Las sonoras réplicas del terremoto Epstein en Reino Unido
- Tres miembros del gabinete de Starmer han dimitido esta semana por sus vínculos con el pederasta
- El rey Carlos III se ha ofrecido a cooperar con la investigación policial sobre su hermano Andrés
El gobierno de Keir Starmer y la familia real británica se han visto salpicados por los últimos documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. En el centro de la tormenta están dos viejas amistades del pederasta: el histórico dirigente laborista Peter Mandelson y Andrés Mountbatten-Windsor, el hermano de Carlos III.
La última remesa de archivos sobre Jeffrey Epstein, publicada hace dos semanas, ha sacudido los cimientos de dos instituciones centrales de la vida pública británica: el Gobierno y la Monarquía. No fue una deflagración instantánea, más bien una serie de pequeños artefactos que han ido explotando poco a poco, día tras día desde finales de enero, a medida que los medios británicos han ido analizando los documentos. Una suerte de gota malaya, que se ha convertido en una pesadilla para los equipos de gestión de crisis, tanto del Ejecutivo como de la Casa Real, puesto que nadie sabe con certeza cuando se secará la fuente.
Hasta ahora, los daños más evidentes se han notado en el seno del gobierno laborista, por los vínculos entre Peter Mandelson y Jeffrey Epstein. Entre la ingente cantidad de papeles desclasificados se encuentran fotos de sus encuentros y correos que intercambiaron. Mandelson, actor central del laborismo británico en las últimas décadas, fue diputado, ministro en varios gobiernos, comisario europeo y lord. En enero de 2025, Starmer lo nombró embajador del Reino Unido en Estados Unidos, pero meses después, se evidenció que había tenido una relación de amistad con el pederasta, y que esa se prolongó más allá de las primeras condenas del delincuente sexual. Estas revelaciones llevaron a Starmer a cesarle de su puesto de embajador en septiembre, tras días de polémicas en Westminster.
Disculpas públicas de Keir Starmer
"De haber sabido lo que sé ahora, no lo habría nombrado", admitió entonces el primer ministro en un acto de contrición. Si Starmer esperaba aplacar así los reproches de la oposición –y dentro de su propio partido– por haber apuntado a Mandelson, la tregua sólo duró un tiempo. Los nuevos documentos publicados a finales de enero han arrojado una luz nueva sobre la relación entre Mandelson y Epstein. Varios correos intercambiados entre ambos sugieren que el primero recibió dinero, unos 75.000 dólares, por parte del pederasta, a principios de los años 2000, cuando era diputado en los Comunes. Años después, en 2009, Peter Mandelson –entonces ministro de Comercio en el gobierno laborista de Gordon Brown– habría además filtrado al delincuente sexual información económica confidencial de la oficina del primer ministro.
Estas revelaciones llevaron a la policía a abrir una investigación criminal contra el dirigente laborista, por posible revelación de secretos y conducta indebida en el ejercicio de un cargo público. Desataron además una tormenta política, que fue a punto de llevarse por delante a Keir Starmer. Presionado por la oposición, el primer ministro reconoció por primera vez, la semana pasada en los Comunes, que sabía de la relación entre Mandelson y Epstein antes de apuntarle como embajador. Su confesión provocó la rebelión de parte de la banca laborista, por mucho que Starmer pidiera disculpas a las víctimas del pederasta y reconociera –de nuevo– su error de haber nombrado a Mandelson como máximo representante británico en Estados Unidos.
Del caso Epstein-Mandelson a la crisis política
El caso Epstein –ya convertido en caso Mandelson en el Reino Unido– llevó al primer ministro a prescindir de dos figuras claves de su equipo. El domingo pasado renunció Morgan Mc Sweeney, jefe de gabinete y verdadera mano derecha de Starmer. Lo hizo asumiendo toda la responsabilidad del nombramiento de Mandelson. Al día siguiente, Tim Allan, jefe de comunicación de Downing Street, también presentaba su dimisión. Fue a lo largo de un lunes de psicodrama en Whitehall, el corazón del poder político británico. Debilitado por la salida de sus dos asesores, criticado abiertamente por diputados de su formación, Starmer vio además como Anas Sarwar, el responsable del partido laborista en Escocia, exigía públicamente su renuncia. Durante unas horas, el liderazgo de Starmer estuvo en el aire, pero la amenaza se desinfló con el cierre de filas del gobierno y de los principales pesos pesados de la formación en torno al primer ministro.
Un tercer miembro de su gabinete dimitió este jueves. Fue esta vez el secretario de gabinete del primer ministro británico, Chris Wormald, el funcionario de mayor rango del Ejecutivo y responsable de la coordinación administrativa de Downing Street, una salida interpretada por la oposición como un intento de contener el desgaste político de Starmer.
