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España vaciada

70 años de despoblación: las zonas rurales arrastran los efectos de la emigración

Noticia Repor 

  • La despoblación de las zonas rurales comenzó en los años 50-60 cuando se produjeron las grandes migraciones 
  • En esa época, iniciativas como el "Plan Badajoz" o el "Plan Jaén" intentaron frenar la emigración, sin conseguirlo
  • El domingo, a las 22.30 horas en el Canal 24 horas y en RTVE Play

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La emigración viene de lejos

En España hay miles de pueblos abandonados. Aldeas cuya población marchó hacia la ciudad entre los años 50 y 60 del siglo pasado. Buscaban nuevas oportunidades y servicios básicos que el campo no les ofrecía. Aunque se pusieran en marcha varias iniciativas para incentivar el freno de la despoblación como el "Plan Badajoz" o el "Plan Jaén", no lograron retener a sus habitantes y muchos de esos pueblos llevan cerca de 70 años vacíos. 

José García salió de su pueblo Retamar de Llarena, en Badajoz en 1960. Tenía 16 años. Sus tíos ya lo habían hecho, en dirección a Barcelona y él, emocionado con una nueva vida, siguió sus pasos. El cambio que le esperaba en la gran ciudad era radical: en Extremadura ayudaba a su padre a cuidar las ovejas de un tercero. Eran trashumantes y vivían en una choza de 20 metros cuadrados.

"Aquello era muy duro", cuenta José, ahora 60 años después desde su casa de Badalona ya jubilado como policía local, donde ha transcurrido gran parte de su vida laboral. Como José, miles de personas emprendieron el éxodo hacia las ciudades, dejando el campo sin un relevo que todavía se echa en falta.

Faustino Calderon documenta pueblos abandonados en su blog

Faustino Calderon documenta pueblos abandonados en su blog REPOR

Miles de pueblos quedaron deshabitados a lo largo de toda la península. Faustino Calderón muestra en su web "Los pueblos abandonados" que ha contabilizado más de 1.000, pero cree que la cifra se puede triplicar. Con él visitamos Tobes, un pueblo de la provincia de Guadalajara.

Hace años que sus muros dejaron de sentir el calor de la lumbre y sus calles, el trajín del ir y venir hacia la fuente. Porque en este pueblo, a pesar de que los últimos habitantes se fueron en los años 70, nunca hubo ni luz, ni agua corriente.

Propiciaban que la gente se fuera a vivir a la ciudad

"No invertían en infraestructuras para dotar de luz, agua, un camino en condiciones, servicio médico. La escuela la cerraban cuando quedaban pocos vecinos. No quisieron saber nada, al contrario, lo que hacían era que propiciaban que la gente se fuera a la ciudad a vivir, donde había trabajo para todos", recuerda Faustino, quién además de fotografiar los pueblos, recoge la historia viva de ellos buscando a los antiguos habitantes.

Planes fallidos para frenar la emigración

El abandono de las zonas rurales y la falta de una esperanza en un futuro mejor, empujaron a un éxodo hacia las zonas industriales que ofrecían trabajo y modernidad. El contraste entre las zonas industriales y la España rural cada vez más empobrecida hizo que se pusieran en marcha algunas iniciativas para fomentar estas áreas, como el "Plan Jaén", aprobado en 1953.

Miles de personas dejaron el campo en los años 50-60 en busca de un futuro en la ciudad

Miles de personas dejaron el campo en los años 50-60 en busca de un futuro en la ciudad REPOR

En esta provincia, la tasa de mortalidad a causa del hambre era la más alta de toda España. La sequía era un problema acuciante en la península y la construcción de pantanos originó nuevas zonas de regadío. Con las zonas de regadío se necesitaba mano de obra cercana para los nuevos cultivos y se decidió crear nuevos pueblos de "colonización".

En total, se crearon 330 nuevos asentamientos. A los nuevos pobladores se les ofrecía una casa, una porción de tierra para cultivar y en algunos casos una res; a cambio de donar una parte de la cosecha. 

El "Plan Jaén", como el "Plan Badajoz" y otros que se implementaron intentaba también atraer la industrialización a estas zonas, y evitar en la medida de lo posible la emigración hacia las grandes ciudades.

El objetivo era aumentar el nivel de renta per cápita de la provincia

"El objetivo era aumentar el nivel de renta per cápita de la provincia, evitar que la gente se fuese y emplearla en una economía mucho más diversificada y menos dependiente de la agricultura", relata Vicente José Gallego Simón, investigador de la Universidad Internacional de Andalucía, quien ha publicado diferentes estudios sobre el tema.

Las industrias que se fueron creando tuvieron una vída efímera

"Las industrias que se fueron creando, la mayoría de las veces tuvieron una vida efímera. Al final, después de una década, parte de la gente acabó emigrando", añade Gallego Simón.

Fue la sensación de abandono lo que nos echó de allí

Antonio Ojeda regenta el restaurante El Puente en Estación de Espeluy (Jaén). Él vivió en uno de los nuevos pueblos que se crearon en la época: "Lo que recuerdo cuando llegué con 9 años era mucha sed, una sed que todavía continúo teniendo".

Él venía de la Sierra de Segura, de La Cabañuela, una aldea junto a un pantano rodeada de ríos. La zona se convirtió en coto de caza. "Allí se vivía del ganado. En el momento en que introdujeron los ciervos, el otro ganado estorbaba. Ya no podían estar en los vedaos. No se podían tener y eso era el sustento principal. Allí la agricultura era para el autoconsumo", rememora. 

