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Pódcast 'Diario de Ucrania' | Por qué Rusia recluta en el extranjero: que los muertos no sean hijos de los votantes de Putin

  • Rusia pierde mil hombres al día y quiere evitar grandes reclutamientos en Moscú y San Petersburgo
  • Según los datos, los reclutamientos en el extranjero no suponen ningún cambio cualitativo en el frente
Gráfica de "Diario de Ucrania" de RNE Audio. Fondo de cristal roto, título grande, y un teléfono mostrando un soldado ucraniano a través de un agujero.

Es imposible saber cuántos jóvenes, sin recursos, de países desfavorecidos, están luchando en la guerra de Ucrania, en el bando ruso. Muchos de ellos no dejan rastro: les obligan a alistarse, les quitan la documentación y el dinero, y desaparecen en el frente. Pero otros son capturados por Ucrania. Y es cuando cruzan esa línea hacia esta parte del mundo, cuando podemos empezar a recabar información y datos: cuando se convierten en prisioneros de guerra. A través de sus testimonios se ha ido dibujando un mapa y una trama, con una intención clara por parte de Rusia: que los muertos no sean suyos.

La ONG Truth Hounds, que documenta e investiga crímenes internacionales desde 2014, junto con la Federación Internacional para los Derechos Humanos (FIDH), ha publicado el informe ¿Combatientes, Mercenarios o Víctimas de la Trata de Personas? La explotación de soldados extranjeros en la guerra contra Ucrania, basado en entrevistas a esos prisioneros de guerra capturados por Ucrania. Según las autoridades ucranianas, desde 2022 al menos 27.000 extranjeros de 130 países han participado en la guerra en el frente ruso. Además de 14.000 soldados norcoreanos, en este caso, se trata de militares con formación especial, fruto de un acuerdo entre los dos países.

"No había vida en sus ojos"

Kenza Rharmaoui, una de las autoras del informe, recorrió los centros de detención de los prisioneros de guerra en Ucrania entrevistando a personas de muchos países que tienen en común la vulnerabilidad de su población. Desde Kiev explica a RTVE Noticias en el pódcast 'Diario de Ucrania' que no puede quitarse de la cabeza la historia de un hombre yemení, que le contó que toda su vida había vivido en la guerra. "Cuando estaba hablando, no había vida en sus ojos. Tenía muchos hijos; fue a Rusia para trabajar en una granja y, cuando llegó a Moscú, varios hombres en uniforme militar lo llevaron al frente".

La historia se repite, con distintos nombres, distintas nacionalidades, y un mismo modus operandi: les captan en redes sociales, a través de agencias o reclutadores sobre el terreno, les prometen el pasaporte y trabajo en distintos sectores, y una vez llegan a Rusia, les trasladan a centros militares donde ya se ven atrapados. Les ofrecen contratos en ruso, que no pueden entender. Después, reciben una escasa formación militar y les llevan a posiciones de alto riesgo en el frente. Por eso muy pocos vuelven.

El grupo Wagner abrió el camino del reclutamiento de extranjeros

Desde el principio de la guerra, ya en 2014, ha habido ciudadanos de otros países en el frente. El grupo Wagner, un ejército privado al servicio de los líderes rusos, empezó a reclutar a migrantes en cárceles, explica Rharmaoui. "Según informan los familiares de los convictos, utilizaban promesas de liberación y recompensas económicas, amenazas y violencia física". También reclutaban a soldados con experiencia en distintas zonas de conflicto. "En República Centroafricana, Moldavia, Uzbekistán, Tayikistán, Egipto o Serbia". Tras la integración del Grupo Wagner en el Ejército ruso, se han extendido estas prácticas. "Antes los reclutas firmaban contratos con Wagner, ahora el contrato es el mismo pero con el Ministerio de Defensa", cuenta.

