Estados Unidos cumple 250: las ansias de protagonismo de Trump y una población dividida
- Trump y su movimiento MAGA acaparan las celebraciones con discursos de carácter electoral
- Un estudio ilustra el descontento social y la división con la que llegan los estadounidenses a su aniversario
"La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad", esos eran los tres derechos humanos básicos que aparecían en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que se firmó hace exactamente 250 años. Unos conceptos que, siglos después,
Usualmente, el 4 de julio se celebra en todo el país con actividades al aire libre, partidos de béisbol y fuegos artificiales. Este año, la cifra es redonda y el actual presidente, Donald Trump, ha convertido este aniversario en una fiesta de exaltación de su mandato y del movimiento MAGA (Make America Great Again), y la politización del evento ha ahondado en la división de las celebraciones y la sociedad.
"La fiesta de cumpleaños más inolvidable que jamás haya visto un país”, así lo ha definido el líder de la Casa Blanca. El arranque oficial tuvo lugar el pasado 24 de junio, con la inauguración de la Great America State Fair, una feria gratuita con más de 150 exposiciones en el National Mall de Washington D.C.; y la "fiesta" continuará hasta el 10 de julio. Sin embargo, este sábado, el Día de la Independencia, Trump ya ha anunciado que pronunciará en la capital el mitin "más espectacular de todos". Una forma de emplear los actos para destacar su mandato de cara a las elecciones legislativas que tendrán lugar en noviembre.
¿Qué pasó hace 250 años?
El 4 de julio marca la firma de la Declaración de Independencia de 1776, el documento que, redactado por Thomas Jefferson en su mayor parte, proclamó que las Trece Colonias norteamericanas se autodefinían como Estados soberanos libres frente al Imperio Británico. Un acontecimiento histórico que marca el inicio de la Edad Contemporánea.
Unos meses antes había estallado un conflicto bélico entre las fuerzas independentistas de las Trece Colonias, comandadas por George Washington, y las fuerzas del Ejército Británico. La llamada Guerra de Independencia de los Estados Unidos. El Congreso de los Estados Unidos votó el 2 de julio en favor de declarar la independencia, y el texto de Jefferson, que tardó 17 días en redactarlo, era una "explicación formal" de esta decisión.En 1783, las fuerzas de Washington derrotaron a las británicas y, tras el Tratado de París, Gran Bretaña reconoció finalmente la independencia de los Estados Unidos.
Grabado de la presentación de la Declaración de Independencia ante el Congreso Continental en Filadelfia GETTY
Los estadounidenses llegan a su aniversario "divididos" e "insatisfechos"
Este 250 aniversario de la nación es un momento agrio para el pueblo de EE.UU. La guerra en Irán, que según el Gobierno iba a durar tan solo unas semanas, ha debilitado el país socialmente y económicamente. Para José Antonio Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos y director del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, las consecuencias sociales de este conflicto bélico las veremos "a medio plazo", aunque la población estadounidense "no la acepta con entusiasmo": "Cuando Donald Trump dice que pueden bombardear Irán durante dos, tres o cuatro semanas y que el estrecho seguirá cerrado, está reconociendo implícitamente que EE.UU. no será capaz de imponerse".
Hace 50 años, en 1976, se cumplió el bicentenario, que también se celebró con gran pesimismo. Por aquel entonces, el pueblo estadunidense estaba tocado por la derrota en la Guerra de Vietnam, cuando el ejército comunista norvietnamita, apoyado por la Unión Soviética y China, derrotó al Gobierno de Vietnam del Sur y a las tropas aliadas de EE.UU. Fue uno de los mayores fracasos bélicos de la historia del país, que le desprestigió a nivel internacional y fragmentó a la población. Sin embargo, Gurpegui considera que ambos conflictos bélicos y sus repercusiones sociales son incomparables: "La repercusión que tuvo Vietnam en la sociedad estadounidense no se está produciendo ahora. En Irán no ha habido tropas sobre el terreno, el conflicto no ha sido prolongado en el tiempo y tampoco ha existido una implicación social comparable".
Asimismo, la sociedad de Estados Unidos en 1976 era muy diferente a la de hoy día. Por aquel entonces, el 84% de los habitantes del país se definían como blancos, el 11% negros, el 4% hispanos , el 1% de origen asiático. Ahora, la proporción hispana se ha quintuplicado hasta el 20%, frente al 57% blanca. Mientras que hace cincuenta años solo el 5% de la población estadounidense había nacido en el extranjero, en 2026 ese porcentaje es del 15%. Unos Estados Unidos mucho más heterogéneos.
