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Brasil

Lula vuelve al poder en un país dividido con la pobreza y la huella de Bolsonaro como prioridades

  • El líder del PT ha tomado posesión como presidente 12 años después de acabar su segundo mandato
  • Entre sus objetivos está combatir la miseria, abordar la crisis climática o poner fin al bajo crecimiento económico

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Lula vuelve al poder en Brasil con el reto de reducir la pobreza en el país

El año nuevo comienza en Brasil con el regreso oficial de Luiz Inácio Lula da Silva, que tras su victoria electoral, este 1 de enero ha tomado posesión como presidente, un cargo que ya ocupó entre 2003 y 2011, cuando con su política social se alzó como uno de los mandatarios más populares del gigante sudamericano. Doce años más tarde, el líder progresista hereda, de nuevo, un Brasil atravesado por la pobreza y golpeado por una crisis económica y social, dos de los principales obstáculos para su objetivo de reconstruir el país y borrar la huella de Bolsonaro.

Cuando Lula finalizó su segundo mandato en 2011, pasando el testigo a Dilma Rousseff, gozaba de un insólito 87% de aceptación entre los brasileños. Sin embargo, años más tarde, el escándalo de corrupción que salpicó a su formación y su paso por la cárcel, pese a su posterior absolución, afectaron a la popularidad del líder del Partido de los Trabajadores (PT), que protagoniza ahora un retorno a la Presidencia que parecía imposible hace unos años y se enfrenta a un país muy distinto al que dejó entonces.

Su victoria frente a Bolsonaro, con el 50,9% de los votos, evidenció la división de un país en el que el ultraderechista todavía goza de una mayoría en el Congreso. Con tan solo 141 diputados, Lula tendrá que lidiar con esta Cámara, muy fragmentada, y negociar con grupos que hasta ahora se habían aliado con Bolsonaro, para sacar adelante sus políticas y cumplir sus promesas electorales, entre las que se encuentran la lucha contra la pobreza, la crisis climática o poner fin al bajo crecimiento económico de Brasil.

Las pistas sobre su nuevo gobierno

Durante el mes de diciembre, Lula fue adelantando varios de los nombres que conformarán un amplio gabinete de ministros que incluirá 37 carteras frente a las 23 que tenía el gobierno de Bolsonaro. Entre los nombres más sonados se encuentra uno de sus hombres de confianza, Fernando Haddad, en Hacienda; el embajador Mauro Vieira en Exteriores; o Rui Costa, en Presidencia.

"Todos ellos tienen un perfil bastante parecido, más socialdemócrata y moderado. Son muy hábiles políticamente, buenos negociadores, con una trayectoria política y técnica de gran duración", expone a RTVE.es la doctora en Ciencias Sociales y profesora en la Universidad Federal de São Paulo, Esther Solano. Apunta, además, a que será un gobierno de moderación, conciliación y negociación, una palabra que, cree, será crucial en esta legislatura.

Entre los ministerios anunciados por Lula se encuentran algunos con un importante acento social que el mandatario ya prometió antes de su investidura. Entre ellos, la cartera de Igualdad Racial, la de Derechos Humanos o la de Mujeres.

El profesor de la Escuela de Ciencias Sociales de la Fundación Getulio Vargas, Sérgio Rodrigo Marchiori, señala, además, que el nuevo Gobierno tiene que "complacer", a su derecha y a su izquierda, a un electorado y confluencias muy variados. El amplio número de ministros, récord en Brasil, y los nombramientos que conocemos hasta ahora son prueba de ello.

Según el analista de Inteligencia Cualitativa en el Centro de Prospección e Inteligencia de FGV, Leonardo Paz, este Gobierno se asemejará al del segundo mandato de Lula, al que describe como "menos ortodoxo en lo económico y más asertivo en política exterior". Aunque las condiciones no son las propicias para que Brasil adopte el mismo papel que entonces en política internacional, "intentarán trabajar para reconectar el país con los países emergentes y con el mundo en desarrollo en general".

La lucha contra la pobreza y el reto fiscal

Abordar los altos índices de hambre y pobreza en Brasil, que ha vuelto a entrar en el mapa del hambre de la ONU, vuelve a ser el principal desafío de este tercer Gobierno de Lula. Sin embargo, el mandatario se enfrenta esta vez al reto de elevar el gasto público a la vez que mantiene la disciplina fiscal en un país en el que la deuda pública se sitúa por encima del 76% del PIB.

Ahora bien, los analistas consultados coinciden en que Lula ya ha materializado una de las primeras victorias políticas de su mandato, incluso antes de tomar posesión. Se refieren a la aprobación por parte del Congreso del pago de su programa 'Bolsa Familia' por encima del tope de gasto.

