Colombia elige al sucesor de Gustavo Petro en un clima de fuerte polarización
- Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella son los tres principales candidatos
- Las encuestas apuntan a que habrá segunda vuelta el 21 de junio
Este 31 de mayo los colombianos acuden a las urnas para elegir al sucesor de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia, en un contexto de elevada polarización y en el que el foco ha estado puesto en la cuestión de la seguridad y la violencia.
En un momento en el que la región parece estar virando a la derecha, esto comicios medirán el respaldo de la ciudadanía al proyecto petrista y, particularmente, a su estrategia de Paz Total, una política de Estado de búsqueda de la paz que incluye la negociación con los distintos grupos armados ilegales poniendo a las comunidades en el centro.
Aunque se presenta una docena de candidatos, entre ellos la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, y el de Medellín Sergio Fajardo, solo tres tienen posibilidades reales: uno a la izquierda y dos que representan dos extremos de la derecha. Se trata del senador Iván Cepeda, del partido Pacto Histórico (PH) y que representa la línea continuista con la agenda de Petro, el abogado derechista Abelardo de la Espriella y la senadora Paloma Valencia, del partido conservador Centro Democrático (CD) del expresidente Álvaro Uribe.
Para María Victoria Llorente, directora ejecutiva de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el tema de la seguridad es muy importante en el contexto de estas elecciones, pero puntualiza que en juego está un tema más de fondo, y que es una cuestión "existencial".
"El elemento más diferenciador es la visión de modelo de país y esta división que se ha querido marcar entre la Colombia que llaman 'la Colombia de los nadies' -que se siente representada por el Pacto Histórico, y la que llaman 'la Colombia de los siempre'", explica Llorente. "Hay un tema de fondo sobre cómo entendemos el progreso y quiénes entran en esa ecuación".
Si ninguno de los candidatos consigue el 50% de los votos en primera vuelta, la segunda ronda se llevará a cabo el 21 de junio con los dos candidatos más votados. El ganador tomará posesión el 7 de agosto.
Los principales candidatos
Iván Cepeda
Hijo de miembros del Partido Comunista colombiano, Cepeda, de 63 años, lleva toda su vida instalado en la izquierda del país. Su padre fue asesinado en 1994, cuando ocupaba un asiento en el Senado, por fuerzas del Estado vinculadas a los paramilitares.
Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, en un una rueda de prensa en Bogota. Mauricio Dueñas Castañeda / EFE
Antes de su carrera política formal, Cepeda se involucró en movimientos de defensa de los derechos humanos y búsqueda de justicia para las víctimas de crímenes de Estado. En 2009 fue elegido para el Congreso y en 2014, obtuvo su escaño como senador. Desde el Senado se ha convertido en una de las voces más destacadas de la izquierda colombiana y es conocido por su rol en las negociaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
También se convirtió en una de las más prominentes voces opositoras a Álvaro Uribe, destacando su implicación en el juicio al expresidente por manipular a testigos encarcelados para que declararan a su favor tras ser acusado por el propio Cepeda de vínculos con paramilitares.
Firme defensor de la estrategia de Paz Total de Petro, Cepeda quiere promover una "paz con justicia social" en la que se aborden las causas estructurales de la violencia, como la pobreza y la desigualdad. En su programa de gobierno –que es más bien un compendio de discursos e intervenciones en distintos encuentros en los que Cepeda dibuja su idea de país– el candidato del Pacto Histórico dice que tras el "primer gobierno de cambio" es necesario avanzar hacia una segunda etapa y habla de "revoluciones democráticas".
"Las transformaciones profundas que necesita el país solo pueden comprenderse y desarrollarse como verdaderas revoluciones democráticas. No como rupturas violentas, sino como procesos históricos de transformación impulsados por la ciudadanía y orientados a dignificar la vida colectiva", considera Cepeda en el documento. "Se trata de una revolución ética, que enfrente la corrupción y reconstruya la moral pública; una revolución social, que supere la pobreza y garantice derechos; una revolución territorial, que reconozca la riqueza humana y natural de los territorios; y una revolución política y democrática, que amplíe la participación ciudadana y fortalezca el poder del pueblo".
