Irak, el nuevo frente de la guerra contra Irán: el despertar de las milicias chiíes y el fin de la estabilidad del Golfo
- Bagdad se ha convertido en el escudo de Teherán con el derribo del avión militar de EE.UU. y la asfixia económica
- Directo: sigue la última hora de la guerra en Oriente Medio
El desierto de Anbar, al oeste de Irak, se ha convertido en un testigo mudo de una escalada que la diplomacia no ha podido frenar. El Ejército estadounidense ha confirmado la muerte de seis tripulantes de un avión cisterna estadounidense KC-135 al estrellarse y ha asegurado que el accidente ocurrió en el "espacio aéreo amigo" y que no se ha debido a fuego enemigo ni amigo. Mientras tanto, la Resistencia Islámica en Irak, un paraguas de milicias chiíes bajo la órbita de Teherán, irrumpía en la escena global reivindicando su derribo. Lo que Washington calificó de "accidente", la Guardia Revolucionaria de Irán lo celebró como una victoria táctica.
Este incidente, sumado al ataque con drones que mató al suboficial Arnaud Frion, del séptimo batallón de cazadores alpinos de Varces, el primer militar francés y europeo caído en esta nueva fase del conflicto en Erbil, confirma una realidad ineludible: Irak ha dejado de ser un tablero secundario para convertirse en el nuevo frente de una guerra total. Un conflicto que ya no solo se mide en intercambios de artillería, sino que amenaza con devorar la estabilidad de todo el golfo Pérsico.
Para entender la volatilidad de Irak, es imperativo alejarse de los mapas militares que lo han convertido en una "plataforma" donde otros juegan sus cartas para no quemar sus propios territorios. El analista político e investigador iraquí del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense (CNAS) Hamzeh Hadad ofrece una radiografía demoledora de la fragilidad del Estado iraquí. Un país cuya soberanía es, en la práctica, un concepto elástico ocupado por intereses ajenos. Y no es solo un campo de batalla ideológico; es una economía al borde del abismo.
"Los ingresos del Estado iraquí dependen principalmente de la venta de petróleo; si este no se puede vender, no se pueden pagar los salarios", advierte Hadad. La magnitud del problema es sistémica; el país árabe sostiene un sector público masivo con más de cinco millones de empleados y otros tantos millones de pensionistas. "Hay tantos iraquíes en la nómina del gobierno como habitantes tiene todo el Líbano", subraya el analista. En un país donde el 90% del presupuesto depende del crudo, la parálisis de las exportaciones no se traduce solo en déficit, sino en el "caos social absoluto".
Cuenta con una población de 45 millones de personas, de la cual al menos el 30% sufre alta pobreza. Además, se trata de uno de los territorios más afectados por la escasez de agua, que ha desplazado a más de 130.000 personas. Irak, según Hadad, ha intentado mantenerse al margen de la guerra regional en los últimos dos años, pero su debilidad institucional —agravada por la falta de un gobierno estable tras las elecciones de noviembre de 2025— lo convierte en un "terreno fértil" para que grupos armados aprovechen el territorio para sus propios fines. Si la guerra afecta definitivamente a la producción, asegura el experto, las consecuencias para el pueblo iraquí serán "simplemente devastadoras".
Las milicias y el Estado
El conflicto iraquí se complica por la naturaleza híbrida de sus fuerzas de seguridad. Las Fuerzas de Movilización Popular (Hashd al-Shaabi) son oficialmente parte del Estado. Sin embargo, "existe una dependencia clara del gobierno iraquí hacia Irán a través de estas milicias", explica el profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid Ignacio Gutiérrez de Terán.
Estas organizaciones no solo tienen una influencia militar en el terreno, sino que han penetrado en las instituciones, especialmente el Ministerio del Interior. En los últimos días, estas facciones han actuado contra los kurdos en el norte, respondiendo a las provocaciones de la administración Trump. Hadad diferencia entre las fuerzas reconocidas y las que, tras el estallido de la guerra en 2023, formaron la Resistencia Islámica en Irak para mostrar una lealtad directa y radical a la causa iraní.
El Estado prohíbe constitucionalmente usar su suelo para agredir a vecinos, aunque la realidad es que el territorio se ha convertido en los últimos días en un campo de tiro. Por un lado, EE. UU. e Israel golpean a las Hashd; por otro, milicias proiraníes atacan campos de petróleo y gas donde operan empresas americanas como Halliburton. El ataque al KC-135 y al portaaviones Gerald Ford en el Mar Rojo ha sido una de las manifestaciones más visibles de una red de sabotaje que ya no distingue entre objetivos militares y estratégicos.
Esta realidad pone en el punto de mira a la coalición internacional, donde Italia juega un rol determinante, pero vulnerable. Roma mantiene a más de 1.100 efectivos en la región bajo la Operación Prima Parthica, con una base clave en Erbil (Camp Singara) y una presencia notable en Bagdad, donde han liderado la misión de la OTAN. Los militares italianos, dedicados principalmente al entrenamiento de los Peshmerga kurdos y de las fuerzas de seguridad iraquíes, se encuentran en el epicentro de la diana de las milicias. Al igual que ocurrió con el soldado francés, los contingentes europeos son vistos por la Resistencia Islámica como "objetivos blandos" para presionar a Washington a través de sus aliados de la OTAN.
