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La advertencia que se hizo realidad: "Hasta que no haya un blanco con viruela de mono, no se le va a dar importancia"

  • La desigualdad en la respuesta a epidemias en África y en Europa implica también menos investigación e inversiones
  • Ha ocurrido antes con brotes de ébola o zika y los expertos creen que volverá a ocurrir si no hay cambios en el modelo

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Brotes de viruela del mono o qué pasa cuando se presta poca atención a África

Virólogos y médicos en África llevaban tiempo avisando: los casos de viruela de mono estaban en aumento en los países donde es endémica en el centro y oeste del continente. Sin embargo, estos brotes nunca fueron noticia en Europa.

“Como no se veía como una amenaza para países occidentales, no se ha considerado trascendente”, lamenta en una conversación con RTVE.es el pediatra Iñaki Alegría, quien lleva años trabajando en Etiopía con otras enfermedades infecciosas como el sarampión o la lepra. Estos días su denuncia se ha viralizado en Twitter con un contundente mensaje de los científicos en República Democrática del Congo: "hasta que no haya un blanco con viruela de mono, no se le va a dar importancia".

Y ha ocurrido. La viruela del mono en África aparecía cada vez más frecuentemente en zonas urbanas y allí, donde hay más personas nacionales e internacionales y más movilidad, se volvía más difícil de controlar.

Los casos notificados a la Organización Mundial de la Salud en lo que llevamos de año superan la barrera de los 1.000 entre República Democrática del Congo, Camerún, República Centroafricana y Nigeria, la mayoría en el primero, aunque no todos ellos están comprobados por laboratorio. Mientras tanto, fuera del continente africano, la cifra roza los 200 confirmados, tras el esfuerzo de rastreo en países como Reino Unido y España.

Las voces expertas tranquilizan al recordar que la enfermedad es casi siempre leve y la variante que ha saltado a Europa es la menos virulenta. Pero podría haberse evitado. “Si nos hubiésemos dedicado a estudiar la viruela del mono en aquellos casos que se iniciaron en los años 70 en África, posiblemente ahora no tendríamos el problema que tenemos”, afirma Quique Bassat, epidemiólogo de ISGlobal, en el Telediario. Entonces, ¿por qué esperamos a que la enfermedad y sus consecuencias lleguen a nuestra puerta para actuar?

Ébola, zika y otras epidemias olvidadas hasta que llegan a Occidente

“El tema es que no es la primera vez sucede. Me recuerda mucho a lo que sucedió con el ébola”, comenta Alegría, sobre el brote epidemiológico entre 2014 y 2016 que causó más de 10.000 muertos en Liberia, Sierra Leona y Guinea. La enfermedad de altísima mortalidad no recibió la atención mediática hasta que cooperantes de Italia, Reino Unido, España y Estados Unidos se contagiaron y se desató la alerta en suelo europeo y norteamericano por algunos casos secundarios.

Otro ejemplo es el virus del Zika, según apunta Francisco Viegas, asesor de políticas de innovación médica de la Campaña de Acceso de Médicos Sin Fronteras, que ahonda en cómo afecta esta desigualdad en la financiación para investigación y recursos. “Cuando hubo un mayor riesgo de brote internacional, vino plata de todos los lados para las investigaciones de vacunas, tratamientos… Hasta que se despriorizó y en este momento no tenemos vacunas aprobadas”, señala.

La enfermedad, causada principalmente por la picadura de mosquito, sigue siendo un problema de salud pública en algunos países y algunas “organizaciones la consideran de potencial pandémico”. Sin embargo, engrosa la lista de enfermedades “desatendidas” de la Organización Panamericana de la Salud.

“Otras olvidadas son la enfermedad de chagas, la leishmaniosis, la enfermedad del sueño, el dengue, la malaria y otras tantas de las que no hay prácticamente investigación. Existen casi dos tiempos bíblicos”, prosigue Viegas. De nuevo, la clave para el olvido es que no está golpeando a los países blancos y con más recursos económicos.

Vacunas y tratamientos que existen, pero no llegan: el caso del sarampión

El agravio comparativo en los recursos disponibles para atender estas enfermedades también cuesta vidas en países como Etiopía, donde trabaja Iñaki Alegría como pediatra. “Están saltando las alarmas porque las coberturas vacunales de enfermedades como el sarampión, si ya de por sí eran bajas, están cayendo mucho más debido a la pandemia de COVID-19”, cuenta. “Si no se consigue aumentar, vamos a ver brotes epidémicos en muchos países de África y la consecuencia es que morirán niños. “¿Se hablará del sarampión cuando empiecen a aumentar los casos en Europa?”, se pregunta.

El médico llama actuar antes de que se desborde una situación como la que vivió poco antes de la pandemia en el Hospital General Rural de Gambo. “Estábamos a más de 300 % de la capacidad, tuvimos que poner camas en los pasillos, dos o tres niños por cama, montar hospitales de campaña…”, enumera al describir unas escenas que recuerdan a lo peor de la crisis sanitaria, pero con la diferencia de que el sarampión es un virus conocido, con una vacuna eficaz. “Se morían los niños por falta de oxígeno y de tratamientos. Todas esas muertes se podrían estar evitando”.

Mercado y racismo

Preguntado por las causas de esta injusticia histórica, Francisco Viegas, de Médicos Sin Fronteras, devuelve rápido: “Cuestión de mercado y de priorización de investigación”. Según su experiencia, muchos de estos países no tienen capacidad de inversión y, aunque es algo que está empezando a cambiar, les deja fuera del modelo actual de innovación médica.

“Está muy basado en monopolios. Como ha ocurrido con las vacunas de la COVID, se hace la inversión inicial por el Estado, después se licencia con exclusividad a las grandes farmacéuticas y los países siguen pagando altos precios”, explica. “Necesitamos modelos alternativos de innovación que tengan la salud pública en el centro”.

Para Iñaki Alegría, la diferencia en la preocupación si una crisis sanitaria ocurre en África o en Europa también alude a los ciudadanos. “Puedo llegar a entender que si afecta a tu país te preocupe más que si afecta a otros, pero también podemos estar hablando de casos de racismo: si afecta a las personas negras y pobres no nos importa, si afecta a las personas blancas y ricas, sí”, argumenta.

En ese sentido, el pediatra comenta sorprendido que en el reciente brote de viruela del mono en Europa casi se hayan ilustrado las noticias con fotografías de pacientes negros, con infecciones muy evolucionadas e “impactantes”. “Tenemos que pensar un poco también en la manera en la que estamos comunicando”, lanza.

Volver la vista a África

El brote de viruela del mono vuelve a evidenciar que los problemas de África son también los problemas del mundo. Pero la misma relación sucede con las soluciones. Francisco Viegas, de Médicos Sin Fronteras, pone de relieve que los avances para lograr una vacuna contra el ébola sirvieron para desarrollar la del COVID-19 en tiempo récord.

“Nunca se sabe donde puede estar la bala de plata que cure una enfermedad. Por eso es importante la investigación”, sostiene. Es una cuestión de salud pública, pero también de humanidad, “que no se deje a poblaciones desatendidas”.

Tanto Viegas como Alegría creen que si no se cambian estas dinámicas, la historia se repetirá una y otra vez con enfermedades distintas. El pediatra aconseja empezar por escuchar más las advertencias de la Organización Mundial de la Salud y sacar la cabeza del ombliguismo blanco. “Hay que escuchar también a los científicos de África, que están trabajando allí y conocen la realidad”, sugiere. Son cuestiones que “nos atañen a todos”.