Un sistema milenario basado en la confianza y en el que el dinero no viaja
- Una investigación de los medios públicos europeos revela cómo funciona la maquinaria financiera del crimen organizado
- El origen de este sistema está estrechamente ligado a las antiguas rutas comerciales, como la conocida Ruta de la Seda
Mucho antes de que existieran los bancos modernos, las transferencias electrónicas o las criptomonedas, comerciantes, viajeros y familias se plantearon cómo trasladar dinero a grandes distancias sin llevar encima monedas, oro o plata y exponerse al robo durante el trayecto.
De esa necesidad nacieron, en Asia y Oriente Medio, sistemas informales de transferencia, basados en la idea de que el dinero no tiene que viajar físicamente para que su valor llegue a destino.
La hawala de toda la vida
El origen de este sistema está estrechamente ligado a las antiguas rutas comerciales, como la conocida Ruta de la Seda. En una época en la que no existían instituciones bancarias y los caminos estaban expuestos a guerras, a bandidos y a la piratería, transportar grandes cantidades de efectivo era peligroso. Así que el comerciante entregaba el dinero a un intermediario de confianza en una ciudad y otro miembro de la red pagaba la cantidad equivalente al destinatario en el lugar de destino. En el mundo árabe este sistema se conoce como hawala, transferencia.
Sistemas muy similares se desarrollaron en otras regiones del mundo. En el subcontinente indio se llama hundi; en China, fei qian, dinero volador; en Hong Kong, hui kuan; en Filipinas, padala; y en Tailandia, phei kwan. La base del sistema era y es la confianza. Esa hawala tradicional se caracteriza por la confianza, la rapidez y la ausencia de bancos.
El sistema es muy sencillo: una persona entrega dinero a un intermediario, el hawaladar. Este se pone en contacto con otro hawaladar en el país o ciudad de destino y le comunica que debe entregar una cantidad determinada a una persona concreta. El hawaladar se lleva un porcentaje. El destinatario recibe el dinero. Es rápido y llega a lugares donde no hay sucursales bancarias, pero sí hay hawaladares. Funciona sobre relaciones personales y redes de confianza construidas durante años, muchas veces los hawaladares pertenecen desde generaciones a la misma familia.
La deuda queda entonces pendiente entre los dos intermediarios. La operación puede compensarse de múltiples maneras. Puede que otro cliente quiera enviar dinero en sentido contrario; las deudas pueden acumularse y compensarse entre distintos hawaladares a través de una transferencia bancaria posterior o una liquidación en efectivo; o las cuentas se equilibran con actividades comerciales y movimientos de bienes.
Para millones de personas, este sistema ha sido y es un mecanismo legítimo, sobre todo para migrantes que envían dinero a sus familias en sus países de origen, donde una parte importante de la población no tiene acceso a servicios bancarios o los países están sometidos a sanciones o no tienen un sistema bancario en condiciones y amplio.
Como explica Lucy Myles, jefa del equipo de delitos financieros de Europol, "el sistema hawala no es ilegal per se. En algunas jurisdicciones no está regulado. Y se utiliza con fines legítimos. Pero luego entra en juego el aspecto delictivo, que ha aprovechado este sistema en beneficio propio. Gestionan este sistema financiero paralelo, proporcionando un servicio de blanqueo de capitales al crimen organizado. En realidad, proporciona el sustento del crimen organizado".
Lucy Myles, jefa del equipo de delitos financieros de Europol. DR
El Grupo de Acción Financiera Internacional, el GAFI o FATF, distingue entre tres categorías: los operadores tradicionales y legítimos, los operadores híbridos, que mezclan actividades legales con operaciones que pueden resultar opacas o incluso ser utilizadas sin conocimiento pleno de su origen, y los operadores criminales o cómplices, que participan conscientemente en el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo u otros delitos.
Esa distinción es fundamental. Hawala no significa automáticamente delito. Pero sí lo es cuando, como dice Fernando Sanz Ayuso, inspector jefe de la Brigada de Blanqueo de Capitales de la Unión Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), "el hawaladar tiene conocimiento de que el dinero y los clientes a los que está dando servicio son criminales". Y añade que si le preguntas a los hawaladares, te van a decir que "son unos hombres de negocios". Pero son blanqueadores que "ofrecen sus servicios a cualquier criminal".