"El principal golazo de Lula lo ha marcado antes de su toma de posesión", asegura Solano. El primer desafío, expone, es atajar la miseria y el hambre y el primer paso, muy grande, lo ha dado con esta aprobación que le garantiza un margen de maniobra fiscal para garantizar este programa de bienestar social que nació allá por 2003, durante el primer Gobierno de Lula.

Acabar con el hambre en Brasil, la prioridad número uno de Lula

Esta ayuda, que fue la promesa estrella durante la campaña del mandatario, asegura, al menos durante el próximo año, el pago de 600 reales a los beneficiarios, pero, al situarse fuera del límite presupuestario, también aumentará el endeudamiento, al que también contribuyó el elevado gasto público llevado a cabo por Bolsonaro en los meses previos a las elecciones.

Por ello, los analistas señalan la importancia de encontrar el equilibrio entre ese impulso a las políticas públicas con una necesaria responsabilidad fiscal del Ejecutivo. Tanto Marchiori como Paz sitúan una reforma fiscal como una de las prioridades más urgentes del Ejecutivo. Paz cree que esa reforma debe convertirse en "el buque insignia" del Gobierno de Lula.

Cuatro años para revertir la huella de Bolsonaro

A principios de diciembre, el equipo de transición de Lula denunciaba la "dramática" situación financiera que dejaba la gestión de Jair Bolsonaro en áreas fundamentales como salud o educación y advertían de lo difícil que sería "revertir todo". Ese es, precisamente, uno de los retos de Lula en estos cuatro años, borrar la huella de su predecesor en algunas de las materias que ha situado como claves en su mandato.

Solano diferencia cuatro ejes para este objetivo: la protección de los más pobres, el área educativa, la sanidad y el medioambiente. "Lula va a intentar reconstruir todo lo que se ha destruido y no va a ser una reconstrucción fácil, porque la destrucción ha sido muy profunda. Políticas que se construyeron con años, se han destruido rápidamente", añade.

"El sanitario y otros sectores cruciales han salido muy afectados del mandato de Bolsonaro, no solo en términos presupuestarios, también por falta de organización, corrupción, mala gestión e incompetencia en general", apunta Marchiori. Cree, además, que las apuestas de Lula en ministerios clave como educación "son positivas" y servirán para revertir las políticas bolsonaristas.

Paz, por su parte, suma a estas materias la tenencia de armas, que Bolsonaro ha facilitado e incentivado. De hecho, durante su gobierno, las licencias de armas como cazadores, tiradores o coleccionistas aumentaron en un 500%. "Lula va a crear más obstáculos para la compra de armas y, definitivamente, tratará de luchar para reorganizar la normativa, devolviendo las políticas a donde estaban", expone.

Sin embargo, más allá de la huella política de Bolsonaro, su ideario caló en un elevado porcentaje de la población, que le votó el pasado octubre y que defiende fervientemente al ultraderechista. Es probable, apunta Paz, que Lula se enfrente a actos y protestas de estos sectores, que defienden que las elecciones fueron amañadas y reivindican, incluso, la intervención del Ejército. Su impacto, dice, dependerá en gran medida de la capacidad de Bolsonaro, como líder, de movilizar e impulsar este tipo de movimientos.

De vuelta contra el cambio climático y al escenario internacional

"Brasil está de vuelta". Fueron las palabras de Lula da Silva en la cumbre del clima en Egipto, en referencia a su compromiso por la lucha global contra el cambio climático. El mandatario, que ha situado la preservación del Amazonas como una de las prioridades de su gobierno, se ha comprometido a revertir las políticas negacionistas de Bolsonaro, en cuyo mandato el nivel de deforestación del pulmón del planeta alcanzó su nivel más alto en 15 años.

Los analistas apuntan, además a un regreso a la política exterior, abandonada por su predecesor. Como adelantaba Lula en su primer discurso tras su victoria ante Bolsonaro, cuando aseguró que Brasil era "demasiado grande para ser relegado al triste papel de paria en el mundo", el regreso del país al tablero político internacional también es uno de los objetivos del nuevo presidente.

"Bolsonaro no tenía una política exterior per se, no tenía un plan o una intención más allá de seguir a Estados Unidos y, en concreto, a lo que hiciera Donald Trump", apunta Paz. "Lula va a intentar convertir Brasil, quizás no en un actor protagonista, pero sí un actor relevante y a quien escuchar en determinados asuntos, como la lucha contra el cambio climático, o la integración del continente sudamericano", apunta Paz.

Tal y como menciona Solano, "Bolsonaro destruyó la imagen exterior del país y Lula va a querer recolocar a Brasil en la agenda internacional. Según la politóloga, será uno de los desafíos más fáciles, ya que Lula cuenta con una "gran capacidad" en el ámbito internacional y el mundo está deseoso de que el gigante sudamericano vuelva a recolocarse en escena, sobre todo en lo que se refiere a la agenda verde.