En un principio, se trataba más bien de personas con una motivación ideológica. Lo explica a RTVE Noticias James Rand, que ha sido oficial del ejército británico, oficial del servicio de inteligencia y analista de Janes, una empresa de inteligencia y datos relacionada con la defensa. El año pasado fue movilizado por la OTAN como oficial del Estado Mayor para apoyar a Ucrania. “Hay algunos voluntarios extranjeros que han querido ir a luchar por Rusia. África estuvo dividida entre los países europeos. Yo viví en Kenia, y todavía hay cierta lealtad a los movimientos anticolonialistas. Para mucha gente Rusia es un aliado en esa lucha, y hubo personas que por razones políticas quisieron alistarse, pero creo que ya se fueron hace unos años”, dice.

Han pasado más de cuatro años tras la invasión a gran escala, en los que Rusia ha sufrido muchas pérdidas sobre el terreno. La estrategia rusa en el frente requiere reposiciones de soldados continuas y no quiere acudir a una gran movilización interna. Desde finales de 2025 los reclutamientos en el extranjero se han intensificado. Si en un principio apelaban a voluntarios con cierta experiencia y alguna motivación, poco a poco se han creado redes de captación de personas vulnerables a través del engaño.

Que los muertos no sean de Moscú

Rusia tiene una población de más de 140 millones de personas. ¿Por qué no recluta entre sus propios ciudadanos? 

Rand explica que al principio del conflicto muchos voluntarios vinieron del este. "Hay pueblos enteros en el este de Rusia, con poblaciones que son visiblemente asiáticas más que europeas, en los que no quedan hombres. Muchos se alistaron y no volvieron". Para incentivar el alistamiento en el ejército, Rusia ofrece bonus, más bajos allí, más altos en Moscú y San Petersburgo. "En el este la vida es muy dura y mucha gente vive en la pobreza. En 2022 esos bonus no eran necesariamente muy altos. Pero cada vez tienen más bajas en el frente, y ahora tienen que reclutar en Moscú y San Petersburgo, donde la gente es más rica y es más cara. Los bonus son mucho más altos de lo que un africano puede ganar". Además, hay otro problema. La élite y los seguidores de Putin se concentran en el oeste. "Putin no quiere hacer grandes reclutamientos en Moscú y San Petersburgo, porque no quiere que los padres de esos soldados, que son sus seguidores, tengan que votar enterrando a sus hijos".

La realidad es que Rusia no tiene suficientes hombres y se calcula que pierde unos mil al día. “Rusia y Ucrania tienen el mismo problema, que no nacieron suficientes niños en los 90. Fue una época inestable que se alargó hasta el siglo XXI. Esto se traduce en que no hay tantos jóvenes para el tamaño de su población”, explica. Son las razones por las que Rusia necesita hombres, y los necesita de fuera de sus fronteras. Y en primer lugar, los busca en casa.

Los extranjeros dentro de Rusia

El informe describe varios casos de migrantes pendientes de alguna renovación administrativa, que son coaccionados para alistarse. "Tenemos dos casos de personas del norte de África que fueron a estudiar o trabajar a Rusia y por problemas administrativos, como una dirección incorrecta o la renovación del visado, fueron arrestadas y se les dio a elegir entre ir a la cárcel o firmar un contrato para ir al frente", relata Rharmaoui. Muchos de los casos hablan de violencia. "Tenemos un caso de un joven de Marruecos que firmó el contrato bajo amenaza. Le dijeron que podía firmar el contrato allí o en la habitación de al lado". 

Bajo este perfil hay muchos migrantes de Asia Central, de países como Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kazajistán, por las facilidades con el visado y porque conocen el idioma. También de China, por ejemplo. Son países que mantienen buenas relaciones con Rusia.

 EFE/EPA/STRINGER

Los comandantes tienen una cuota de reclutamiento que tienen que cumplir y reciben beneficios por ello. En muchos casos, un intermediario los lleva a la comisaría o a los centros de reclutamiento. Según los testimonios de varios migrantes, recibieron citaciones judiciales para presentarse en un punto de contratación en la calle Yablochkova de Moscú.

