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Convivir con el volcán (VI)

El resurgimiento de las cenizas: el futuro incierto de la agricultura, la pesca y el turismo en La Palma

  • El volcán ha golpeado a los tres sectores económicos más importantes de la isla
  • Todos ellos lucharán por reconvertirse y encontrar un futuro, ahora que ha finalizado la erupción

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Imagen de uno de los deltas lávicos creados por el volcán, desde el puerto de Tazacorte.
Imagen de uno de los deltas lávicos creados por el volcán, desde el puerto de Tazacorte.

En el puerto de Tazacorte, los trabajadores del plátano descansan en la terraza de un bar frente a una cerveza, después de haber estado trabajando toda la mañana. Acaban de regresar en la lancha que ha puesto para ellos la Armada; y que los ha repartido por las plataneras dentro de la zona de exclusión del volcán. Es su "guagua-barco", como ellos la llaman, pero ha comenzado a funcionar recientemente, y las explotaciones han estado demasiado tiempo sin regar.

Estos trabajadores coinciden en la terraza con los pescadores de la zona, que apenas han salido a faenar en los últimos meses, y ahora apuran los últimos días de diciembre para preparar sus barcos antes de que comience el nuevo año, se renueve la cuota de pesca y puedan volver a hacerse a la mar. No corren buenos tiempos en el Valle de Aridane, aunque al menos el volcán por fin ha enmudecido, y todo el mundo se dispone a abrir una nueva etapa en la comarca y en la isla.

La economía de La Palma, especialmente en su vertiente occidental, gira alrededor del plátano, que es con mucha diferencia el principal medio de vida de sus habitantes. Pero la erupción ha hecho estragos en este cultivo, ya que se ha cebado con la zona platanera por excelencia; la más productiva y la de mayor rentabilidad de toda la isla.

Un 10% de estos terrenos han quedado sepultados por la lava, y ahí ya poco se puede hacer, al menos a corto y medio plazo. Pero sin llegar a ese extremo, casi un tercio de la superficie total de plataneras, más de 1.000 hectáreas de las aproximadamente 3.000 que hay, ya dan por perdida la presente campaña debido a la falta de riego y al destrozo de las instalaciones por la acumulación de ceniza. Sus propietarios luchan ahora por recuperarlas para que vuelvan a producir cuanto antes, aunque en el mejor de los casos calculan que al menos tendrán que pasar dos años.

"Nos han dejado regar por fin hace muy poco", cuenta Olga, que está sentada en la terraza del bar del puerto, junto a una lata de refresco, después de haber desembarcado de la lancha de la Armada. Esta trabajadora vive en El Remo, y para poder llegar a Tazacorte y atender a su plantación, ahora tiene que dar la vuelta a media isla, en un trayecto eterno por la conocida como carretera de la Cumbre. Tal y como cuenta, la falta de agua ha provocado "la muerte de la madre de la planta", que es como se conoce a la piña de la que nacen los plátanos, y ahora "hay que esperar a ver si revienta el hijo para poder tener otra piña dentro de dos años".

Cruz, un compañero de El Remo que está junto a ella, considera que para poder afrontar esos dos años de espera "necesitarán ayudas". "Aquí todo el mundo pide que no se nos abandone, porque nos hace mucha falta", asegura.

En este sentido, Manuel Redondo, secretario técnico de COAG Canarias, también cree que los productores afectados del Valle de Aridane "solo saldrán adelante si durante este tiempo reciben ayudas". "Si somos capaces de mantener los ingresos de esta gente durante estos dos años, y también hay compensaciones para los afectados por las cenizas, esas superficies se deberían mantener". Aunque deja claro que es necesario ayudar "no solo a los productores, sino a toda la cadena", como transportistas y proveedores de planta y de fertilizantes.

Más complicado resultará recuperar las zonas devoradas por la lava, si es que es posible hacerlo. Aún no se está claro si las coladas se van a declarar como zona protegida, pero incluso si se desclasificasen, adecuarlas para el cultivo sería extremadamente complicado. "Sorribar en la zona de costa, en la fajana es más sencillo, pero otra cuestión es hacerlo en espacios donde hay 15 metros de altura, que es muy complicado", explica Redondo.

"Lo deseable sería que esa superficie destruida se recupere para el cultivo, bien ahí o bien en otra zona. Esa debería ser la primera línea de trabajo. A lo mejor lo que se puede hacer es intentar recuperar espacios protegidos en alguna zona para que se utilicen para cultivo. Pero incluso eso es complicado, porque tampoco hay tantos en La Palma", cree el secretario técnico de COAG Canarias, quien aboga por "estudiarlo dentro de un plan de reconstrucción más amplio".

Europlátano es una de las seis organizaciones productoras que integran la marca Plátano de Canarias, y está formada por 750 socios, la mayor parte de La Palma. Aquí, a diferencia de Tenerife -la otra gran isla platanera-, la producción está fragmentada en centenares de pequeños propietarios. "Vamos a trabajar para que se pueda recuperar todo lo que se pueda del terreno que ha quedado dañado por el volcán. Esperamos que se pueda volver a plantar sobre la lava, pero si no se pudiera, habrá que irse a otra zona", manifiesta su responsable de comunicación, Elisa Martínez.

"La idea es que no se quede nadie atrás, tanto agricultores, como aparceros, como transportistas, como trabajadores...", prosigue, y recalca que ahora "necesitan la ayuda de la administración para poder escapar estos meses y volver a producir, recuperar la capacidad productiva de la isla, y con ello los empleos".

Trabajadores del plátano son llevados a sus plantaciones en una lancha de la Armada.