Keir Starmer resistió. Salvó su puesto, al menos de forma provisional. El caso Mandelson está ahora siendo investigado por la policía y en comisión parlamentaria. Va a seguir, sin duda, alimentando la crónica política en los próximos meses, como una espada de Damocles permanente encima de la cabeza del líder laborista. Aunque el escándalo no es ni mucho menos el único motivo de descontento de los británicos con su primer ministro, no deja de ser, por la repercusión y la indignación que genera a nivel global todo lo relacionado con Jeffrey Epstein, un elemento a tener en cuenta a la hora de analizar la posible –¿probable? ¿inevitable?– caída del líder laborista en los próximos meses.
Nuevas acusaciones contra el hermano de Carlos III
Alejado de estas preocupaciones mundanas está el otro gran protagonista británico de los papeles de Epstein. En estos días tormentosos —y lluviosos, no metafóricamente hablando–, Andrés Mountbatten-Windsor guarda silencio. En las últimas imágenes publicadas por la prensa británica, se ve al hermano del Rey sonriendo, paseando a caballo y saludando a transeúntes desde su coche. Las fotos fueron tomadas el lunes 2 de febrero, en el parque de Windsor. Este mismo día por la noche, el expríncipe abandonaba el Royal Lodge, la que fue su residencia en el recinto real en las últimas dos décadas. La mudanza de Andrés había sido anunciada en octubre, pero la publicación de los nuevos documentos parece haberla acelerado.
Como en el caso de Mandelson, las últimas revelaciones sobre el expríncipe Andrés han ido apareciendo a cuentagotas en los medios. Primero fueron unas imágenes, sin contextualizar, en las que aparece el hermano de Carlos III arrodillado en el suelo junto a una mujer. Luego fueron correos electrónicos de Jeffrey Epstein "ofreciendo" al entonces príncipe el contacto de una joven rusa de 26 años. La semana pasada, salieron finalmente a la luz otros intercambios de emails, quizás más comprometedores para el ex Duque de York: habría facilitado a su amigo informes y datos confidenciales de varios de sus viajes como enviado especial del Reino Unido para el comercio y la inversión, un cargo oficial que desempeñó entre 2001 y 2011.
El Palacio de Buckingham, ¿dispuesto a colaborar?
La policía británica está analizando los hechos para decidir si abre una investigación formal. Antes de saberlo, la Familia Real ha ofrecido su colaboración. "Si la policía nos contacta, estaremos listos para ayudarles, como no puede ser de otra forma" explicó un portavoz del Palacio de Buckingham en un comunicado emitido el lunes. "El Rey ha dejado claro", añadía la nota, "en palabras y a través de acciones sin precedentes, su profunda preocupación sobre las alegaciones que continúan saliendo a la luz sobre la conducta del señor Mountbatten-Windsor". El mismo día, y por primera vez, el príncipe Guillermo se refirió también al caso Epstein. En un comunicado, el heredero de la Corona británica y su mujer se mostraban "profundamente preocupados por las continuas revelaciones", sin mencionar, eso sí, el nombre de Andrés.
Este doble movimiento de la familia real no deja de ser significativo. Muestra su preocupación por las repercusiones del escándalo, aunque, para algunos especialistas de la monarquía británica, es insuficiente. "Podrían haber cooperado con la policía a lo largo de los últimos 25 años, porque han sabido todo sobre Andrés, pero lo han protegido y han intentado suprimir la historia", explicaba esta semana el historiador y periodista Andrew Lownie en un encuentro en Londres con corresponsales extranjeros. Autor de la biografía no autorizada del ex Duque de York 'Entitled' ('Privilegiado: auge y caída de la Casa de York' en español), Lownie considera que la familia real ha hecho "demasiado poco, demasiado tarde" en el caso Epstein.
El rey apartó a su hermano de la institución; en octubre le quitó todos sus títulos y distinciones, ahora le ha obligado a mudarse a otra residencia, en Sandringham, en el este de Inglaterra, pero Carlos III "sigue financiando su casa, con cinco habitaciones y servicio privado", recuerda el historiador. Para Lownie, la Casa Real británica se encuentra "en una encrucijada": “Tiene que adaptarse al siglo XXI, que es lo que deberían haber hecho hace años: tienen que limpiar los establos antes de que Guillermo asuma el cargo". De lo contrario, "se arriesgan a perder la confianza de los británicos", vaticina Lownie. En los últimos meses, Carlos III fue abucheado varias veces en público, y esta semana, la organización antimonárquica Republic publicó un sondeo en el que solo el 45% de los entrevistados defendía la permanencia de la Corona. Son unas pruebas más del daño reputacional que el escándalo Epstein está causando a la familia real.