Precios al alza y comodidades a la baja en los pisos de estudiantes: "Han ido empeorando año tras año"
- Los jóvenes entre 18 y 24 años se ven abocados a seguir viviendo con sus padres o a costa de ellos
- Quienes ya trabajan y quieren vivir solos tendrían que destinar en promedio más del 90% de su sueldo
¿Vivir con los padres o en un piso compartido con estudiantes? ¿Es posible mudarse en pareja con el primer sueldo o ahorrar para comprarse una casa? Los más jóvenes también están preocupados por el acceso a la vivienda en España. Así lo recogen los últimos barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que en su edición de marzo apuntaba que es el "primer problema" que existe en el país para la mayoría de las personas entre 18 y 24 años.
RTVE ha entrevistado a más de una docena de chicas y chicos menores de 25 para conocer sus inquietudes y el precio es el principal obstáculo para un grupo que o depende todavía de los ingresos de sus padres o subsiste con sueldos precarios. Pero no es el único: el mal estado de los pisos y la falta de formalidad en los contratos merman a menudo sus opciones. Alguno, aun así, ha conseguido comprarse una vivienda. Te lo contamos.
Vivir en un piso de estudiantes
Ariadna tiene 18 años y es de la Seu d’Urgell. A dos semanas de empezar a estudiar Psicología en la Universidad de Barcelona (UB), todavía no había encontrado habitación. Los precios rondan los 500 euros, cuenta, por un espacio con las "comodidades" básicas, aunque se ofrecen algunas opciones más baratas, en las que cabe poco más que una cama o ni siquiera tienen ventana.
Siete de cada diez jóvenes entre los 16 y los 24 años están "inactivos", es decir, que ni trabajan ni están en búsqueda, por lo que dependerán del poder adquisitivo de sus padres para tomar esta clase de decisiones. Ocurre en un contexto en el que el esfuerzo de los hogares para pagar el alquiler ha pasado del 30,5% en 2022 a tocar el 38% en el segundo trimestre de 2025 de media en España. Esto se dispara en algunas provincias como Málaga (55%), Baleares (52%) y Barcelona (42%), si bien en esta última la tendencia ha sido de ligero descenso desde que tocara un máximo en la segunda mitad del 2024. Unos padres en esas circunstancias tendrían muchas dificultades para pagar un segundo alquiler.
Pero la cuestión no está solo en cuánto ha aumentado el precio de los alquileres, sino en qué se puede obtener por el mismo dinero. "Los dos primeros años vivía en un piso con cuatro personas más y eran dos baños. Ahora estoy compartiendo un baño para tres personas", ejemplifica Manuel, estudiante de 24 años en Segovia, que no ve opciones para irse a vivir solo.
En la misma ciudad, Borja, de 22, vio cómo de un año a otro su casero les planteó un aumento "brutal" del precio: "Pasó de 300 y pico de euros a verlo anunciado por casi el doble", dice. Tanto él como Manuel sugieren la influencia del campus de una universidad privada, con un alumnado de "élite" internacional, en el encarecimiento progresivo de la capital de provincia.
Como apuntaba Ariadna, con el aumento de los precios, el dilema está en cuánto puedes permitirte gastar, pero también en cuánto estás dispuesto a pasar por alto. En el mercado inmobiliario dirigido a estudiantes, el margen parece más amplio de lo normal.
"Los pisos en los que he estado tienen sobre todo problemas de humedad", comparte Noa, de 23 años, que vive y estudia en Santiago de Compostela. "Los muebles son superviejos y los caseros y las inmobiliarias no se preocupan en adecentarlo un poco, porque al final, si no entra un estudiante, entra el otro porque lo necesita", lamenta.
Ella también ha percibido cómo las condiciones de los pisos "han ido empeorando año tras año" y relata el caso de un amigo cuya casa tiene tal falta de aislamiento que a menudo encuentra la cama o la ropa en su armario "casi mojada" por la humedad permanente.
Trabajar y seguir compartiendo piso
El problema no acaba para quienes empiezan antes a trabajar. "El alquiler de un piso entero para mí suponía alrededor del 80% de mi sueldo", cuenta Ángela, de 21 años, que optó por compartir piso en Pamplona tras estar unos dos meses buscando.
“ Algo está funcionando mal. ¿El qué? No lo sé. Yo me siento muy abandonada “
Enola 24 años, Navarra
El salario mediano joven fue de 1.170,54 euros netos en 12 pagas en el segundo semestre de 2024, según el Consejo de la Juventud de España (CJE) en su último informe del Observatorio de Emancipación. Esta remuneración exigiría dedicar más del 90% para el alquiler medio de un piso (1.080 euros mensuales de media) y más del umbral del 30% recomendado para una habitación (380 euros), según sus cálculos.
De hecho, en otro punto de la capital navarra, Enola, de 24 años, siente que la etapa de compartir piso ya pasó para ella y le gustaría avanzar a la siguiente con su novio. "Queremos irnos a una casa, tener una vida juntos, una familia. Y es que no podemos permitírnoslo", declara a RTVE y lo compara con la experiencia de sus padres, que a los 25 ya "tenían una criatura y una casa".
