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Las claves de la semana

Barrios ricos, perfil joven y variante Delta: claves de la quinta ola de COVID

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 Varios jóvenes sin mascarilla en una calle del centro de Barcelona
Varios jóvenes sin mascarilla en una calle del centro de Barcelona REUTERS

Vivimos un verano de contradicciones pandémicas. Pese al aumento de los contagios, Reino Unido ha instaurado la libertad de quitarse la mascarilla, al tiempo que en España continúa la escalada de restricciones. En Francia, exigir pauta completa para, por ejemplo, entrar en los bares, parece haber impulsado la vacunación; pero en Estados Unidos la estrategia de regalar hasta hamburguesas podría haber tocado techo. Y mientras que el Gobierno alemán ruega a su población que siga vacunándose, los españoles continúan haciendo cola para recibir un pinchazo.

Hay motivos para el optimismo en forma de inyección, pero los datos nos recuerdan que es pronto para despedir al virus. A continuación, un repaso a algunas claves de esta nueva ola.

1. Una curva que se dispara

El espejismo del adiós definitivo a la pandemia en este segundo verano de coronavirus ha durado poco. A pesar del considerable avance de la vacunación, el virus no ha esperado a septiembre para dejar claro que sigue entre nosotros y a mediados de julio la incidencia acumulada en España ya había superado el pico de la segunda ola.

Aunque la velocidad empieza a reducirse, la curva de casos se eleva desde finales de junio, cuando el ritmo de crecimiento de la COVID-19 alcanzó su valor máximo hasta la fecha. "Quitando la primera ola, por supuesto, nunca ha habido un pico de Rt -número reproductivo del virus- mayor", destaca Saúl Ares.

El investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, experto en modelos matemáticos y análisis de datos destaca, además, que el anterior récord en el ritmo de contagio en España se registró también en verano, a mediados de julio pasado: "Como en junio la incidencia era bajísima, nos creímos que habíamos ganado la partida al virus, nos confiamos, y lo dejamos volver a expandirse como quiso".

Todas las comunidades autónomas, con Cataluña a la cabeza, registran ahora una tasa de contagios en nivel de riesgo extremo. Un crecimiento "explosivo", en palabras de Ares, que ha llevado a una nueva escalada de restricciones y a la vuelta del toque de queda, una herramienta que parecía haber quedado atrás tras el fin del segundo estado de alarma.

Las comunidades recurren al toque de queda para frenar la quinta ola

Y si la curva en España impresiona, la de los continentes no se queda atrás. Por primera vez desde abril, Europa reporta más casos diarios en relación a su población que América Latina y el Caribe, la región más afectada en este sentido. A finales de julio, el continente registra una media superior a 180 casos por cada 100.000 habitantes al día.

2. Una variante en boca de todos

La quinta ola tiene nombre propio: Delta. La variante anteriormente conocida como india, con una carga viral 1.000 veces más alta que la cepa original, está presente en prácticamente todos los países con datos de secuenciación que recoge Our World in Data.

La evidencia científica apunta, además de a la mayor carga viral, a una incubación más rápida: si por lo general hacen falta seis días para que una persona contagiada sea infecciosa, en el caso de la variante Delta este periodo se reduce a cuatro días. "La combinación de una gran cantidad de virus con un periodo de incubación más corto puede explicar la alta transmisibilidad de Delta", razonaba el epidemiólogo Benjamin Cowling, de la universidad de Hong Kong, en declaraciones recogidas por Nature.

Una alta transmisibilidad es una amenaza exponencial, como explicaba la profesora Zeynep Tufekci: "Si un virus que antes podía infectar a tres personas de media ahora puede infectar a cuatro, parece un incremento pequeño. Pero incluso empezando con solo dos infectados en ambos escenarios, al final de diez rondas de contagio la variante más transmisible causaría 2,9 millones de casos, frente a los 177.000 de la menos transmisible".

"Cuanto mayor sea la incidencia, más cepas aparecen", explica la doctora Carmen Ezpeleta, experta en variantes COVID del Hospital de Navarra. Por el momento, las vacunas desarrolladas el año pasado han demostrado ser efectivas en gran medida frente a las nuevas variantes, incluida la Delta. Pero cada contagio es una nueva oportunidad para el virus.

3. Un grupo especialmente señalado

"Mirando los datos, lo que más llama la atención es que los positivos no se traducen en hospitalizaciones en la misma medida que en las olas anteriores", señala Saúl Ares. Ese hecho tiene que ver con otra de las características que han marcado esta quinta ola: la incidencia disparada entre los jóvenes, el grupo menos vacunado de la población.

