Camilla Läckberg vuelve a Fjällbacka en su última novela: "Todos seríamos capaces de matar"
- El llanto de los muertos, publicado por Planeta, es la duodécima entrega de la serie
- Erica Falck y Patrik Hedström investigan la muerte de Sofie, desaparecida hace 30 años
"No quería morir. Quería gritar, arañar, liberarse, pero era como si el cuerpo se negara a obedecer. Pensamientos extraños iban y venían como rayos. Pensamientos irracionales".
Camilla Läckberg, la reina indiscutible de la novela negra nórdica -ha vendido más de 40 millones de libros en 60 países- vuelve a matar en su localidad natal, Fjällbacka, un tranquilo pueblo costero que dispara sus índices de criminalidad en la ficción.
La autora sueca comienza su último libro El llanto de los muertos, la duodécima entrega de la serie, con la visión de Sofie, una adolescente, sobre sus últimos momentos de vida. A lo largo de sus 554 páginas, intercala páginas del diario de la chica de dieciséis años, lo que permite conocerla mejor.
La mayoría de las novelas negras comienzan con una mujer muerta, Läckberg sigue la pauta pero, frente a la atención morbosa que recibe el asesino en la vida real, prefiere centrarse en la víctima: "Desde el principio de mi carrera como escritora he querido centrarme en la víctima y no solo en su perspectiva, sino también en el impacto que estos delitos tienen en sus familiares, en sus amigos, porque un asesinato destroza a muchísimas personas".
Crímenes reales
Fascinada desde los cuatro años con los asesinatos, confiesa que sigue juicios en directo sobre crímenes reales en Estados Unidos como un hobby, no necesariamente para utilizarlos como material de sus novelas. En la actualidad, está pendiente del veredicto sobre el "trágico suceso" de Lindsay Clancy, una enfermera de Massachusetts que asesinó a sus tres hijos en plena depresión postparto.
La novelista explica que la atención mediática sobre el caso sirve para poner el foco sobre una realidad que afecta al 8% de las mujeres que dan a luz y denuncia que Clancy pidió ayuda, pero no la recibió por lo que el debate es "urgente". Confiesa que ella sufrió depresión postparto al dar a luz a sus dos primeros hijos, Wille y Meja (tiene cuatro hijos de tres maridos, los mencionados con Micke Eriksson, Charlie con Martin Melin, y Polly con Simon Sköld).
Feminista comprometida, su protagonista Erica Falck también sufrió depresión postparto en una de las novelas de la saga y su evolución ha ido en paralelo a la de la propia Camilla Läckberg, su alter ego empezó soltera y ahora también es madre de familia numerosa: "Las dos nos hemos convertido en adultas, un poco de la mano, hemos crecido juntas" y añade que como escritora ahora tiene "un nivel de confianza mucho más alto" y se atreve más con los personajes.
La saga de los crímenes de Fjällbacka empezó hace más de veinte años con La princesa de hielo, editada por Maeva, pero la sueca, economista de profesión, se pasó a Planeta en su libro anterior, Sueños de bronce, que culminaba la trilogía de venganza de Faye.
Maternidades
En la novela aborda distintas aristas de la maternidad, desde la completamente disfuncional que no protege a su hija de abusos sexuales de sus parejas ocasionales a la que encubre un asesinato para proteger a sus hijos. Läckberg cree que "dadas las circunstancias, todos seríamos capaces de matar", pero por distintos motivos, algunos por dinero, otros por venganza o en un ataque de ira. En particular, reconoce que "si alguien amenazara a mis hijos o mi propia vida podría matarle".
A renglón seguido, la creadora matiza que su marido, presente en la sala, es especialista en artes marciales mixtas por lo que espera que, de darse el caso, se ocupe él del atacante. El único problema es que, como subraya la propia Läckberg, en nueve de cada diez crímenes el autor es una persona conocida por lo que "el lugar más peligroso es dónde te sientes más segura, en tu casa con tu familia o con tus amigos".
Frente al dilema de cómo reaccionaría si uno de sus hijos cometiera un asesinato, admite que no sabe si cogería una pala para ayudarle a enterrar el cadáver o llamaría a la policía, tendría que experimentar la situación real.
Profeta en su tierra, sus paisanos le agradecen que haya puesto Fjällbacka en el mapa y alguno le sugiere que "mate a su suegra" o que oculte un cuerpo en su jardín.
Disfunción familiar
En El llanto de los muertos, Läckberg evoca la figura de la plañidera en los entierros, una mujer cuyo oficio pasa de generación en generación y tiene la habilidad de encontrar la canción adecuada para acompañar a las almas en su tránsito. Una sugerente línea argumental que no desarrolla demasiado. En la presentación, Läckberg explica que se trata de una tradición de origen ruso y que un artículo, con un audio incluido, fue el punto de partida del libro.
Cuenta que cuando murió su padre, ella tenía 19 años y paseando con su madre por Fjällbacka la gente pasaba a su lado como si fueran invisibles, sin saber qué decir por lo que subraya la necesidad de hablar del duelo, del dolor y sentirse acompañados cuando se produce la pérdida de seres queridos.
Apunta que no conoce la violencia de las pandillas o el terrorismo, por eso no escribe sobre esos temas, pero conoce a la perfección las dinámicas familiares: "Todos tenemos cierto grado de disfunción dentro de nuestras familias y eso lo que hace que empaticemos con las historias de los libros. Y porque la disfunción familiar también es parte de la vida".
Sin vacaciones
La autora superventas diseña joyas, tiene su propio vino y e incluso un reality en la televisión sueca con toda su familia, además de participar en Mira quien baila o Masterchef. Preguntada por su plato estrella, responde que la carbonara, con pasta fresca hecha por sus propias manos. A la hora de recordar un sabor de la infancia, se queda con la sopa de pescado y marisco de su padre, un gran cocinero aficionado, que también bordaba la boloñesa; como homenaje recoge ambos platos en su libro de recetas.
Läckberg ha pasado el verano en su casa de Altea, pero no ha parado de escribir: "No he tenido vacaciones, pero estoy contenta", asegura que ha dedicado entre ocho y diez horas al día a terminar la siguiente novela de la serie, la número trece de la pareja de investigadores formada por el policía Patrik Hedström y la escritora Erica Falck, "sus mejores amigos".
El llanto de los muertos termina con un final en suspenso, un cliffhanger de manual, para que los incondicionales de los crímenes de Fjällbacka sigan disfrutando de asesinatos, suicidios, violaciones, violencia doméstica, secuestros de niños y oscuros secretos familiares.