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Julienne Lusenge: décadas de lucha por las mujeres congoleñas

  • La activista de RDC explica a Objetivo Igualdad las situaciones de violencia machista que se viven en el país
  • Lusenge ha recibido reconocimientos de Naciones Unidas y lidera organizaciones de ayuda a las mujeres
Julienne Lusenge, activista por los derechos humanos, sonríe en una entrevista al aire libre, luciendo una túnica amarilla y un micrófono de solapa.
Carolina Pecharromán

*Objetivo Igualdad se emite los domingos a las 16:30 h en el Canal 24 horas y después en RTVE Play

Julienne Lusenge nació en 1958 en el Noreste de la República Democrática del Congo, en una provincia que hace frontera con lo que hoy es Sudán del Sur. Lleva décadas trabajando por los derechos humanos, especialmente por los derechos de las mujeres y contra la violencia sexual. En todos estos años ha recibido premios y distinciones de Naciones Unidas, Amnistía Internacional y otras instituciones y organizaciones, desde el departamento de Estado de EE.UU. a la revista Time.

El este de RDC vive desde finales del siglo XX un conflicto que se ha convertido en paradigma de la utilización como arma de guerra de las violaciones más brutales a mujeres y niñas. Pero la lucha de Lusenge se extiende más allá, al resto del país, donde la situación para las mujeres está lejos de ser equitativa. Le preguntamos por las décadas de su vida que ha dedicado a la defensa de las mujeres congoleñas. Responde con una declaración de intenciones:

Muchas mujeres quisieran realmente ser libres, pero no se atreven a hablar, porque están atrapadas por las costumbres

"Yo quisiera que las otras mujeres pudieran ser libres, que pudieran desarrollarse, disfrutar de sus derechos. Muchas mujeres quisieran realmente ser libres, pero no se atreven a hablar, porque están atrapadas por las costumbres, por las familias que dicen: 'Nooo, esto no lo puede decir una mujer, esto no lo puede hacer una mujer'... Y ellas realmente quisieran hacerlo. Nosotras que tenemos la suerte de tener voz y estar formadas, decimos, mantenemos la lucha".

El cuerpo de las mujeres como campo de batalla

Lusenge habla de forma pausada, serena. Seguramente es el modo en el que habla con las víctimas de violencia, para tranquilizarlas y confortarlas. Pero hiela la sangre escuchar los casos que cuenta: "La violencia es brutal sobre todo en los lugares en conflicto, pero también en los lugares donde no lo hay. En el conflicto, los grupos armados llegan a los pueblos para matar, para violar, para intimidar e imponer su poder. Pero también incluso el Ejército lo hace, porque algunos militares acusan a los habitantes de los pueblos de connivencia con el enemigo. Les dicen: 'Son vuestros hijos y vuestros hermanos, les informáis sobre nuestras prosiciones'... y les castigan".

Primer plano de Julienne Lusenge, activista congoleña, con blusa amarilla y accesorios dorados. Brazos cruzados sobre mesa, equipo de grabación al fondo.

La activista congoleña por los derechos de las mujeres, Julienne Lusenge

"Voy a poner un ejemplo que encontré durante mi trabajo de investigación. Un día encontré una chica, una niña, menor. Cuando le pregunté dónde estaban sus padres estalló en sollozos. Lloraba y lloraba. Yo la calmé, le di algo de agua, esperamos un poco y luego le dije: ahora puedes hablar. Ella me contó: 'Mis padres, mis hermanos, mi hermana mayor... les han matado. El ejército congolés entró en el pueblo para liberarlo. Llegaron a casa y dijeron que mi hermano era de los rebeldes. [...] Violaron a mi hermana mayor delante de mis padres. Violaron a mi madre. Les encerraron a todos en la casa y la quemaron con ellos dentro'. A la niña la obligaron a hacer trabajo forzado y la convirtieron en esclava sexual hasta que las fuerzas de la ONU liberaron la zona".

La chiquilla tenía doce años y un jefe de un grupo armado la estuvo vendiendo como esclava sexual durante cinco años

"Los grupos armados hacen lo mismo. Había una chiquilla que un jefe de guerra vendía como mercancía. Él la tenía como esclava sexual, pero cada vez que necesitaba dinero, la ofrecía: '¿Quién me da cien dólares por ella? Puedes cogerla'. Ella tenía menos de doce años y pasó cinco o seis años en esa situación. Cuando la encontré se acababa de escapar y había vuelto al pueblo. Me decía: 'Quiero estudiar'. Ella se había quedado embarazada y venía con un bebé. Me decía: 'De todo lo que he sufrido, el peor recuerdo es este niño'. Y lo miraba con cólera. Yo respondí: 'El niño no tiene nada que ver, es una víctima como tú. Vamos a ayudarte'. Le dimos dinero a la madre de esta chica para que empezara una pequeña actividad comercial y la enviamos a la escuela".

