Granada convive con la rutina sísmica y la inquietud de los terremotos: "Estamos acostumbrados, pero hay miedo"
- Granada sufre una semana de temblores con dos seísmos de 4,8 y un enjambre que mantiene la alerta en la ciudad
- Los vecinos, habituados a los seísmos, confiesan inquietud por las recientes noticias de Venezuela y Colombia
Granada no duerme tranquila. Esta semana, la provincia ha sido sacudida por una serie de temblores que han elevado la fase de preemergencia a emergencia, situación operativa 1. Con dos eventos principales de magnitud 4,8 —uno el 15 de agosto en Alhendín y otro este martes en Gójar—, el área metropolitana vive pendiente de un enjambre que ya suma cerca de un centenar de réplicas. Pero más allá de las magnitudes y los epicentros, lo que vibra en Granada es el corazón de su gente, cómo conviven con los temblores y cómo están superando los dos últimos seísmos.
Miedo bajo los bancos de la iglesia
En el corazón del centro de la capital nazarí se encuentra el Monasterio del Corpus Christi. Aquí viven nueve agustinas recoletas de clausura. La hermana Alicia Correa es la superiora de la comunidad. La religiosa resume el sentir de una comunidad que, aunque acostumbrada a vivir en zona sísmica, nunca había experimentado algo así. "Yo llevo ya 54 años viviendo aquí y no he visto esto en mi vida", confiesa con la voz todavía temblorosa. Para ella, la mañana del martes fue una pesadilla de polvo y ruido.
“Me he metido debajo de un banco y ahí he visto cómo se ha desplomado un pedazo de cornisa“
"Estamos muy preocupadas", explica Alicia, mientras detalla cómo la iglesia del convento, en plena calle Magdalena, está sufriendo un "deterioro tremendo". El primer gran aviso llegó el sábado de madrugada, cuando una cruz de piedra de la fachada se desplomó contra el suelo de la plaza. "Escuchábamos a mucha gente en la calle y las sirenas de la policía", pero confiesa que no salieron "porque somos de clausura". Sin embargo, lo peor ocurría este martes mientras intentaban limpiar los escombros de las primeras réplicas.
"Esta mañana hemos estado limpiando en la iglesia para poner orden... y de buenas a primeras ha empezado el ruido", relata la monja. En ese instante, el instinto de supervivencia se antepuso a la oración: "Yo me he metido debajo de un banco y ahí he visto cómo ha caído la tierra y cómo se ha desplomado un pedazo de cornisa". Alicia no oculta su vulnerabilidad: "Estoy todavía temblando... estás limpiando y te cae de arriba y estás viendo cómo te cae la tierra", narra con voz trémula y la confianza puesta en Dios y en la patrona de Granada, la Virgen de las Angustias. Muy ligada a los terremotos vividos en esta tierra a lo largo de la historia.
La sombra de Venezuela y Colombia
A pocos kilómetros, Antonio Carrón, que ha sido durante 13 años profesor y director del colegio Santo Tomás de Villanueva, observa la situación con una mezcla de rigor histórico y preocupación vecinal. Antonio recuerda que "Granada siempre ha sido un lugar propenso a los movimientos", evocando los terremotos de los años 50 en Albolote o el enjambre de 2021. Sin embargo, nota un factor psicológico nuevo en el ambiente como es la "sugestión por desastres internacionales recientes".
“Es difícil perder de vista la situación de Venezuela, la situación de Colombia reciente“
"La manera como se ha vivido ha sido con mucha tensión y temor... siendo mucho más sensible por las circunstancias que se han vivido más recientemente en otros países", explica Antonio. Para él, es imposible desligar el susto granadino de las imágenes que llegan del otro lado del Atlántico: "Es difícil perder de vista la situación de Venezuela, la situación de Colombia reciente. Que eso se pudiera producir también en ese contexto es lo que a mucha gente le ha hecho exaltarse un poquito más".
Antonio describe escenas de caos doméstico que se repiten en miles de hogares: "Me encontré muchos de los azulejos de las paredes que se habían caído... puertas que se habían abierto, cuadros descolgados y muchos objetos de cerámica que estaban al borde de una estantería se cayeron". Esta realidad ha obligado al cierre preventivo de monumentos icónicos como la Catedral, la Capilla Real y la propia Alhambra, para evitar tragedias mayores ante la afluencia turística.
