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Diego del Alcázar publica 'La idea de volver': "La infidelidad es muy atractiva porque supone una traición"

  • La segunda novela del presidente del IE entrelaza la existencia de un pastor y un académico
  • Dos personajes cuya identidad se apoya en el pensamiento mágico o la adicción tecnológica
Diego del Alcázar publica 'La idea de volver': "La infidelidad es muy atractiva porque supone una traición"
Diego del Alcázar. EFE/ Javier Lizón

"Soy montañés. Mi madre me puso Fausto y en el pueblo me llaman el Quesero. Pues bien, la historia que voy a contar es la historia de una anjana y la de un ojáncanu -y también la de un trenti y un musgoso-".

Esta novela de Diego del Alcázar iba a titularse Tío Fausto, pero acabó siendo La idea de volver, algo que provocó cambios en el principio, nudo y final del texto que alterna dos voces narrativas, la de un pastor y la de un profesor universitario. El presidente del Instituto de Empresa, universidad privada con campus en Madrid, Segovia y Nueva York, publica con la editorial Siruela su segunda obra de ficción. Su debut literario fue con Planeta en La genética del tiempo.

Autor que se autodefine como "intuitivo", a la hora de encontrar la inspiración cita El camino, el apodo de un personaje es Uco-uco, un guiño a la niña Uca-uca de la novela de Delibes, también leyó Klara y el Sol de Kazuo Ishiguro, el Fausto de Goethe y el de Thomas Mann, La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, los diarios de Cabeza de Vaca, a Simone Weil, la Odisea y a dos escritores cántabros: Marcos Pereda y Manuel Llano.

Del Alcázar responde a RTVE Noticias

Pregunta: ¿Por qué escoge como título La idea de volver?

Respuesta: La novela narra la historia de un regreso físico, un viaje de vuelta. Uno de los protagonistas ha vivido en Nueva York durante varios años, en una sociedad neoyorquina muy imbuida por la prisa, por el acceso a un conocimiento inmediato y absoluto, hasta por una felicidad casi impostada, con una necesidad importante de ser validado. Adrián acaba volviendo a su pueblo para presentarle a su chica a su madre y también a su padrastro, un hombre que, de todos los nombres, se llama Fausto, muy enraizado en las tradiciones y en la mitología cántabra. Adrianuco acaba encontrándose a sí mismo y sanando heridas que no era consciente que tenía abiertas.

P: ¿Qué le llevó a ambientar la historia en Cantabria?

R: El personaje de Fausto lo tenía en mi cabeza, pero no acababa de localizarlo. Mis puntos de referencia eran el campo castellano, donde voy todos los fines de semana, y Cantabria tenía esa parte más mágica que a mí me gustaba mucho. Iba andando por la Feria del Libro un día con mis hijas, y había un autor, Marcos Pereda, que acaba de publicar Cantabria. Tierra de Leyendas. Le conté lo que estaba buscando, le solté un rollo, me vendió su libro y me hizo una ilustración de un ojáncanu para las niñas. Lo leí y encontré la voz de Fausto, el vocabulario de Fausto. Dos años después le escribí y le dije: "Oye, que al final he escrito la novela, pero me gustaría que la leyeras porque te estoy muy agradecido, en tu libro encontré encontré esa voz de la novela". (La idea de volver incluye un glosario de vocabulario montañés)

P: La acción transcurre en Suso y en Nueva York ¿Cuál es su vínculo con ambos lugares?

R: Suso es un pueblo inventado se va moviendo entre diferentes pueblos reales. Es verdad que hay un pueblo que se llama La Población de Suso en Campoo, pero el mío está un poquito más abajo, en Cabuérniga, cerca de Saja y el bosque. Llevo 40 años veraneando en Comillas, además de la playa, hay otro viaje hacia el monte que muchos días hay que hacer porque llueve. Tengo una conexión muy fuerte, la verdad, con el monte de allí. Y, en Nueva York, abrimos una universidad hace tres años y me toca viajar mucho por trabajo. Nueva York es muy interesante, muy literaria, concentra en muy pocas hectáreas el acceso a casi cualquier cosa y cualquier persona y ha sido mi forma de explorar la ciudad.

P: ¿Por qué Adrián Miller investiga la figura histórica de Álvar Núñez Cabeza de Vaca?

