Enlaces accesibilidad
Primer aniversario volcán La Palma

Las heridas sin cerrar en la economía de La Palma: "El volcán nos ha acostumbrado a no pensar en el futuro"

  • La erupción dejó muy dañados a los dos sectores económicos más importantes de la isla: el plátano y el turismo
  • En el Valle de Aridane, agricultores y empresarios turísticos luchan por recuperarse, aunque no les está resutando fácil

Por
Una turista contempla el cono del nuevo volcán de La Palma.
Una turista contempla el cono del nuevo volcán de La Palma.

Un año después de la erupción, Puerto Naos sigue siendo una ciudad fantasma. El volcán no dañó ninguno de sus edificios, pero los gases que emanan de las coladas han envuelto a esta ciudad en una nube tóxica invisible que impide que sus habitantes puedan regresar.

Hasta el mes de junio, para llegar a Puerto Naos había que dar la vuelta a la isla por su extremo sur, ya que la lava estranguló todas las comunicaciones terrestres con el norte. Pero desde que se abrió la pista que atraviesa la superficie de las coladas y conecta La Laguna con Las Norias, el núcleo turístico más importante de La Palma ha roto su aislamiento con el resto del Valle de Aridane. Sin embargo, apenas llegan vehículos hasta allí.

En Puerto Naos se ha creado una zona de exclusión, y el control del acceso es estricto. Han pasado ya casi nueve meses desde que se dio por concluida la erupción más destructiva en la historia de La Palma, pero los evacuados de esta ciudad, al igual que los de La Bombilla, continúan sumidos en una constante incertidumbre, mayor si cabe que la angustia de los casi tres meses en los que el volcán estuvo activo, cuando no sabían si la lava llegaría hasta allí y se llevaría todo por delante. El martirio para ellos es que no tienen un horizonte al que aferrarse, y no saben cuándo podrán retomar sus vidas. Desde el punto de vista científico, es imposible predecir el momento en el que descenderán los niveles de CO2 y se estabilizarán en parámetros aceptables. Además, se trata de un proceso que podría durar años.

"El problema de Puerto Naos y La Bombilla es que estamos y no estamos. Nos encontramos en un limbo donde no podemos acceder por los gases, y donde quizá cuando regresemos nuestras casas y nuestros negocios estén tan deteriorados que será como empezar de nuevo", expresa con tristeza Laly Villalba, representante de la Asociación de Empresarios de Puerto Naos. Ella regenta un bar en esta localidad, llamado El Bucanero, y también vive allí, por lo que el volcán le ha despojado no solo de su vivienda, sino también de su medio de vida, igual que ha hecho con miles de palmeros. Al menos, ella en algún momento podrá recuperar ambas cosas.

Tendría que haber algún plan y no lo hay.

Según describe, muchos vecinos de Puerto Naos están "enfadados", y se sienten "abandonados". "Preguntamos por nuestro futuro y no obtenemos respuesta. Yo sé que con la naturaleza no se puede luchar, pero tendría que haber algún plan y no lo hay", asegura, sin poder ocultar su desaprobación hacia las instituciones de la isla, de Canarias y del Gobierno español.

"La gente se está yendo, reubicando en otros lugares, y yo también estoy pensando irme a trabajar a otra zona de la isla como encargada en un negocio de hostelería, porque no nos queda para pagar las facturas", se lamenta. Sin embargo, aún mantiene la esperanza de que en los próximos meses Puerto Naos pueda reabrirse y regrese el turismo, lo que le permitiría reactivar su negocio. Aunque tiene claro que para poder aguantar hasta entonces y mantener el bar operativo necesita ayudas económicas, o al menos no tener que pagar facturas ni cuotas por un negocio cuya actividad se encuentra suspendida.

Puerto Naos y La Bombilla se encuentran evacuados por la concentración de gases.