"El busto romano se iba andando solo"
Francisco Manrique, apodado cariñosamente como "Cocó", aporta la visión de quien ha cumplido 66 años conviviendo con el temblor. Para él, el seísmo de la una de la madrugada del sábado pasado fue "tremendo". "Yo estaba en mi cama viendo una serie y de pronto la cama pegó un salto", cuenta con el humor granadino del que ha vivido mucho.
“A mucha gente le da por ir a la calle pero, en caso de que pase algo, yo prefiero morir en casa “
Cocó relata una imagen casi surrealista de su salón durante el último temblor: "Tenía al lado una copia de un busto romano que pesa un quintal y he visto cómo el busto se iba andando solo... lo he cogido y he oído cómo se caían libros y figuritas". A pesar del susto, Cocó mantiene una filosofía de resistencia casera que choca con las recomendaciones oficiales de salir a espacios abiertos. "Yo prefiero morir en casa en caso de que pase algo... mucha gente le da por ir a la calle, que también es peligroso porque los destrozos están en la calle, se te caen las fachadas".
Su testimonio refleja el diseño mismo de la ciudad: "Aquí en Granada las casas no suelen ser rascacielos... el resto de la ciudad son bloques de cinco pisos como mucho por eso, por los terremotos". Para Cocó, el peligro real no es solo el movimiento, sino los cinco segundos de parálisis: "¿Qué precauciones se pueden tomar en cinco segundos?".
Vivir sobre la falla
Desde Dúrcal, a 20 minutos de la capital, el aficionado a la montaña y buen conocedor de Sierra Nevada, Mikel Ochoa, ofrece una perspectiva comparativa necesaria. Tras haber vivido el terremoto de magnitud 7,4 en Marruecos, Mikel analiza los seísmos granadinos con cierta calma técnica, aunque reconoce que la intensidad de estos últimos días "se nota un poquitín más".
“Estamos bastante acostumbrados a mirar la aplicación del Instituto Geográfico Nacion“
"Estamos bastante acostumbrados a mirar la aplicación del Instituto Geográfico Nacional", confiesa Mikel, que describe una rutina donde los vecinos se preguntan por WhatsApp si han sentido el último temblor mientras pasean al perro o están en el campo. Viviendo justo al lado de la falla de Nigüelas, Mikel coincide con Antonio en el peso de la información global: "Seguro que la gente está más sugestionada por haber visto los medios de comunicación en días cercanos, los de Venezuela y Colombia".
A pesar de los tres heridos leves reportados por la Junta de Andalucía y los daños materiales en barrios como el Zaidín o el centro comercial Nevada, la ciudad intenta mantener la serenidad que ha pedido el presidente Juanma Moreno. Granada, entre el susto de Alicia bajo el banco y la calma de Mikel consultando el móvil, sigue demostrando que su gente es tan resistente como el granito que esconde su suelo.
Un santo y una virgen contra los terremotos
Pero la relación de Granada con los terremotos no es solo geológica, es profundamente cultural y espiritual. Desde el siglo XVIII, la ciudad ha buscado protección en dos figuras clave: San Emigdio de Áscoli y la Virgen de las Angustias.
San Emigdio, un obispo mártir del siglo IV, se convirtió en el "abogado contra los terremotos" tras la salvación de la ciudad italiana de Áscoli Piceno en 1703. Su devoción llegó con tal fuerza a la capital nazarí que, en 1778, se imprimió en Granada una obra dedicada expresamente a su intercesión. Hoy, una escultura del santo rodeado de ruinas y en actitud de súplica todavía puede verse en una de las capillas de la girola de la Catedral de Granada, como un recordatorio artístico del temor histórico a los seísmos.
La Virgen de las Angustias, patrona de Granada, y San Emigdio de Áscoli, protector contra los terremotos. EUROPA PRESS / ÁLEX CÁMARA / CATEDRAL DE GRANADA
Sin embargo, el vínculo más potente es el que une a la ciudad con su patrona, la Virgen de las Angustias. Aunque ya era invocada ante calamidades en 1755, fue el terremoto de 1884 en Arenas del Rey —uno de los más destructivos de España— el que selló esta unión. Granada sufrió el temblor, pero se libró de la devastación que asoló a otros pueblos de la provincia.
En agradecimiento, el 30 de enero de 1885, el Ayuntamiento realizó un Voto a la Virgen que se renueva cada año desde entonces. Esta tradición anual es el testimonio vivo de una ciudad que, tras cada gran "enjambre", vuelve la vista a su patrona para agradecer seguir en pie.