Tras un año de robos espectaculares en museos, ¿qué ha cambiado en la protección del patrimonio artístico?
- Los recientes asaltos en España y Francia evidencian los puntos débiles en la custodia de obras de arte
- La instalación de sistemas de cierre y protección nocturnos puede costar de 40.000 o 50.000 euros por cuadro
París. Museo del Louvre, 19 de octubre de 2025. Hace ahora un año, sobre las 9:30 horas de la mañana, un comando armado irrumpió en la Galería de Apolo tras acceder por la fachada con una escalera, a plena luz del día y en pleno centro de París, y robó varias piezas de las Joyas de la Corona francesa, valoradas en 88 millones de euros según Interpol. Este golpe, uno de los más espectaculares y mediáticos de los últimos años, alarmó a la opinión pública y le hizo preguntarse si realmente están bien protegidos los tesoros artísticos e históricos en los museos.
Desde entonces, a lo largo del último año se han sucedido otros robos de gran repercusión. Uno de los más recientes fue el pasado 5 de octubre, cuando dos ladrones sustrajeron en el Centro de Arte Contemporáneo de Issoire, también en Francia, la cubierta de bronce, oro y piedras preciosas del Libro del Apocalipsis, diseñado por Salvador Dalí. Semanas antes, de nuevo en territorio francés, el Museo Renoir de Cagnes-sur-Mer sufrió el robo de dos cuadros del pintor impresionista, valorados en millones de euros.
En España, la alarma también ha crecido sobre la seguridad de los museos después de tres robos de piezas de gran valor histórico registrados en apenas cuatro meses. En abril, fueron sustraídas 144 monedas de oro del conocido como Tesoro de Villanueva en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. Los ladrones accedieron al edificio después de forzar una reja y rompieron la vitrina que las protegía. No había cámaras de seguridad. En julio, cuatro encapuchados entraron alrededor de la medianoche al Museo de Albacete y, en apenas 90 segundos, rompieron una ventana para alcanzar las vitrinas de las que sustrajeron 200 monedas de oro. Semanas más tarde, varios encapuchados armados con barras de hierro asaltaron durante la madrugada el Museo de Villena (Alicante) y se llevaron en cuatro minutos parte del Tesoro de Villena, uno de los conjuntos de orfebrería de la Edad de Bronce más valiosos de Europa, tasado en más de 5 millones de euros.
Cuando se habla de seguridad en el patrimonio artístico, la imagen más habitual es la de una sala vigilada, cámaras de última generación y vitrinas blindadas. Sin embargo, los expertos coinciden en que la protección de una obra de arte es mucho más compleja: no consiste solo en evitar que sea robada, sino en garantizar su integridad en todo momento. No depende de una única barrera de seguridad, sino de una cadena de controles que acompaña a la obra en cada una de sus etapas. Desde su almacenamiento y conservación hasta su transporte, documentación o exhibición, cada movimiento puede convertirse en un punto vulnerable.
Brian Lavio, presidente y cofundador de Centro de Valores, apunta que muchos museos afrontan limitaciones estructurales importantes: "En muchos casos están en edificios históricos y no están hechos para preservar todo lo que hay dentro desde el punto de vista de la seguridad, sino para que la gente los pueda visitar".
Los riesgos más frecuentes no suelen aparecer en los titulares
"Aunque no lo parezca, los siniestros de robo no son lo más habitual en museos y colecciones de arte. Lo que pasa es que son los más espectaculares y los que más titulares ocupan", explica Gonzalo Guzmán, director general y Growth Leader Specialties de Marsh Risk España.
Según este experto en riesgos especializados, "los siniestros más frecuentes en museos y colecciones de arte son los problemas derivados de la manipulación, los daños durante el transporte, los incendios, las filtraciones de agua o los fallos en la conservación", señala a RTVE Noticias.
Esta visión es compartida por Brian Lavio, de Centro de Valores: "Preservar y conservar una obra de arte conlleva muchas más dificultades que preservar un lingote de oro. Un lienzo, una escultura o una pieza compuesta por distintos materiales requieren condiciones específicas de conservación porque cada elemento puede deteriorarse de forma distinta", matiza.