R: Mi cuarto apellido es Cabeza de Vaca (Diego del Alcázar Benjumea Silvela Cabeza de Vaca) y es un vínculo aspiracional conectarnos con ese conquistador, pero no hay ningún árbol genealógico que nos conecte empíricamente. Cabeza de Vaca es todo un personaje que vive una odisea en su viaje desde Florida hasta Nuevo México. ¿Por qué viaja hacia el oeste y se pasa nueve años recorriendo el sur de lo que hoy es Estados Unidos? ¿Qué le mueve dentro de ese viaje de regreso tan fascinante como la Odisea? No quiero ser pretencioso, pero lo que pretendo reflejar con el viaje de vuelta de mis personajes es que ese viaje interior, que te cuesten las cosas, llegar a tus orígenes, a tus raíces, el arraigo -que está un poco desnortado-, es el camino, lo que se ha dicho tantas veces.

P: En La idea de volver el marqués de Sierra Gorda muere por el ataque de una manada de lobos ¿Qué opina de la caza, en general? ¿Y la del lobo, en particular?

R: Yo soy cazador, de vez en cuando practico caza mayor y caza menor. Soy un gran apasionado de Miguel Delibes, creo que literariamente es el que mejor describe ese universo de la naturaleza. La figura del cazador está un poco denostada, pero es quien cuida de la naturaleza, porque el ser humano ha hecho una disrupción tan fuerte que gran parte de los ecosistemas están impostados o tienen especies que han desaparecido y el cazador hace por conservarlas. En Doñana, podemos ver muchísimos animales enfermos, probablemente por falta, digamos de limpieza, lo tienen que hacer los guardas, a veces a escondidas. Creo en la caza como un gran instrumento que defiende la naturaleza. Y soy muy contrario a cierto tipo de caza que no respeta los tiempos de los animales. El lobo es un depredador natural y está muy bien que se haya recuperado, pero las normas se tienen que hacer de acuerdo con el campo, con una conservación posibilista del lobo, porque lo contrario va a ser peor para esa especie.

La idea de volver

P: Fausto dice que le parió una cueva, una imagen muy presente en la novela...

R: Es muy simbólica como eco del mito de la caverna platónica. No hay nada más gráfico que las sombras proyectadas en una cueva, como que las que estamos constantemente mirando en nuestro teléfono móvil a través de TikTok. Pensamos que la realidad es esa que se nos proyecta o que nosotros proyectamos. Además la cueva del lobo es realmente la cueva de El Castillo, muy cerca de Cabezón. Esas cuevas, nos muestran creencias profundas en cosas que hoy no entendemos. A lo largo de miles de años están pintando en un muro y contando una historia, con un respeto milenario a sus propios dibujos, no solo de tres o cuatro generaciones. Se van manteniendo y van contando la misma historia, pero nuestra sociedad se hace las mismas preguntas. No sabemos del todo de dónde venimos, ¿por qué estamos aquí? ¿qué es la realidad? Y estamos jugando a retarnos a nosotros mismos, bien sea con la inteligencia artificial o pintando en cuevas.

P: La inteligencia artificial juega un papel clave en el libro. ¿Para qué la ha utilizado en el proceso de escritura?

R: La he usado de una forma muy concreta para traducir unos haikus que escribí a código base64. Luego la he usado para prepararme las entrevistas en general porque es interesante. Con una inteligencia artificial, eres capaz de pedirle que te prepare una entrevista tipo de tu novela.

P: ¿Y cuántas preguntas de las que le estoy haciendo le había sugerido la IA?

R: No tantas, pero hay muchas que se acaban repitiendo porque la novela tiene un coto de lugares comunes más o menos amplio. Me ha sido útil para conocer las preguntas, pero estaba súper nervioso porque mi respuesta a la IA había sido atacarme una y otra vez. Cuando estás delante de una persona, te está mirando a los ojos y estás interactuando. Una inteligencia artificial es un espejo, igual que lo es para un personaje de la novela que sufre un trauma. A mí no me ha sido útil en el proceso de escritura, precisamente porque no había energía en nada en lo que pudiese ayudarme una IA. No soy nada negacionista de que, en el futuro, haya una revolución literaria porque alguien es capaz de tener unos prompts y una forma diferente de escribir. Y si alguien da con la tecla, pues fantástico.