Cuando la hawala se convierte en criminal
La velocidad, la confianza, redes internacionales, la utilización limitada o inexistente de los bancos y los mecanismos alternativos de compensación han caracterizado al sistema durante siglos. Y eso lo convierte en un eficaz instrumento para quienes necesitan mover grandes cantidades de valor sin dejar el rastro de una transferencia bancaria convencional. "El terreno delincuencial permite mover dinero de un punto a otro del planeta saltándose los controles fronterizos y todos los controles que se pueden establecer para detectar ese dinero", afirma Fernando Sanz.
Fernando Sanz Ayuso, inspector jefe de la Brigada de Blanqueo de Capitales de la UDEF. RTVE
La utilización criminal de la hawala no exige crear un sistema completamente diferente. Puede aprovechar una red existente o construir una red paralela con los mismos principios. Un grupo criminal entrega, por ejemplo, dinero en efectivo a un intermediario en España. El efectivo puede proceder del tráfico de drogas, del fraude, de la trata de seres humanos, de la migración irregular, de la financiación del terrorismo o de otra actividad ilícita. El hawaladar no necesita transportar esos billetes al país del destinatario. Un socio de su red entrega allí el equivalente. El valor ha cruzado la frontera. El dinero, no.
Es en la fase de compensación entre los distintos intermediarios cuando aparecen mecanismos más complejos. Las deudas pueden compensarse con nuevos flujos de dinero en sentido contrario, con efectivo procedente de otros clientes, mediante empresas, importaciones y exportaciones, pagos comerciales o sistemas diseñados para ocultar el verdadero origen y destino del dinero. La red puede convertirse en una especie de infraestructura financiera al servicio de terceros, en una banca clandestina. Y, como cualquier banco, tiene clientes.
"El mundo de la hawala es un mundo estratificado, hay operadores de muy alto nivel que negocian contratos muy importantes, a menudo con traficantes de gran envergadura. Se trata de millones y millones, e incluso de cientos de millones en algunas ocasiones. Nos encontramos con un sistema piramidal, con hawaladares muy importantes que revenden los contratos por partes a hawaladares regionales, quienes a su vez suelen revenderlos a operadores de hawala muy locales. Son bastante diferentes según su nivel en la jerarquía de los hawaladares", explica Quentin Mugg, comandante de la policía francesa y autor del libro Dirty Money: The Hunt.
Al servicio de todo tipo de criminalidad
Las investigaciones policiales europeas de los últimos años muestran que el uso criminal de la hawala no pertenece al pasado ni es marginal. Muy al contrario, ha aumentado, porque, como asegura Fernando Sanz, han crecido "los controles de prevención para detectar entradas injustificadas de dinero y además hay que identificar a las personas que lo utilizan, etcétera". Y "los criminales necesitan el anonimato" y la transferencia en la banca clandestina es más rápida. Las redes se utilizan para prestar servicios financieros a organizaciones criminales. Resulta especialmente útil porque separa físicamente el lugar donde se cobra el dinero del lugar donde se presta el servicio. Una persona puede entregar dinero a un intermediario antes de iniciar una ruta migratoria. El dinero permanece bajo control de la red o de sus intermediarios y puede ser liberado parcialmente a medida que se cumplen diferentes etapas del viaje. "Para que el sistema funcione tiene que tener tentáculos en todos los países y tiene que haber responsables en todos los países. Pero los principales suelen estar en terceros países, fuera de la Unión Europea, en Emiratos Árabes, en países del sudeste asiático, en Turquía", concluye Fernando Sanz.
También aparece en investigaciones relacionadas con el contrabando de mercancías, fraude fiscal, blanqueo de capitales y servicios financieros prestados a múltiples organizaciones criminales. Una novedad es que algunas redes no solo mueven el dinero generado por su propia actividad ilegal. Venden también servicios financieros al resto del crimen organizado. Es el crimen como servicio, el hawaladar trabaja para delincuentes. No existe una cifra fiable sobre cuánto dinero mueve cada año la hawala en el mundo. Al moverse fuera de los sistemas financieros formales, no existe una estadística oficial como la de transferencias bancarias internacionales. Se trata de redes que pueden coexistir con la economía formal, realizar operaciones legítimas e ilegítimas y compensar movimientos sin que cada transacción quede registrada en una base de datos centralizada.
