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La mejor colección del mundo de bateas novohispanas reluce en el Museo de América

  • Bateas novohispanas. Una encrucijada cultural puede verse hasta el 18 de octubre
  • El Museo de América ofrece visitas guiadas gratuitas a cargo del comisario de la exposición
La mejor colección del mundo de bateas novohispanas reluce en el Museo de América
Detalle de una batea, firmada por José Manuel de la Cerda. Museo de América

Ni artesa para lavar, ni plataforma para críar mejillones, la batea que nos interesa se esconde en la tercera acepción del diccionario: "Bandeja o azafate, normalmente de madera o con pajas sentadas sobre la madera". Estos recipientes y objetos decorativos protagonizan la exposición del Museo de América Bateas novohispanas. Una encrucijada cultural.

La muestra estará abierta hasta el 18 de octubre y es fruto de la investigación de Adrián Contreras, profesor en la Universidad de Granada. El comisario de la exposición temporal pronuncia esta tarde a las 17 horas la conferencia titulada Las bateas del Museo de América. Una colección simpar.

Consciente de la dificultad del término "batea", un apartado del recorrido se dedica a explicar que son "platos o bandejas de grandes dimensiones generalmente de forma redonda, que se fabrican en una sola pieza de madera." Objetos suntuarios formaban parte del ajuar femenino y tenían un carácter profano, de un uso habitual pasaron a convertirse en símbolos de estatus y se mostraban en los salones de las viviendas hispanoamericanas junto a fuentes y salvillas de plata.

La mejor colección

El Museo de América cuenta con la mejor colección de bateas virreinales del mundo con 15 piezas que, por primera vez, salen de sus almacenes y se pueden contemplar todas juntas en "el corazón palpitante" del museo, según Contreras. La técnica utilizada es el maque, un tipo de lacado autóctono que ya se utilizaba en la era precolombina, aunque los pocos objetos recuperados con esa antigüedad se han hallado en cenotes o yacimientos subacuáticos.

La obra más excepcional es una batea de Pátzcuaro, que junto a Uruapan, Peribán y Olinalá eran los principales centros productores. Se trata de un trabajo de José Manuel de la Cerda "indio noble y pintor", encargada por la marquesa de Cruïlles, y en la bandeja aparecen los nombres de la dueña, algo habitual, y del artista, un detalle mucho más raro.

De la Cerda también es el autor de un cuadro de la patrona del lugar, La Virgen de la Salud de Pátzcuaro, un retrato enmarcado en plata y de otra batea similar en estilo, pero que no está firmada.

Filigranas e iconografía mesoamericana

La batea más antigüa que se expone está datada en torno a 1625, como curiosidad se muestra volcada lo que permite apreciar el dibujo de filigrana del canto exterior, mejor conservado que el interior, desgastado por el uso.

Las piezas evolucionan con el tiempo, de su función utilitaria pasan a ser objetos de lujo y alcanzan una dimensión inmanejable, una de ellas supera el metro y veinte centímetros de diametro. Además incorporan elementos iconográficos propios de la cultura azteca, mezclados con escudos de armas o emblemas de órdenes religiosas. Una de las pocas bateas ortogonales incorpora la leyenda de "para el sábado de gloria" y luce el escudo de la orden del Carmelo.

Estos objetos de laca novohispana revelan una fascinante red de conexiones culturales desde sus lugares de origen hasta su llegada a las colecciones históricas de España. Además reflejan como una composición mitológica, grabada como el sello de un editor en un libro podía acabar plasmada en un tondo en el centro de una batea mexicana.

Motivo mitológico que pasa de un libro a una batea

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En concreto, el dios Cronos tira del arado de la Virtud en dirección a la Fortuna que se representa con una venda en los ojos. Una frase en latín indica que, para alcanzar la fortuna, las semillas de la virtud tienen que germinar con el paso del tiempo.

La exposición reúne también otros objetos de lujo como búcaros de cerámica, arcas, arquetas, mobiliario, biombos, bandejas de plata, pinturas enconchadas y un original costurero, llamado almohadilla porque estaba rematado por un pequeño cojín en el que se dejaba pinchada con alfileres la labor de costura antes de acabarla.

América fue un crisol de creación artística desde épocas prehispánicas. En los territorios hispanos surgieron obras originales fruto de la amalgama de tradiciones indígenas y nuevas influencias orientales y occidentales. La elaboración de bateas sigue en el siglo XXI, aunque el abandono de los materiales tradicionales: polvo de diorita, aceite de chía y aje (una sustancia cerosa exudada solo por la hembra del insecto coccus axín) ha hecho que sean más baratas y su conservación sea más difícil.

Además de sus fondos propios, el recorrido incluye préstamos de la Universidad Complutense de Madrid, el Monasterio de las Descalzas Reales, el Instituto Valencia de Don Juan, la Casa Museo Cayetano Gómez Felipe, el Museo Nacional de Artes Decorativas, el Monasterio de Santa Paula, el Monasterio de las Concepcionistas Franciscanas de Ágreda, la Real Academia de la Historia y de varias colecciones privadas.

La exposición Bateas novohispanas. Una encrucijada cultural puede verse de forma gratuita hasta el 18 de octubre en el Museo de América.