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Bangladés: resultados preliminares dan la victoria al centrista BNP en unos comicios inspirados por la Generación Z

  • La formación nacionalista gana 151 de los 300 escaños del Parlamento, según los últimos recuentos
  • El 44% de los 170 millones de habitantes estaban llamados a votar en unas elecciones decisivas
Tarique Rahman, con gafas y camisa blanca, saluda a la multitud. Varios periodistas con micrófonos lo rodean, sugiriendo un evento público o electoral.

El Partido Nacionalista de Bangladés (BNP) ha ganado las elecciones parlamentarias celebradas este jueves, según el recuento difundido por la televisión Ekattor, en una cita con las urnas que marca el primer gran test político tras la revuelta juvenil que el año pasado desalojó del poder a la entonces primera ministra, Sheikh Hasina.

La primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, revalida su mandato

La primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, realiza el símbolo de la victoria EFE/EPA/STR

Con 151 escaños de los 300 que componen el Jatiya Sangsad - el Parlamento unicameral del país - el BNP supera la barrera de la mayoría simple y queda en posición de formar Gobierno. Su principal adversario, el islamista Jamaat-e-Islami, logra 42 diputados. Su líder, Shafiqur Rahman, dejó entrever la aceptación del resultado incluso antes de que el recuento confirmara matemáticamente la ventaja nacionalista.

Primeras elecciones libres en casi dos décadas

Las urnas abrieron el jueves en un clima de expectación inusual. El 44% de los 170 millones de ciudadanos que conforman el país estaban llamados a participar en los primeros comicios desde el levantamiento impulsado por la llamada Generación Z, que en 2024 puso fin a años de dominio político de Hasina, abriendo un periodo de transición cargado de incertidumbre.

La participación, según medios locales, podría haber superado el 60% del censo, muy por encima del 42% registrado en la anterior convocatoria. Más de 2.000 aspirantes, incluidos los 13 partidos que han conformado la coalición liderada por el islamista Jamaat-e-Islami, en la que también participaban jóvenes que lideraron las protestas y otras figuras independientes, compitieron bajo las siglas de al menos medio centenar de formaciones, una cifra récord.

Tarique Rahman, candidato del partido BNP, ante la prensa MAHMUD HOSSAIN OPU

Los sondeos ya apuntaban a una ventaja de la alianza liderada por el BNP, que presentó candidatos en 292 distritos y reservó el resto a sus socios menores. Al frente del partido está Tarique Rahman, de 60 años, hijo de la ex primera ministra Khaleda Zia y del expresidente Ziaur Rahman, y principal aspirante a encabezar el Ejecutivo.

Durante la campaña, el BNP prometió ayudas directas a las familias con menos recursos, limitar a una década la permanencia de un primer ministro en el cargo, atraer inversión extranjera para apuntalar el crecimiento y reforzar los mecanismos anticorrupción.

El reto ahora será traducir esa hoja de ruta en estabilidad en un país que, tras la sacudida política del último año, busca recuperar la normalidad institucional sin renunciar a las demandas de renovación que impulsaron las protestas.

Primeros comicios libres en casi dos décadas

Tras 18 meses de una transición turbulenta marcada por manifestaciones masivas, violencia estatal, exilio de líderes históricos y la entrada en escena de nuevas fuerzas políticas, Bangladés ha celebrado las primeras elecciones libres en casi 20 años.

Un grupo de personas, incluyendo hombres con trajes y ropa informal, y una mujer con pañuelo rojo, se encuentran contando votos en el suelo, rodeados de papeletas de colores.

Recuento de votos en Daca, Bangladés EFE

Un hito histórico para un Estado con solo 54 años de existencia —se independizó de Pakistán en 1971—, controlado históricamente por una mayoría de Gobiernos autoritarios, aún en vías de desarrollo y en pleno proceso de construcción nacional.