En la actualidad, un estudio del centro de investigaciones Pew Research afirma que los estadounidenses han cumplido sus 250 años "insatisfechos con el rumbo que está tomando su país" y con la sensación de que "los mejores días se han quedado atrás": "En comparación con la gente de otros países, más estadounidenses expresan opiniones sombrías sobre cómo funciona su democracia y dudas sobre si sus conciudadanos tienen buena moral", asegura el informe. "Es uno de los momentos más polarizados de la historia estadounidense. Ahora, la polarización no es geográfica, como en la Guerra Civil, sino ideológica", afirma Gurpegui. "Probablemente, el modelo democrático estadounidense nunca había estado tan cuestionado como lo está en este momento".
El estudio explica que esta percepción del estado está vinculada al partidismo. Los afines al Partido Republicano, por supuesto, están más satisfechos con la dirección del país que los demócratas, aunque esta complacencia ha disminuido respecto al inicio del segundo mandato de Trump en enero de 2025 (del 65% al 50% en la actualidad).
Sin embargo, el 54% dice sentirse esperanzado cuando piensa en el futuro. La visión que tienen sobre 2050 ha mejorado respecto a 2023, año en el que, según Pew Research, tan solo el 32% de la gente pensaba que para 2050 la economía nacional sería mas fuerte.
Primera caída de la inmigración desde 1960
En los primeros seis meses del segundo mandato trumpista, el país perdió cerca de 1,4 millones de inmigrantes, según Pew Research Center. Esto supuso la primera gran caída migratoria desde la década de 1960, una época en la que el expresidente John F. Kennedy (1961-1963) popularizó la frase "una nación de inmigrantes". Existen otros períodos en los que el país mostró un claro rechazo hacia la inmigración. En 1882 aprobó una ley que prohibía la inmigración china, y en 1924 restringió, mediante un sistema de cuotas nacionales, la llegada de inmigrantes de Asia y de otras regiones.
Un siglo después, Trump ha suspendido las visas de inmigrantes de hasta 75 países, incluyendo Guatemala, Nicaragua, Brasil, Colombia, Cuba y Uruguay; ha prometido deportaciones masivas y ha convertido al Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en la agencia de seguridad con mayor presupuesto en EE.UU.
Gurpegui analiza las consecuencias de esta caída de la población migrante que, a su juicio, también provoca que mucha gente evite entrar en Estados Unidos "por miedo a ser detenida y deportada": "Puede tener, por ejemplo, efecto sobre la inflación. En sectores como la construcción o los servicios había un elevado porcentaje de trabajadores en situación irregular. Si ahora esos puestos deben cubrirse con trabajadores en situación regular, los costes laborales aumentan", explica. En el caso de los latinos, por ejemplo, representan más de la mitad de los inmigrantes de EE.UU. (26,7 millones de casi 52 millones) y aportaron 4,4 billones de dólares a la economía estadounidense en 2024, según un estudio de la Universidad de California.
Las celebraciones: paseos en Air Force One y "el mitin más espectacular"
Un claro simbolismo de la polarización y división del país ha sido la Great America State Fair. Esta feria nacional debía contar con pabellones de los 56 estados que componen EE.UU. Sin embargo, al menos siete estados demócratas declinaron participar en este acontecimiento debido a su supuesto "uso político". Varios artistas, como Young MC o Martina McBride, también decidieron cancelar sus actuaciones.
En su inauguración el pasado 24 de junio, Trump decidió presidir, tomar el escenario y pronunciar un discurso de carácter electoral, lo que comenzó a dejar patente su intención de mostrarse omnipresente durante estas festividades: "Atraigo a más gente que Elvis Presley", aseguró.
Winter Kanu sostiene una bandera de Estados Unidos mientras asiste con sus padres a la Gran Feria Estatal Americana el 2 de julio de 2026 en Washington D. C. La feria, respaldada por Freedom 250, celebra el 250.º aniversario de Estados Unidos Joe Raedle / AFP / Getty
El miércoles, el mandatario estadounidense viajó a Dakota del Norte para formar parte de la inauguración de un museo dedicado al expresidente Theodore Roosevelt (1901-1909), y aprovechó para estrenar el nuevo Air Force One, el avión que transporta al presidente de los Estados Unidos, un Boeing 747 reacondicionado regalado por Qatar, con los colores rojo, blanco y azul oscuro de la bandera de las barras y estrellas, y el dorado elegido por Trump. Esta aeronave ha sido objeto de debate por el alto coste de sus reformas, algo a lo que el líder ha restado importancia.
Durante la inauguración del museo, con una dimensión de casi 9.000 metros cuadrados en la ciudad de Medora, tanto Trump como su administración defendieron de forma vehemente a Roosevelt y su legado. Trajo su medalla de honor, que hasta ahora se alojaba en la Roosevelt Room del Ala Oeste de la Casa Blanca, para que el nuevo museo la cobijase: "Estoy honrando a Roosevelt, una de las personas a las que más he admirado nunca", declaró en un discurso que sonó más a mitin electoral que a conmemoración patria.