Tecnología, seguridad física y factor humano
Los recientes asaltos en museos han demostrado que la tecnología, por sí sola, no garantiza la seguridad. La eficacia de las cámaras, sensores, controles biométricos o sistemas de monitorización depende de que haya protocolos adecuados y profesionales capaces de interpretar la información y reaccionar ante cualquier incidente.
"Las medidas de seguridad son una pata fundamental a la hora de calcular el coste del seguro", apunta Guzmán, quien subraya que "la aseguradora no solo tiene que entender cuánto vale la colección; también tiene que entender muy bien cómo está protegida". De hecho, la evaluación del riesgo incluye factores tan diversos como el valor de las piezas, la calidad de los sistemas de protección, los procedimientos internos, la formación del personal o el historial de incidencias de la institución.
Brian Lavio, de Centro de Valores, destaca que instalar sistemas de cierre nocturnos para proteger las obras de arte puede ser muy costoso: "Podemos hablar probablemente de 40.000 o 50.000 euros de instalación por cada cuadro. Son presupuestos que los museos no se pueden permitir".
A su juicio, una protección eficaz se basa en combinar tecnología, seguridad física y factor humano. "Los tres pilares deberían estar siempre presentes", sostiene, para impedir el acceso al delincuente y ganar tiempo de reacción. "Si cogemos el caso de un museo, debería ser por lo menos 30 minutos desde la detección de una infracción y el poder marcharse con algo del contenido", afirma. Ese margen, explica, resulta esencial para permitir la intervención de los servicios de seguridad o de las fuerzas policiales.
La inspectora jefa de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, Montse de Pedro, recalca que "la seguridad al cien por cien no existe. Siempre hay algún punto débil". "Lo importante es ponérselo difícil [a los delincuentes]. Cuanto más difícil se lo pongamos, menos atractivo será ese objetivo", señala.
Cajas de seguridad en las instalaciones de la empresa Centro de Valores, en Madrid. Centro de Valores
El momento más delicado: cuando la obra se mueve
Una de las fases más vulnerables para cualquier pieza valiosa comienza cuando sale del museo para una exposición temporal, un proceso de restauración, un cambio de sede o un traslado entre almacenes. "El transporte es uno de los momentos más delicados a los que se expone una obra de arte", subraya Gonzalo Guzmán.
Durante esos desplazamientos, explica, "la obra sale de su espacio más seguro" y "aumenta la manipulación y, por tanto, la posibilidad de daños accidentales o roturas". Para cubrir estos riesgos existen pólizas específicas conocidas en el sector como seguros 'clavo a clavo', que garantizan que "la obra está asegurada desde que se descuelga del clavo de un museo hasta que vuelve a colgarse en el clavo de otro museo, galería o institución", precisa este especialista.
Brian Lavio coincide en que el traslado es uno de los momentos críticos: "Las obras de arte se deberían trasladar con transporte de valor, con guardia armada, por empresas de seguridad privada certificadas", lo cual "conlleva un coste, por logística y porque lo realizan personas formadas".
La Policía Nacional también destina unidades de protección especiales para estos movimientos. "Estamos desplegados en varios frentes para garantizar la seguridad de las obras", señala Montse de Pedro.
Operarios trasladando el cuadro 'Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo' hacia las Cortes de Castilla y León, en Valladolid, en 2021. DAVID_MATOS David Matos / Europa Press
La importancia de la trazabilidad
Junto a la seguridad física de una obra de arte, los expertos destacan la importancia de la trazabilidad: "La obra de arte tiene que estar perfectamente inventariada y catalogada. Debe tener un valor perfectamente establecido y debemos conocer en todo momento dónde está, dónde ha estado y por dónde ha pasado", recalca el director general de Marsh Risk España. La trazabilidad permite acreditar la autenticidad y procedencia de las piezas, pero también facilita su recuperación cuando desaparecen. "Cuanto mejor documentada esté una obra de arte, más problemas se evitan en cuestiones de legitimidad, autenticidad y procedencia", agrega.
