Groenlandia: el territorio codiciado por las grandes potencias que puede cambiar el orden mundial
- Tiene una extensión tan grande como Europa Occidental aunque solo está habitada por 57.000 personas
- El interés de Estados Unidos por la isla tiene atónitos a europeos y groenlandeses por las amenazas de su aliado
- Este jueves, Groenlandia: El Dorado de los hielos, a las 20.00 horas en RTVE Play y a las 23.45 en La 2 de TVE
Documentos TV, siguiendo la más reciente actualidad, emite esta semana este documental que recorre el destino de uno de los centros de atención mundial: Groenlandia. Su gran cantidad de recursos petrolíferos y mineros, su estratégica situación y los efectos del cambio climático, que están provocando el deshielo de su suelo y con ello el acceso a nuevas vías de transporte, la han convertido en un apetitoso bocado para las potencias mundiales y especialmente para Estados Unidos.
La isla deseada
Groenlandia es un territorio semiautónomo vinculado oficialmente a Dinamarca desde 1814. Es la isla más grande del mundo y su superficie está cubierta por hielo en algo más de un 80%. Su situación estratégica entre América del Norte, Europa y Rusia ha sido siempre un objetivo para las potencias y en especial para su vecino, Estados Unidos.
Groenlandia es una encrucijada de caminos crucial a medida que el Ártico se abre a la navegación © Temps Noir/ARTE GEIE
El interés en comprar Groenlandia no es de ahora ni se remonta a 2019, cuando Donald Trump manifestó su pretensión de hacerse con la isla. Después de la Segunda Guerra Mundial, Truman ya propuso a Dinamarca comprarla por 100 millones de dólares. Aunque la oferta fue rechazada, en 1941, se establece un acuerdo de defensa por el que se permite a Estados Unidos instalar bases militares en Groenlandia.
“La propiedad y el control de Groenlandia son una necesidad imperiosa“
"En él se determina que este país puede permanecer en la isla indefinidamente, si considera que existe una amenaza contra Estados Unidos”, explica Jens Heinrich, historiador y director de la Representación de Groenlandia en Copenhague. La base de Thule, hoy denominada Pituffik, albergó a cerca de 10.000 personas en su apogeo, en la década de los 60 del siglo pasado. Hoy, apenas cuenta con un centenar de efectivos, pero es un eslabón importante del escudo antimisiles y de la red de vigilancia por satélite de Estados Unidos.
Aún con todos estos privilegios, Donald Trump, ya desde su primer mandato y con mayor firmeza en la actualidad, no deja de demandar que “la propiedad y el control de Groenlandia son una necesidad imperiosa”.
Ante estas impactantes declaraciones, los groenlandeses, un pueblo que aspira a la independencia de Dinamarca, se ve atrapado en un pulso de fuerza con su vecina potencia mundial y sus amenazas. “No puede uno, simplemente, comprar un territorio o a su gente”, advierte el ex primer ministro de Groenlandia, Kuupik Kleist.
“Mucha gente siente que se ha faltado al respeto enormemente a las personas que viven aquí“
La población golpeada por el estupor provocado por las formas e intereses estadounidenses, se ha manifestado en contra de las pretensiones de Trump. La consultora Mira Kleist asegura que “mucha gente siente que se ha faltado al respeto enormemente a las personas que viven aquí”.
Los groenlandeses se manifiestan por las pretensiones de Donald Trump de comprar su isla © Temps Noir/ARTE GEIE
Daño climático, lucro económico
Los expertos convienen que, si Estados Unidos mantiene en Groenlandia una especie de soberanía en el ámbito militar, ¿qué es realmente lo que persigue Donald Trump en la isla? “Los minerales desempeñan un papel clave”, revela la ministra groenlandesa de Recursos, Naaja Nathanielsen.
El Ártico se calienta entre cuatro y seis veces más rápido que el resto del planeta y Groenlandia, azotada por el cambio climático, se encuentra en el punto de mira de una triste paradoja: cuanto más se derrite su hielo, más se agudiza el ansia de las potencias mundiales por ella. “¿Es algo bueno?, en absoluto”, subraya Paul Bierman, geólogo y profesor de Ciencias Medioambientales de la Universidad estadounidense de Vermont.
Algunas compañías mineras ya tienen permiso de explotación para extraer tierras raras © Temps Noir/ARTE GEIE
El subsuelo de esta isla posee oro, petróleo, gas y 37 de los 50 minerales indispensables para la transición verde y la industria armamentística. Es una de las mayores reservas de tierras raras del planeta. Y esta circunstancia la convierte en un territorio codiciado por las empresas mineras y las potencias mundiales. “Podemos ser un El Dorado en términos de recursos, pero nosotros decidiremos cómo utilizarlos”, advierte Nathanielsen.
Pero, además de sus valiosos recursos, las grandes potencias ambicionan las nuevas rutas de navegación que la crisis climática está abriendo en Groenlandia y que acortarán considerablemente el transporte navegable internacional. “Creo que la tierra, el mar, el aire y el subsuelo marino se han vuelto primordiales y no solo para Rusia, sino también para China”, explica la que fuera ex consejera de Seguridad Nacional con Trump en 2020, Julia Neishenwat.
Imagen de una zona de Groenlandia con el hielo descongelado que ha abierto vías marítimas en el Ártico © Temps Noir/ARTE GEIE
Groenlandia y el nuevo orden internacional
En el plano geopolítico, el expansionismo chino y las ambiciones de Rusia inquietan a Trump. Ahora, en su segunda legislatura, el control y dominación de la isla son una de las prioridades de su agenda. Las visitas de sus enviados a Groenlandia han intimidado a la población y a la Unión Europea.
“Solo quiero que sepan que los europeos perciben lo sucedido como un ataque a un territorio europeo“
El presidente francés en su último viaje a Groenlandia manifestó que, en la Unión, todo el mundo piensa que la isla ni se vende ni nadie la puede arrebatar. “Solo quiero que sepan que los europeos perciben lo sucedido como un ataque a un territorio europeo”.
Desde entonces, algunos países de la Unión han multiplicado los ejercicios conjuntos en el Ártico, a fin de demostrar la independencia militar de Europa con respecto a Estados Unidos. Peter Viggo Jakobsen, profesor de Relaciones Internacionales del Real Colegio de Defensa de Dinamarca, sentencia que “hemos llegado a una conclusión no oficial en Dinamarca: ya no podemos confiar en los Estados Unidos”.
La incertidumbre sobre el destino de este territorio, cuya ubicación y riqueza estratégicas podrían cambiar el orden internacional vigente desde la Segunda Guerra Mundial, pone en juego una buena parte de nuestro futuro global.
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