P: ¿Qué opina de los programas que permiten dialogar con el avatar de una persona muerta?

R: Es un tema que trato en la novela, que no es ciencia ficción para nada y no hace falta irte a una tecnología especializada. Y aunque pueda parecer muy disruptivo, todo lo que está pasando no dejan de ser herramientas que, si lo hacemos bien, nos mejoran. No soy contrario al uso de esas tecnologías. Imagínate que tienes un momento malo en tu vida y que para cenar te tomabas una copa de vino y ahora te tomas una botella. Lo importante es volver a la anamnesis platónica, el enraizamiento, el estar bien con uno mismo, que hace que afrontemos el uso de esta tecnología, del alcohol, de TikTok... de una forma completamente diferente. El primer debate es cómo estoy yo como individuo para esto. ¿Estoy en un momento bueno para hablar con un muerto o hay algo ahí dentro que tienes que arreglar?

P: ¿Qué riesgos puede tener engancharse a hablar con la IA para la salud mental?

R: Los riesgos son exactamente estos a los que he hecho alusión. Está en creernos que realmente estás hablando con tu hermano fallecido. Está en creerte que realmente estás hablando contigo mismo. Está en creerte que realmente estás hablando con un psiquiatra. Ese es el riesgo. Estar tan jodido o tan mal como para realmente no discernir que son dos cosas tan diferentes. La mía no sé por qué habla con acento inglés, ahora ya parece que lo está corrigiendo y habla con acento argentino, pero creer que la IA es una persona, por mucho que tenga la entonación, ese es el verdadero problema. Tenemos que aprender, luego se regulará lo que se tenga que regular, pero lo primero es saber que es una máquina.

P: La infidelidad es uno de los motores de la historia. ¿Cuál es su opinión? ¿Perdonaría un desliz a su mujer o rompería la relación?

R: Es una pregunta muy personal. Las relaciones sentimentales son una magnífica herramienta para un escritor porque permiten describir relaciones a flor de piel, además de mundos muy diferentes. Te permiten jugar mucho. La infidelidad es muy atractiva, en general, porque supone una traición en el seno de lo que más te duele. El mundo está lleno de amores, desamores, frutos de traiciones, de equivocaciones, de aciertos...en la novela la infidelidad juega en diferentes direcciones y a veces es un acierto, a veces es un desacierto. Creo que es un laboratorio muy bueno para describir la naturaleza humana.

P: Entonces, ¿perdonaría a su mujer o rompería con ella?

R: Es que no lo sé. De verdad, es que no me lo he planteado nunca, quizá eso es bueno. Es buena señal que no me lo haya planteado nunca.

P: ¿Es más importante el amor o el sexo para ser feliz?

R: El amor siempre, aunque el sexo es muy importante.

P: La inteligencia artificial permite acceder al conocimiento, pero ¿qué salto hay que dar para que el conocimiento se convierta en sabiduría?

R: La sabiduría es una palabra que impone respeto, incluso hasta pronunciarla. La sabiduría pasa por la consciencia de para qué es ese conocimiento y ahí las humanidades juegan un rol fundamental. Tenemos que entender quiénes somos y una vez que nos entendamos, seremos capaces de entender mejor a otros individuos y por lo tanto facilitar que los individuos y las sociedades florezcan. La literatura, la filosofía, la historia, la música y el arte hacen que tengamos un mejor entendimiento de nosotros mismos. Solo con el conocimiento, sin esa consciencia humanista, es muy difícil que una persona acabe siendo sabia, si es que en algún momento se llega a ser sabio. Los sabios que yo conozco se sienten mucho más alejados de otros que escribimos una novela y, de repente, pensamos que somos más listos. Más bien es al contrario, te vas alejando de la sabiduría a medida que vas sabiendo más.

Cordial y cercano, Diego del Alcázar reconoce que no se le da bien escribir haikus, incluye algunos en la novela, aunque le interesa la expresión de un sentimiento concentrada en solo tres versos. Confiesa que ha disfrutado con la escritura, que no ha pensado mucho en morirse y que aún no tiene decidido su epitafio. Bromea entre "un adiós humilde" y "Aquí yace el autor de La idea de volver".

La idea de volver de Diego del Alcázar, editado por Siruela, ya está a la venta en las librerías españolas.