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Nunca antes se había consumido tanta cocaína, hay al menos 25 millones de consumidores en el mundo, según la ONU. Una cuarta parte en Europa, donde el mercado casi se ha duplicado en los últimos 20 años. España está entre los países donde más toneladas se incautan, pero la lista la encabeza Bélgica.

Casi toda la cocaína llega por vía marítima y mucha lo hace a través de un puerto cerca de Bruselas, el de Amberes. Se considera el principal punto de entrada de drogas en Europa. Su avanzada infraestructura y su localización estratégica lo han convertido en objetivo de las organizaciones criminales, señaló la secretaria de Seguridad estadounidense en una visita reciente al puerto.

Para el gobierno belga, el apoyo de Washington es crucial en la lucha contra el tráfico de estupefacientes. Han cambiado los métodos y también surgen nuevas rutas. Históricamente, EE. UU. ha sido el principal destino de la cocaína producida en Latinoamérica y distribuida por carteles mexicanos y colombianos.

Ahora Europa ocupa un lugar central en el tráfico de cocaína. Los motivos: la saturación del mercado estadounidense, el endurecimiento de los controles en América y la militarización de la lucha contra el narco en varios países latinos, mientras continúa aumentando la demanda en el viejo continente.

Según Europol, tan solo en las fronteras comunitarias operan más de 440 organizaciones dedicadas al narcotráfico.

Una Europa más fuerte y con mayor autonomía en Defensa. Es lo que proclaman en Múnich muchos líderes europeos, ante la evidencia de que ya no pueden contar con la protección de Estados Unidos.

El canciller alemán ha abierto un diálogo inédito con Emmanuel Macron. Exploran la posibilidad de extender el paraguas nuclear francés al resto del continente, un tabú hasta ahora en Alemania.

Si se quiere ser realmente autónomo, hay que contar con medios en toda la gama de posibles escaladas militares. Eso supone no solamente elementos convencionales, también los nucleares.

Múnich sella también el reacercamiento de Londres a la Unión Europea. El primer ministro británico desplegará en el Ártico su mayor portaaviones. Busca, junto a otros países europeos, exhibir firmeza ante el desafío de Donald Trump en Groenlandia. Empiezan a asumir que Estados Unidos ha pasado de guardián a amenaza y que tanto en Ucrania como en el resto del continente, los europeos deben hacerse cargo de su seguridad al margen de la OTAN. Pero la idea de un ejército europeo sigue dividiendo a los miembros de la Unión. Pasar de las palabras a los hechos será la gran tarea pendiente que deja Múnich.

Foto: EFE/EPA/Kay Nietfeld

Nunca antes se había consumido tanta cocaína, hay al menos 25 millones de consumidores en el mundo, según la ONU. Una cuarta parte en Europa, donde el mercado casi se ha duplicado en los últimos 20 años. España está entre los países donde más toneladas se incautan, pero la lista la encabeza Bélgica.

Casi toda la cocaína llega por vía marítima y mucha lo hace a través de un puerto cerca de Bruselas, el de Amberes. Se considera el principal punto de entrada de drogas en Europa. Su avanzada infraestructura y su localización estratégica lo han convertido en objetivo de las organizaciones criminales, señaló la secretaria de Seguridad estadounidense en una visita reciente al puerto.

Para el gobierno belga, el apoyo de Washington es crucial en la lucha contra el tráfico de estupefacientes. Han cambiado los métodos y también surgen nuevas rutas. Históricamente, EE. UU. ha sido el principal destino de la cocaína producida en Latinoamérica y distribuida por carteles mexicanos y colombianos.

Ahora Europa ocupa un lugar central en el tráfico de cocaína. Los motivos: la saturación del mercado estadounidense, el endurecimiento de los controles en América y la militarización de la lucha contra el narco en varios países latinos, mientras continúa aumentando la demanda en el viejo continente.

Según Europol, tan solo en las fronteras comunitarias operan más de 440 organizaciones dedicadas al narcotráfico.

Una Europa más fuerte y con mayor autonomía en Defensa. Es lo que proclaman en Múnich muchos líderes europeos, ante la evidencia de que ya no pueden contar con la protección de Estados Unidos.

El canciller alemán ha abierto un diálogo inédito con Emmanuel Macron. Exploran la posibilidad de extender el paraguas nuclear francés al resto del continente, un tabú hasta ahora en Alemania.

Si se quiere ser realmente autónomo, hay que contar con medios en toda la gama de posibles escaladas militares. Eso supone no solamente elementos convencionales, también los nucleares.

Múnich sella también el reacercamiento de Londres a la Unión Europea. El primer ministro británico desplegará en el Ártico su mayor portaaviones. Busca, junto a otros países europeos, exhibir firmeza ante el desafío de Donald Trump en Groenlandia. Empiezan a asumir que Estados Unidos ha pasado de guardián a amenaza y que tanto en Ucrania como en el resto del continente, los europeos deben hacerse cargo de su seguridad al margen de la OTAN. Pero la idea de un ejército europeo sigue dividiendo a los miembros de la Unión. Pasar de las palabras a los hechos será la gran tarea pendiente que deja Múnich.

Foto: EFE/EPA/Kay Nietfeld

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha intervenido este sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich, participando en una mesa redonda sobre la seguridad transatlántica.

Sánchez es el primer jefe del Ejecutivo español que participa en esta conferencia, una cita anual de la geopolítica que se celebra desde 1963. En su primera intervención, ha advertido que "el rearme nuclear no es el camino a seguir para evitar el conflicto entre naciones" ni para protegerse de "la amenaza real" que supone el presidente ruso Vladímir Putin.