La fuerza de un pueblo unido ante la tragedia: "Padre, deme un abrazo, que estoy vivo"

Propietaria de un supermercado sostiene una imagen devocional protegida en plástico tras el mostrador de su establecimiento comercial.

Soraya, propietaria de un supermercado en Urda, con una imagen del Cristo de la Vera Cruz, muy venerado en el puebloRodrigo García

Inocencia iba repartiendo el correo cuando oyó pasar ambulancias y helicópteros. Y se extrañó. En su pueblo, en la apacible comarca de los Montes de Toledo, no es normal un despliegue de ese tipo. Algo pasaba. A solo 8 kilómetros, el choque entre dos trenes, que ha dejado hasta ahora 69 fallecidos, ha marcado ya para siempre a Urda y sus 2.500 vecinos. "Venían trayendo heridos y lo único que podía hacer era preguntarles si necesitaban algo. Una chica que esperaba a su familia, que la venía a recoger, me dijo que le diera un abrazo", cuenta la cartera. "Padre, deme un abrazo, que estoy vivo", agrega Josemi, el párroco, sobre uno de los sobrevivientes.

Y de lo sencillo, a lo vital. Unos ayudaron a rescatar y auxiliar a los heridos del propio tren y otros les ofrecieron comida, bebida o transporte hasta el polideportivo habilitado para atenderles. En el colegio se habilitó además un punto de atención para familiares. Una unión vecinal que, sin duda, también ha hecho la fuerza. "El farmacéutico vació la farmacia, se la trajo al tren en el coche, los bares empezaron a hacer bocadillos... Y vinieron coches grandes, coches chicos, furgonetas, cualquier cosa que tenían". Así lo expresa el ganadero Eduardo Martín-Peñato, propietario de las tierras que rodean al trágico punto del accidente.

Él fue uno de los primeros en llegar a la zona cero de la catástrofe. En una entrevista con RTVE Noticias a solo unos metros del lugar del accidente, relata cómo se enteró de lo ocurrido. "Ahora estamos en época de sementera. Íbamos a sembrar justo el barbecho que hay al otro lado de la vía. Yo venía de la otra finca para unirme a los obreros y oímos la deflagración. Al principio pensamos que podía ser la carretera, un camión cisterna que había explotado, yo qué sé... pero se asomó uno de ellos por detrás y dijo: 'No, es en el AVE. Y ya empezamos a movernos".

Eduardo Martín-Peñato, ganadero que auxilió a los heridos del tren en UrdaRodrigo García

Una vez llegados a la cercanía de los vagones, el horror. "Vimos que la gente quería huir del AVE y había que abrir las alambradas. Porque la gente quería salir". Pensaron que había que cortar las vallas por un lado y por otro no solo para evacuar a la gente, sino también para que pudieran entrar las ambulancias de la Guardia Civil y los coches. "Lo peor, que yo prácticamente no lo viví, lo vivieron ellos (los obreros) más que yo, es que para ir a cortar las vallas pasaron al lado de donde estaba toda la masacre y vieron de todo", remarca.

Seguidamente estuvieron trasladando heridos al pabellón del pueblo y gente ilesa.

Ahora, un día después de la tragedia, la conmoción sigue, pero la ayuda no cesa: los equipos de rescate continúan trabajando sobre el terreno, donde se mantiene a plena actividad iniciativas como el Banco de Alimentos de Toledo, la oenegé 'World Central Kitchen' del chef José Andrés y ayuda psicológica especializada para los propios efectivos de emergencias.

"Todos estos servicios de emergencia necesitan de nuestra ayuda todavía", cuenta don Josemi, el cura del pueblo. La tragedia le pilló haciendo unas gestiones fuera de Urda, y fue el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, quien le dio la triste noticia de lo ocurrido. Al instante, ofreció las instalaciones de la parroquia para todo lo que fuera necesario. Y movilizó a los voluntarios de Cáritas. Y volvió lo más rápido que pudo a la localidad, a la zona cero, como lo hicieron también el arzobispo y otros sacerdotes de la zona.

"A la fila de personas que habían podido ser rescatadas era recibirlas y organizar un poco que se pudiesen traer en coches particulares hasta Urda", señala. Algunos de ellos, al verle, le decían: "Padre, un abrazo, que estoy vivo".

"Y a eso es lo que me dediqué ese rato: a dar abrazos, a que sintiesen ese calor humano, por supuesto que a través de mí esa cercanía del amor de Dios, por supuesto también, y luego intentar consolar a los familiares, que tuviesen paz, serenidad y sobre todo esperanza, que es lo último que tenemos que perder", subraya.

