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Cine

El arte en movimiento: un libro repasa la historia de la animación

  • La cineasta y escritora María Lorenzo Hernández publica La imagen animada. Una historia imprescindible
  • Más noticias sobre cómic y animación en ‘El Cómic en RTVE.es

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Los Looney Tunes
Los Looney Tunes Warner Bros

Aunque a veces se siga identificando animación con infancia, hace mucho que la animación demostró su potencial para ser el arte definitivo, porque combina lo mejor de casi todas las otras artes (dibujo, literatura, pintura, música, cine…) Posiblemente ahora viva su edad de oro, pero para llegar aquí ha hecho falta un largo camino que la cineasta, animadora, profesora, Doctora en Bellas Artes y escritora María Lorenzo Hernández (Torrevieja, 1977) recoge en el libro La imagen animada. Una historia imprescindible (Diábolo ediciones).

“Tenía clara la necesidad de escribir un libro que pusiera en valor la historia de la animación -nos cuenta-. Con frecuencia, la animación es un mero complemento o apéndice en los libros sobre cine y se carece de una perspectiva global sobre su origen, su influencia y su evolución. Sin embargo, sin la animación no existiría el cine, ya que este es fotografía animada. Por otro lado, mi formación no es como historiadora, sino como animadora, y por eso me interesa indagar en los procesos y procedimientos artísticos y técnicos, para comunicarlos como un relato ameno para cualquier persona, iniciada o no, en cultura cinematográfica”.

“Para mí –añade- ha sido importante dar a conocer aquellos pioneros que fueron los D.W. Griffith, los Orson Welles o los Jean-Luc Godard de la animación: personas que crearon un lenguaje desde cero, y que hoy es omnipresente en todos los medios de comunicación. Por eso la imagen animada es realmente imprescindible en la cultura contemporánea”.

La imagen animada. Una historia imprescindible

De los primeros dibujos animados a ‘Toy Story’

La cineasta María Lorenzo Hernández (La noche del océno) nos cuenta qué es lo que nos vamos a encontrar en este libro: “El relato va desde 1895, fecha de la invención del cinematógrafo, hasta 1995, que es cuando se consolida la animación por ordenador con el estreno de Toy Story. La animación ya existía desde siglos antes, pero con el cine se multiplican sus posibilidades: sin la fotografía secuencial habría sido imposible animar con objetos o muñecos, o dibujar historias animadas de larga duración. Por su parte, el ordenador plantea una revolución similar a la del cinematógrafo por la multiplicación de posibilidades que significa para la animación”.

“El libro está dividido en ocho capítulos –nos explica-, dedicados correlativamente a los pioneros del trucaje en el cine, como Méliès o Chomón; los caricaturistas que impulsaron la animación comercial, como Winsor McCay o Max Fleischer; los artistas animadores de la Vanguardia europea; los maestros del stop-motion; la animación hollywoodiense, desde Disney y las grandes majors hasta la reinvención del cartoon para televisión; la animación en los países socialistas; genios de la animación en la segunda mitad del siglo XX; y finalmente, el desarrollo de la animación por ordenador”.

Un completo reportaje sobre uno de los más destacados pioneros del cine, la animación y los efectos especiales. Más de 100 años después de sus primeros films, sus trucos siguen siendo claves para el 7º arte.

Los orígenes de la animación: Meliés o Segundo de Chomón

Preguntamos a María cómo nació la imagen animada y cuáles fueron sus pioneros: “Algunos historiadores afirman que la animación en el cine pudo surgir desde su inicio, tan pronto como a algún operario se le ocurriera la idea de grabar solo unos pocos fotogramas, en vez de una toma continua. Lo que está claro es que la animación pudo tener muchos descubridores a la vez: en sus memorias, Méliès contaba que en 1900 realizó una película publicitaria animando las letras del nombre del producto, lo que sería un uso temprano de lo que hoy llamamos Motion Graphics (aunque no se ha conservado)”.

