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Los sueños rotos de los migrantes que deciden dejar Ceuta y volver a Marruecos: "Prefiero hacerlo a que me devuelvan"

Decenas de migrantes empiezan a regresar a sus casas: "No me queda otra"

Basta con ir hasta la frontera del Tarajal, en Ceuta, y observar durante unos minutos. Un goteo de personas en chanclas o con apenas una mochila se dirigen a un camino de tierra paralelo al mar. Es el sendero que pone fin a un sueño. El regreso a Marruecos de los migrantes que llegaron a nado a la playa hace poco más de un mes y que, tras todo este tiempo pasando penurias, deciden volver voluntariamente. Desencantados y sin esperanzas de encontrar lo que buscaban.

Unos emprenden el regreso solos y otros con familiares o amigos. La Guardia Civil les permite el paso sin mayor dilación. En los alrededores, son muchos los migrantes irregulares, como ellos, que deambulan sin un objetivo concreto. Muchos otros observan atónitos el lugar desde lo alto, sentados en el quitamiedos de una calle ubicada en un nivel superior. El trajín también se percibe en la salidas y entradas al puesto fronterizo por el que van y vienen los coches y las personas a pie que viajan de un país al otro de forma legal.

Pero Aiub no está entre estos últimos. Él es de los del camino de tierra. Y vuelve a casa. "Hay demasiada gente, el 90% no va a obtener una solución y todos van a volver a Marruecos. Prefiero volver por mi propia voluntad antes de que me devuelvan", relata a RTVE Noticias este chico procedente de Beni Mellal, ciudad en el centro de Marruecos. Está esperando, dice, a un colega suyo que entró con él para volver juntos.

Un futuro mejor

Con una sudadera blanca varias tallas grande y una gorra, este joven de 22 años nos cuenta de forma pausada y serena su historia. El inicio de su periplo se remonta a tres días antes de la entrada masiva del 30 y 31 de julio. Es cuando, nadando, logró llegar a la costa ceutí. Su razón de jugarse la vida, como la de tantos otros, era buscar un futuro mejor y ayudar a sus padres, ya que en Marruecos los salarios son muy bajos.

Pero una vez cumplido el reto de poner pie al otro lado de la frontera, no tardó en darse cuenta de que las cosas no iban a ser cómo había imaginado. Esperaba lograr asilo político para poder desplazarse a la península y encontrar un trabajo -tiene diploma de trabajar en aluminio, carné de coche y moto y se está preparando el de autobús-. Pero ahora, un mes y varios días después de poner pie en Ceuta, y con los miles de compatriotas que están igual que él, ha llegado a la conclusión de que la inmensa mayoría no va a obtener el permiso.

Uno de los jóvenes migrantes que vuelven voluntariamente a Marruecos, en la frontera del Tarajal Rodrigo García

En todo este tiempo ha deambulado por casi toda la ciudad. Destaca que ha parado principalmente en la zona de la playa del Trampolín -uno de los campamentos improvisados de migrantes más grandes-, la playa Benítez y el barrio del Príncipe, cuya población de origen es mayoritariamente musulmán. Asegura que la discriminación y el racismo es lo que le ha dolido más, aunque matiza que no habla de la mayoría de la población ceutí, que dice es buena y le han dado de comer, sino de un pequeño grupo que sí es un poco racista y le han agredido.

También revela que ha habido policía y militares que le han llegado a pegar en los sitios donde ha dormido. Ya no aguanta más y por eso ha decidido volver a su ciudad.

Un migrante que llegó a nado a Ceuta emprende el regreso a Marruecos por el camino ubicado en la frontera del Tarajal Rodrigo García

Sin una plaza en los centros de acogida temporal

En los dos últimos días de julio -y en menor medida las jornadas anteriores- más de 70.000 personas se lanzaron al mar en el municipio marroquí de Castillejos -conocida en árabe como Fnideq-, el más cercano a la frontera, para tratar de llegar a suelo español. Lo hicieron con esperanza. Familias enteras con bebés; hombres, mujeres y muchos jóvenes se jugaron la vida para lograr sus sueños. Se calcula que murieron ahogadas en el intento más de 140 personas. Nadie hasta ahora ha querido o sabido explicar con certeza qué originó la estampida. Muchos de los migrantes con los que hablamos aseguran que se enteraron por otros o por grupos de Whatsapp y que decidieron sumarse.

En las primeras horas tras la llegada, las gestiones del Gobierno llevaron a que retornaran a Marruecos la mayoría de quienes habían llegado. Pero en la ciudad, de apenas 84.000 habitantes, quedaron miles de ellos vagando y durmiendo a la intemperie en campamentos improvisados. En todo este tiempo, muchos de ellos han estado esperando una plaza en los centros de acogida temporal que las autoridades han ido instalando para sacarlos de las calles mientras se tramitan los expedientes que determinarán si cumplen los requisitos para el asilo político o si, de lo contrario, son retornados al país vecino.

Aiub no la consiguió. "Aunque te quedes esperando una semana no sabes si vas a entrar o no", lamenta.

Según datos del Gobierno, 3.658 de los migrantes que habían quedado en la ciudad y no habían aceptado en un principio retornar, lo han hecho voluntariamente desde el 10 de agosto hasta este miércoles. Pero aún quedan miles más en las calles de Ceuta dispuestos a aguantar lo necesario hasta obtener el asilo que anhelan.

Muchos de quienes deciden volver no quieren hablar. La situación es de por sí delicada. Y cada historia, un mundo.

"Siento decepción porque hay mucha gente necesitada y todos esperando"

De Castillejos es un profesor de taekwondo -y pintor y tapicero- a quien encontramos con su mochila y una bolsa grande de supermercado directo al camino de tierra.

Su aventura del 30 de julio fue, primero un poco a nado y después andando por la valla fronteriza. Ese día se había levantado y había escuchado que la frontera estaba abierta, y como estaba tan cerca, se decidió. La primera semana durmió en la calle, pero afirma que después encontró a gente que le hizo el favor y le encontró sitio donde dormir gratis. Su objetivo era hallar trabajo como fuera, pero no ha tenido suerte.

Y sí, está decepcionado por no haber conseguido lo que se propuso. Cree que no ayuda el que haya entrado tanta gente de golpe: señala que unos buenos, como él, pero otros que se han dedicado a ensuciar la ciudad y no tener respeto. Mientras unos no quieren trabajar, continúa, él sí y buscar un buen futuro.

Un joven marroquí explica las razones por las que decide volver a Marruecos tras entrar a nado a Ceuta hace un mes Rodrigo García

También remarca la solidaridad de los ceutíes que le han ayudado y le han dado de comer y agrega que a él nadie ha ido a molestarle ni a agredirle.

¿Te sientes engañado? Le preguntamos. Su respuesta es clara: "No". Y argumenta que porque a él nadie le dijo "ven". Fue él quien escuchó que la frontera estaba "abierta", que todo el mundo estaba emigrando y optó por hacer lo mismo. Sobre los responsables de lo ocurrido, no echa la culpa a la monarquía ni al rey. Cree que es más un tema político que de la realeza del que el monarca, a su juicio, no tiene nada que ver.

Nos despedimos. Le vemos desaparecer en el famoso camino de tierra. Ya le queda menos para reencontrarse con sus padres y su hermana. Y volver a empezar.