Fue el hambre y la sensación de abandono lo que nos echó de allí

Antonio recuerda que en su casa no tenían luz, a pensar que a pocos metros del pueblo estaba la presa que generaba electricidad. Recuerda que en el pueblo había un teléfono, pero que estaba reservado para el coto y que ellos no lo podían utilizar. "Fue el hambre lo que nos echó de allí y sobre todo la sensación de abandono", sentencia Antonio.

Él junto con buena parte de los vecinos de su pueblo se instalaron en Espeluy, pero muchos acabaron emigrando. "Tengo dos hermanas que viven en Gerona, tengo primos en Madrid, en Bilbao… en la mitad de España".

El estancamiento demográfico genera envejecimiento

Son pequeñas historias de esa España que se fue vaciando a mediados del siglo pasado y que, en muchas zonas, arrastra aún las consecuencias. Lo estudian desde hace años también en la Universidad de Zaragoza y desde la universidad internacional de Andalucía, el investigador Vicente José Gallego Simón, explica el problema que acarrea esa migración interna española a las ciudades: "El estancamiento demográfico, al final lo que está generando es envejecimiento: falta de relevo generacional y a corto y medio plazo despoblación".

"Es un problema de población, pero es también un problema de falta de inversión. Si no hay inversiones importantes, ese vaciamiento es inevitable. Yo más que la España vaciada diría la España sin oportunidades", concluye Gallego Simón.

Objetivo: atraer población

Las estampas de la historia rural acaban dibujando un mapa de la situación. Una de estas instantáneas nos la ofrece El Centenillo, un pueblo minero de la provincia de Jaén. En 1964, las minas dejaron de funcionar y el pueblo entero se marchó. Unos a pueblos cercanos, la mayoría a las grandes ciudades. Julia y Vicente se marcharon a Barcelona. Allí hicieron su vida, tuvieron hijos. Ahora, una vez jubilados, han decidido regresar a El Centenillo, un pueblo que ha ido recuperando las viviendas en los últimos años.

La Quintería es uno de los pueblos que se crearon para colonizar zonas rurales

La Quintería es uno de los pueblos que se crearon para colonizar zonas rurales REPOR

Julia está orgullosa de haber regresado al pueblo de su infancia, donde quiere acabar sus días. Ella y su marido son de los pocos habitantes que viven durante todo el año, porque este pueblo, como muchos otros, se ha convertido sobre todo en un lugar de veraneo.

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El turismo puede ser una tabla de salvación para muchos lugares que se han ido despoblando. Pero solo es eso un remedio pasajero que no acaba de conseguir fijar población en el territorio. 

Que los vecinos se queden a vivir todo el año, es el objetivo de Fernando Marín, el alcalde altruista de Magaña (Soria) desde hace 22 años. A cuenta gotas va consiguiendo atraer población. Patricia, la guarda forestal, Toñi, la encargada del bar y Amanda y Daniel que tienen 1.000 ovejas en pastoreo extensivo.

En Magaña, Soria, luchan para atraer población

En Magaña, Soria, luchan para atraer población REPOR

"Ya nos tenemos que dejar de hablar de despoblación, vamos a actuar contra la despoblación", dice tajante Marín quien arrastra la sensación de abandono de hace décadas en muchas de las zonas rurales. "¿Cuánto hace que un político prometió que iba a dotar de cobertura a todo el mundo rural?", se pregunta Marín, y añade: "Se acabó su mandato, vino otro lo volvió a prometer, se volvió a acabar, vendrá otro…".

Igual que yo tengo mis impuestos, quiero tener los mismos derechos

En Magaña consiguieron, después de mucho insistir, que una compañía instalara internet y pueden disfrutar de cobertura desde hace unos meses, pero son la excepción. "No puede ser que la sanidad rural se haya visto aún más perjudicada por la pandemia, eso yo no lo acabo de entender. Igual que yo tengo mis impuestos, quiero tener los mismos derechos", demanda Marían, quien considera que es necesario conocer de cerca los problemas de estas zonas para actuar en consecuencia.

La educación como premisa

Toñi hace apenas unos meses que se ha instalado en esta localidad, en la zona de las Tierras Altas de Soria, una de las más despobladas de la península. "Es el pez que se muerde la cola. No hay servicios porque no hay población y no hay población porque no hay servicios ¿qué fue primero el huevo o la gallina?", se pregunta.

Son muchas las iniciativas que se han puesto en marcha para atraer población a las zonas rurales, que poco a poco van dando sus frutos. Amanda y Daniel tienen una ganadería extensiva con más de 1.000 ovejas. Hace 14 años que decidieron dejar su trabajo en la ciudad y dedicarse a la ganadería. Hace 4 años que viene en Magaña.

Amanda, más allá de los problemas de las zonas rurales como la falta de conexión a internet, los servicios médicos, y otro tipo de infraestructuras, apunta a otro problema de fondo: "Yo creo que el mayor error que hay es en la educación. Cuando somos niños nos inculcan que tenemos que hacer ciertas carreras que se supone que tienen triunfo y muchas veces se ignoran muchas otras que hay como la agricultura o la ganadería".

Para ella, ese sería el punto de partida del cambio efectivo: "Habría que empezar por aquí. Educar bien a las nuevas generaciones, a los jóvenes, para que ellos decidan libremente si quieren dedicarse a una u otra cosa".

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