“En las películas de Edison –continúa María- también se animaron intertítulos de algunas películas mudas, y fueron también los artistas de Vitagraph, su productora asociada, los que animaron las primeras películas de dibujos y de stop-motion que se conocen y tienen un impacto en el público”.

Entre estos “inventores” de la animación destaca un español, el turolense Segundo de Chomón (1871-1929). “Como pionero –explica María-, Segundo de Chomón cumple un papel mucho más importante de lo que suele creerse: la casa Pathé lo contrató a propósito para que imitase las películas de Méliès, pero él va más allá de imitar los trucos ya conocidos e inventa los suyos propios, como la pixiliación (animar con seres humanos), la animación con materias maleables, con siluetas negras, ¡incluso pintó murales animados! En su tiempo, fue el mejor director de fotografía de Europa, y es indiscutiblemente el principal pionero del cine español, pero hoy ni siquiera se conoce dónde yacen sus restos mortales”.

Días de Cine - 150 aniversario de Segundo de Chomón

La relación entre el cómic y la animación

El libro dedica un capítulo a explicar la relación entre el cómic y la animación, cuyos orígenes fueron casi complementarios. “El cómic tuvo un desarrollo extraordinario en la primera década del siglo XX –asegura María-, y esto fue gracias a la visión de magnates de la prensa como William Randolph Hearst o Joseph Pulitzer, que estaban deseosos de vender sus periódicos a la enorme población de inmigrantes que llegaba a Estados Unidos, pero que no sabían inglés… ¿Cómo lo hicieron, entonces? Pues incluyendo narraciones visuales en sus periódicos, compuestas de dibujos extraordinarios, a color, con historias que llenaban páginas enteras. Por eso el cómic brilló tanto en esa época”.

“Al mismo tiempo –añade-, muchos dibujantes de cómic también se dedicaban al vodevil, como Winsor McCay, que tenía su propio show semanal en un teatro, donde dibujaba historias en directo, ante el público. En un momento en que perdió momentáneamente los derechos de su cómic más famoso, Little Nemo in Slumberland, decidió seguir trabajando con su personaje, pero convirtiéndolo en un personaje cinematográfico, dibujándolo él mismo, miles de veces, para crear películas cortas que maravillaban a los asistentes del teatro”.

“Como animador –continúa la autora-, McCay fue su propio jefe: dibujaba sin prisas y filmó verdaderas obras de arte, escasas pero preciosas. Empresarios como Hearst no tardaron en ver el potencial que tenían los cómics de sus propios periódicos, y a partir de 1915 formaron los primeros estudios de animación comerciales de Estados Unidos, de los que salieron series que se distribuyeron mundialmente, como Krazy Kat (a partir del personaje de George Herriman) o Mutt & Jeff (dirigida por su propio creador, Bud Fisher)”.

Las primeras estrellas animadas: Félix el gato, Betty Boop, Popeye...

A partir de los años 20, las productoras se lanzaron a realizar cortometrajes protagonizados por algunos personajes que se hicieron enormemente populares, como Popeye, Superman, Betty Boop o… “Félix el gato fue, después de Charlot, el personaje cinematográfico más popular de los años 20 –asegura María-. Y esto sucedió gracias a la transversalidad del personaje: no solo podía verse en el cine y en tiras cómicas, sino que se comercializó como juguete, su imagen servía para vender todo tipo de productos, etc. Fue una estrella animada que, a ojos del público, tenía el mismo carisma que otros personajes de ficción cinematográfica”

“Y ese es el secreto del éxito de las series con personajes que surgen en ese periodo –añade-. Se trata del Star System de sus respectivas productoras, personajes memorables que llevaban al público a un mundo imaginario, porque, como dibujos animados, eran capaces de hacer todo tipo de cosas. Además, la relación con el Star System hollywoodiense no es casual, ya que estos estudios se asocian con grandes majors para efectuar su distribución –por ejemplo, el estudio Fleischer fue durante veinte años la rama de animación de Paramount“.

