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Ocio y negocio para unos, ruido y suciedad para otros: "Han convertido el centro en un bar abierto hasta el amanecer"

  • Los vecinos de diferentes ciudades denuncian los altos niveles de ruido generados por las terrazas y el ocio nocturno
  • Los hosteleros ven en el botellón "el principal foco de conflicto en la convivencia"

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Terrazas y ocio nocturno: negocio para unos, ruido y suciedad para otros
Una terraza en la plaza del Pilar en Zaragoza.

Un paseo por las principales ciudades españolas desvela calles llenas de familias, estudiantes o turistas disfrutando de su tiempo de ocio en las terrazas y los bares. Pero lo que para muchos supone diversión, para quienes residen en los barrios con más afluencia puede convertirse en un 'viacrucis'. "Muchas veces más que vivir se sobrevive", cuenta Carlos Carrera, presidente de la Asociación de Vecinos Centro Antiguo de Málaga, a RTVE.

Independientemente del día de la semana, Carrera y otros vecinos de la zona lidian con la música de los bares, el ruido de los veladores o las voces de los transeúntes que deciden gritar incluso a altas horas de la madrugada. "Tienes que tener cerradas las ventanas ahora que viene el calor, te tienes que cocer dentro de tu casa porque como abras el ruido es brutal", lamenta.

El presidente de la asociación considera que parte del problema reside en las terrazas, que "han proliferado como champiñones", especialmente con la peatonalización de algunas calles. "En vez de espacio ganado para el ciudadano, es espacio ganado para la hostelería", critica, si bien también pone el foco en los negocios como discotecas y pubs, ya que a pesar de que el Plan General de Ordenación Urbana de Málaga establece que "no puede haber discotecas en edificios de viviendas, aquí en el centro las hay", dice.

Mientras, en Bilbao, los vecinos de la Asociación Vecinal Uribitarte Anaitasuna, del distrito de Abando, ven cómo en unas pocas calles se concentran todo tipo de locales de restauración, con barras colocadas en el exterior en las fachadas, pero también el botellón. En este contexto, con las calles congestionadas, es inevitable que los decibelios vayan subiendo. "No se puede pensar que toda esa gente va a hablar bajito", opina la secretaria de la asociación, María Luisa Fernández.

Y no solo eso. Abando recibe a miles de hinchas de fútbol. "San Mamés tiene 53.000 personas de aforo. Toda esa gente sale a la vez y se queda en la calle Licenciado Poza bebiendo y se colapsa", señala preocupada, asegurando que un día puede haber una tragedia por la acumulación de personas. Además, tras las fiestas por la zona, queda un "espectáculo dantesco" con "olor a orina, vomitonas y cristales rotos", denuncia.

Las ciudades más pequeñas también se enfrentan a circunstancias similares. En Plasencia, los habitantes del centro también han interpuesto varias quejas por el jaleo a horas intempestivas que les impide descansar, fuera y dentro de los establecimientos. "No se puede estar chillando en la calle a mitad de la noche, molesta a personas mayores, a personas enfermas, a los que tienen que trabajar al día siguiente y a los niños", subraya el portavoz de la Asociación Intramuros, Julián Gutiérrez, que asegura que también recibe las denuncias de sus vecinos alertando de otras incidencias, como peleas, quema de contenedores o la rotura de puertas y coches.

"El descanso es un derecho fundamental"

Ante estas situaciones, las asociaciones vecinales y particulares piden a las administraciones que tomen medidas y aumenten el control policial para poner cota a los excesos acústicos y a la fiesta que les impide dormir por las noches. Otros optan por tomar acciones legales y recurren a los tribunales, como los residentes de la céntrica Plaza Mitjana en Málaga, que interpusieron una denuncia para tratar de conseguir su ansiado descanso.

El TSJA les dio la razón en 2022 y determinó que el Consistorio les tenía que indemnizar con 13.440 euros al año por "el daño causado hasta la fecha y mientras el ruido persista", indica Carrera, quien, sin embargo, dice que el Ayuntamiento de momento no ha cumplido con la sentencia. Otros casos han llegado incluso a los tribunales europeos. En 2018, Estrasburgo condenó a España por el ruido nocturno en la ciudad de Valencia. El Tribunal determinó que el derecho a la vida privada y familiar del demandante se había visto violado por el ruido.

El Defensor del Pueblo también ha recibido informes y denuncias y recientemente ha instado a los gobiernos municipales de Madrid, Barcelona y Bilbao a adoptar medidas para garantizar que los habitantes tienen un respiro. "El descanso es un derecho fundamental. Eso no se puede olvidar nunca", defiende Gutiérrez, que recuerda que la ley se posiciona a favor de los vecinos.

Los hosteleros señalan al botellón como el foco de conflicto

Varios hosteleros consultados por este medio ponen también el foco en la gestión de las instituciones públicas y defienden que hay que diferenciar "los ruidos asociados al ocio nocturno" generado por los ciudadanos y los producidos a raíz de la actividad de los propios locales de ocio, "porque en prácticamente todas las comunidades es obligatoria la auditoría acústica", explica a RTVE el portavoz de España de Noche, Vicente Pizcueta, que asegura que desde el sector ven "intolerable" que ningún establecimiento genere ruido "por cualquier defecto de construcción, de insonorización o de lo que sea".