José Miguel Fernández, párroco de UrdaRodrigo García

Dentro de Basílica del Cristo de la Vera Cruz, de gran veneración en el pueblo e importante centro de peregrinación en La Mancha, encontramos a María. "En menos de una semana llevamos dos catástrofes", relata en referencia a la riada que afectó a la localidad hace solo unos días. "Lo que pasa es que la de ayer fue mucho más grande y peor", matiza.

El accidente, reconoce, le impactó mucho. "Por el día salí poquito de mi casa, porque yo es que estaba aturdida". Ya por la noche se sumó al minuto de silencio por las víctimas.

María, una devota del Cristo de la Vera Cruz de UrdaRodrigo García

En la calle que da a la iglesia encontramos a otra María, voluntaria de Cáritas. "Yo estaba haciendo pilates y me llegó la primera información (del accidente) al móvil, pero claro, no pensábamos ni muchísimo menos que iba a ser de esa índole como fue", destaca. Junto una compañera acudió al pabellón municipal donde se iba agrupando a los heridos leves -a los graves se les llevó a hospitales-, para ayudar. Mucha gente llevó comida, agua, caldo caliente.

"Estuvimos repartiéndolo y consolando a la gente que podía estar allí, que no eran muy graves, pero que estaban un poco trastornados", añade.

La ayuda continuó hasta que salieron los autobuses que trasladaron a esas personas a Madrid y Sevilla o los coches particulares de familiares de otros pasajeros.

"Fíjate que estamos acostumbrados a que el día 29 de septiembre, que es el patrón, el Cristo, que hay muchísima gente, pero ayer el despliegue de medios que había en toda la zona, por desgracia, era impresionante", indica María. "Yo sabía que mi pueblo era así, pero evidentemente me ha sorprendido, sí, porque cuando yo llegué directamente al pabellón es que ya estaba todo repleto de gente, impresionante", explica, y aunque reconoce que le da "pena" que se conozca el pueblo por una desgracia así, recalca: "la gente de Urda ha sabido responder".

"Espero que Urda se recuerde, me hubiese gustado que fuera por otras cosas"

Quienes tampoco dudaron en arrimar el hombro fueron comerciantes como Soraya, propietaria de uno de los supermercados del pueblo, y su marido.

"Hasta que no abrimos la tienda y empezó a venir gente corriendo, que necesitaba agua, necesitaba leche, no nos dimos cuenta de lo que había pasado", reconoce.

En un abrir y cerrar de ojos, el super se convirtió en una particular fábrica de bocadillos y dispensador de botellas de agua que se fueron llevando a la zona de la tragedia. "Luego hubo vecinos que recogieron a heridos y los trajeron hasta acá porque estaban habilitando el pabellón hasta que encontraran a familiares o amigos", señala.

Y recuerda cómo un pasajero entró en el local porque había perdido el teléfono y necesitaba hablar con su familia. "Una de mis compañeras le dejó el teléfono y cuando se iba, se pasó a despedir y mi compañera le dijo, 'Toma, una estampita de nuestro Cristo'. Y (él) le dijo: 'que sepas que la voy a llevar siempre'".

Supermercado de UrdaRodrigo García

"Estoy muy orgullosa del pueblo, de ser de donde soy. Espero que Urda se recuerde, (aunque) me hubiese gustado que se recordara por otras cosas", expresa poco antes de ponerse a cobrar en la caja.

Entre las que acaban de pagar está Ana. Nos lleva a conocer a Víctor, que vive a muy pocos metros del supermercado. Acaba de levantarse. Ayer fue un día intenso. Es temporero y está en su periodo de vacaciones, por lo que no dudó en poner su granito de arena: repartir café a heridos y a los servicios de emergencia hecho por sí mismo con una cafetera de bar ambulante con la que en tiempos normales recorre las fiestas y festivales.

"Esta cafetera se la encontró hace un montón de años un amigo en Ibiza, la restauró porque la habían tirado porque estaba muy mal y el chico ya dejó de trabajar con ella y me la vendió a mí".

Víctor, vecino de Urda, y la cafetera con la que repartió café a heridos y efectivos de emergencia tras el accidente de trenRodrigo García

Nos la enseña en el maletero de su coche. "Va a gas y lo bueno que tiene es que en cualquier momento la puedes poner en cualquier sitio y la verdad es que no para, ayer estuvo haciendo café casi de continuo", enfatiza.

De nuevo, la fuerza de lo sencillo, como certifica Inocencia, la cartera. "El consuelo para la gente que estaba perdida... Necesitamos ese calor de un abrazo, simplemente eso, no es ya dinero ni material, sino cariño y amor".

Porque algo está claro en este pequeño territorio toledano: el 28 de octubre de 2026 es ya un antes y un después que no olvidará jamás.