De monedas de cartón al tesoro de un naufragio: cuatro historias que hablan de dinero
Economía de bolsillo
- ¿Cómo hemos pagado y protegido nuestros bienes a lo largo del tiempo?
- En el nuevo episodio de Economía de bolsillo de RNE, descubrimos algunas historias fascinantes sobre el dinero con la ayuda del Museo Casa de la Moneda
¿Qué tienen en común unas piezas de cartón que circularon durante la Guerra Civil española y un tesoro hundido durante siglos? Son historias que cuentan cómo las sociedades han creado, protegido y perdido lo que hoy conocemos como dinero. Este no siempre ha tenido la forma que hoy conocemos.
En el nuevo capítulo de Economía de bolsillo de RNE nos acercamos a cuatro curiosas historias que nos hablan de lo que se esconde detrás de eso con lo que pagamos y que tiene mucho más que un valor económico, con la ayuda de los conservadores del Museo Casa de la Moneda.
Bajo el mar vive un tesoro
¿Sabías que hubo un tesoro hundido durante 200 años? El 5 de octubre de 1804, cuatro barcos españoles navegaban frente a las costas de Portugal. Uno de ellos, llamado Nuestra Señora de las Mercedes, transportaba más de medio millón de monedas. La mayoría de ellas eran de ocho reales, una pieza fundamental para el comercio internacional.
Así, cuatro barcos ingleses lo atacaron y durante el combate una explosión hundió la fragata y, con ella, el cargamento que quedó en el fondo del mar cerca de dos siglos. Con el paso del tiempo, la mayoría de la gente se olvidó de este naufragio.
El tesoro reapareció en 2007 y a día de hoy parte de él se puede contemplar en el Museo Casa de la Moneda.
Para Jorge San Juan, conservador del museo, este tesoro es patrimonio. "Vale mucho más que el material con el que están hechas. Cuenta cómo era el país, nos habla de nuestro pasado", nos explica.
Dinero que era piedra
Si viajamos a la Roma anterior al Imperio descubrimos que lo que se utilizaba como dinero era, en realidad, pequeños bloques de cobre. Para usarlo había que pesarlo primero y eso se medía en libras. Una libra romana equivalía a lo que hoy son 327 gramos. Una oveja se podía pagar con diez libras de bronce y una vaca con cien.
Esas piezas forman parte de un tesorillo, un conjunto de ahorros que se ocultaban en tiempos difíciles. Dinero tan bien escondido que durante años nadie fue capaz de encontrarlo.
Probablemente el propietario los enterró para protegerlos, pero nunca regresó a recuperarlos. "Lo primero que sabemos es que quien lo enterró, no volvió a por ello y se enterraron en algún periodo de necesidad, en alguna guerra o en algún tipo de catástrofe con la intención de guardar algunos ahorros", explica Jorge San Juan.
Una práctica que se sigue haciendo hoy aunque de manera diferente: guardamos monedas en una hucha.
Un billete de 100 billones que no valía casi nada
¿Puedes imaginar 100 billones de marcos? El billete se imprimió en 1924 en Alemania. El país necesitaba ponerse en marcha después de la Primera Guerra Mundial, por lo que el Estado tomó la opción de imprimir billetes.
Cuanto más dinero se imprimía, más subían los precios, lo que provocó que con un billete de 100 billones de marcos no se pudiera comprar gran cosa.
"Tú puedes crear el billete que quieras del valor que tú quieras, que si la gente no cree que vale, no lo va a tener", subraya Alberto López, conservador del Museo Casa de la Moneda.
La situación llegó a tal extremo que los billetes se utilizaban como combustible o para jugar.
Monedas de cartón
Viajamos ahora a la España de 1938. La escasez de metal durante la Guerra Civil impedía tener las monedas necesarias para las compras del día a día. El Gobierno tenía que buscar una solución y recurrió a los sellos de correos. Así, la idea era pegar un sello sobre un disco de cartón y en la otra cara añadir un sello de la República. De esta manera, los sellos dejaban de ser sellos que se usaban para enviar cartas y funcionaban como monedas de emergencia.
Según Alberto López, este es "un sistema que parece algo sencillo, pero que era bastante inteligente y original".
"Parece mentira, pero un sello de correos tiene algo detrás que la gente reconoce. Sabe lo que vale, sabe quién lo ha hecho y cree en ello porque lo está usando cotidianamente. Estuvieron usándose un tiempo", explica.
Estas historias tan diferentes nos recuerdan que el dinero vale, sobre todo, por lo que representa para las personas que lo llevan en su bolsillo o para quienes lo tienen bien escondido.