Cuando de niños jugaban a imaginarse otras vidas probablemente no se atrevían a soñar que en una de esas vidas acabarían formando parte de una profesión que abrazan y que les abraza. Y lo que seguro que jamás pensaron es que el próximo sábado desfilarían por una alfombra roja como nominados por sus trabajos del último año. Ángela Cervantes (33 años) miraba a su hermano de reojo mientras él daba sus pinitos en la actuación. Antes de que se dejara seducir por ella, estudió criminología y políticas.
Debutó en el cine a una edad, 29, que para más de uno es tarde. Primer papel, Chavalas (Carolo Rodríguez Colás, 2021), primera nominación al Goya. Luego llegó la segunda por La maternal (Pilar Palomero, 2022). Ahora puede dormir con un cabezón gracias a La Furia. Ahí se deja la piel en mostrar a Álex, víctima de una agresión sexual donde encarna a la alter ego de la directora Gemma Blasco. Ya ganó por este trabajo el premio a mejor actriz en el pasado Festival de Cine de Málaga. Ahora puede cerrar una temporada de aplausos con el premio gordo de nuestro cine aunque, si algo marca su día a día, es la prudencia.
Pero lo que no va a olvidar nunca, y eso lo tiene muy claro es que irá de la mano con su hermano Álvaro (36 años). El chaval que empezó en el instituto a hacer sus pinitos, que se asomó a la pantalla con Abuela de verano cuando solo tenía 15 años, y que desde su debut en el cine de la mano de Manuel Gómez Pereira con El juego del ahorcado no ha parado de trabajar. Ahí ya tuvo su primera nominación como revelación, llegó la segunda en 2021 por Adú, de Salvador Calvo, y ahora lucha por tercera vez gracias a su emotiva interpretación en Sorda, de Eva Libertad. Él también ganó este año en Málaga, él también va a por todas en unos días en Barcelona, y a él le toca subirse al ring con sus compañeros nominados en la categoría de mejor actor de reparto: Miguel Rellán por El cautivo, Juan Minujín por Los Domingos, Kandido Uranga por Maspalomas y Tamar Novas por Rondallas. "Simplemente cuando me llegó el tratamiento del guion ya me emocionó muchísimo. Lo siguiente que hice fue una sesión de trabajo con Miriam Garlo, la protagonista, y fue una experiencia preciosa. Ahí ya aprendí muchísimo. No tardaron en darme el ok y enseguida me puse a estudiar lengua de signos porque quería llegar hasta el fondo y entender lo que es la realidad de una persona sorda y de una pareja mixta".