Por todas las mujeres y en todas partes

Parece mentira que su cabello no haya encanecido después de enfrentarse durante tanto tiempo a estas situaciones. Ella misma lo señala y sonríe, apuntando que no representa la edad que tiene. Los ojos de Julienne Lusenge son intensos y profundos, una mirada dura en ocasiones y reidora en otras, rodeada de las marcas de una profunda preocupación. La mirada de una mujer firme, empática y resiliente que ha trabajado sobre el terreno y ha fundado dos ONG.

En 2001 cofundó Solidaridad Femenina por la Paz y el Desarrollo Integral (SOFEPADI), de la que es presidenta. Es una asociación para promover los derechos de las mujeres y las niñas y su salud sexual y reproductiva en el Este de RDC. Además, en 2007, creó el Fondo para las Mujeres Congoleñas (FFC), del que es directora ejecutiva. FFC distibuye financiación a asociaciones de mujeres de base. Trabaja en seis campos interconectados: la autonomía de las mujeres, su liderazgo político, la intervención en los conflictos, la salud sexual y reproductiva, la justicia climática y la protección del medioambiente y la violencia sexual y sexista.

La violencia continúa donde no hay guerra debido a la impunidad, la justicia no funciona y las leyes no se aplican

Y es que Lusenge reconoce que en el país hay buenas leyes contra la violencia machista, pero que no se aplican: "La violencia continúa donde no hay guerra debido a la impunidad, la justicia no funciona", asegura. La violencia sexual y la violencia sobre la mujer dentro de la pareja se banaliza, explica, se cree que la dote permite a los hombres abusar sexualmente de sus mujeres cuando quieran. La violencia sexual dentro de las familias por parte de tíos, hermanos, padrastros o incluso padres queda oculta por el silencio social.

"Cuando las activistas se enteran e intentan ir adelante, las familias se vuelven contra ellas. Hay madres valientes que quieren llegar hasta el final, a la justicia. Nosotras las hemos acompañado y el marido ha sido condenado y ha terminado en prisión. Pero también hay madres que se han vuelto contra sus hijas porque han denunciado. Hay magistrados que nos ayudan, que aplican la ley, jueces, comisarios de policía... pero no todos. Si el comisario de policía no recoge bien la denuncia, la cadena se rompe. Por eso, estamos haciendo mucha formación, para que sepan escuchar y entender a las mujeres".

Mesa redonda en Kinshasa sobre violencias machistas y medios de comunicación, con seis ponentes: Rose Masala, Carolina Pecharromán, Julienne Lusenge, Carmen Díez Orejas, Cyrille Kileba y Caddy Adzuba.

Mesa redonda en Kinshasa sobre violencias machistas y medios de comunicación. De izquierda a derecha: Rose Masala, Carolina Pecharromán, Julienne Lusenge, la embajadora española, Carmen Díez Orejas, Cyrille Kileba y Caddy Adzuba. Carolina Pecharromán

La importancia de los medios de comunicación

Entrevistamos a Julienne Lusenge en el marco de una formación y una mesa redonda organizadas por la embajada de España en Kinshasa y Casa de África. El objetivo, compartir la experiencia española en el tratamiento informativo de la violencia machista y trabajar con los medios de comunicación del país para que denuncien estas violencias y ayuden. Lusenge comenzó trabajando en una radio local para compartir las experiencias de las mujeres y acompañarlas. Para ella, el papel de la prensa es fundamental.

Hay que hablar de estos temas abiertamente. Hay que educar a la gente, hay que enseñar a los chicos a respetar a las chicas

"Hay que hablar de estos temas abiertamente. Hay que educar a la gente, hay que enseñar a los chicos a respetar a las chicas. Nosotras mismas, las activistas, nos debemos defender nosotras mismas para defender a otras. Debemos enseñar a nuestros hijos que el hermano debe respetar a su hermana y debe participar en los trabajos del hogar. Y la niña debe aprender a decir 'no', que nadie tiene derecho a tocarla. Y que debe denunciar, porque si no denuncia, nadie lo sabrá. Debemos decirle a nuestros hijos que esto existe y que hay que combatirlo".

Lusenge exige también formación en las escuelas y la Universidad para el profesorado y para alumnos y alumnas contra todas las violencias y para actuar contra el acoso sexual. Defiende el trabajo que las asociaciones de mujeres están haciendo en las comunidades, ayudando a que los casos se denuncien y se lleven ante la justicia. Señala también la responsabilidad de las redes sociales, influencers y algunos medios que perpetuan el rol de sumisión de la mujer, banalizan los mensajes de las activistas o incluso atacan a las que se atreven a denunciar. Es clara sobre la necesidad de seguir trabajando: "Debería haber emisiones educativas sobre los derechos de las mujeres, que se lanzaran campañas que incidieran sobre esto. Eso ayudaría. Ahora vemos al presidente del país hablar de ello y a la primera dama implicarse. Tenemos que amplificar el mensaje".