Cuando estar triste era pecado
- Hasta el siglo VI, la tristeza estaba incluida dentro de la lista de los pecados capitales
- El Nobel que habló sobre las gramolas
Con ‘Saber y Ganar’ viajamos en el tiempo para recordar algunos detalles de nuestra historia que, como se comprueba en el programa, están llenas de hechos curiosos. En esta ocasión la protagonista es la tristeza, una emoción que no suele ser muy agradable y que gracias al papa Gregorio Magno dejó de estar incluida en la lista de los pecados capitales.
El origen de los pecados capitales
En la actualidad, todo el mundo sabe que los pecados capitales considerados por el cristianismo son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Pero en sus inicios, allá por el siglo IV, había más elementos que se consideraban pecaminosos y el monje Evagrio Pontico los redujo a una lista de ocho: gula, codicia, orgullo, ira, fornicación, jactancia, depresión y tristeza.
Dicho listado fue modificado hasta quedarse en gula, lujuria, avidez, pereza, ira, orgullo vanidad y tristeza. ¿Por qué se consideraba que este estado de ánimo era algo indigno? Porque se asimilaba a la falta de gozo espiritual y se ligaba a la pereza, como si estar triste o deprimido fuese algo que se controlaba a voluntad. Bajo el criterio de los monjes de la época, deprimirse era una falta de devoción hacia Dios.
Es más, la argumentación se ampliaba a que la gente que piensa en los demás no tiene tiempo de pensar en sí mismo y, por ende, no se deprime. Lo mismo con el agradecimiento: quien vivía dando gracias por lo que había en su vida, no sentía pena ni aflicción.
'Los siete pecados capitales' de Pieter Brueghel El Viejo (1558)
Cambio de concepto
Así estaban las cosas en aquellos años hasta que llegó el papa Gregorio Magno, que en el año 590 d.C. modificó el listado y suprimió la tristeza como pecado capital. De esta manera, estar triste o deprimido dejó de ser una falta ante los ojos de la Iglesia. También retocó los nombres de algunos de los términos y transformó uno de ellos en la envidia.
De esta manera, se estableció la lista definitiva de los siete pecados capitales que conocemos a día de hoy y que pretendían frenar a los hombres y mujeres ante las tentaciones de la carne, los vicios, los deseos no gratos y todo lo que se relacionase con el mal.
Los pecados en la cultura popular
Condensar la parte más oscura y de los bajos deseos de los seres humanos ha resultado atractivo desde el momento en que se instauraron. Ya en el tiempo en que se establecieron se representaron en decoraciones, pinturas, en códices manuscritos y en rollos de pergamino.
El poeta Dante Alighieri los introdujo en ‘La Divina Comedia’ en el siglo XIV y siguieron siendo un tema recurrente en ensayos, poemas y novelas. Los arquetipos de los pecados capitales se han explotado en series como ‘Juego de Tronos’ y en el cine David Fincher los convirtió en el eje vertebrador de la película ‘Seven’, protagonizada por Brad Pitt, Morgan Freeman, Gwyneth Paltrow y Kevin Spacey.
Fotograma de 'Juego de tronos' (HBO Max)
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