Trabajadores del plátano son llevados a sus plantaciones en una lancha de la Armada. EFE / UME/ LUISMI ORTIZ

La época más negra para los pescadores

En el bar del puerto de Tazacorte, los trabajadores del plátano se mezclan y comparten penas con los pescadores, quienes también atraviesan el peor momento que se recuerda en la isla. "El volcán fue un agravio más que se juntó a lo que ya estábamos pasando. Casi toda nuestra flota vive del atún, y el año pasado con el inicio de la pandemia se desplomaron los precios… Fue un año pésimo, al que siguió este, con unas ventas muy malas, y a eso se suma las cuotas que nos impusieron de la especie que más se captura: la tuna", puntualiza César Camacho, patrón mayor de la cofradía de pescadores de esta localidad, que posee la flota más importante de la isla. "Tuna" es el nombre que recibe en Canarias la especie Thunnus obesus, un pez que acostumbra a acercarse a la orilla, lo que hace que sea más fácil su captura para los pequeños pescadores.

El volcán les ha hecho daño, pero lo que "les partió por el eje" fue el reparto de cuotas. Según explica, este año han dividido las capturas de la flota canaria entre los atuneros grandes y los artesanales, que son los más pequeños, como es su caso. "A los grandes, unos 18 barcos, les dieron 2.700 toneladas. Y a los 230 barcos que somos artesanales, nos dieron únicamente 200 toneladas", compara.

Con unas cuotas, a su entender, tan exiguas, lo que les quedaba era la pesca de orilla, pero La Palma no es la mejor isla para este tipo de actividad, porque al ser joven es también muy abrupta y no tiene plataforma continental, a diferencia de otras como Tenerife, Gran Canaria o La Gomera. "Muchas embarcaciones antes del volcán ya estaban paradas, porque no había a lo que ir", cuenta el patrón de los pescadores de Tazacorte, quien explica que los barcos atuneros son peligrosos para faenar muy cerca de la costa debido a su escasa maniobrabilidad.

Además, estas aguas eran muy ricas en cebo vivo -principalmente, caballa y chicharro-, necesario para la pesca artesanal del atún. Pero los peces desaparecieron de buenas a primeras. "Es la primera vez que ha pasado. No sabemos a qué se debe, porque no somos científicos, pero lo relacionamos con el volcán", asegura.

Al mismo tiempo, una vez que comenzó la erupción volcánica, se creó la zona de exclusión y más al sur ya no les merecía la pena ir, porque allí hay una reserva marina, y después otra zona de vientos que complican mucho la pesca. "Solo nos quedaría el norte de la isla, pero tampoco es rentable", valora.

Ahora que la erupción volcánica ha concluido, las expectativas de los pescadores de Tazacorte pasan por "esperar a ver si las cuotas mejoran". "Si no se consigue esta mejora, además de otra alternativa de pesca que pueda complementar la pesquería de atún, como puede ser el sable negro, veo bastante difícil que la actividad pesquera se mantenga en La Palma, porque la flota aguanta gracias a los años de bonanza, pero todo eso se va acabando", advierte César Camacho.

Imagen de Puerto Naos evacuada por el volcán y convertida en una ciudad fantasma.

Imagen de Puerto Naos evacuada por el volcán y convertida en una ciudad fantasma. REUTERS / BORJA SUÁREZ

1.000 camas hoteleras desaparecidas

El bar del puerto de Tazacorte ofrece comidas, y a esta hora en su terraza también se pueden ver turistas que conversan entre ellos ante un plato de calamares, o de vieja, o de morena frita, o de lapas... Pero apenas son un puñado. Desde mediados de septiembre, la afluencia turística extranjera se ha desplomado, y ahora prácticamente solo acuden a la isla los visitantes incondicionales: jubilados del centro y del norte de Europa con botas de montaña y mochila al hombro, a quienes el volcán no ha conseguido intimidar.

El turismo es el otro gran sector económico de la isla, y también se ha visto muy perjudicado por la erupción. La Palma no dispone de una infraestructura turística muy desarrollada, a diferencia de las islas canarias más orientales. Sin embargo, las coladas de lava han destruido una parte importante del tejido turístico que había conseguido desarrollar.

"El volcán no solo ha arrasado una de las mejores zonas de cultivos de plátanos, sino también una de las mejores zonas de alojamientos turísticos de la isla", describe Manuel Negro, de la Oficina de Promoción Turística de La Palma. Se trata de casas y apartamentos rurales, viviendas vacacionales, bungalows y otros pequeños establecimientos que se encontraban en la zona devastada por las coladas de lava, en el entorno de Puerto Naos, el principal centro turístico de la mitad occidental de La Palma. "Calculamos que han desaparecido 1.000 camas. No ha afectado a ninguna gran infraestructura turística, sino a muchos pequeños y medianos propietarios", estima.

Nuestro objetivo es transmitir que La Palma es mucho más de lo que se ha llevado el volcán por delante

Aunque el turismo es quizá el sector que puede mirar al futuro con mayor esperanza, debido al efecto llamada que puede tener la erupción volcánica, algo que ya se ha visto en otros lugares del mundo, como Islandia. "Mucha gente no nos conocía y nos confundían con Palma de Mallorca o Las Palmas de Gran Canaria. Ahora, a partir del volcán, confiamos en que el que escoja La Palma ya nos conozca perfectamente y nos tenga situados en el mapa", dice Manuel Negro.

"Nuestro objetivo es transmitir que La Palma es mucho más de lo que se ha llevado el volcán por delante. De hecho, nuestro eslogan es ‘Por mil razones bonita’. Los Tilos, Marcos y Cordero, la Caldera de Taburiente… Sí que pensamos que en un futuro, si hacemos bien las cosas, lo que ha sucedido tiene que ser un reclamo para el turismo", concluye.