Abelardo de la Espriella
Conocido como "El tigre", De la Espriella irrumpió en política hace dos años cuando lanzó su candidatura para las elecciones presidenciales. Sin embargo, este abogado y empresario era ya muy reconocido en Colombia gracias a la defensa de clientes de alto perfil, incluido Álex Saab, el empresario colombo-venezolano, aliado del expresidente Nicolás Maduro y recientemente deportado a Estados Unidos.
Abelardo de la Espriella en el mitin de cierre de campaña en Medellín. EFE
De la Espriella, con su movimiento Defensores de la Patria, se apoya en un discurso de tintes populistas y con un matiz religioso. Se mueve con destreza en las redes sociales, en especial en Tik Tok y es, además, un defensor de la libre empresa y de la familia tradicional.
En materia de seguridad y lucha contra la corrupción, temas sobre los que gira su campaña, apuesta por un discurso de mano dura. En sus mítines y actos de campaña ha aparecido detrás de cristales blindados. Una de sus propuestas es la creación de 10 megaprisiones, siguiendo la estela de Nayib Bukele en El Salvador, de quien se declara admirador. Además, es un enemigo declarado de la estrategia de Paz Total, y propone un enfoque militarizado para combatir el narcotráfico. Ha prometido bombardear narcocultivos y hundir lanchas que transporten cocaína.
"La política de Paz Total termina conmigo. La Seguridad Total empezará. Vamos a reactivar las órdenes de arresto contra toda esa criminalidad, y los perseguiremos con las fuerzas públicas, que deben ser fortalecidas en un acuerdo con los Estados Unidos. Queremos ser parte del Escudo de las Américas, (una alianza militar propuesta por Donald Trump) y queremos construir con los Estados Unidos una gran política para acabar con el narcotráfico", dijo en un acto en Bogotá durante la campaña.
Además de Bukele, tiene entre sus referentes a Donald Trump y a Javier Milei. Con el líder argentino comparte su visión de reducir el tamaño del Estado "hasta en un 40%"; promete destinar más recursos a salud y educación y defendió subsidios dirigidos a madres cuidadoras y programas de formación tecnológica para jóvenes.
Paloma Valencia
Nieta de un expresidente de Colombia, e hija de un senador, esta abogada de 48 años es la candidata del Centro Democrático, el partido de expresidente Uribe. Ya había contendido en 2006, sin éxito, por un escaño en el Congreso. Sí logró un asiento en el Senado en 2014, que ha mantenido desde entonces. La senadora sorprendió con un gran resultado en la consulta conservadora –una especie de primarias- el pasado mes de marzo, al movilizar más de tres millones de votos.
Paloma Valencia durante un acto de campaña en Cali. Ernesto Guzmán / EFE
Valencia se define a sí misma como "100% uribista", y en su trayectoria política ha sido una de las voces más críticas tanto del Acuerdo de Paz alcanzado en 2016 bajo el mandato del expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018), como de la estrategia de Paz Total de Gustavo Petro.
La seguridad ocupa también un lugar central en su programa, que promete ser una restauración del enfoque de Uribe. Su propuesta incluye aumentar el presupuesto en defensa, destinando a esta partida cerca de 4% del PIB, e incorporar 60.000 nuevos militares y policías a las fuerzas de seguridad. Quiere desarrollar un Plan Colombia 2.0, en referencia a la iniciativa de EE.UU. y Colombia de lucha contra el narcotráfico que operó en el país sudamericano desde el año 2000 hasta la implementación del Acuerdo de Paz.
En cuanto a su visión económica, comparte también con De la Espriella un plan para reducir el tamaño de Estado, y defiende una bajada de impuestos y más inversión en energías alternativas.
Escenario de fuerte polarización
Estas elecciones se dan en un clima de fuerte confrontación entre las opciones, y descalificaciones personales entre unos y otros. Uno de los primeros análisis que surgen de los perfiles de los tres principales candidatos es la ausencia de centro político. Por un lado, está Cepeda, situado muy a la izquierda, por otro De la Espriella y Valencia, muy a la derecha.