Según los testimonios, desde 2022 son frecuentes las redadas en residencias de estudiantes, centros de trabajo o mezquitas.

La red de reclutamientos en el extranjero

La lista de países de los que se han recogido testimonios es interminable, pero los métodos son los mismos. Muchos de los entrevistados conocieron las supuestas oportunidades laborales a través de amigos, conocidos o anuncios en redes sociales. También a través de personal del Grupo Wagner, incluso de embajadas o consulados rusos, centros culturales, o entidades privadas comerciales en sus países de origen. Las autoridades municipales rusas han emitido invitaciones cuando necesitaban visados, y el Ministerio de Asuntos Exteriores ha participado. "Si recibieron el visado rápido y se fueron a Rusia, podemos pensar que Rusia está de acuerdo. Hay varios canales que están centralizados", explica Rharmaoui. En uno de los casos documentados, un reclutador tenía conexiones con los servicios secretos rusos, demostrando una amplia implicación oficial.

Según los datos que maneja el informe, la mayoría de los extranjeros en el frente son de Asia Central. Según los servicios de inteligencia ucranianos, serían unos 7.000 de Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tajikistán. Les ofrecen sueldos de 2.500 euros cuando en sus países rondan los 300, y les prometen que después de seis meses en el frente tendrán la nacionalidad. “A veces les pagan la visa y el viaje, a veces no. A los entrevistados de Asia Central, Yemen y Cuba que entrevistamos les pagaron todos los gastos, pero los de Nepal pidieron dinero a sus familias para costear el viaje, que es una suma enorme. En el caso de Cuba, se facilitaron los vuelos y prácticamente no hubo controles; les enviaron los billetes muy rápidamente. Un prisionero yemení nos dijo que le llevaron a Etiopía con otros 11 hombres, antes de trasladarlos a Rusia. Se parece al tráfico de personas realmente”, asegura Rharmaoui. 

Los países de origen son variados, pero tienen en común el conflicto o la pobreza. “En Latinoamérica hay un nuevo caso, que es Perú, con los mismos mecanismos”, apunta. Y destaca el caso de Cuba. “Hay muchos casos de cubanos. Se puede explicar por la difícil situación económica y social, muchos caen en la trampa de estos empleos falsos”. Y relata que uno de los prisioneros que entrevistó comentó que ir a Rusia era su única opción para salir de la isla.

Ucrania también ha reclutado en Latinoamérica, especialmente en Colombia. “Hay denuncias de familias que no han podido recuperar los cuerpos de sus familiares fallecidos. Pero no hemos documentado casos de empleos falsos, transporte organizado y coacción”, detalla.

Aunque la mayoría de los reclutados para el frente son hombres, también hay mujeres que son engañadas, aunque en este caso, no para empuñar un arma, sino para fabricarla. El Alabuga Start es un programa de la Zona Económica Especial de Alabuga, en Tartaristán, que atrae a jóvenes latinoamericanas prometiéndoles un trabajo y formación técnica. La realidad es que acaban ensamblando y pintando drones Shahed en condiciones de explotación. 

El caso de Kenya

Las autoridades ucranianas han registrado 1.780 casos de nacionales de países africanos que han estado luchando con Rusia, y calculan que podrían ser hasta 4.000. “África es un lugar en el que reclutar es fácil. Y los rusos ven a los africanos como tropas de usar y tirar”, añade Rand. "El problema es que no sabemos si estamos viendo la punta del iceberg o si es parte de una operación más grande, porque se hace de forma clandestina por razones obvias". Egipto, Ghana, Camerún, Nigeria, Sudáfrica… en los últimos meses varios medios de comunicación se han hecho eco de casos de africanos que han sido arrastrados o engañados hasta el frente.

Kenia ha sido uno de los que han dado la voz de alarma, alertando a la población y animando a comprobar las ofertas de trabajo con las autoridades, tras la presión de los familiares, como los padres de Erastus Mundia. Moses Muyela y Josephine Ngoya contaron a AFP que su hijo fue a trabajar a Rusia con un programa del gobierno. Murió en el frente.

