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J.D. Vance frente a Marco Rubio: los dos hombres del presidente que suenan para suceder a Trump

  • Por deseo de Trump, el Partido Republicano celebra una insólita convención nacional a mitad de mandato
  • Las apuestas están abiertas para las presidenciales de 2028: Rubio representa el republicanismo clásico frente al populismo de Vance
J.D. Vance frente a Marco Rubio: Los dos hombres del presidente que suenan para suceder a Trump
J.D. Vance (i) y Marco Rubio (d) en un acto en el Departamento de Estado el 4 de febrero de 2026 Chip Somodevilla/Getty

Quedan todavía dos años para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pero las especulaciones no han parado de crecer sobre la posibilidad de que dos de los miembros más prominentes de la Administración de Donald Trump, el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, concurran en el futuro por la candidatura del Partido Republicano para la Casa Blanca en 2028, pese a que de momento ninguno de los dos ha manifestado su intención de postularse y afirman que están centrados en su trabajo actual.

Por lo pronto, no parece que la sucesión de Trump vaya a ser el tema de conversación en la convención republicana, que comienza este miércoles en Dallas (Texas) y que es inédita, ya que hasta ahora nunca se había organizado un evento de este tipo de cara a unas elecciones de medio mandato porque suelen celebrarse para confirmar al candidato del partido en las presidenciales. Como no se elegirá ningún aspirante al ser una convención para preparar los comicios de medio mandato del próximo 3 de noviembre, se espera que el gran protagonista sea el propio Trump. En esta votación se renovará todo el Congreso y un tercio del Senado, además de elegirse gobernadores y responsables estatales, aunque es vista como un referéndum sobre el mandato del presidente republicano, que afronta las cotas de popularidad más bajas por la guerra de Irán.

Ante los rumores recurrentes sobre Rubio y Vance para 2028, el propio Trump no ha dudado en referirse a ellos como un "dream team" (equipo de ensueño), usando el símil baloncestístico. "¿A quién no le gusta JD Vance? ¿A quién no le gusta Marco Rubio? Bien, suena como una buena fórmula (presidencial)", afirmó el mandatario en mayo pasado durante una cena en la rosaleda de la Casa Blanca con responsables de seguridad.

Para Trump, sería un equipo de ensueño

"Por cierto —continuó—, creo que es un equipo de ensueño, pero estos son detalles mínimos. Eso no significa que tengáis mi apoyo bajo ninguna circunstancia, pero, saben, creo que suena a candidato presidencial y candidato a vicepresidente".

J.D. Vance (i), Donald Trump (c) y Marco Rubio (d) en la Casa Blanca el 17 de octubre de 2025 Andrew Harnik Andrew Harnik/Getty

Por estas palabras no se sabe si Trump respaldaría a alguno de los dos como aspirante a la Casa Blanca, aunque aparentemente no le desagradaría que concurrieran juntos como compañeros de fórmula.

Una encuesta publicada en julio por el Emerson College muestra a Vance y a Rubio prácticamente igualados en intención de voto para unas presidenciales entre los electores republicanos con un 39 % y 38 %, respectivamente, frente al 5 % del gobernador de Florida, Ron DeSantis. Pese a que Vance tendría una ligera ventaja frente a Rubio, lo cierto es que la intención de voto del vicepresidente ha tenido una evolución negativa desde agosto de 2025, cuando tenía el 52 %. Por contra, Rubio ha ido subiendo gradualmente desde el 9 % que presentaba en agosto de 2025.

Bien es cierto que la labor del secretario de Estado suele tener más visibilidad que la del vicepresidente en los Gobiernos en EE.UU. y el papel de Rubio ha quedado cada vez más patente, especialmente en el último año.

Rubio, que es hijo de emigrantes cubanos que se marcharon a Miami antes de la revolución castrista en 1959, está detrás de la política estadounidense en Latinoamérica, que vio en enero una operación militar de EE.UU. para capturar en Caracas al derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y juzgarlo en Nueva York por cargos de narcoterrorismo; una mayor presión para ahogar aún más a Cuba económicamente al tiempo que se ha estrechado el cerco con sanciones y por la vía judicial en torno a los dirigentes del régimen; y el apoyo de la Administración de Trump a los candidatos ultraderechistas que se han hecho con el poder, como Abelardo de la Espriella en Colombia o Nasry Asfura en Honduras.

El secretario de Estado, Marco Rubio, en la residencia presidencial de Camp David (EE.UU.) el 31 de julio de 2026 Anna Moneymaker/Getty

Vance, los ojos, los oídos y la voz de Trump en el Senado

Con un papel menos vistoso, Vance se ha convertido en los ojos, oídos y la voz de Trump en el Senado, donde él trabajó durante dos años, empleando los contactos que ya tenía con los republicanos en la Cámara Alta y recabando apoyos para las políticas del presidente. En el extranjero, ha sido el primer responsable de alto rango de EE.UU. que ha visitado Groenlandia, en marzo de 2025, en el marco de las amenazas de Trump para que la isla danesa, rica en minerales, pase a estar bajo el control estadounidense, algo que de momento no ha ocurrido. Fue una visita de tres horas a la base militar Pittufik, el cuartel de EE.UU. situado más al norte.