La tasa de casos registrados por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días es superior a 1.800 dentro del grupo de 20 a 29 años, y roza los 1.500 entre los jóvenes de 12 a 19 años. Aunque el ritmo de contagio en estos grupos se está frenando, su incidencia acumulada es al menos 20 veces superior a la de los mayores de 50 años.

"Con estos números, es normal que sean los jóvenes, que además no están vacunados, los que acaban en el hospital", explica Ares. En olas anteriores, los contagios ocurrían más o menos a la vez en todos los grupos de edad. La vacunación ha hecho necesaria más circulación del virus para que el efecto se empiece a notar en los ingresos. "Antes uno de cada diez positivos detectados en la población general acababa siendo un ingreso hospitalario. Ahora, en Madrid, ha llegado a ser uno de cada 40".

Ares destaca el efecto de la vacunación -"si algo se puede concluir es que las vacunas están protegiendo, porque si no la curva de muertes ya habría empezado a subir de forma más potente"- al tiempo que matiza el peso de la nueva variante en la expansión del virus: "Delta es Delta, pero sabemos que hay un montón de cosas que han cambiado. Hemos dado al virus por vencido, hemos abierto el ocio nocturno, nos hemos relajado… Querer echarle las culpas de todo a Delta es intentar quitarnos a nosotros cualquier responsabilidad".

4. Una distribución inicial distinta

Hace un año, al acabar el primer estado de alarma -ahora inconstitucional-, se señalaba el impacto de la COVID en las familias con rentas más bajas. Los brotes entre temporeros fueron los más comentados, pero también entre aquellas personas que no podían permitirse teletrabajar y tenían que acudir presencialmente a su lugar de trabajo. La segunda ola dejó una situación similar.

En Madrid, el distrito de Puente de Vallecas registró una incidencia de más de 950 contagios, con Usera y Villaverde rozando los 850. En Barcelona -con menor incidencia en general-, Nou Barris, Ciutat Vella y Sants-Montjuïc superaran los 400 casos.

¿Qué tienen en común esas seis zonas? Son los distritos con las rentas medias por hogar más bajas de sus respectivas ciudades. Y es que al principio de la segunda ola se podía ver una relación inversamente proporcional entre la renta y la incidencia: a menor renta, más casos.

En cambio, el brote que comenzó a finales de junio apunta a una situación inicial distinta. En la Ciudad Condal, que lleva más de una semana de adelanto con respecto a los incrementos a nivel nacional, los datos mostraban la tendencia contraria: a más renta, más casos. Y una situación similar registra la capital unos días después, donde los distritos con las rentas más altas -Chamberí, Salamanca, Moncloa-Aravaca o Chamartín- ocupan ahora los primeros puestos en cuanto a incidencia acumulada.

La tendencia se va suavizando a medida que pasan los días y el virus se expande. Y tanto en Madrid como en Barcelona hay excepciones: por un lado, el distrito Centro, cuya singularidad podría contribuir a que la tasa de contagios sea tan elevada -900 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días- aunque su renta no esté entre las más altas; y por otro, Ciutat Vella, que se acerca a los 1.000 contagios a pesar de ser el distrito barcelonés con menor renta.

Pero los datos de renta e incidencia por distritos sugieren una diferencia socioeconómica respecto a las olas anteriores que habrá que analizar con más información desagregada, pero que para Saúl Ares "tiene sentido, desde la premisa de que en este caso los contagios se piensa que se dan más en el ocio que en el trabajo". Más del 80 % de los brotes identificados en la última semana en la Comunidad de Madrid estaban relacionados con el ámbito social. "Y sabemos que quien tiene más posibilidades es quien tiene más ocio", reflexiona el experto.

En el siguiente gráfico puedes comparar la incidencia acumulada actual de los distritos madrileños con la del pico de segunda ola:

Y en el siguiente gráfico, de un vistazo, la comparación para Barcelona:

PD. Un nuevo hito de vacunación

Esta semana, España ha superado los 25 millones de personas vacunadas con pauta completa. El objetivo del 70 % -con todas las dudas que presenta ese umbral establecido al principio de la pandemia- está cada vez más cerca, pero alcanzarlo ha resultado ser complicado en algunos países que se acercaron antes que nosotros.

Reino Unido, Alemania o Israel, con tasas de cobertura amplias, han visto cómo el ritmo de vacunación ha disminuido. Y a diferencia de los muchos países que no reciben las dosis suficientes -en África apenas el 3 % de la población ha recibido al menos una dosis-, en Occidente el problema no es de falta de suministro.

"Sin urgencia inmediata, el espacio para sopesar supuestos pros y contras se vuelve mayor", argumentaba esta semana el sociólogo Jorge GalindoLa nueva ola ha evidenciado aún más el efecto de la vacunación. Que ese efecto se extienda por todo el mundo es necesario es el gran reto.

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