Puerto Naos y La Bombilla se encuentran evacuados por la concentración de gases. D.MARTIN / AFP

"Las promesas se están cumpliendo poco"

A escasos kilómetros de Puerto Naos, en Las Norias, Paolo regenta uno de los restaurantes más populares de la isla. Las coladas se detuvieron muy cerca del edificio, pero finalmente no lo dañaron. Peor suerte corrió la casa en la que vivía junto con su familia, que fue devorada por la lava, al igual que una vivienda turística que también era de su propiedad. Ahora, viven en un apartamento de alquiler cerca del restaurante, entre Jedey y El Remo.

Como asegura este italiano de Turín que se instaló en la isla hace más de dos décadas, "el volcán nos ha acostumbrado a no pensar en el futuro". "Hay mucha incertidumbre. Las cosas siguen sin estar claras y las promesas se están cumpliendo poco", denuncia sobre la situación actual.

Hay mucha incertidumbre. Las cosas siguen sin estar claras.

Después de que a finales de diciembre se declarase el final de la erupción, el 16 de enero le permitieron acceder al restaurante, que estaba intacto, pero no tenía electricidad ni agua potable, y sobre él se acumulaban toneladas de ceniza, por lo que hubo que limpiarlo y prepararlo, y no pudo abrirlo al público hasta mayo. Una vez superadas las dificultades iniciales, están "trabajando bien, pero con un montón de problemas", como la falta de personal -apenas hay mano de obra en toda la isla- o los bajones de tensión que se producen de vez en cuando y dejan al negocio sin electricidad.

La inquietud se ha trasladado ahora a la llegada del otoño y del invierno, que coinciden con la temporada alta de la isla, ya que es cuando se registra una mayor afluencia de turistas del centro y norte de Europa. "Nosotros aquí vivimos sobre todo de ese turismo, y este año no sabemos lo que va a pasar con ellos después de la Guerra de Ucrania y el corte de gas ruso", apunta Paolo.

Destrucción del tejido turístico

El turismo es, después del cultivo de plátano, la segunda actividad económica de la isla, aunque no disponga de una infraestructura especialmente desarrollada. A falta de grandes playas, La Palma no se ha centrado en un turismo masivo, sino que ha apostado por otro más minoritario, con la naturaleza como principal reclamo. La Caldera de Taburiente, declarada parque nacional en 1954, es la joya de la corona de la isla, y el registro de visitantes que acuden a este espacio natural es un buen termómetro para estimar la cantidad de turistas que llegan a la isla.

El volcán se llevó por delante una parte importante del tejido turístico de La Palma: casas y apartamentos rurales, viviendas vacacionales, bungalows y otros pequeños establecimientos que se encontraban en la zona devastada por la lava. Las autoridades de la isla calculan que han desaparecido más de 1.000 camas, pertenecientes a pequeños y medianos propietarios. Si a esta cifra se le suman las plazas hoteleras de Puerto Naos y el entorno de las coladas que no se pueden ocupar, estimadas en otras 5.000, la oferta turística se ha reducido considerablemente. Esta ha sido quizá la principal razón que ha hecho que la afluencia de visitantes a la Caldera de Taburiente haya sido discreta durante el primer semestre del año, a pesar del posible "efecto llamada" del volcán a nivel nacional e internacional, y de los esfuerzos de las instituciones, con iniciativas como el "Bono turístico" para promover la llegada de visitantes.

Según datos ofrecidos por el parque nacional, entre enero y agosto de este año la Caldera de Taburiente registró 231.000 visitantes, una cifra menor de la esperada. Por ponerla en perspectiva, durante el mismo período de 2021 hubo 196.000 visitas, pero entonces aún coleaban con fuerza los efectos de la pandemia. Una comparación más real sería, por ejemplo, la de algún año previo a la pandemia, como 2017, en la que en los primeros seis meses del año acudieron 317.000 personas a Taburiente.

No parece que el volcán haya servido como reclamo turístico para la isla.

