Bomberos españoles, al rescate en la zona cero de los terremotos en Venezuela ayudados por una patrulla canina
- El equipo de Bomberos Unidos sin Fronteras (BUSF) lleva en La Guaira desde el sábado
- Los perros Ivy y Tins, a la búsqueda de posibles supervivientes
Luisfe abre el transportín y guía a la perra Ivy hasta lo alto de la montaña de escombros en que ha quedado reducido un edificio en San Cristóbal, en La Guaira (Venezuela) para que busque posibles supervivientes de los dos terremotos del miércoles pasado. "Ay, qué buena es, corre, corre, chiquitilla", anima el bombero onubense al animal, antes de soltar la correa para que corra a su aire, olisquee y encuentre a personas que puedan seguir sepultadas vivas bajo un edificio derrumbado.
Un equipo de rescatistas militares argentinos asegura que ha oído golpes que venían del fondo y ha ido a avisar al grupo de Bomberos Unidos sin Fronteras (BUSF), que ha llegado de España para que les ayuden a localizar potenciales supervivientes con su patrulla canina, compuesta por Ivy y Tins, dos perros entrenados para este tipo de rescates.
El inmueble donde están buscando debió de ser antes de su colapso por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 un hotel o edificio de apartamentos turísticos de La Guaira, junto a la costa del Caribe venezolano. Al recinto se accede por una verja y, a un lado del edificio derrumbado, hay una piscina que ha quedado vacía, llena de polvo y escombros.
Por turnos, Ivy y Tins buscan, los bomberos piden a todo el mundo que guarde silencio; los militares y la Policía venezolana paran el tráfico de la calle principal y las decenas de motocicletas que pasan en ese momento se detienen. Toca caminar despacio para no hacer ruido y los efectivos se comunican por señas. Pero los perros no encuentran indicios de nada, así que los bomberos españoles regresan a su base a la espera de que surja otra alerta. Explican a RTVE Noticias que en estos momentos es muy complicado encontrar a personas vivas bajo los escombros, ya que han pasado muchos días desde los temblores y suelen recibir ahora bastantes avisos como este que acaban sin resultado.
Bomberos de Madrid, Córdoba y Huelva
Este contingente español, compuesto por 13 personas entre bomberos y personal sanitario, llegó el sábado a Venezuela con los dos perros. Vienen de Madrid, Córdoba y Huelva, y aunque todos son bomberos profesionales y tienen sus trabajos, han encontrado un hueco para trasladarse a Venezuela para ayudar.
Bomberos españoles ante un edificio en ruinas por los terremotos en La Guaira (Venezuela) Susana Samhan
Nada más pisar La Guaira, se coordinaron con el cuerpo de bomberos venezolano de San Cristóbal, que estaba trabajando en la zona donde están ellos.
El presidente de BUSF, Antonio Nogales, indica a RTVE Noticias que a nivel de rescate "no hay mucha esperanza", aunque ellos no acaban de perderla: "Nuestra organización trabaja en esta fase de primera intervención en el tema del rescate, pero en función de las necesidades que se analicen pondríamos en marcha una segunda fase de ayuda humanitaria, envío de medicamentos y todo lo que sea necesario".
De hecho, hay parte del equipo que está visitando albergues con desplazados, centros de salud y hospitales para ver qué necesidades hay y diseñar esa segunda etapa para ser lo más efectivos posible.
Similitud con el terremoto de Haití
Nogales ha vivido muchas situaciones de este tipo y señala que estos sismos en Venezuela se parecen mucho al terremoto de Haití de 2010 "tanto en intensidad como en profundidad". "Obviamente la construcción aquí es diferente a Haití, que es un país completamente subdesarrollado y allí fallecieron casi 300.000 personas, no hablamos de la misma envergadura desde el punto de vista de la tragedia, pero a nivel de terremoto se parece mucho", detalla el bombero.
Pese a su dilatada experiencia, el trabajo en La Guaira "ha sido duro" porque los edificios son "muy, muy altos" y se han producido "solapamientos de plantas". Hasta ahora, el conteo oficial habla de al menos 1.943 muertos, entre los que hay 19 españoles, y 10.571 heridos por los dos seísmos que tuvieron su mayor impacto en La Guaira, a unos 30 kilómetros al norte de Caracas, y en la capital.
"Son verdaderos monstruos de edificios, son enormes y hemos encontrado un nivel de destrucción muy grande", precisa el presidente de BUSF.
Tras el caos inicial y la falta de efectivos, ahora hay más de 2.000 rescatistas internacionales en la zona, a los que se suman unos 2.000 militares venezolanos. Aun así, es tal el nivel de destrucción que hay numerosos voluntarios, ciudadanos anónimos, colaborando en las tareas de búsqueda de supervivientes y cuerpos de fallecidos. El desescombro generalizado todavía no ha comenzado, aunque ya se ve por el área la maquinaria pesada necesaria para esta labor.
En Venezuela hay actualmente decenas de efectivos españoles. La Unidad Militar de Emergencias (UME) está desplegada en el país latinoamericano y hay rescatistas de seis comunidades autónomas. A partir de este miércoles está operativo el Equipo Start (Equipo Técnico Español de Ayuda y Respuesta en Emergencias) de la AECID con un hospital de campaña, además del paquete financiero movilizado de un millón de euros a través de la Federación Internacional de la Cruz Roja.
Esta es la sexta catástrofe a la que asiste Luisfe, cuyo nombre completo es Luis Felipe Sández, que pertenece al cuerpo de bomberos del Ayuntamiento de Huelva, como Nogales, y colabora con BUSF desde hace 17 años. Él ha llegado a La Guaira como guía canino de Ivy, una perra especializada en salvamento, búsqueda y localización de personas sepultadas.
La burocracia, un escollo para trabajar
"La experiencia de estos días es lo que sueles encontrar en cualquier catástrofe, un principio caótico en el inicio de las intervenciones que, a medida que va evolucionando, va todo más organizado", destaca Sández, quien subraya que no han parado de trabajar desde el sábado en varias localizaciones.
Una de las principales dificultades que se han encontrado ha sido la burocracia en todo lo referido a las salidas y entradas, así como en los desplazamientos para llegar a la zona cero del desastre.
"Hemos tardado demasiado desde que empezamos a movilizarnos para
lkj alcanzar la zona cero", dice el bombero, que ha dejado en España a su pareja y su hijo de 6 años para quien su padre es un héroe.
El pequeño Luis, que se llama como su progenitor, quiere ser bombero de mayor, pero no lleva bien estar separado de su padre: "Ya sabes cómo son los niños apegados en estos momentos a sus padres o sus madres, y a veces lo pasa un poco mal", apunta Sández.
Al niño le explicaron desde "muy pequeñito" lo que hace su padre, que a veces le pone vídeos que pueda ver y en ocasiones se lo lleva al trabajo si es posible.
"Yo le hago partícipe de mi trabajo y le explico que 'papá sale de casa e intenta ayudar a las otras personas que en estos momentos tienen una solución difícil' y lo único que hacemos es intentar mejorar la situación", remarca Sández, a quien le encantaría que su hijo fuese bombero, aunque augura que sufrirá por él si algún día decidiese hacerlo. Desde luego, que en su caso va en la sangre porque más allá de la vocación, su propio padre tuvo la misma profesión, "así que viene un poco de cuna".