Brian Lavio detalla que cada traslado genera una cadena de custodia documentada. Desde que la pieza sale de un museo hasta que llega a su destino, queda registrado quién entrega la pieza, quién la transporta, quién la recibe y dónde se almacena: "Toda la documentación de ese traslado luego se guarda en el primer museo y en el segundo" y se proveen, "además del inventario, las fotos y los vídeos de la posición exacta de la obra de arte hasta el momento de la salida", indica el presidente del Centro de Valores.
La inspectora jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico destaca igualmente la importancia de esa documentación para combatir el tráfico ilícito. "Lo más beneficioso para un traficante de bienes culturales es introducir la pieza en el mercado legal", señala Montse de Pedro. Y para intentar borrar su rastro, explica, los delincuentes intentan "procurarle un pasado a la obra" con el fin de "blanquear ese objeto utilizando una documentación falsa", simulando una factura fechada hace muchos años o atribuyéndole una procedencia ficticia.
Para la Policía Nacional, el expolio arqueológico plantea una dificultad añadida. "Las piezas arqueológicas nos preocupan muchísimo", reconoce Montse de Pedro. "Cuando roban un museo sabemos lo que nos han robado. Pero si roban un yacimiento, donde no sabemos lo que había, pues nunca podemos saber lo que nos falta". A diferencia de las piezas custodiadas por museos o colecciones inventariadas, muchos objetos extraídos ilegalmente de los yacimientos nunca llegan a catalogarse, lo que dificulta su identificación y recuperación.
La inspectora recuerda que la Policía Nacional trabaja habitualmente con bases de datos internacionales para localizar piezas sustraídas, pero en este caso, al no existir registros previos, "no van a estar nunca en la base de datos de Interpol".
¿Qué ocurre cuando una obra es robada?
La recuperación de una pieza depende en gran medida de sus características. Brian Lavio señala que las grandes obras maestras resultan difíciles de comercializar. "No es fácil transaccionar una obra de arte robada", afirma. "Si es un pintor muy famoso, es muy difícil que no se encuentre esa obra de arte. A lo mejor no el primer año, pero tarde o temprano saldrá a luz".
El problema es distinto cuando los objetos robados contienen metales preciosos. "Muchos de los robos que estamos viviendo ahora son objetos de arte que tienen un valor intrínseco superior al valor del soporte con el cual está hecho, pero siendo metal precioso acabará probablemente siendo fundido", lamenta.
La experiencia de la Brigada de Patrimonio Histórico lo ratifica. "Cuando se roba oro, lo habitual es que se funda inmediatamente", explica su inspectora jefe. "La trazabilidad se interrumpe y eso dificulta muchísimo la investigación". Montse de Pedro rechaza la hipótesis generalizada de los robos por encargo: "Es algo por lo que nos preguntan siempre, pero nosotros no lo hemos visto. Al final la gente roba por dinero", concluye.
Un problema que también afecta a coleccionistas privados
La protección del patrimonio no concierne únicamente a museos. Obras de arte, joyas, relojes, metales preciosos, vehículos históricos, documentos antiguos o colecciones de gran valor permanecen habitualmente en manos privadas. La revalorización de activos como el oro, el arte o los objetos de colección ha incrementado además el interés por este tipo de bienes. Ante la necesidad de protegerlos, existen seguros especializados para colecciones privadas, viviendas con obras de gran valor o patrimonios singulares.
Manos depositando unas joyas de alto valor en una caja de seguridad. Centro de Valores
La cadena de robos en museos de España y Francia reabre cada cierto tiempo el debate sobre la seguridad del patrimonio cultural. Sin embargo, los especialistas creen que el principal cambio no está en la amenaza, sino en cómo se percibe. "No es que haya cambiado el riesgo; lo que cambia es la percepción del riesgo. Y eso mueve bastante el mercado", resume Guzmán.
Lavio cree que también existe margen de mejora para proteger las obras de arte: "La capacidad de inversión para ponerse al día ahora mismo es insuficiente. Se podría hacer mucho más, sobre todo en la detección previa". Pese a la alarma generada por los últimos casos de robos, la inspectora De Pedro pide no sacar conclusiones precipitadas: "No porque hayan robado estos museos significa que se puedan robar todos los museos de España".