El mandatario aprovechó para hacer campaña y arremeter contra el Partido Demócrata: "No son socialdemócratas, son comunistas, quieren que no existan las cárceles", afirmó, haciendo referencia al alcalde neoyorquino Zohran Mamdani. "Voy a ganarlos a todos muy fácilmente, tengo rivales muy fáciles".
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia un discurso durante un evento en el anfiteatro Burning Hills el 1 de julio de 2026 en Medora, Dakota del Norte Andrew Harnik / AFP
Este viernes, víspera del 4 de julio, tuvo lugar en el monte Rushmore —el monumento conmemorativo que aloja los gigantescos rostros esculpidos de los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln—, en las Colinas Negras de Dakota del Sur. Un evento con actividades familiares, homenajes militares y un espectáculo de fuegos artificiales. Por supuesto, Trump tampoco faltó a esta cita, a bordo de su nuevo Air Force One.
El culmen de la celebración tendrá lugar este sábado, el Día de la Independencia. En Nueva York se realizará el International Naval Review y Sail4th 250, una concentración de buques militares históricos. Washington D.C. albergará el Salute to America 250, que incluirá un desfile patriótico, demostraciones militares, actuaciones musicales y sobrevuelo de aviones de combate. Y, después, el líder republicano pronunciará un discurso por la noche en el Monumento a Lincoln, que será, según la prometido, el mitin "más espectacular de todos".
Estas ansias de protagonismo chocan de forma brusca con el peligro que supone que un presidente que ya ha visto amenazada su vida en varios atentados se exponga públicamente. Por ello, las autoridades federales de Washington, D.C., se preparan para una de las operaciones de seguridad más grandes y complejas de la capital. A los cientos de miles de personas que visitarán la ciudad a lo largo de la festividad se sumarán más de 5.000 efectivos de la Guardia Nacional.
¿Ha fracturado Trump la celebración?
Los eventos para conmemorar el 250 aniversario se han adaptado a los gustos culturales de Trump y a su visión patriótica y partidista del país. El Gobierno ha preparado la emisión de monedas y pasaportes conmemorativos de la independencia con la cara del presidente y pretende que el Congreso reforme la ley para poder incluir su firma en los billetes de dólar.
"No es habitual que un presidente de los Estados Unidos asuma tanta presencia en las celebraciones del día de la Independencia", afirma Gurpegui. "En ese sentido, Trump es el presidente menos convencional, no hay ningún otro presidente al que se le pueda comparar ese nivel de egolatría".
Para los demócratas, además de centrar los festejos en sí mismo, Trump está tratando de reescribir la historia, brindando a los grupos conservadores una plataforma para moldear la narrativa en torno a las celebraciones con la idea de “renovar el orgullo nacional”. La polémica comenzó el pasado enero, cuando el Servicio de Parques Nacionales retiró paneles sobre la historia de la esclavitud, por una orden ejecutiva que exigía modificar programas que promoviesen "ideologías divisivas".
En medio de esta fractura nacional, esta noche, cuando los fuegos artificiales atraviesen el cielo de Washington D.C., el protagonista del día más emblemático de Estados Unidos no será el país, será su líder. Miles de personas escucharán el discurso de su presidente en la explanada frente al Monumento a Lincoln, donde hace unas semanas, Trump mandó pintar de azul el estanque reflectante de este edificio. Sin embargo, una plaga de algas provocó que el agua volviera a teñirse de verde días después, para muchos una metáfora del estado del país.
Personal del Servicio de Parques Nacionales realiza pruebas del agua en el estanque reflectante del Monumento a Lincoln Rahmat Gul Rahmat Gul / AP
Liderazgo global en disputa
Desde su creación en el siglo XVIII hasta la posmodernidad, Estados Unidos vivió una evolución que le llevó a dominar económica y políticamente el mundo. Esta condición de "superpotencia" hegemónica se mantiene presente en este 250 aniversario, debido a su poderío militar y a que aún es la economía con el mayor PIB del mundo, aunque se ve amenazada por la inquietante efervescencia de China.
"Es el primer momento de la historia en el que resulta evidente que existe otra potencia capaz de disputar ese liderazgo", expone Gurpegui. El analista recuerda cómo, el pasado mes de mayo, el presidente chino Xi Jinping aludió a la llamada trampa de Tucídides durante la primera jornada de la cumbre entre ambos mandatarios: "¿Serán Estados Unidos y China capaces de evitar la trampa de Tucídides?", cuestionó el líder asiático, haciendo referencia a un concepto geopolítico que advierte sobre el riesgo de conflicto que aparece cuando el auge de una potencia emergente desafía a la potencia hegemónica.
"Solo con mencionar este concepto, Xi le estaba diciendo a Trump 'Vosotros vais hacia abajo y nosotros hacia arriba'". Un mensaje claro con la cortesía propia de la democracia", explica Gurpegui.