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Discriminación por racismo, homofobia o edadismo: el reto de alquilar una vivienda digna

  • Grupos vulnerables como las madres solteras y las minorías étnicas denuncian dificultades a la hora de conseguir un hogar
  • El lugar de residencia influye en el acceso a la educación, al empleo y a la sanidad, así como en el bienestar físico y emocional

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Una persona recibe la llave de una vivienda en una imagen de archivo
Una persona recibe la llave de una vivienda en una imagen de archivo

“Siempre me ponen pegas”. Ahmed tiene 36 años, un trabajo estable y una nómina suficiente para alquilar su piso ideal, pero vive en un precario estudio de 30 metros cuadrados. Es el único lugar donde le han aceptado. De nacionalidad española, el acento de su Marruecos natal le cierra las puertas de muchas inmobiliarias desde la primera llamada. “Se dan cuenta de que eres moro y te crucifican”, lamenta a RTVE.es.

El de Ahmed no es un caso asilado de discriminación. Hasta el 80,4% de los españoles cree que se trata de una problemática habitual, según el Centro de Investigaciones Sociológicas. Una opinión que concuerda con el hallazgo de una investigación realizada en 2020 por Provivienda: el 72,5% de las inmobiliarias admiten aceptar la discriminación directa absoluta, es decir, permiten que los arrendatarios veten a algún grupo de la población.

14 horas - Racismo y xenofobia en el mercado inmobiliario - Escuchar ahora

Las personas migrantes y las que pertenecen a minorías étnicas son unas de las más vulnerables a la discriminación a la hora de alquilar una vivienda, pero existen otras comunidades en riesgo. Según la responsable del área de investigación y evaluación de la ONG Provivienda, Elena Martínez, madres solteras y miembros del colectivo LGTBI+ denuncian igualmente dificultades como el exceso de requisitos. Algo que de lo que también se quejan jóvenes y mayores por el edadismo.

Las trabas para acceder a un hogar pueden generar graves consecuencias como alojarse en viviendas inseguras al no disponer de otra opción. Sin embargo, la dificultad para demostrar la discriminación, el miedo y el desconocimiento hacen que la mayoría de los casos terminen silenciados. Ahora, RTVE.es da voz a algunos de ellos.

Ni migrantes ni gitanos: "Dan muchos problemas"

Lo denuncian los testimonios, y también los datos. Un estudio del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica halló en 2020 que el 31% de las personas de origen étnico o racial percibieron discriminación en el acceso a la vivienda. A un 17,7% le negaron enseñársela, a un 20,8% no quisieron alquilársela y a un 20,1% le pidieron más requisitos.

Son especialmente vulnerables las personas que pertenecen al pueblo gitano, amazigh o magrebí. Los principales desencadenantes de su discriminación son el color de piel, los rasgos físicos, la indumentaria, el acento o el nombre. "Si un gitano consigue alquilar, normalmente es porque no tiene un marcado perfil étnico o porque se han pasado por alto sus apellidos", asegura la técnica de la Fundación Secretariado Gitano (FSG) María Dolores Silva.

A FSG han llegado casos como los de un joven matrimonio gitano que ya se había mudado al edificio cuando se encontraron con el rechazo de la propietaria. Habían formalizado el contrato con otra persona y, una vez se instalaron, "la dueña les dijo que esa vivienda no estaba disponible y que tenían que irse". Por “vergüenza”, acabaron marchándose.

Escuchan marroquí y ya piensan que vendes droga

Entre las "excusas" para discriminar por etnia o raza, casi siempre implícitas, se encuentran la presunción de precariedad económica y del mal uso del inmueble. "Se cree que dan muchos problemas", y se suelen asumir argumentos como el ruido y la suciedad. "Escuchan marroquí y ya piensan que vendes droga", añade Ahmed, que lleva meses buscando piso. "Trabajo, pago mis impuestos y nadie me respeta. Duele muchísimo", apena.

Cada vez que Ahmed llama a una oferta, el inmueble ya está alquilado. Pero el estado del piso cambia cuando pide a un conocido que lo haga. Así sucedió en una de sus últimas experiencias en Reus. El profesional le preguntó "de dónde era", a lo que él contestó que tenía nacionalidad española. Entonces volvió a insistir hasta que supo que nació en Marruecos. Le aseguró que le llamaría al día siguiente, algo que nunca sucedió y que ha terminado en una denuncia.

María, por su parte, es propietaria de un inmueble y cuando hizo el casting para alquilar su piso le gustó mucho Ana, una inquilina que fue sola a ver la casa. La joven acudió a formalizar el contrato con su novio senegalés y le reconoció que no fue con él a la primera visita por "miedo". Ya habían sido rechazados antes por el color de piel. El contrato se cerró, pero tardó medio año en encontrar un piso.

Las madres solteras, "un riesgo" para los arrendadores

En España hay 1,9 millones de hogares monoparentales, más del 80% sustentados por mujeres. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE de 2021, el 54,3% de las personas que viven en estas familias está en riesgo de pobreza o exclusión social. Una vulnerabilidad a la que, además, se le suma en muchas ocasiones la imposibilidad de encontrar un piso.

