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Cien años del Lyceum Club Femenino, mujeres contra "el código rojo" que penaba menos matar a las infieles

  • María de Maeztu fue la primera presidenta del club que defendía "la fraternidad femenina"
  • Debatían sobre el divorcio o el sufragio universal, organizaban conferencias y exposiciones
Cien años del Lyceum Club Femenino

De una dictadura a otra, la vida del Lyceum Club Femenino fue breve, pero fulgurante. Nació hace cien años, en 1926, con la dictadura de Primo de Rivera y desapareció en 1939 con el fin de la Guerra Civil. Mujeres profesionales, artistas, intelectuales y feministas se asociaron porque les "hacía falta" ya que no eran bienvenidas en los casinos y los cafés, espacios predominantemente masculinos.

Su primera presidenta, María de Maeztu, dejaba clara las motivaciones del Lyceum, inspirado en los clubs ingleses de la época: "Se intenta facilitar a las mujeres españolas, recluidas hasta ahora en sus casas, al mutuo conocimiento y la mutua ayuda. Queremos suscitar un movimiento de fraternidad femenina; que las mujeres colaboren y se auxilien...".

En una entrevista con RTVE.es Rocío González Naranjo, autora de Marisabidillas, frivolas y peligrosas, el Lyceum Club Femenino de Madrid, que se publica el 27 de abril, señala que el objetivo era "poder reunirse todo tipo de mujeres de diversas ideologías completamente diferentes, para organizar cosas para la sociedad y realizarse en un entorno seguro".

La profesora de la Université catolique de l'Ouest Bretagne Sud afirma que "son pioneras", actuaron de forma independiente, tenían "conciencia de ser en grupo" y buscaban "empoderarse". A fe que lo consiguieron, en menos de diez años llevaron a cabo más de 600 actividades.

Cien años del Lyceum Club Femenino, mujeres ilustres tildadas de

De derecha a izquierda: Clara Campoamor, Margarita Xirgu, Victoria Kent (4ª), María de Maeztu y Palma Guillén, 1935. EFE/Díaz Casariego/jgb

La catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, Carmen de la Guardia, explica a RTVE.es que la idea parte de un pequeño grupo que se reúne en abril en el Instituto Internacional, en el que estaban María Martos de Baeza, María de Maeztu, Victoria Kent, Pilar de Zubiaurre, Helen Phipps o Isabel de Oyárzabal "allí deciden el protocolo para hacerlo y se lo cuentan a las amigas que coinciden con el proyecto del Lyceum". Un proceso gradual que cristalizaría en noviembre de 1926.

El primer acto cultural que organizó el Lyceum Club Femenino fue una exposición de pintura y escultura de las hijas de Joaquín Sorolla y Clotilde García: la pintora María Sorolla y la escultora Helena Sorolla, fue en la casa de las Siete Chimeneas, sede actual del Ministerio de Cultura, mientras que la última mención en la prensa es una recogida de material sanitario para el frente republicano en agosto de 1936.

El Lyceum Club tuvo que enfrentarse con las críticas y las burlas de la prensa de la época, pero tuvo un gran éxito. Del centenar de socias con el que empezó, según el censo de Zenobia Camprubí, en menos de cinco años se habían multiplicado por cinco y superaban el medio millar, como puede apreciarse en el carnet de Concha Méndez.

Carnet de socia de Concha Méndez

Carnet de Concha Méndez, 1931. Residencia de Estudiantes

De la Guardia, asesora científica del centenario del Lyceum, apunta que eran feministas, mujeres profesionales de la Escuela Normal de Maestras, la Residencia de Señoritas o el Instituto Internacional y también juristas que impulsaban una mayor presencia femenina en las universidades: "Todas coinciden en la necesidad de que las mujeres tengan autonomía, es decir, que tengan los derechos civiles que les posibiliten el ejercicio de la libertad Individual. Algunas también pugnan por los derechos políticos y, por supuesto, por los derechos sociales".

Las integrantes del Lyceum fueron acusadas de "extranjerizantes" entre otras lindezas, porque el club pertenecía a una red internacional hermanada con sedes similares en Londres, Nueva York o París, pero la institución madrileña no fue la única, la de La Habana surge en 1929 y el Lyceum Club de Barcelona nace en 1931 con un Manifiesto a las mujeres en el número 39 de Via Layetana. En sus memorias, las socias destacan esos años como "la mejor época de sus vidas", según la escritora del libro sobre el club.

Lyceum Club de Barcelona

Documentos del Lyceum Club de Barcelona. Arxiu Fotogràfic de Barcelona

Contra el "código rojo"

El Lyceum debatió la ley del divorcio, que finalmente se aprobó en 1932, pero también batallaron en contra del "código rojo", el uxoricidio por honor (matar a la esposa) para el que la ley aplicaba atenuantes cuando la mujer había sido infiel. El delito de adulterio (castigado con hasta seis años de cárcel) no se despenalizó en España hasta 1978.