"Para Colombia es relativamente nuevo que estemos hablando de derechas y de izquierdas", explica Isaac Morales, de la Fundación Pares. "Las candidaturas aquí siempre han sido de centro y de derecha, pero eso cambió con la irrupción de Petro en la batalla por la presidencia en 2018", agrega el analista.
Y la polarización se ha ido radicalizando durante su presidencia. "Son unas elecciones muy importantes porque, primero, veremos el respaldo que la ciudadanía le puede dar al proyecto político de Gustavo Petro y a toda esta concepción de un gobierno progresista, de izquierda, que por primera vez llega al gobierno en el 2022 y a las propias banderas del petrismo. Y, por otro, si toda la polarización que se está viviendo actualmente con los extremos de la derecha tiene el respaldo popular", considera Morales.
La directora de la FIP habla de los miedos que se están alentando desde cada uno de los lados. "Por un lado, dicen que este proyecto (el de Petro) es el único que va a permitir que esos que nunca han accedido al poder sigan siendo representados y se sigan abriendo las posibilidades de progreso social", explica Llorente. "Por el otro, utilizan la caricatura de la comparación del gobierno de Petro con Venezuela y dicen que su continuación supondrá acabar con el sector privado y estatizar todo, y vinculan además el proyecto de la izquierda a los grupos armados ilegales", agrega.
Este escenario de polarización no es ajeno a lo que ha ocurrido recientemente en otras partes de la región, que ha registrado un viraje a la derecha con las victorias de Javier Miley en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y José Antonio Kast en Chile.
Preguntado por si este contexto podría influir de alguna manera en el futuro político colombiano, Morales dice que "es impredecible", pero destaca que si por algo se ha caracterizado Colombia es por ser "contracíclico". "En la época de (Hugo) Chávez en Venezuela, de Evo Morales en Bolivia, de Rafael Correa en Ecuador y Lula da Silva en Brasil, aquí teníamos a Uribe".
El aumento de la violencia
En agosto de 2025, el senador colombiano, y posible candidato presidencial, Miguel Uribe Turbay, fallecía a consecuencia de un atentado que había sufrido dos meses antes en un acto de precampaña electoral. Fue el primer acto de violencia directo contra un político en Colombia en más de 30 años. "Este asesinato despertó todas las alertas en el país, pues es el espejo del pasado que nos aterra, porque sí hemos tenido un pasado de violencia política brutal", dice María Victoria Llorente.
Sin embargo, analistas y expertos coinciden en que las manifestaciones de la violencia política han cambiado en Colombia, principalmente tras la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Pero esto no significa que la violencia y la violencia política hayan desaparecido: siguen presentes de la mano de las disidencias y los grupos armados organizados que tienen un carácter mucho más criminal que insurgente.
La directora de la FIP usa el término "violencia híbrida", en relación con este tipo de grupos criminales. "Uno no puede desconocer que hay un segmento importante de esos grupos que son disidencias de las FARC por un lado, y, en otros casos, tienen una vinculación directa con la desmovilización de los paramilitares", explica Llorente.
Un soldado colombiano patrulla na carretera en Jamundi, un área que ha sufrido varios ataques de las disidencias. Santiago Saldarriaga Santiago Saldarriaga / AP
Agrega que la lucha hoy en día es por el control territorial y el poder local para acaparar las rentas ilegales. En ese sentido, la FIP ha identificado 14 zonas del país que están en disputa y en esas zonas la violencia es más abierta y visible contra la población. "Y eso se ha expresado en el escenario de violencia contra actores que están en la contienda política", puntualiza la analista.
Según el informe anual del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) publicado el pasado mes de abril, en 2025, 965 personas resultaron heridas o fallecieron por artefactos explosivos, la mayoría civiles. El CICR, que pone el énfasis también en una falta de respeto al derecho internacional humanitario, documentó también 308 nuevas desapariciones. Además, al menos 235.619 personas se desplazaron de manera individual, 87.069 lo hicieron en eventos de desplazamiento masivo y 176.730 permanecieron confinadas. La organización internacional destacó que frente a 2024, todos estos indicadores aumentaron de manera significativa.