Y lo ha hecho en medio de tensiones internas y transformaciones profundas que han llevado a una generación entera —la llamada Generación Z, los nacidos entre 1997 y 2012— de las calles a las urnas, y a un mapa político nacional completamente reconfigurado.

"Como otros países del Asia meridional cerca del 50% de la población de Bangladés es mayormente joven", explicaba a RTVE Noticias Inés Arco Escriche, investigadora de CIBOD, Centro de Información y Documentación Internacionales en Barcelona, especializada en Asia Oriental y política china, en las horas previas a la votación. "Son la Gen Z, y parte de la de los Millennials (años 1981 a 1996), es decir, son los menores de 35 años quienes conforman el principal grupo demográfico. Sin embargo, y a pesar de su peso, sus necesidades no han sido representadas tradicionalmente por la política bangladesí", afirmó.

Votantes esperando en un colegio electoral de Bangladés Getty Images

La 'Revolución de Julio' logra su objetivo

Ese descontento se materializó en las movilizaciones iniciadas en 2024. "Empezaron con un reclamo muy concreto, exigiendo una mejora en el acceso a los trabajos. Eran universitarios que no venían de la élite política o económica, pero que habían conseguido una educación. Cuando el Ejército reprimió las protestas con violencia, sus demandas se ampliaron: ya no solo denunciaban la violencia o la corrupción, sino a todo un sistema que no les permitía crecer, que no les representaba", explicaba Arco Escriche.

Así, lo que empezó en julio de 2024 como una protesta estudiantil contra un sistema de cuotas laborales discriminatorio se convirtió rápidamente en una oleada de descontento social y político de escala nacional: la llamada Revolución de Julio, liderada principalmente por jóvenes de la Generación Z. Enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad dejaron centenares de muertos y miles de heridos, en una represión que provocó la indignación nacional y terminó por forzar la salida de Sheikh Hasina en agosto de ese mismo año.

Una multitud se congrega en la noche, iluminada por la luz de las velas. Una bandera ondea en medio de la gente, mientras alguien documenta la escena con un teléfono.

Concentraciones de la Gen Z en Daca, Bangladés Getty Images

Las movilizaciones se sustentaron en una organización digital innovadora, donde plataformas como Facebook, WhatsApp y TikTok funcionaron como espacios de coordinación, difusión y formación de identidad colectiva, dando a las protestas un alcance y una cohesión inéditas en el país asiático.

Una tecnología que sirvió como correa transmisora para unos jóvenes que lograron movilizar a todo un país no por utopías abstractas, sino por urgencias concretas: desempleo persistente, pobreza, desigualdad, frustración por promesas incumplidas y falta de perspectivas vitales. Una juventud cansada de años de estancamiento económico y represión política.

En consecuencia, las elecciones de este 12 de febrero de 2026 han representado algo más que una contienda entre viejos partidos replegados y coaliciones emergentes. Han sido la traducción institucional de una sacudida generacional.

Además, la cita con las urnas ha coincidido con el referéndum sobre la recién consensuada Carta de Julio, una amplia reforma política de carácter integral promovida por las autoridades de transición, lideradas por el Nobel de Economía Muhammad Yunus —padre de los microcréditos—, quien tras las protestas asumió la tarea de estabilizar el país y preparar el camino para unos comicios que pudieran marcar un nuevo comienzo democrático.

Un hombre sonriente deposita una papeleta en una urna transparente. Viste camisa a cuadros y chaleco, y levanta la papeleta con la mano derecha. A su izquierda, otro hombre observa la escena.

Muhamad Yunnus el día de la votación en las elecciones generales de Bangladés AFP

Un campo electoral fragmentado

La campaña no se limitó a debates tradicionales. También se libró una intensa guerra de información, con proliferación de bots, desinformación y contenidos manipulados para influir en la opinión pública, tanto interna como desde el exterior.

