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El periplo de los miles de migrantes marroquís que se resisten a irse de Ceuta: "Quiero buscarme un futuro aquí"

Miles de migrantes marroquíes se resisten a irse de Ceuta.
Jóvenes migrantes descansan sobre unas rocas después de llegar a Ceuta nadando. JORGE GUERRERO / AFP

El jueves Mohamed recorrió unos diez kilómetros a pie hasta la ciudad marroquí de Castillejos convencido de que ese día podría entrar desde allí a Ceuta. Se había corrido la voz de que era fácil cruzar la frontera del Tarajal —dice que lo comentaban en grupos de WhatsApp masivos— así que decidió emprender el camino junto a su amigo Yasir, con quien llevaba meses ideando un posible viaje. Recorrieron un tramo andando y otro a nado antes de llegar a su destino, la ciudad autónoma a la que ese día llegaron más de 50.000 personas. Sin embargo, al menos 57 de todas las que se tiraron al mar no lo lograron. Murieron ahogadas poco antes de llegar a España; y Yasir fue una de ellas.

"Se estaba ahogando y no pude ayudarle. Llevaba mi móvil, dinero, mis cosas y las perdí al intentarlo. Pero no pude hacer nada. Ha muerto mucha gente", se lamenta Mohamed, que ahora espera saber qué le depara el destino desde los jardines de Argentina, en Ceuta. No dice su edad, pero es mucho más mayor de la mayoría de jóvenes que lo rodean, y buscaba volver a entrar en Europa en busca de trabajo, ya que tiempo atrás ya estuvo viviendo en Francia. "El Gobierno no hace nada por su gente. Marruecos tiene mucho dinero, pero la gente no", asegura este hombre, procedente de Fez. "Quiero buscar mi futuro aquí, pero es complicado", añade.

Los sueños de los que intentan quedarse

El parque en el que se encuentra Mohamed se ha llenado de migrantes que buscan desesperados un móvil desde el que llamar a casa, un cargador con el que recuperar la batería del suyo, o que alguien les comparta wifi para poder mandar un mensaje a sus familias. "Quiero hablar con mi madre, sabe que he venido, pero no he podido hablar con ella al llegar. Mi teléfono está apagado", comenta Saat, que tiene 17 años y muchas ganas de llegar a Europa. Saben que son demasiados como para quedarse en Ceuta, pero confía en que puedan llevarles a otras ciudades.

"He estudiado peluquería, puedo trabajar. Quiero ir a Europa para enviar dinero a mi familia", explica, mientras pide respuestas. "¿Por qué no podemos ir al centro (de acogida de migrantes?", pregunta. Le responde Mohammed, que está a su lado traduciendo al francés lo que el muchacho y su amigo Emet relatan en árabe a RTVE Noticias. "Porque está lleno", les dice. Los dos jóvenes han venido juntos desde Agadir, su cuidad, y no quieren marcharse por nada del mundo. Creen que en Europa hay un sitio para ellos.

Unos metros más abajo, una joven de 20 años ha conseguido, por fin, cambiar sus dirhams por euros. Se llama Inza y llegó a Ceuta a nado el miércoles, acompañada de otros dos jóvenes. "Vimos en vídeos que la gente estaba entrando fácilmente a Ceuta y nos decidimos", explica. A su lado, su hermano enseña lo que, dice, le ha hecho la policía ceutí. Lleva una venda en la cabeza y varias heridas en los brazos y las piernas.

"No hemos podido comprar nada para comer, todos los supermercados están cerrados y no teníamos el dinero", comenta la joven, que quiere avanzar hacia la península y quedarse en España. A su lado, una mujer cuenta los billetes que acaba de darle. "Llevo trabajando aquí muchos años, ahora les intento hacer un favor. Dinero, una llamada...", explica a RTVE.

En los alrededores, la Policía y el Ejército intentan desplazar al mayor número posible de migrantes hacia la frontera, mientras un par de adolescentes se pregunta cómo llegar al otro lado de la ciudad sin cruzarse con los agentes. Otros, escapan de ellos a todo correr, mientras les persiguen y cargan con las porras, intentando que vuelvan hacia la valla.

48.000 personas ya han vuelto a Marruecos

A pocos kilómetros de allí, en la frontera del Tarajal, miles de jóvenes vuelven a casa. Ya han salido hacia Marruecos más de 48.000 personas, la gran mayoría cansadas de buscar sin éxito algo que comer. "No hemos comido nada desde ayer", comenta uno justo antes de llegar a la frontera. "En España no hay ni comida, ni trabajo", dice otro.

Mientras tanto, en el agua, donde todavía flotan cientos de pertenencias, como zapatos y flotadores, nuevos grupos de jóvenes tratan de llegar a la playa. "Viva España", gritan algunos desde el mar, festejando su llegada. A su alrededor, desde las rocas, el Ejército intenta contener su entrada. Asimismo, a lo largo de la noche la Policía ha incrementado su presencia en distintas barriadas de Ceuta para localizar a grupos de migrantes que no quieren retornar de forma voluntaria a Marruecos.

Sin embargo, otros miles aún se resisten y tratan de llevar el hambre como pueden. "¿Cuándo van a abrir los supermercados?", pregunta uno de ellos a un agente de policía. "Para vosotros no hay comida, es para los españoles. Vosotros a Marruecos", le responde. Aunque algunas sí han permanecido abiertas durante unas horas por la mañana, la mayoría de tiendas ha cerrado sus puertas, aunque sus dueños, ayudados por la Policía que custodia las inmediaciones, impide que los migrantes accedan.

Dos días sin comer

"Estamos buscando comida, no hay nada. Llevamos dos días así. Sin comida, sin agua, sin nada", se pregunta otro hombre, a pocas horas de pasar su segunda noche a la intemperie. "Somos buenos hombres, queremos trabajar", dice otro chico, natural de la ciudad Chauen, que explica que en la frontera marroquí apenas encontraron impedimento. "El rey está celebrando su aniversario y muchos militares no están trabajando por eso. La Policía de Marruecos nos dejó", asegura. Ahora quieren quedarse.

La laxitud en las fronteras ha animado a saltar al otro lado a personas que llevaban meses dándole vueltas a esa idea. "Sentí que si no lo hacía ahora, no iba a tener otra oportunidad. Hablé con mi madre, vimos lo que estaba pasando desde la playa. Cogí mi móvil y me lancé al mar", explica Aya, una joven de 20 años que lleva una foto de su partida de nacimiento (en España) guardada como oro en paño en la galería de su teléfono.

"La otra opción que tenía era intentar sacar una visa, pero no tengo dinero para eso, así que quería venir e intentar demostrar que tengo mi documentación", explica a RTVE. Hace unos años vivió en Ceuta con su padre, pero él la abandonó y ella y su madre volvieron a Marruecos. "Mi madre sabe que estoy bien, he podido hablar con ella. Pero esto da miedo y estoy sola. Muchos hombres intentan intimidarme", afirma, preocupada porque muchos de los migrantes que la rodean llevan horas sin comer y empieza a elevarse la tensión entre ellos.

Aún así, su objetivo es intentar quedarse por todos los medios. "Estoy preparada, tengo formación. Hablo inglés y francés. Tengo bachillerato y un grado en Administración de Empresas, pero no tengo trabajo en Marruecos. Por eso he venido", lamenta, al borde de las lágrimas.