Aunque según los datos de la Misión de Observación Electoral, la violencia contra liderazgos políticos ha disminuido en un 24% si lo comparamos con las últimas elecciones presidenciales, en 2022, en su último informe sobre el riesgo por factores de violencia para el período entre el 1 de enero de 2025 y el 30 de abril de 2026 se observa un repunte de la actividad armada de los diferentes grupos armados ilegales. Este aumento en este período, según le ha explicado Diego Alejandro Rubiano, coordinador del Observatorio Político Electoral de la MOE, a Rtve.es, ha sido especialmente notorio en hechos violentos contra liderazgos políticos.
En una reciente entrevista con el programa Hora América de Radio Exterior, Humberto de la Calle, exvicepresidente colombiano y una de las figuras clave en las negociaciones de paz de 2016, consideró que Colombia estaba "en un momento bastante difícil".
"La implementación del Acuerdo de Paz ha sido muy poco intensa, muy esporádica y eso ha permitido que renaciera la violencia vinculada a grupos meramente delincuenciales. Queda algo de la vieja guerrilla política del ELN (Ejército de Liberación Nacional), pero lo que hay son grupos delincuenciales, dedicados a la minería ilegal de oro y al narcotráfico", ha agregado De la Calle.
El balance de la Paz Total
La estrategia de la Paz Total del presidente Petro ha centrado gran parte de debate en la carrera electoral. El exvicepresidente De la Calle se mostró contundente al afirmar que la política "fue un fracaso". Es algo en lo que coincide María Victoria Llorente, para quien esta estrategia "no ha mostrado resultados".
"(Esta estrategia) no ha logrado la desmovilización de ningún grupo hasta ahora y lo que se observa es el avance acelerado de estos grupos criminales durante este período presidencial", dice la analista, quien puntualiza que dicho avance no se origina con la Paz Total, sino que eso grupos ya venían creciendo desde la desmovilización de las FARC-EP. Según los datos recopilados por la FIP, este avance de los grupos criminales se ha dado en términos geográficos y en número de integrantes: a finales del gobierno anterior esta organización tenía registros de unos 13.000 integrantes de estos grupos y hoy en día llegan a más de 27.000.
Preguntada por las razones de esa falta de resultados, la directora de la FIP considera que se debe a una combinación de factores, "como la falta de capacidades institucionales para hacer evaluación, seguimiento y monitoreo de los acuerdos, y la falta de gestión política para desarrollar un marco legal que dé claridad sobre las expectativas que pueden tener esos grupos que se sometan al acuerdo y las garantías jurídicas, sobre todo para las víctimas".
Qué dicen las encuestas
La última encuesta del Centro Nacional de Consultoría, publicada el pasado fin de semana en la revista Cambio –la última semana antes de las elecciones no se pueden publicar encuestas en Colombia– le dio a Cepeda un 33,4% de intención de voto, seguido muy de cerca –de hecho, en empate técnico– por De la Espriella, con el 30,9%, y, más rezagada, Valencia con un 12,6%.
En otros sondeos la diferencia es mayor, como la de Invamer, elaborada para Noticias Caracol, que le da al candidato del Pacto Histórico un 44,6% de intención de voto, mientras que sitúa a De la Espriella en el 31,6% y a Valencia en el 14%. En general todas las encuestas pronostican la segunda vuelta entre Cepeda, ganador de la primera ronda en todos los estudios, y De la Espriella.
Y es que la campaña ha estado marcada por la batalla entre las derechas por pasar a segunda vuelta. "La pelea entre De la Espriella y Valencia es básicamente la forma de definir la fragmentación que se vive dentro de la derecha y de la de las dificultades que tiene el Centro Democrático como partido político para poder consolidar su proyecto alrededor de la figura de Valencia", explica Morales.