Vance también ha estado implicado en las negociaciones con Irán para rebajar la tensión en Oriente Medio, sin que hasta ahora se hayan conseguido resultados tangibles. Tras significarse durante sus años como senador como un escéptico de la ayuda estadounidense a Ucrania, Vance tuvo una intervención notoria durante la agria visita del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, a la Casa Blanca en febrero de 2025, ya que fue el vicepresidente quien inició el ataque verbal contra el ucraniano, al acusarle de ser irrespetuoso y de no agradecer la asistencia estadounidense.

"¿Ha dado las gracias alguna vez en esta reunión?", preguntó Vance dirigiéndose a Zelenski, quien acabó dejando la Casa Blanca indignado tras un intercambio iracundo con Vance y Trump, lo que retrasó la firma de un acuerdo sobre tierras raras.

En una entrevista en junio pasado al canal CBS, el vicepresidente dijo que él y su esposa, Usha Vance, decidirán si se postula a la nominación presidencial de los republicanos para las elecciones de 2028 después de los comicios de medio mandato de noviembre y auguró que Trump le apoyará "mucho" sea lo que opte por hacer. Vance, no obstante, matizó que su futuro político no es su prioridad ahora y que no está sentado pensando en si va a concurrir a la carrera presidencial.

El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, en Milwaukee (Wisconsin, EE.UU.) el 8 de julio de 2026 Scott Olson/Getty

El año pasado, Rubio declaró a la revista Vanity Fair que cedería el paso a Vance si este decidiera presentarse a la nominación republicana para la Casa Blanca.

Rubio ya participó en unas primarias republicanas

Si el secretario de Estado eventualmente quisiera ir adelante no sería la primera vez que concurriría a unas primarias republicanas, porque ya lo hizo en 2016, cuando finalizó tercero por detrás del senador de Texas Ted Cruz y de Trump.

Nacido en Miami (Florida), Rubio, de 55 años, es un republicano de estilo clásico en comparación con Vance, que es más populista. Sus bisabuelos maternos eran españoles y sus padres huyeron de la pobreza en Cuba. Antes de llegar al Departamento de Estado, fue senador durante 14 años y también fue presidente de la Cámara de Representantes estatal de Florida. Durante sus años en el Senado, trabajó en el Comité de Relaciones Exteriores, donde destacó por sus posiciones conservadoras en asuntos como Cuba, China o Irán. Su trayectoria actual como jefe de la diplomacia del país está marcada por la máxima de "poner EE.UU. en primer lugar". Su mayor impronta la está dejando en Latinoamérica, con una visión imperialista de la región, donde Washington hace y deshace a su antojo en lugares como Venezuela, donde la Casa Blanca ha impuesto una tutela sobre el país.

Vance, de 42 años, es de una tendencia más populista que conecta con las bases de MAGA, el movimiento detrás de Trump cuyas siglas significan Make America Great Again (Hacer EE.UU. grande de nuevo), el que fuera su lema de campaña. Vance nació en Middletown, en Ohio, en el seno de una familia con un padre ausente y una madre drogadicta, y fue criado por sus abuelos. Más tarde describiría su vida en el libro superventas de 2016 Hillbilly, una elegía rural: Memorias de una familia y una cultura en crisis, donde relata esos años de pobreza en la región de los Apalaches. Más tarde, se alistó en el cuerpo de élite de los marines, donde sirvió en Irak, y estudió Derecho en la Universidad de Yale. En sus dos años en el Senado, entre 2023 y 2025, presentó una treintena de iniciativas legislativas, ninguna de las cuales fue aprobada, como propuestas para criminalizar algunos tratamientos de afirmación de género para menores de edad u otra que buscaba impedir que el Gobierno federal impusiera el uso de mascarillas en el transporte público, aviones y escuelas. Pero si Vance se destacó en algo en la Cámara Alta fue por ser uno de los mayores detractores de la ayuda castrense de EE.UU. a Ucrania.

Se da la circunstancia de que el vicepresidente fue bastante crítico con Trump durante su primer mandato (2017-2021), lamentando que hubiera "fracasado completamente en su populismo económico, a excepción de una política inconexa respecto a China" y predijo la derrota del republicano en las elecciones de noviembre de 2020 frente al demócrata Joe Biden, aunque más tarde respaldó las acusaciones falsas del magnate neoyorquino que alegó que era el ganador de esos comicios, porque su rival había vencido de forma fraudulenta. Finalmente, en 2022, Vance se disculpó por sus críticas a Trump, lo que le valió su apoyo para llegar al Senado, y desde entonces ha continuado por la vereda MAGA.

Se presenten o no a la carrera presidencial de 2028, las apuestas están abiertas sobre Vance y Rubio, como dos de las figuras más relevantes dentro de una formación, el Partido Republicano, completamente fagocitada por Trump, de 80 años, que legalmente no puede presentarse para un tercer mandato, aunque cada cierto tiempo deja caer la idea de que le gustaría seguir, aunque nunca ha explicado cómo lo haría.