“Curiosamente –continúa la directora-, el estilo de este estudio tendría una influencia enorme en los inicios de la industria animada de países tan lejanos como China o Japón, e incluso puede decirse que la estética de un mangaka tan aclamado como Osamu Tezuka, el padre del anime desde los años sesenta, debe muchísimo a los cartoons de personajes como Betty Boop. Aquellas estrellas animadas representaron la tendencia más surrealista y transgresora del dibujo animado y, aunque fueron ensombrecidas por el éxito de Disney, hoy en día tienen una enorme influencia sobre muchas producciones, como puede verse en el popular videojuego Cuphead”.

'Betty Boop', una de las primeras estrellas de la animación

La animación europea de vanguardia

La animación también ha tenido una larga y fructífera relación con el arte, sobre todo con las vanguardias europeas de los años 20 y 30, a los que el libro dedica un capítulo. “La animación es un arte de base tecnológica; por tanto, nunca se ha dejado de experimentar con ella –asegura María-. La experimentación conduce a los descubrimientos, y esto es realmente lo que pasó con muchos de estos artistas europeos en los años 20 y 30 del pasado siglo. Uno de los artistas más recordados de esa época es Oskar Fischinger, que creaba animaciones abstractas, sincronizadas con temas musicales; pero Fischinger no solo era pintor y cineasta, sino que también era ingeniero y patentó sus propios dispositivos y procedimientos para crear imágenes en movimiento”.

“Otra pareja importante de animadores –añade la directora- fue la compuesta por Alexandre Alexeïeff y Claire Parker, que animaban historias oníricas, surrealistas, como si fuesen grabados en movimiento; esto lo consiguieron gracias a una máquina de su invención, la pantalla de agujas, que permitía animar dibujos de claroscuro –por ello, sus obras se han comparado con los dibujos de Goya o Miguel Ángel–“.

“En general –concluye-, estos artistas buscaron lo contrario que se hacía en la animación americana: frente a métodos de animación estandarizados como el dibujo animado, ellos creaban sus propias técnicas y desarrollaban temas diferentes, más basados en la musicalidad que en la narración. Y, curiosamente, su principal fuente de ingresos fue la producción de filmes publicitarios: en aquel entonces, los anuncios que se emitían en los cines eran películas suntuosas, extensas, musicales y en color; debían atrapar la atención, por lo que se apreciaba que fuesen diferentes a lo establecido. En este sentido, sigue existiendo una tendencia experimental muy marcada en géneros como el videoclip, el spot publicitario y, sobre todo, en el cortometraje de autor”.

Quirino Cristiani, el autor del primer largometraje de animación

Gracias a los Premios Quirino de la Animación Iberoamericana, estos últimos años se ha recuperado la figura del argentino Quirino Cristiani (1896-1984), que realizó el primer largometraje de animación en 1917: El apóstol. “Quirino Cristiani es un personaje que me despierta una enorme simpatía –asegura María-. Solo tenía 19 años cuando se inició en la animación de manera autodidacta, a partir de realizar caricaturas en directo para un noticiero producido por Federico Valle. Pero el productor le recordó que el cine es movimiento, y que él debía encontrar la forma de hacer que sus dibujos se movieran. Cristiani convirtió sus caricaturas en marionetas planas, y así filmó sus primeras películas”.

“A veces –añade-, los pioneros lo son porque no tienen miedo, no tiene con quién compararse y tienen el empuje y la valentía de intentar nuevas cosas. Esto es algo que deben recordar siempre los estudiantes de animación: a menudo les abruma la capacidad de los artistas que admiran y se cohíben a la hora de desarrollar sus proyectos, ahogados por la autoexigencia. Pero Cristiani, simplemente, se sentó a trabajar con su propia visión y muy poquitos medios, los suficientes para crear un largometraje, él solo, en 1917: El apóstoluna sátira política que fue muy bien recibida”.