"No ha habido un aumento significativo de las visitas al parque. No parece que el volcán haya servido como reclamo turístico para la isla", valora Felipa Guzmán Reyes, directora adjunta del parque nacional, quien reconoce que "todos pensamos que iba a ir mejor". "La gente para poder venir tiene que tener un sitio donde quedarse, y el volcán se ha llevado muchos apartamentos turísticos y además Puerto Naos permanece cerrado. No puede haber turismo si no tiene un lugar para quedarse", recalca Guzmán, quien también plantea otro factor que ha podido influir negativamente: la cancelación de vuelos y rutas a la isla desde diferentes ciudades europeas.

Quizá no se ha producido ese "efecto llamada" esperado, pero si este año hay un protagonista desde el punto de vista turístico en la isla no es la Caldera de Taburiente, sino el nuevo volcán, que está causando furor entre los turistas, con visitas guiadas al cono que operan empresas palmeras. Según datos ofrecidos por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de El Paso, hasta 180 personas pueden visitar el cono volcánico en una jornada, y la ocupación de los cupos no baja del 80% cada día.

Ángel Tsekouras, responsable de La Palma Outdoor, una de estas empresas autorizada para llevar a cabo las visitas, cuenta que los cupos han estado casi siempre llenos, especialmente durante el mes de agosto, con dos excursiones diarias. También reconoce que el ritmo ha descendido en el mes de septiembre, aunque esperan mantener la excursión al nuevo volcán dentro de su oferta permanente durante todo el año.

El cultivo de plátano es la principal actividad económica de La Palma.

El cultivo de plátano es la principal actividad económica de La Palma. EUROPA PRESS

La zona platanera más productiva de Canarias

A pesar de la importancia del turismo, el principal impulsor de la economía de La Palma es el plátano, especialmente en el Valle de Aridane, donde representa con mucha diferencia el principal medio de vida de sus habitantes. La erupción ha hecho estragos en este cultivo, ya que se ha cebado con la zona platanera por excelencia; la más productiva y la de mayor rentabilidad no solo de la isla, sino de todo Canarias.

Un 10% de estos terrenos han quedado sepultados por la lava, y casi un tercio de la superficie total de plataneras, más de 1.000 hectáreas de las aproximadamente 3.000 que hay, perdieron la última campaña debido a la falta de riego y al destrozo de las instalaciones por la acumulación de ceniza. Sus propietarios luchan ahora por recuperarlas para que vuelvan a producir cuanto antes, aunque en el mejor de los casos calculan que al menos tendrá que pasar un año antes de que las nuevas plantas den sus frutos.

Regresamos a Puerto Naos, donde Fran Garlaz tiene su negocio, quizá el único de toda la isla donde se combina el cultivo del plátano con el turismo. Platanológico es una finca que exporta sus productos principalmente al mercado europeo, y también organiza visitas guiadas dentro de sus instalaciones para dar a conocer conceptos como “bosque comestible", agricultura sostenible o economía circular. Su principal producto es el plátano, aunque también cultiva mangos, aguacates, tomates, piña, caña de azúcar, chirimoya, papaya…

La finca lleva cerrada desde el pasado 29 de septiembre, y su situación, como la de prácticamente todas las empresas de Puerto Naos que aún sobreviven, es desesperada. La ceniza del volcán arruinó la cosecha de este año, pero las plantas han estado muchos meses sin recibir agua y no solo se han echado a perder los plátanos, sino también la mayor parte de los árboles frutales, cuyo crecimiento es mucho más lento. Garlaz ha visto cómo el proyecto de su vida se derrumbaba frente a sus ojos, y cree que la erupción no ha sido la única culpable.

El volcán nos ha dado un zarpazo, pero el daño nos lo está haciendo la gestión humana.

"El volcán nos ha dado un zarpazo, pero el daño nos lo está haciendo la gestión humana", asegura, mientras critica que "no hay información" y que "las ayudas llegan con cuentagotas a la gente que realmente las necesita". "No digo que no haya habido movimiento de dinero, pero no está llegando bien", considera.