"Y hoy en día, con todo lo que hemos estudiado, con todos los conocimientos que tenemos, con las ganas que tenemos de trabajar, no poder permitirnos ni siquiera irnos a un alquiler…", se lamenta. "Algo está funcionando mal. ¿El qué? No lo sé. Yo me siento muy abandonada".
Como ocurría con el estado de las casas, las condiciones también son algo más precarias en este mercado orientado a la población más joven. Lo cuenta Sandra, de 23 años, desde Pontevedra: "La mayoría de la gente no formaliza el contrato. Es como un alquiler informal", afirma, y recuerda que eso le impide acceder a ayudas al alquiler, deducir las cuantías en la declaración de la renta o, simplemente, empadronarse en el municipio.
Imposible emanciparse
Porque hablar de jóvenes no es solo hablar de estudiantes. Algunos han comenzado a formar familias. "Mi pareja, mi hijo de cinco meses y yo vivimos en casa de mi padre. No encontramos ningún alquiler que podamos pagar. Los precios están superaltos y en julio y agosto, como llega la gente de fuera, a nosotros nos echan a la calle", expone Bárbara, de 24 años, desde Comillas (Cantabria), donde el 6% de las viviendas son turísticas, frente al 1,43% de la media nacional, según los datos del INE en mayo de 2025, a las puertas de la temporada alta.
“ Al final dependes de que tus padres tengan la capacidad económica de poder ayudarte “
Irene Torrejón de Ardoz (Madrid)
Los españoles dejan la casa de los padres a los 30 años de media. Es de las edades de emancipación más tardías de la Unión Europea, solo por detrás de Croacia (31,3 años), Eslovaquia (30,9), Grecia (30,7) e Italia (30,1), según Eurostat. En Francia, en cambio, ocurre a los 23,5 años de promedio y, si nos vamos más lejos, la diferencia aumenta: Finlandia (21,4 años), Dinamarca (21,7) y Suecia (21,9) son los más precoces. Así, solo el 15,2% de las personas jóvenes está emancipada en España, de acuerdo con el Consejo de la Juventud, una tasa que puede tener raíces culturales, pero que se agudiza por la coyuntura.
"Me gustaría independizarme sobre todo para vivir algo más cerca de la universidad", cuenta Irene, que vive con sus padres en Torrejón de Ardoz y estudia en la Complutense, por lo que emplea más de una hora al día para cada trayecto.
La región de la capital tiene el metro cuadrado más caro (23,3 euros/m2) y las cuentas no le salen: estudiando solo podría aspirar a un trabajo a media jornada. "Al final dependes de que tus padres tengan la capacidad económica de poder ayudarte y en muchos o la mayoría de casos no es así", apunta esta joven, que ya forma parte del Sindicato de Inquilinas y aspira a cambiar las cosas. "La cuestión es darnos cuenta de que el problema no es solo nuestro, que es colectivo, que somos muchos los que estamos así y tenemos que pedir medidas urgentes y organizarnos", reivindica.
Comprarse una casa con menos de 25 años
Y en este contexto, aun algunos pocos consiguen comprarse una casa. Tiene truco: el mercado no es uniforme y existen lugares donde resulta mucho más fácil. Antía y Andrés, de 24 años, querían irse a vivir juntos en A Coruña y, en un primer momento, pensaron en alquilar, pero querían una casa con terreno porque él tiene perros y caballos. Una renta con esas características se disparaba por encima de los 1.000 euros, así que exploraron otras opciones para hipotecarse juntos en una zona rural.
"Al final es una casa de 84.000 euros, con lo que ello implica. Hay necesidad de meterle mucha reforma y en los pocos meses que llevamos allí ya llevamos invertidos unos cuantos miles de euros", cuenta ella. Los bancos piden habitualmente que los hipotecados tengan ahorrado al menos el 30% del precio del inmueble (un 20% como entrada y un 10% para los gastos de la operación), un listón muy alto para la mayoría de los jóvenes, que luego tienen que poder pagar las mensualidades. En el caso de Andrés y Antía, la hipoteca se lleva "la mitad" de sus salarios.
Las hipotecas concedidas en 2025 fueron de 164.000 euros en promedio, según la estadística del Registro de la Propiedad, que subraya un aumento del 10% respecto al año anterior. En esto es clave dónde vivimos: la diferencia entre Extremadura, que anota el menor importe (93.500), y Baleares, con el mayor (275.000), es de más de 180.000 euros.
Pero aquí no solo pesa el dinero. Además de rehabilitar la finca, el plan de Antia y Andrés ha conllevado otras renuncias: menos ocio con amigas, menos servicios cerca, un trayecto de casa al trabajo más largo, según enumera Antía, que destaca, en cambio, la "paz" del entorno y la "tranquilidad" de saber que lo que pagan ahora se destina a que la casa sea suya.