisis por la caída de Lehman Brothers y después de que la aerolínea británica fracasara en su intento de compra de la compañía española a través del fondo de inversión estadounidense Texas Pacific Group en 2007.

Después de una década como socios estratégicos y como miembros de la alianza global Oneworld, Iberia y British Airways anunciaron el 29 de julio de 2008 su acuerdo para culminar su relación en una fusión empresarial.

Como fondo de esa operación aparecían los problemas que el elevado precio del petróleo había empezado a causar en el sector de las aerolíneas y que se había sumado a la agresiva competencia de las compañías de bajo coste. Dos de las primeras low cost, Easyjet o Ryanair, se lanzaron sobre el mismo mercado controlado hasta entonces por British Airways.

Iberia también ha sufrido por esos factores: en 2009 perdió 273 millones de euros, su primer resultado negativo en 13 años, y en 2010, ha visto como la irlandesa Ryanair le adelantaba en número de pasajeros, al transportar a 2,7 millones más que la aerolínea nacional. 

Sin embargo, la empresa española ha campeado mejor los efectos de la crisis, por lo que una operación que se inició bajo el liderazgo de British ha terminado siendo una operación entre iguales.

En noviembre de 2009, la aerolínea británica presentó los peores resultados semestrales de su historia al reconocer una pérdida neta del 217 millones de libras, frente al retroceso de 49 millones que había registrado en el mismo período el año anterior.

Entonces, la compañía empezó a aplicar recortes en gastos y plantilla, con el consiguiente rechazo de los trabajadores, especialmente duro en el caso de los tripulantes de cabina, que convocaron 22 días de huelga el año pasado. El tira y afloja terminó con una reducción de 4.900 empleos a lo largo de 2010, el 13% de una plantilla mundial de 38.000 personas.

Así, entre abril y septiembre de ese año, la aerolínea logró volver a terreno positivo por primera vez en dos años, al cerrar el semestre con un beneficio neto atribuido de 107 millones de libras.

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