El "eje antiimperialista"
Detrás del despertar de las milicias en Irak late un cambio profundo en la cúpula de poder iraní. El agradecimiento público del líder supremo de Irán a las milicias en Irak, a Hizbulá y a los hutíes no es una mera formalidad. Para Ignacio Gutiérrez de Terán, es una reafirmación de que el "eje antiimperialista" sigue vivo. "Estos actores están cada vez más involucrados porque la presencia de bases militares estadounidenses en territorio iraquí los convierte en un objetivo vulnerable", afirma el profesor de la UAB.
Ryma Sheermohammadi, traductora y analista iraní, añade que se está presenciando una "toma de control político total" dentro de Irán por parte de la Guardia Revolucionaria. "Antes se intentaba mantener una apariencia de rivalidad entre el gobierno civil y la Guardia Revolucionaria", explica. "Pero con la elección de Mojtaba Jameneí, la situación cambia completamente. El nuevo líder, dice, es una figura sin peso moral ni social, un 'cero' ideológico, lo que indica que el poder está exclusivamente en manos militares".
Esta militarización de la política exterior iraní se traduce en una estrategia de "mensajes mixtos" y ataques donde más duele a Occidente: las zonas financieras del Golfo y los cuellos de botella energéticos como el estrecho de Ormuz. Según Sheermohammadi, el bombardeo a la zona financiera de Dubái y la presión sobre el estrecho buscan crear la sensación de que "el timón de esta guerra está en manos de Irán". Es un desafío directo que utiliza a Irak como plataforma para proyectar fuerza sin quemar, necesariamente, todo el territorio iraní en el proceso.
Riesgo de radicalización en el Golfo
La gran incógnita es si esta insurgencia puede prender en las minorías chiíes de las monarquías del Golfo. Sheermohammadi advierte que, mientras Emiratos ha logrado liderar la histeria social, zonas como Baréin, que cuenta con una comunidad chiita muy reprimida, tienen un riesgo mucho mayor. El reciente arresto de ciudadanos por espionaje para Irán en Catar y Baréin es una señal de que el conflicto busca exportarse.
Por su parte, el profesor Barah Mikail, de la Saint Louis University, vincula la salida de extranjeros de la región con el riesgo de una radicalización extrema de las milicias. "La sorpresa que está provocando Hizbulá con su resistencia, sumada a la de los iraníes, está animando a los sectores proiraníes en Irak a reafirmar su presencia", indica Mikail. Además, el rechazo de Trump a figuras como Nuri al-Maliki para el cargo de primer ministro por su cercanía con Teherán solo ha servido para enconar las posiciones y motivar a las milicias a hostigar a las fuerzas estadounidenses.
A pesar de los bombardeos israelíes y el descabezamiento de líderes importantes, la estructura del régimen iraní y sus aliados parece mostrar una resiliencia que Occidente infravaloró. Tanto Terán como Mikail coinciden en que no estamos ante un desmoronamiento similar al de las Primaveras Árabes de 2011."No vemos deserciones de miembros del régimen ni de embajadores", señala Mikail. El sistema iraní es capaz de resistir porque la estructura ideológica y militar permanece intacta. Y añade un punto crucial: "Washington debe considerar que no existe una alternativa fuerte; el colapso de un país tan estratégico podría ser catastrófico". El miedo a que una caída del régimen de los ayatolás abra la puerta a extremismos suníes como Daesh es una baza que Teherán juega con maestría.
Irak en la encrucijada de la economía mundial
Irak se encuentra en estos momentos en una posición complicada. Es una democracia parlamentaria frágil, asediada por la corrupción y la fragmentación política, que sirve de escudo humano para las ambiciones regionales de Irán. Como advierte Hamzeh Hadad, si el conflicto corta definitivamente el flujo del petróleo, el Estado iraquí no solo dejará de funcionar, sino que implosionará.
La estrategia de Irán tiene un objetivo económico quirúrgico: encarecer la guerra hasta que sea insoportable para el votante estadounidense. El bloqueo del estrecho de Ormuz ya no es una amenaza teórica, sino una realidad que las aseguradoras están cobrando a precios de oro. Si el conflicto se enquista, la previsión de un barril de crudo a precios astronómicos —algunos expertos hablan de una escalada hacia los 300 dólares— dejaría de ser una exageración para convertirse en un terremoto inflacionario global que obligaría a Washington a replantearse su presencia en la zona. Sin embargo, el coste lo está pagando el pueblo iraquí y el libanés, sumergidos en la pobreza y la inseguridad.
Irak se ha convertido en el termómetro de una región donde, como dice Sheermohammadi, "todos se la juegan a todo". El orden regional parece levantarse, y en este nuevo frente de guerra, las reglas del juego las están dictando quienes están dispuestos a arriesgarlo todo por la supervivencia ideológica. Mientras, el pueblo iraquí vuelve a ser, trágicamente, el primer damnificado de una historia que parece condenada a repetirse.