"En términos ideológicos y de las posturas políticas, Valencia y De la Espriella son muy parecidos", dice el analista de la Fundación Pares". Tienen una visión militarista, tienen propuestas muy similares en términos de un aumento de la fuerza pública y acabar con la Paz Total, reducir impuestos y fortalecer la empresa privada a mantener las relaciones diplomáticas muy centradas como en cada uno de sus intereses".
Las diferencias radican en las formas. "Abelardo de la Espriella se vende como un candidato outsider que está haciendo su aparición en la política del país, aunque en la agenda mediática siempre ha estado. Sus formas terminan siendo como más de showman, a nivel de Milei y Bukele", agrega.
Por su parte, Valencia es "una fiel discípula del proyecto de Álvaro Uribe y de las formas de Álvaro Uribe, quien por más Uribe que sea, cuidaba las formas".
No obstante, para el analista de la Fundación Pares está por ver si, por un lado, en el caso de la candidata de CD, su vinculación a Uribe juega a su favor o en su contra, ya que su figura despierta tantas adhesiones como rechazos. Y en el caso de De la Espriella la incógnita está en saber si para el votante tradicional de la derecha una persona como "el Tigre" –muy identificado con la idea de la política "como show"– puede representar sus preferencias.
Lo que ya se sabe, después de las elecciones legislativas del mes de marzo, es que el próximo presidente de Colombia tendrá que gobernar con un Congreso fragmentado, en el que si bien el Pacto Histórico es el partido con más representación, no hay mayorías absolutas.
Qué dicen las encuestas
La última encuesta del Centro Nacional de Consultoría, publicada el pasado fin de semana en la revista Cambio –la última semana antes de las elecciones no se pueden publicar encuestas en Colombia– le dio a Cepeda un 33,4% de intención de voto, seguido muy de cerca –de hecho, en empate técnico– por De la Espriella, con el 30,9%, y, más rezagada, Valencia con un 12,6%.
En otros sondeos la diferencia es mayor, como la de Invamer, elaborada para Noticias Caracol, que le da al candidato del Pacto Histórico un 44,6% de intención de voto, mientras que sitúa a De la Espriella en el 31,6% y a Valencia en el 14%. En general todas las encuestas pronostican la segunda vuelta entre Cepeda, ganador de la primera ronda en todos los estudios, y De la Espriella.
Y es que la campaña ha estado marcada por la batalla entre las derechas por pasar a segunda vuelta. "La pelea entre De la Espriella y Valencia es básicamente la forma de definir la fragmentación que se vive dentro de la derecha y de la de las dificultades que tiene el Centro Democrático como partido político para poder consolidar su proyecto alrededor de la figura de Valencia", explica Morales.
"En términos ideológicos y de las posturas políticas, Valencia y De la Espriella son muy parecidos", dice el analista de la Fundación Pares". Tienen una visión militarista, tienen propuestas muy similares en términos de un aumento de la fuerza pública y acabar con la Paz Total, reducir impuestos y fortalecer la empresa privada a mantener las relaciones diplomáticas muy centradas como en cada uno de sus intereses".
Las diferencias radican en las formas. "Abelardo de la Espriella se vende como un candidato outsider que está haciendo su aparición en la política del país, aunque en la agenda mediática siempre ha estado. Sus formas terminan siendo como más de showman, a nivel de Milei y Bukele", agrega.
Por su parte, Valencia es "una fiel discípula del proyecto de Álvaro Uribe y de las formas de Álvaro Uribe, quien por más Uribe que sea, cuidaba las formas".
No obstante, para el analista de la Fundación Pares está por ver si, por un lado, en el caso de la candidata de CD, su vinculación a Uribe juega a su favor o en su contra, ya que su figura despierta tantas adhesiones como rechazos. Y en el caso de De la Espriella la incógnita está en saber si para el votante tradicional de la derecha una persona como "el Tigre" –muy identificado con la idea de la política "como show"– puede representar sus preferencias.
Lo que ya se sabe, después de las elecciones legislativas del mes de marzo, es que el próximo presidente de Colombia tendrá que gobernar con un Congreso fragmentado, en el que si bien el Pacto Histórico es el partido con más representación, no hay mayorías absolutas.