Miguel Gómez, autor de 'La cultura del desesfuerzo': "El trabajo se ha convertido en una exigencia casi espiritual"
- Cuestiona la obsesión por el esfuerzo y propone recuperar el tiempo personal para vivir y trabajar de forma más saludable
- El autor ha estudiado periodismo y ha trabajado en comunicación política y como teleoperador
Siempre nos han enseñado que para vivir mejor hay que esforzarse, pero ¿y si precisamente ese esfuerzo nos está impidiendo vivir? Miguel Gómez Garrido creció en Vallecas y se dio cuenta de que a su alrededor nadie vivía con calma, como si tuvieran que esforzarse constantemente por hacer de la excelencia un estilo de vida.
Tras estudiar periodismo, trabajar en comunicación política y como teleoperador, el autor inició sus reflexiones sobre todo lo que involucra el concepto de trabajar, considerado por él "el fenómeno más bizarro que nunca ha conocido". Reflexiona acerca de eso en su libro La cultura del desesfuerzo, publicado este año por Siglo XXI Editores, un ensayo que cuestiona por qué el esfuerzo dignifica, pero al mismo tiempo bajo su nombre se ha justificado una explotación durante siglos.
Miguel Gomez Garrido con "La cultura del desesfuerzo" Siglo XXI Editores
Gómez Garrido analiza, ejemplifica y detalla con temas actuales como los comportamientos de Jordi Cruz, El Xokas o Andrew Tate, y lanza ideas sobre qué deberíamos hacer para encaminar el día a día hacia un punto más pacífico y sano.
PREGUNTA: ¿Qué inquietud personal e intelectual te llevó a escribir el libro?
RESPUESTA: Me inquietó la idea del trabajo en sí mismo cuando tuve mi primera experiencia laboral (como teleoperador). Me resultó muy impactante y muy desconcertante: la precariedad, los sueldos, los horarios, las condiciones de toda la vida de las que nos hemos quejado... Indagando me di cuenta de que se normalizan estas cosas por la 'cultura del esfuerzo'.
P: ¿Cuándo cambió nuestra relación con el trabajo?
R: A partir de los años 70, la cultura del esfuerzo se transforma en una exigencia casi espiritual. De repente te empiezan a decir: tú tienes que pensar como la empresa, tú tienes que tener tu propia marca personal, tú tienes que controlar todas las horas de sueño, qué haces; si vas al gimnasio, si estás guapo o si estás feo. Antes había una cultura común del trabajo que no llegaba al punto de que lo tomaras como algo personal.
P: ¿Cuál es el problema fundamental? ¿Son las redes sociales un factor determinante?
R: La cultura del esfuerzo te está diciendo: tú, si quieres y te esfuerzas y le pones toda la energía a todo lo que te pase, tendrás éxito. Ya no solo la responsabilidad, también lo malo es culpa tuya. En redes sociales, cada uno es responsable de lo que le pasa y lo que no a nivel social. Subir el story correcto o incorrecto a Instagram tapa un montón de decisiones que en la mayor parte no tienen que ver con la persona. En el libro cito una estadística que dice que más del 70% de las cosas que nos suceden en la vida no dependen de nosotros, la cultura del esfuerzo te quiere vender lo contrario.
P: ¿Existe realmente separación entre trabajo y ocio?
R: No hay una división entre tiempo laboral y tiempo libre. Lo que hay es tiempo laboral y más tiempo laboral. Actualmente, el tiempo no es para nosotros. La cultura del esfuerzo te dice: tú lo que tienes que tener es disciplina y energía. Si son las 20:00 de la tarde y has estado trabajando nueve horas, ¿sabes lo que tienes que hacer? Ir al gimnasio. Si tienes ganas de comer helado porque estás súper triste y te apetece un día saltarte la dieta, ¿sabes lo que tienes que hacer? No saltártela y seguir comiendo gachas. Tienes que seguir. No hay nada más importante, punto. Ni tiempo de descanso, ni tiempo de hacer otras cosas, ni tiempo de nada. Lo importante es ese proyecto en el que estás metido, y el problema es que cuando se acaba un proyecto empieza otro.
P: Si la 'cultura del desesfuerzo' llegara a materializarse, ¿Qué transformaciones viviríamos?
R: Trabajaremos menos horas, no entenderíamos que estamos constantemente a prueba. Pensaríamos de maneras distintas hasta la manera que tenemos de relacionarnos con lo que nos gusta. Podríamos pensar en ejercer una vocación sin asociarla al trabajo, cambiaría esta sensación de que tenemos que ir todos los días con una agenda. Para ver ejemplos no hay que construirse fantasías muy locas. En vacaciones la gente empieza a dormir más y recuerda que tiene tiempo para leer, para ver a sus amigos y está contenta porque ha podido ver una serie. No es una cuestión de dejar de trabajar, sino plantear cuánto trabajo del que se está haciendo es necesario.
"La cultura del desesfuerzo", por Miguel Gómez Garrido Siglo XXI Editores
P: ¿Es eficiente la cultura del esfuerzo?
R: La cultura del esfuerzo es muy ineficiente. En términos de productividad es un fracaso absoluto. La gente cuando está cansada y quemada no es productiva. Si en vez de estar siete personas haciendo lo que puede hacer una, o 77 siete empresas compitiendo por lo que pueden hacer siete, habría un mejor reparto y los recursos se destinarían a donde verdaderamente hacen falta.
P: ¿Cómo se puede llegar a conseguir un mundo con 'cultura del desesfuerzo'?
R: Estamos viendo cómo el deseo de nuestra generación es diferente al de las anteriores. Que mucha gente desee ser funcionaria habla de que nos importan otras cosas, hay un deseo de que el tiempo se organice de otra manera y de darle importancia a lo importante: no voy a tener hijos si no tengo tiempo de cuidarles, prefiero tener un trabajo peor pagado que no me permite una casa en la playa y un coche de no sé cuánto dinero a estar llorando en la oficina, estresada, cayéndoseme el pelo y con bruxismo de mandíbula. En realidad es salud mental a nivel laboral, hay que continuar empujando esa piedra.
P: ¿Es el teletrabajo un primer paso?
R: Es fundamental. Antes veías que en la oficina tenías que hacer ocho horas aunque estuvieras cuatro de ellas mirando al techo y otras cuatro haciendo pausas al baño. Resulta que ahora lo que hacías en ocho, lo haces en tu casa en tres horas en jornada intensiva. Porque realmente has podido controlar el tiempo y las tareas: porque no has tardado una hora en llegar al trabajo con el atasco o estás disponible si tu hija te necesita en un momento puntual. En todos los trabajos hay días que exigen mucho curro y otros que no se hace nada.
P: Si tuvieras que resumir todo en un mensaje final, ¿qué te gustaría que se quedara en la mente del lector?
R: Me gustaría que pensara que el esfuerzo y el trabajo no son buenos en sí mismos, pero que si los rescatamos de la cultura actual seguramente sean más productivos, eficientes, interesantes y beneficiosos para todos.
*Aroa Arroyo García es alumna de Doble Grado en Periodismo e Historia en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Esteban Ramón, jefe de Cultura de RTVE Noticias, ha supervisado la elaboración de este artículo.