 Photo by Brian ONGORO / AFP

Kimani Ichung’wah, miembro de la Asamblea Nacional de Kenya, denunció ante la cámara en febrero que agencias públicas corruptas se dirigen a exmilitares, expolicías y jóvenes de entre 20 y 50 años, desesperados por trabajar en el extranjero, ofreciéndoles unos 2.500 euros al mes, un bonus de hasta 7.000 euros y también la ciudadanía rusa. Con datos de los servicios de inteligencia, asegura que muchos estaban saliendo del país con visas de turista a través de Estambul, Abu Dhabi o Emiratos Árabes. 

Cuando las autoridades detectaron esta trama, reforzaron los controles en el aeropuerto internacional Jomo Kenyatta de Nairobi. Entonces, los reclutadores cambiaron de estrategia, y empezaron a sacar a los hombres engañados por Uganda, la República Democrática del Congo o Sudáfrica, para evitar ser detenidos. 

Ichung’wah denuncia que funcionarios de inmigración corruptos facilitaron el paso por el aeropuerto. En su discurso, da nombres concretos de agencias, direcciones y nombres de personas encargadas de los reclutamientos, que varios retornados han denunciado a la policía. El relato es el mismo: les prometen trabajo, y una vez en Rusia, todo cambia. Y concluye que según las investigaciones “hay un tráfico ilegal transnacional organizado”, que se han hecho avances, dando de baja hasta 600 agencias de empleo, y que se sigue investigando, persiguiendo a los reclutadores, buscando a las víctimas.

En marzo, el ministro de exteriores de Kenya Musalia Mudavadi anunció un acuerdo con Rusia, para que dejase de reclutar en el país, y aseguró que los que ya habían sido engañados podrían volver, garantizándoles la amnistía. Porque ir a otro país para luchar en una guerra es ilegal en muchos países.

En el informe de Truth Hounds y FIDH cuentan otro caso, de un atleta keniano. Un agente local le prometió que podría participar en un festival en San Petersburgo y viajó con una visa de turista y otros tres deportistas. Tras el festival, le ofrecieron quedarse con un trabajo. Firmó un contrato en ruso que no entendió, y después se enteró de que había firmado un contrato militar.

También, según el estudio, han detectado casos de africanos con el visado caducado intentando entrar en la UE, a quienes les han ofrecido alistarse como alternativa a la deportación.

Carne de cañón para Rusia

Aunque en algunos casos, como los hombres de países como Irak, Siria, Afganistán, Libia o Yemen, pueden tener algo de experiencia militar por las guerras en sus países, la mayoría de estos jóvenes llegan al frente sin formación. Rand explica que en el Reino Unido o España el entrenamiento básico de un soldado es de unos seis meses. "Muchos de los soldados rusos están recibiendo un entrenamiento de cinco días y no están bien equipados. Para entrenar a un soldado en el campo de tiro necesitas unas 30 balas y terminas con un test de tiro, que requiere otras 50 balas. Los soldados rusos disponen de unas 30 balas para los cinco días", cuenta. 

Tampoco tienen motivación, están allí por obligación. “Cualquiera que haya sido oficial del ejército, que haya tenido en algún momento a un soldado junior en su pelotón o en sus tropas que claramente no tenga interés lo sabe: en la mayoría de los ejércitos de la OTAN probablemente se desharían de él. Lo que hacen los rusos es pegarles y torturarles, cuando no hacen lo que ellos quieren. Y los castigos son brutales.”

Además, no hablan el idioma. Pero todo esto no es un problema para la estrategia rusa en el frente. Solo necesitan carne de cañón. "Lo que hacen es enviar tropas hacia los ucranianos en pequeños grupos y ver cuáles llegan más lejos. Si la posición ucraniana ve a un grupo avanzando, los capta, destruye y mata. Entonces ya saben que esa ruta es en la que están los ucranianos, y que por ahí no va a funcionar. Pero tienen 30 de esos pequeños grupos intentando avanzar a la vez. Solo dos o tres grupos llegarán lo suficientemente lejos abriendo camino. Necesitan carne de cañón más que soldados entrenados", explica Rand.