“La producción de Cristiani fue muy extensa –concluye María-, incluyendo dos largometrajes más y varios cortos; desgraciadamente, se perdieron las copias y los materiales originales durante dos incendios, lo que hizo muy difícil a los historiadores argentinos reivindicar su importante papel. Hoy en día se conserva el “making of” de su tercer largometraje, Peludópolis, lo que permite comprender su original y laboriosa técnica”.

Cartel de 'El apóstol'

La explosión: Disney, Warner y Hannah Barbera

Los cincuentones de la actualidad somos conscientes de la influencia que tuvieron para nosotros las que quizá hayan sido las productoras más famosas de la animación del Siglo XX: Disney, Warner y Hanna Barbera. “Aunque es evidente que Blancanieves y los siete enanitos no fue el primer largometraje de animación –asegura María-, sí fue, como reza la publicidad, “The One That Started It All”, por cuanto la animación de Disney dejó de ser cartoons, caricaturas, para ser películas, en el amplio sentido de la palabra: tenían que emocionar, el público tenía que conectar, porque ya no era suficiente con mostrar una sucesión de gags, sino que la historia y los personajes debían completar su propio arco de desarrollo. Además, con este filme, la animación dibujada alcanzó la perfección formal que Disney deseaba, con personajes humanos que se movían con verosimilitud”.

“Por su parte –añade María-, otras compañías plantearon a Disney una competencia muy considerable durante los años 40 y 50, como la UPA, MGM o la mencionada Warner. El caso de Warner es llamativo porque realizaban cartoons muy baratos, pero invertían mucho en los gags y, sobre todo, en que sus personajes fuesen muy carismáticos”.

“Todos estos estudios tuvieron su propia personalidad y fueron emblemáticos –nos explica María-. Sin embargo, la decadencia del Hollywood clásico, que se debió a la creciente popularidad de la televisión, así como a los cambios legislativos que regulaban la distribución del cine, pusieron punto y final a las unidades de animación de las majors. Cientos de animadores se fueron al paro, al mismo tiempo que veían cómo sus antiguos cartoons se emitían en las televisiones, sin ganar ellos ni un céntimo a cambio”.

“Pero –continúa- dos de estos artistas, William Hanna y Joe Barbera, tomaron la decisión de optimizar aquello que sabían hacer para que pudiera adaptarse a un medio mucho más barato y que demandaba muchas horas de programación: la televisión. La animación creada para televisión fue originalmente una especie de “radio con imágenes”, con protagonismo de los diálogos, y con un detrimento importante de la calidad de la animación, dando origen a la llamada “animación limitada”; pero no hay que olvidar que la forma sigue a la función: los diseños para animación televisiva se simplificaron en extremo, pero resultan contundentes y llamativos, resaltan el carácter del personaje. Generaciones enteras hemos crecido viendo estos personajes en pantalla, y nuestros hijos los seguirán conociendo porque no dejan de producirse reboots”.

Página del libro 'La imagen animada. Una historia imprescindible'

El largometraje animado más antiguo que se conserva lo dirigió una mujer

El libro también destaca el papel de las mujeres en la historia de la animación. “Las mujeres, aunque invisibles, jugaban un papel fundamental en la industria del dibujo animado, ya que solían ejecutar el trabajo peor pagado: el de coloristas –asegura María-. Es más, en Disney los equipos de coloristas estaban formados únicamente por mujeres, mientras que estaban excluidas del departamento de animación; solo en el departamento de Concept Art –o desarrollo visual– se podían encontrar trabajando tanto a hombres como a mujeres, pero, a pesar de que realizaban el mismo trabajo, las mujeres cobraban menos, y esto es algo que debemos recordar cada vez que se cuestionen las políticas dirigidas a estimular la empleabilidad de las mujeres en el cine”.

