Ver también: Especial elecciones catalanas
La incógnita de las novenas elecciones catalanas no es quién ganará las comicios salvo sorpresas -los últimos sondeos publicados hace una semana daban la victoria a CiU rozando la mayoría absoluta-, sino cuántos ciudadanos de los 5,3 millones que están llamados a las urnas, acudirán finalmente a votar.
Una baja participación, como la que se teme, puede abrir la puerta a la fragmentación del arco parlamentario con la entrada de nuevos partidos que ahora no están representados y pasar factura directa a los partidos de izquierdas, con unos votantes menos fieles que los de derecha.
Para entrar en el reparto de escaños en unas elecciones autónomicas, los partidos catalanes tienen que superar el umbral del 3%. Cuanta menos gente vaya a votar menos papeletas necesitan los partidos para optar a sentarse en el Parlament. Una situación que beneficia claramente a formaciones pequeñas con pocos votantes pero muy fieles.
De la participación dependerá, por ejemplo, que el partido del ex presidente del Barça Joan Laporta, Solidaritat, entre o no en la cámara catalana como apuntan algunos sondeos.
Según el último barómetro de opinión del Centre d'Estudis d'Opinión (CEO), publicado antes de que arrancara la campaña, el 64,5% de los entrevistados iba a ir a votar "con toda seguridad".
Si se cumpliera este pronóstico se superaría la participación récord de 1984 cuando votó el 64,36% de los electores y Jordi Pujol (CiU) consiguió su primera mayoría absoluta con 72 escaños, el máximo conseguido hasta ahora por los convergentes.
Sin embargo, según otros sondeos la participación no será tan alta. La encuesta de ABC apuntaba a tan sólo un 47,7% de participación y la de El País, a entre un 50 o 52%.
Todas estas cifras están por debajo de la participación más baja de la historia en unas elecciones catalanas, la que se registró en 1992 cuando sólo fue a votar el 54,87% de los votantes y aún así CiU consiguió su segundo mejor resultado, 70 escaños.
Según explicaba a rtve.es, antes del inicio de campaña, el director del CEO, Gabriel Colomé, "en estos momentos el ciclo participativo en Cataluña es bajo".
En las autonómicas de 2006 votó el 56,04% del censo, la segunda participación más baja, en las municipales de 2007 lo hizo el 53% y tan sólo un 39,9% en las europeas de 2009. Solo se salvan las generales de 2008 con un 70,3%.
"Cuanta más abstención haya, menos votos serán necesarios para pasar el corte del 3% y de esta forma entrar en el reparto de escaños. Esto, unido al mayor número de opciones políticas nuevas (y no tan nuevas como C's) que concurren en estas elecciones, facilitará la fragmentación del nuevo arco parlamentario".
Según explica a rtve.es el catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona Joan Botella "el coste de obtener un diputado se reduce con la participación baja".
Algunos sondeos apuntan a un crecimiento de Ciutadans, que podría conseguir un diputado en la provincia de Tarragona, según Botella. Otros de los beneficiados si hay baja participación sería Solidaritat, de Joan Laporta. La encuesta de El País, por ejemplo, le daba hasta tres escaños si la abstención es alta.
A pesar de las encuestas, Botella cree que la fragmentación será menor de lo esperado. En este sentido, Jorge Santiago, director del Master en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política (MAICOP) de la Universidad Pontificia de Salamanca, señala que una cosa es una encuesta y otra votar.
Botella llama la atención que no todos los escaños valen lo mismo. En Barcelona, donde están en juego 85 diputados, obtener un primer diputado puede costar unos 50.000 votos de media.
En Lleida, donde se eligen a 15, basta sólo con unos 6.000 votos aproximadamente, si la abstención se mantiene aproximadamente en el 50%. También en Tarragona, donde se deciden 18 escaños, y Girona, con 17, "es más barato entrar".
Al margen de beneficiar a los pequeños, ¿cómo afecta la abstención al resto de partidos? Según explica Colomé, "no afecta a todos los electorados de la misma manera".
Según el director del CEO, "los votantes de izquierda son más propensos a quedarse en casa" algo que puede acentuarse por la crisis económica y de gobierno.
Según el catedrático Joan Botella "el electorado más participativo" en estas elecciones catalanas, "va a ser el de CiU". Una baja participación "no le va a perjudicar electoralmente" otra cosa es que por un efecto indirecto, en la distribución de escaños, resulte dañado.
Jorge Santiago es de la misma opinión: "a CiU la abstención le beneficia o perjudica menos que al resto de partidos".
El último barómetro publicado por el Centro d'Estudis d'Opinió recogía la intención de ir a votar general de la población (64,5%) pero también desglosada por partidos y hay claras diferencias entre los partidos de derecha y de izquierdas.
Mientras que un 87,5% de los votantes de C's y el 82% del PPC en 2006 aseguraban que irán a votar con toda seguridad, el porcentaje bajaba al 78,3% en el caso de CiU y descendía entre los votantes del tripartito (74,5% PSC; 72,5% ERC; y 70,7% ICV-EUiA).
El 4% de los que votaron al PSC hace cuatro años decía que "con toda seguridad" no iría a votar.
Si la abstención se convierte o no en el "partido" ganador de las novenas elecciones catalanas se sabrá en unas horas.
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