De hecho, considera que los locales de ocio son, precisamente, los que pueden ayudar a combatir los problemas acústicos. "Se preocupan de que el ocio sea de calidad, de que haya protocolos y un control profesional. Si no está eso, la alternativa es la ley de la selva y el botellón", asegura.

En ese sentido, señala que es el botellón, que proliferó tras el confinamiento, "el principal foco de conflicto en la convivencia". "Los vecinos se quejan con toda la razón del mundo y al final las administraciones lo único que hacen es restringir la actividad de la hostelería, que es precisamente la que mitiga el impacto del ocio descontrolado", insiste.

La Asociación de Hostelería de Bizkaia coincide también en ver en el botellón una "molestia". El gerente de la agrupación vasca, Héctor Sánchez, señala que los locales tienen que someterse a "una normativa muy estricta" en el interior de los mismos, pero que lo que ocurre fuera de los límites de cada establecimiento se sale de su control, por lo que considera que tiene que ser la policía la que sancione "a aquel que no se comporta".

Sin embargo, Carrera considera que aumentar las patrullas policiales no cambiarían mucho las cosas en lugares como Málaga. "El problema no se va con poner policía detrás de cada uno. Esto es un problema estructural", dice tajante, señalando como parte de él el "turismo de borrachera" y el 'boom' de la vivienda turística. "Han convertido el centro en un gigantesco bar con terraza abierto hasta el amanecer", añade.

Por su parte, Fernández dice que no ve al sector de la hostelería ni al sector del público "como alguien que pueda resolver el problema". "Las licencias las da el Ayuntamiento", subraya.

No obstante, muchas de las patronales aseguran que trabajan con las asociaciones de vecinos y las propias instituciones de las principales ciudades para desarrollar soluciones a través de mesas de trabajo o comisiones sobre ocio. Por ejemplo, Hostelería Madrid señala que colaboran con el Ayuntamiento para "corregir anomalías" en la convivencia y para potenciar terrazas "conciliadas y respetuosas" sin tener que optar por medidas "limitativas e injustas que puedan perjudicar a la mayoría de los empresarios".

España de Noche, por su parte, pone de ejemplo la campaña que llevaron a cabo junto a hosteleros, comerciantes, vecinos y falleros para limitar las charangas en las despedidas de soltero en Valencia. "La diferencia para el barrio es muy notable", asegura. Ahora, preparan otra campaña similar contra los vendedores ambulantes de latas de alcohol en Madrid.

Ordenanzas, ZAS y otras medidas

Aunque hay una ley acústica a nivel nacional, cada municipio tiene la posibilidad de establecer los horarios, los decibelios o las licencias que se otorgan mediante ordenanzas. Incluso pueden regular las ya mencionadas despedidas de solteros, como ya se hace en Mójacar, Salamanca o Málaga.

Para todo ello, está también la declaración de las Zonas Acústicamente Saturadas (ZAS), que son aquellas en que las se producen con frecuencia unos elevados niveles de sonido a causa de un gran número de establecimientos públicos, actividades recreativas o espectáculos. Madrid, por ejemplo, ha delimitado hasta 16 áreas saturadas. "Permite actuar en los entornos que presentan problemas, aplicando medidas correctoras específicas para la zona, sin perjudicar al resto de distritos", defiende Hostelería Madrid.

Pero muchas veces, esto no termina de funcionar. "Es una herramienta válida siempre y cuando las medidas que se adopten al amparo de esa declaración sean efectivas", dice Carrera, que tacha de "tímidas" las aprobadas en Málaga. "No han tocado ni un minuto el horario de cierre", insiste.

En otras ocasiones, las soluciones tardan en llegar más de lo que quisieran los vecinos. El Ayuntamiento de Bilbao ha lanzado la licitación para hacer un mapa del ruido del ocio con el fin de "promover protocolos y formas de comportamiento que compatibilicen la actividad nocturna con el descanso". Sin embargo, Fernández lo ve con escepticismo, ya que no será un proceso rápido. "Será julio del 2024 como pronto la entrega del estudio. ¿Nosotros mientras tanto como dormimos?", cuestiona.

Ella recuerda, además, que durante los años de la pandemia el ruido en la zona era mucho más soportable por la distancia establecida entre las mesas, que evitaba que la gente tuviera que subir la voz y que hacía más fácil controlar los aforos.

Por su parte, la asociación placentina Intramuros señala que, tras muchas peticiones de una ordenanza contra el ruido en su ciudad, ésta "aún no está hecha" y lamentan que desde el consistorio se hayan retrasado tanto. Además, asegura que no se les dio la oportunidad de presentar sus propuestas para la norma hasta hace poco más de un mes, coincidiendo con la Semana Santa.