"Las madres solteras somos un riesgo", explica al respecto la presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres Solteras, Carmen Flores. Si quieren comprar una casa, los bancos suelen alegar que no cuentan con la "solvencia crediticia" necesaria, mientras que si optan por alquilarla les piden "más requisitos, más documentos, más meses de fianza y hasta avales y un seguro de impago". "Hay mujeres que llegan a endeudarse", asegura.

Muchas madres solteras terminan compartiendo piso con otras para que sea más sencillo encontrar un lugar en el que vivir. Desde la federación las ponen en contacto, pero esto, a veces, las hace incluso más vulnerables, pues "se quedan fuera" de las ayudas económicas que tienen en cuenta los ingresos de todas las personas que conviven.

LGTBIfobia en pleno siglo XXI: "No quieren compartir piso con gays"

El artículo 14 de la Constitución proclama el derecho a la no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición personal o social. Sin embargo, la LGTBIfobia sigue presente en pleno siglo XXI, y también en el acceso a la vivienda. "Todavía hay gente que no quiere compartir piso con gays", afirma el secretario de organización de la Federación Estatal LGTBI+, Ignacio Paredero.

Paredero recuerda el último caso que se viralizó en las redes sociales, el de Albert, un joven que denunció haber sido preguntado por su orientación sexual como condición para alquilar una habitación. "El propietario me dijo textualmente: 'convivir con un gay es incómodo'. Que me busque un piso de gays. Me invadió la tristeza", escribió el joven en Twitter. Y ese rechazo, dice el secretario, "no es raro" para los miembros del colectivo, sobre todo para las personas transgénero, "las más visibles".

"La gente no entiende que es ilegal", muchos continúan creyendo "que puedes elegir a quien alquilar tu casa según su identidad sexual", opina Paredero. "Ya no tienes que ser millonario para alquilar, sino que además toca volver al armario", coincidió el joven en uno de sus mensajes.

Edadismo: demasiado jóvenes o demasiado mayores

El edadismo, según la OMS, ocurre cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas provocando injusticias. Aunque es una problemática que suele pasar desapercibida por la normalización de estos prejuicios, se calcula que una de cada dos personas en el mundo tiene actitudes edadistas. Así lo estimó en 2021 un informe de Naciones Unidas.

El edadismo se manifiesta de diversas formas en el acceso a la vivienda. Los jóvenes, por ejemplo, se enfrentan a la dificultad de encontrar inmuebles que acepten inquilinos menores de 30 años por el miedo a las fiestas, los destrozos y el ruido. "Al entrar a ver un piso lo primero que teníamos que hacer era justificarnos", relata Altagracia, estudiante de arquitectura que ha llegado a tener que realizar "cartas de presentaciones" con sus hobbies y rutinas diarias para poder optar a un alquiler.

Le han pedido el aval de sus padres aun teniendo empleo

Altagracia empezó a buscar piso a mediados de julio, pero hasta noviembre no logró encontrarlo, eso sí, a cambio de "una fianza de 1.800 euros". Aunque ella depende económicamente de sus padres, el vicepresidente de Relaciones Institucionales de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas, Andrés Fernández, explica que también quienes trabajan se enfrentan con problemas similares. "Hay gente a la que le han pedido el aval de sus padres aun teniendo empleo", apostilla.

A veces también se puede ser demasiado mayor para alquilar. Lo denuncia el presidente y portavoz de Edad Sin Frontera, Juan Antonio Herrero, quien señala la existencia de viviendas "reservadas para menores de 30 años y con alquileres artificialmente bajos". Herrero lamenta en este sentido la falta de ayudas: "Hay muchas personas de 38 años que todavía no pueden permitirse un hogar". Una discriminación que, como el resto, "genera antagonismo y resentimiento", entre otras consecuencias.

Infraviviendas, hacinamiento y exclusión social

Los procesos discriminatorios pueden tener graves implicaciones en el acceso a una vivienda digna. Más allá de la vulneración del derecho a la igualdad de trato, los expertos advierten que fomentan los asentamientos informales, el subarriendo de habitaciones sin amparo legal, el hacinamiento y las infraviviendas en barrios segregados.

La vivienda, además, "es un elemento clave en los procesos de integración social", añade la responsable del área de investigación y evaluación de Provivienda, Elena Martínez. El lugar donde se reside influye desde en el acceso a la educación, al empleo y a la sanidad hasta en el bienestar físico y emocional. "Según donde vivas no puedes pedirte una simple pizza o coger un autobús", denuncia por su parte la técnica gitana María Dolores Silva.

Los niveles de denuncia de las injustas discriminaciones, sin embargo, son especialmente bajos. Atendiendo a los datos del Cedre (2020), la más frecuente es que no se considere que sirva para algo (21,7%), seguido del miedo a represalias (8,5%). Y es que, en muchas ocasiones, la discriminación no cesa ni siquiera cuando se consigue un hogar digno: "Entonces te toca demostrarles a los vecinos que eres una persona legal".