Hace ya más de dos décadas que se empezó hablar del uso de la hawala en el crimen, sobre todo para financiar el terrorismo. La investigadora italiana Loretta Napoleoni planteó la idea de que el terrorismo no era solo una cuestión ideológica, militar o religiosa, sino también una actividad económica. Las organizaciones necesitaban recaudar, transferir, ocultar, invertir y redistribuir dinero. Lo denominó la "nueva economía del terror", estudió la relación entre grupos armados, contrabando, narcotráfico, tráfico ilícito, empresas y mecanismos financieros formales e informales. La hawala aparecía dentro de ese universo como uno de los instrumentos que podían permitir transferir valor fuera de los circuitos bancarios convencionales.
Del efectivo a las criptomonedas: la nueva evolución de la banca clandestina
El sistema continúa evolucionando. Una de sus transformaciones más importantes de los últimos años es la utilización también, y cada vez más, de las criptomonedas, lo que complica las investigaciones policiales. Estas se están integrando en las mismas redes de intermediación. Cuando el movimiento físico de grandes cantidades de efectivo empezó a atraer la atención policial, la red desplazó parte de sus operaciones hacia las criptomonedas, aunque el efectivo sigue siendo esencial para muchas organizaciones criminales. "Lo que se ha detectado es que inicialmente el sistema hawala hace la recogida de efectivo en un país y entrega en otro, muchas veces incluyendo un cambio de moneda. Pero lo que cada vez solicitan más los clientes es que la entrega se haga en criptomonedas y los hawaladares que, al final, están ofreciendo toda una cartera de servicios, ofrecen ese servicio de entrega en cripto. Eso complica la trazabilidad porque son dos sistemas diferentes que hay que cruzar y ser capaces de juntar la información que viene del mundo real y el mundo virtual", explica Eduardo Álvarez, Inspector de la Policía Nacional de la UDEF.
Eduardo Álvarez, inspector de la Policía Nacional de la UDEF. RTVE
La banca clandestina se está digitalizando y diversificando. Un intermediario ya no necesita limitarse a compensar sus cuentas mediante efectivo o comercio. Puede incorporar activos digitales a la liquidación de sus deudas. Un cliente puede entregar efectivo en un país y recibir criptomonedas en otro o realizar la operación en sentido contrario. Las criptomonedas pueden convertirse así en una pieza adicional dentro de un sistema híbrido. Europol describe precisamente un entorno criminal cada vez más adaptativo, en el que las redes combinan efectivo, empresas legales, sistemas financieros clandestinos, plataformas digitales y criptomonedas para ocultar el origen de los fondos. "Creo que la mayor parte de los hawaladares del mundo están utilizando criptomoneda como compensación porque les resulta muchísimo más práctico", afirma Eduardo Álvarez.
La gran paradoja de la hawala, de este sistema milenario, es que su principio básico apenas ha cambiado durante siglos. Un comerciante de hace cientos de años no necesitaba transportar físicamente su dinero para pagar a un socio situado a miles de kilómetros. Un migrante actual puede entregar efectivo a un intermediario en Europa y su familia recibir el equivalente en una aldea sin banco. Y una organización criminal puede utilizar esa misma lógica para hacer que millones de euros cambien de manos en varios países sin que los billetes crucen nunca una frontera.
La diferencia está en quién utiliza el sistema, para qué y cómo se compensan finalmente las cuentas. La hawala tradicional sigue cumpliendo una función legítima para millones de personas. Pero, junto a ella, se ha desarrollado una versión criminal mucho más sofisticada: redes internacionales capaces de recoger efectivo procedente del narcotráfico, del tráfico de migrantes, del contrabando o del fraude; transferir su valor a otros países; utilizar empresas y comercio para equilibrar cuentas; y, cada vez más, incorporar criptomonedas a sus mecanismos de liquidación. La antigua red de confianza nacida para resolver un problema del comercio sigue funcionando en el siglo XXI. Sólo que ahora la confianza ya no une únicamente a dos comerciantes de una ruta milenaria. Puede unir también a intermediarios financieros clandestinos con clientes que pueden ser organizaciones delincuenciales.