Rand calcula que el número de jóvenes reclutados en África podría ser unas diez veces más de lo que conocemos. Pero en cualquier caso, no determina el rumbo de la guerra. "El frente tiene unos 1.000 kilómetros; es más largo que el de la I Guerra Mundial, desde Bélgica hasta Suiza. Según la doctrina convencional de la OTAN, necesitarían un millón de hombres, además de soldados vigilando en la retaguardia", explica. Ni Rusia ni Ucrania tienen suficientes soldados. "Con los datos que tenemos, tendrían para más o menos dos semanas de bajas. Así que no cambia el equilibrio de poder. Lo que necesita Rusia son unos 300.000 hombres entrenados en el frente, pero no tiene ninguna forma de generarlos", cuenta.

El frente de una guerra es tan duro que incluso los que van por decisión propia admiten que es peor de lo que imaginaban. Las condiciones son extremas, siempre agravadas por la sombra de una muerte cercana y el maltrato y los duros castigos de los oficiales del Ejército ruso. "Rusia es un país muy racista. El trato a los soldados en general es terrible, y los soldados que traen de África son lo más bajo en la jerarquía". Rand recuerda una grabación que circula en redes sociales de un soldado africano que tiene una mina antitanque atada a su cuerpo. "Los soldados rusos a su alrededor se ríen y dicen que van a usarle como abrelatas, básicamente para ir contra una posición ucraniana y detonarlo. No sabemos si era sólo acoso y si estaban bromeando o si en realidad lo hicieron". También ha oído que les quitan las tarjetas, el efectivo y todas sus claves, supuestamente por seguridad. “Así que ni siquiera les pagan mientras están en el frente, les roban”, dice. Y una vez que son capturados por Ucrania, no tienen manera de volver atrás a reclamar lo que les prometieron.

El desamparo

No hay una ley internacional que se ocupe específicamente de los combatientes extranjeros en el frente de Ucrania. “Las embajadas dicen que estas personas han firmado un contrato, que es su voluntad, entonces es complicado. En casos de coacción y engaño se puede considerar que es similar a la trata de personas, y Rusia ha firmado la Convención internacional. En teoría está obligada a prohibirla”, asegura Rharmaoui.                     

Pero además, en muchos países es un delito ir a luchar en una guerra en otro país. Es el caso de Kazajistán, Kirguistán, Tajikistán y Uzbekistán, que, como hemos visto, son países de los que sale mucha gente hacia Rusia. Y aun así, cuenta el informe, en Kazajistán hay mucha población prorusa y medios prorrusos, que siguen animando a ir a luchar. El calvario continúa a la vuelta: en sus países podrían enfrentarse a una acusación.

Kenia no es el único país que se ha movilizado. El primer ministro indio, Narendra Modi, llegó a un acuerdo con Moscú y consiguió recuperar a 35 hombres. También el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, medió con Putin para recuperar a 17 jóvenes. La hija del expresidente Jacob Zuma, Duduzile Zuma-Sambudla, ha sido acusada de participar en los reclutamientos.

Pero no todos los países han mostrado el mismo interés. Solo el fin de la guerra puede devolver a los capturados por Ucrania a casa. "Han firmado un contrato con el ejército ruso; no son mercenarios, son prisioneros de guerra. Eso significa que mientras la guerra siga, tienen que esperar en la cárcel", explica. Su situación es bastante delicada. Rusia y Ucrania hacen intercambios de prisioneros, pero Rusia no reclama a estas personas. Por otra parte, Ucrania necesita entregar prisioneros para recibir a los suyos. "Según nos han contado en las entrevistas, no hay mucho trabajo ni esfuerzo por parte del personal diplomático aquí en Ucrania para que estas personas puedan volver a casa. Están, igual que antes, olvidados en su desgracia".