“Por otro lado –añade María-, en algunos ámbitos geográficos, las mujeres animadoras han jugado papeles muy importantes, sobre todo en los inicios de esta industria en algunos países. Lotte Reiniger es la pionera más conocida porque fue también la que tuvo una carrera más extensa, abarcando 60 años de producciones; también fue la primera mujer que dirigió un largometraje de animación, Las aventuras del príncipe Achmed, en 1927 (siendo el largometraje animado más antiguo que se conserva)”.

“Pero no hay que olvidar a las hermanas Brumberg, pioneras de la animación rusa –añade-; a Hermína Týrlová, maestra de los grandes animadores checoslovacos; a Chen Bo’er, actriz y cineasta china; y un largo etcétera de animadoras que hicieron tándem con sus parejas, como Joy Batchelor, Faith Hubley, Claire Parker, etc., aunque con frecuencia no se les ha reconocido como artistas por derecho propio”.

“La animación dirigida por mujeres –concluye María- cobra mayor fuerza a finales del siglo XX, con directoras de fama mundial como Brenda Chapman o Joanna Quinn, y hoy en día es posible encontrar a numerosas animadoras que ayudan a romper el famoso techo de cristal. En nuestro país, varias mujeres han cumplido ese papel: Mayte Ruiz de Austri, Isabel Herguera, Begoña Vicario, etc”.

‘Toy Story’ y la revolución de la animación por ordenador

Esta historia acaba con la llegada de Pixar, que revolucionó la historia de la animación: “El último capítulo del libro está dedicado a la animación por ordenador, que en sí tiene una historia más extensa y variada de lo que puede parecer –asegura María-. Recuerdo, en mi adolescencia, ver en la televisión la que fue la primera serie de animación 3D: Fábulas geométricas, una producción francesa, lo que demuestra que pioneros del 3D hubo muchos, y en zonas tan diferentes como Canadá o Brasil”.

El videoclip y la publicidad serían, en los ochenta, ámbitos privilegiados para el desarrollo de la animación 3D –continúa María-, e incluso el primer personaje de animación creado con Motion Capture fue una marioneta virtual, que el entrañable Jim Henson encargó para uno de sus programas de televisión”.

“Pixar –añade-, hace grandes aportaciones tecnológicas a la animación computerizada desde su fundación como una unidad de efectos en Industrial Light & Magic, pero, a partir de su independencia de George Lucas y de comenzar su colaboración comercial con Disney, replantean por completo la concepción que se tenía de la animación 3D, convirtiéndola en un cartoon en volumen, o, en otras palabras, cumpliendo el sueño de John Lasseter de unir el arte del dibujo animado tradicional a la tecnología”.

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“Los cortometrajes de Pixar y, ulteriormente, Toy Story, trasladan al ordenador la práctica y la visión de los animadores clásicos -comenta la autora-, es decir, los mismos principios que convirtieron las producciones Disney en filmes memorables, y que directores como John Lasseter habían aprendido durante su experiencia como artistas de Disney. Una de las grandes pioneras de la animación por ordenador, Rebecca Allen, ya anunció que la animación por ordenador solo evolucionaría cuando no fuesen solo los ingenieros, sino también los artistas, quienes pudiesen aportar su visión”.

Preguntamos a María si este libro continuará con la historia de la animación por ordenador: “Escribir este libro me ha resultado fascinante porque, a pesar de haber impartido clase de Historia de la Animación durante numerosos años, ha sido la ocasión perfecta para aprender muchísimo, a través de cientos de lecturas y revisitar muchos filmes. Creo que uno debe escribir sobre aquello de lo que quiere aprender, lo que siempre es un momento de relax y diversión. Pero mi proyecto favorito ahora mismo sería comenzar un nuevo cortometraje. Es posible que, entre corto y corto, me decida a comenzar un nuevo libro”.

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