Entre los logros sociales del club destaca la creación de La casa de los niños: "Un edificio pequeño en el canal de Lozoya, al que van a ir los hijos de las mujeres obreras de la zona próxima, el barrio de Tetuán Cuatro Caminos. Estos niños van a recibir una educación integral, van a aprender a leer, a escribir, van a jugar y tener una alimentación y un control médico higiénico", detalla la catedrática.

De la Guardia añade que mujeres como Elena Fortún, interesada por la biblioteconomía, leía cuentos en el comedor y había "creado bibliotecas ambulantes para los niños, pero también para que los padres puedan coger prestados libros los fines de semana".

Casa de niños del Lyceum Club

La Casa de los Niños. Jardines del Canal de Lozoya. Biblioteca Regional de Madrid

González Naranjo indica que un centro gratuito para los niños de familias trabajadoras fue recibido con uñas y dientes por la Iglesia, que tenía el monopolio de la educación infantil, "las mujeres católicas recibieron incluso instrucciones para que no formaran parte del Lyceum", tenían que elegir o se daban de baja o les quitaban la medalla de las hijas de María. Añade que pocas se borraron, la duquesa de Alba se quedó (la madre de Cayetana) y la oposición "motivo a otras a inscribirse como Clara Campoamor".

La campaña de difamación en la prensa equiparaba a las socias del Lyceum con "los rotarios o los masones" y también se decía que jugaban al bridge, bebían ron, fumaban cigarros egipcios o incluso opio. María Ruiz Espuig contestaba en los periódicos negando las acusaciones con sorna porque si estaban drogadas todo el día: "¿Cómo es posible que hagamos tantas cosas? ¿qué estemos tan activas?", detalla la profesora de la UCO.

La presidenta de la sección social del club, Consuelo Bastos, mantuvo el cargo durante un decenio, además de la casa de los niños, proyectó una casa de reposo para mujeres obreras en la Fundación Vicenta Guimerá en Cercedilla y creó el Comité del Libro para el ciego, una iniciativa para traducir libros al braille y enseñar a leer a los invidentes.

Postal del Lyceum Club

Postal de la biblioteca del Lyceum Club. Residencia de Estudiantes

El club tenía "una biblioteca maravillosa, que desgraciadamente se ha perdido" en la que Francesca Linares "había leído todas las obras de Freud", según cuenta González Naranjo. El acceso estaba reservado a las socias, pero también podían entrar estudiantes de la Residencia de Señoritas.

La docente de la UCO matiza que antes de la edad legal de admisión en el club, los 21 años, las chicas podían involucrarse en las actividades mediante el Comité de la Juventud, liderado por Alicia Ortiz, "una especie de noviciado" que les permitía preparar su ingreso. Matiza que, a partir de 1931, gracias a la subvención del gobierno republicano, se quitaron las cuotas mensuales lo que disparó el número de integrantes del Lyceum.

Jacinto Benavente fue al Lyceum

La investigadora de la universidad bretona desmonta el mito del desprecio de Jacinto Benavente. El dramaturgo recibió en tres ocasiones a un comité de socias que le pedía dar una conferencia, pero la conocida frase de que se negó a "hablar a tontas y a locas" que hizo fortuna en la prensa del momento, debe ser tomada en su sentido figurado habitual (no quería ir sin prepararse adecuadamente su intervención). De hecho, Benavente fue en 1934 al Lyceum Club "dio una conferencia y leyó poemas inéditos".

Una de las últimas actividades fue el Primer Premio de Poesía del Lyceum Club a Gabriel Celaya, el primer reconocimiento del poeta, que aún firmaba como Gabriel Múgica y era alumno de la Residencia de Estudiantes.

González Naranjo cree que el olvido del Lyceum Club Femenino se debe a que desapareció el archivo, eran mujeres, la mayoría progresistas y "había que borrarlas porque eran todo lo contrario a lo que buscaba publicitar el nuevo régimen". La sede del club quedó bajo el control de la Sección femenina después de la guerra y hubo que esperar al interés por recuperar la memoria histórica para empezar a investigar. El Ministerio de Cultura sigue esta senda y celebra este año el centenario del Lyceum.

Actos del centenario del Lyceum Club Femenino

El centenario pretende recuperar la historia del Lyceum, las biografías de sus integrantes e impulsar la investigación colaborativa. A través de mesas redondas, conferencias, ciclos biográficos, estudios de epistolarios y encuentros con descendientes que conservan sus archivos familiares.

La programación incorporará también ciclos de cine, proyectos de creación contemporánea, clubes de lectura, conciertos, presentaciones de libros o actividades educativas en las que colaboran los ministerios de Cultura y Educación.

En septiembre se inaugurará en la Fundación Ortega-Marañón —antigua Residencia de Señoritas — una exposición que revisará la fundación del Lyceum desde una perspectiva de la lucha feminista.