Garlaz incluso plantea sus dudas sobre los gases que afectan a Puerto Naos y que han provocado el cierre de la población: "Llevamos cinco meses pidiendo un informe científico, pero no hay ningún informe científico que diga que no se puede entrar. No se nos informa de nada y se nos trata como a niños".

Para este empresario, "se está utilizando la excepción de la emergencia para conseguir cosas que no podían conseguir debido a las medidas de protección medioambiental, de costas, de terrenos… Cosas que llevaban 30 o 40 años proponiendo y no habían podido nunca". "Es muy feo esto que está ocurriendo en La Palma", sentencia.

El plátano comienza a despegar

Al igual que Garlaz, centenares de agricultores han visto cómo el volcán arruinaba sus cultivos, aunque ya han pasado nueve meses desde el final de la erupción y el plátano comienza a recobrar las constantes vitales. "Estamos recuperándonos poco a poco. Hemos empezado a trabajar en enero, pero mucho más flojo que antes", cuenta César Castro, ingeniero técnico de la cooperativa Volcán de San Juan, ubicada en La Laguna y que agrupa a 300 agricultores de la zona. Según las cifras que manejan, el volcán ha sepultado aproximadamente 80 hectáreas que pertenecían a entre 50 y 60 de sus agricultores, lo que ha supuesto que la cooperativa esté actualmente trabajando a mitad de rendimiento. En el Valle de Aridane, la superficie total de platanera devorada por las coladas asciende a unas 400 hectáreas.

En los cultivos afectados por la ceniza y la falta de riego, en algunas fincas se ha optado por realizar capados, que han consistido en cortar la planta donde estaba estropeada, para que pudiese crecer. Sin embargo, la mayor parte de los trabajos se han centrado en volver a sembrar plataneras, una actividad que se realizado durante los últimos meses y que se prolongará hasta octubre. Pero las nuevas plantas tardan un año en dar fruta, y después tienen que transcurrir al menos otros cuatro meses hasta que los racimos de plátanos puedan ser cortados. "Perderemos dos años desde la erupción, incluso más en algunos casos", valora Castro, quien sin embargo estima que "el año que viene volveremos a tener pleno rendimiento".

El ánimo entre los agricultores del Valle de Aridane está regular, sobre todo por el tema burocrático.

No muy lejos de allí, en Los Llanos de Aridane, se encuentran las instalaciones de Europlátano, una organización que está compuesta por 750 pequeños productores, la mayor parte de La Palma. Según reconoce Elisa Martínez, su responsable de comunicación, actualmente el ánimo entre los agricultores del valle "está regular, sobre todo por el tema burocrático". Para ellos, la situación "se está haciendo muy larga, porque ya llevan un año sin trabajar". Además, también viven su futuro con desasosiego, ya que "ahora están con una subvención que se ha firmado para este año, pero no saben qué va a pasar más adelante".

Hay que tener también en cuenta que el descenso de la producción de plátano no es un problema que afecte solo a los agricultores, sino también a la multitud de actividades económicas directamente relacionadas. Como ejemplo, Elisa Martínez cuenta que en esta época habitualmente trabajarían unas 200 personas en las labores de empaquetado dentro de sus instalaciones, mientras que este año solo hay 30.

La reducción de la producción de plátano debido a los efectos del volcán en La Palma se ha cifrado en aproximadamente un 50%, lo que sumado a la crisis energética derivada de la Guerra de Ucrania y a una subida generalizada de los costes de producción, ha disparado su precio en los mercados nacionales e internacionales. Pero mientras que el precio del plátano canario se ha puesto por las nubes, el de la banana centroamericana se ha mantenido, hasta el punto de llegar a ser hasta cuatro veces inferior. "Más adelante, cuando la situación se estabilice y los precios vuelvan a su cauce, recuperar la cuota de mercado que nos ha quitado la banana no va a ser fácil", pronostica Elisa Martínez.