Cabeza versus corazón: ¿A qué hacemos caso al comprar un coche?
- La presidenta y fundadora de Asufin, Patricia Suárez, reflexiona sobre los aspectos que deberíamos considerar antes de realizar una inversión importante como la compra de un automóvil
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Que si el color; que si metalizado o mate; que si a mí esta marca me ha gustado toda la vida; que si este modelo es todo un clásico… A la hora de adquirir un vehículo, dedicamos mucho más tiempo a este tipo de consideraciones que a las cuestiones relacionadas con el contrato de compra o la financiación. Según Patricia Suárez, presidenta y fundadora de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin), "hacemos un consumo emocional", fruto del "marketing que nos llena de estímulos".
En este capítulo de Economía de bolsillo, Suárez aboga por "utilizar un poco más la cabeza" y "hacer menos caso al corazón en" las decisiones de compra, sobre todo si implican una inversión importante, como puede ser adquirir un coche. De hecho, Suárez cuestiona incluso el punto de partida y anima a los consumidores a plantearse si realmente necesitan este vehículo. En su opinión, este desembolso hoy en día no tiene mucho sentido para la mayoría de la población. "Muchos de nosotros solo utilizamos el coche los fines de semana", indica, con lo que "alquilarlo por horas o por días para momentos puntuales" resulta mucho más rentable. Todo depende de las circunstancias vitales de cada uno, y admite que lo anterior no rige para quienes necesitan de un medio de transporte privado en su día a día por motivos de trabajo, ruralidad, estudios, etc.
Los automóviles tienen un precio muy elevado y, al día siguiente de su compra, "empiezan a perder valor muy rápido", justifica. A ello hemos de sumar muchos gastos asociados como las condiciones de financiación, la plaza de garaje, los seguros, el combustible, etc. Si consideramos todo en conjunto, parece complicado amortizar la inversión. Por eso, lo ideal sería comprar un automóvil con la intención de que "nos dure muchos años", defiende, a fin de amortizarlo. Ahora bien, Suárez admite que hay muchos incentivos que nos empujan a cambiar de coche periódicamente. Desde el marketing y la aparición constante de nuevos modelos, a las ventajas fiscales y deducciones por compra que promueven las administraciones.
¿Cómo lo financiamos?
En efecto. Cada vez son más las personas que quieren renovar su auto con frecuencia y, para ellas, Suárez apunta a la elección entre renting y leasing. El primero implica alquilar, explica, de modo que el coche nunca será tuyo. Además, la empresa corre con todos los gastos (seguros, reparaciones, mantenimiento, etc.). En cambio, el leasing está dirigido a la compra (a los dos o a los tres años, en general) y el usuario asume los gastos.
¿Banco o concesionario? Otra cuestión interesante que plantea Suárez tiene que ver con la financiación de la compra. A su juicio, no debemos dejarnos fascinar por los descuentos que ofrecen los concesionarios, que obtienen una comisión mucho mayor por desviar un préstamo al consumo a la financiera concreta con la que trabajan. En principio, la oferta del banco incluye el precio total del préstamo, mientras que los concesionarios incorporan intereses por las comisiones de los seguros, que además suelen imponer. Por todo ello, Suárez recomienda prestar atención a la Tasa Anual equivalente (TAE), que refleja el coste real del producto contratado (o su rendimiento, si hablamos de depósitos). Incluye las comisiones, los seguros y otros gastos obligatorios y el Tipo de Interés Nominal (TIN). Este último concepto se refiere al interés fijo que la entidad cobra por prestar el dinero, pero no tiene en cuenta ni la periodicidad de las liquidaciones ni los gastos asociados.
Jornadas de reflexión
La directiva europea sobre préstamos al consumo, en cuya trasposición trabaja actualmente el Ministerio de Economía, pretende poner un poco de orden en este ámbito. El Gobierno busca incluir una cláusula para que la formalización de este producto obligue a un día de reflexión antes de la firma, a fin de que el consumidor "tenga tiempo de asumir toda la información", comparar y darle una vuelta. Igual que ya sucede con las hipotecas, para las que el período de reflexión es mayor.
Suárez recalca la necesidad de entender bien todos los puntos del contrato y alerta de la actual tendencia a firmar sobre tabletas, donde "solemos hacer scroll" y la lectura y comprensión de las condiciones resultan más complicadas. "Yo creo que no tenemos por qué leerlo todo", afirma. Hay muchos actos cotidianos, como adquirir un billete de autobús o una entrada para el cine, que implican aceptar condiciones generales de contratación y que llevamos a cabo sin más. De lo contrario, no haríamos otra cosa en todo el día.
Leer, entender, comparar
Son las entidades financieras y los profesionales quienes "deben ser decentes y asegurar que se cumplen", zanja. Sí hemos de prestar mucha atención a los aspectos que influyen en el precio final, e insiste en dedicar un tiempo suficiente a "leer, comprender y comparar", ya sea en papel o en digital.
Con todo, el factor principal en este tipo de decisiones es la capacidad de endeudamiento, que depende de nuestro salario, "nuestro patrimonio, los gastos fijos y las deudas que ya tengamos" adquiridas. Asufin y otras muchas entidades ofrecen calculadoras online para realizar estas estimaciones. Además, los propios bancos y profesionales deben ser responsables y no conceder préstamos o créditos a quienes tengan problemas para devolverlos, reclama. La exigencia de avales, que se popularizó en los años previos a la crisis de 2009, en realidad escondía el hecho de que muchos bancos no se fiaban de sus clientes. Por fortuna, "el mercado se ha reeducado" en este sentido. "A todos nos sienta mal que nos nieguen una financiación", reconoce Suárez, pero esto significa que desconfían de nuestra capacidad de pago. Nosotros tampoco deberíamos darla por sentada y, antes de lanzarnos a una inversión de este tipo, haríamos bien en apartar el corazón y escuchar qué nos dice la cabeza.
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