Organizaciones de derechos humanos y minorías religiosas advirtieron sobre episodios de violencia y amenazas a comunidades vulnerables, particularmente la minoría hindú —en un país mayoritariamente musulmán—, lo que añadió incertidumbre a una jornada ya de por sí crucial.

Las redes sociales, claves para la Gen Z, se convirtieron en un campo de batalla decisivo para moldear narrativas y polarizar electorados en un país donde buena parte de sus habitantes crecieron entre pantallas. A ello se sumaron factores económicos como la inflación persistente (8,58 % en enero de 2026), la necesidad de empleo para una población joven y activa, y las reformas institucionales pendientes, temas dominantes en los debates.

"La cuestión de género también es muy relevante en Bangladés", puntualizaba Arco Escriche. "Dentro de Asia ha sido uno de los países con más programas para incentivar la participación de las mujeres en política, aunque algunas de ellas también lo hayan hecho de forma autoritaria", remarcó.

Mujer en colegio electoral durante la jornada electoral en Bangladés Kazi Salahuddin Razu Kazi Salahuddin Razu

La investigadora se refiere a Sheikh Hasina, dos veces primera ministra —la última entre 2009 y 2024—, cuya imagen se debilitó bajo acusaciones de deriva autoritaria y corrupción. Tras las protestas, renunció y se exilió en la India. El Parlamento se disolvió y se instauró un Gobierno interino liderado por Yunus. Ya no había marcha atrás.

El pragmatismo: unión entre fuerzas dispares

En este nuevo escenario, el BNP, liderado por Tarique Rahman —hijo de la ex primera ministra Khaleda Zia y del expresidente Ziaur Rahman—, se perfilaba como favorito y ha confirmado las expectativas al obtener mayoría simple. Durante la campaña prometió ayudas directas a las familias con menos recursos, limitar a una década la permanencia de un primer ministro en el cargo, atraer inversión extranjera y reforzar los mecanismos anticorrupción.

Frente a él, Jamaat-e-Islami articuló una coalición amplia con nuevas formaciones surgidas tras la revolución, como el Partido Ciudadano Nacional (NCP), tratando de capitalizar el impulso juvenil.

El líder del partido islamista Jamaat-e-Islami ante los medios en Daca, Bangladés Salahuddin Ahmed Salahuddin Ahmed

"Hay un componente de pragmatismo importante", explicaba Arco Escriche. "El movimiento nacido de las protestas carece de experiencia de gestión, algo que sí tienen los islamistas. Presentan diferencias, pero comparten objetivos como la lucha contra la corrupción".

La profesora Shahana Thankachan, de la Universidad de Navarra, se mostraba más escéptica y considera que el resultado consolida a las fuerzas tradicionales. "Es probable que estos partidos definan el espectro político dominante, lo que indica un giro hacia la derecha y no necesariamente un cambio estructural profundo", señala.

El resultado también tendrá implicaciones regionales. Tanto el BNP como Jamaat-e-Islami han mantenido históricamente posiciones más favorables hacia Pakistán y China que hacia la India, lo que podría alterar equilibrios geopolíticos en Asia Meridional.

Recuento de los votos en la jornada electoral de Bangladés Getty Images

Enormes retos de futuro

Más allá de la victoria del BNP, lo que estaba en juego es el rumbo democrático del país. Estos comicios constituyen una prueba para la capacidad de Bangladés de transitar de una política de dominación hegemónica a un sistema plural.

El reto ahora para el BNP será traducir su victoria en estabilidad y reformas creíbles en un país que busca recuperar la normalidad institucional. Si la movilización juvenil fue el detonante del cambio, su influencia futura dependerá de si logra consolidarse como actor político capaz de transformar esas reivindicaciones en políticas públicas duraderas.

El desafío será convertir la energía de la revolución en una participación política continua capaz de afrontar los enormes retos estructurales que tiene por delante Bangladés: una densidad demográfica extrema, vulnerabilidad climática y la urgencia de generar empleo y fortalecer un Estado de derecho aún en construcción.