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El médico que recupera a las mujeres violadas y la joven que dignificó la humillación de los yazidíes

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Mukwege fundó en 1999 el Hospital Panzi en Bukavu, en el este del Congo.
Mukwege fundó en 1999 el Hospital Panzi en Bukavu, en el este del Congo.

El congoleño Denis Mukwege, galardonado con el Nobel de Paz junto a la joven iraquí Nadia Murad, es un médico que lleva años intentando la recuperación psicológica y física de las mujeres violadas en el curso de los conflictos armados.

"El cuerpo de la mujer se ha convertido en un campo de batalla" y "las violaciones en un arma de guerra demasiado eficaz", aseguró el cirujano con motivo del Premio Sajarov que le concedió el Parlamento Europeo en 2014.

Mukwege siempre ha tenido claro que las violaciones a cargo de militares son "una potente arma de guerra".

Nacido en 1955 en la República Democrática del Congo (RDC), Mukwege fundó en 1999 el Hospital Panzi en Bukavu, en el este del Congo. Allí trata a las mujeres que son violadas por los grupos armados, muchas veces en grupo, usadas como un arma de guerra más, y se ocupa de aminorar los efectos devastadores de esos daños, tanto físicos como morales, con una prioridad: "No debemos precipitarnos con una operación si no hemos recuperado psicológicamente a esa mujer".

Para ello cuenta con un equipo de asistencia social, psicológica y psiquiátrica, que ayudan antes de proceder a un tratamiento quirúrgico complicado, ya que muchas mujeres acuden con destrozos físicos en su aparato genital.

El doctor congoleño Denis Mukwege y la activista yazidí Nadia Murad han obtenido el Nobel de la Paz 2018 "por sus esfuerzos para terminar con el uso de la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados", según ha informado el Comité Nobel Noruego. Mukwege (1955) "ha dedicado su vida a defender a las víctimas de violencia sexual en tiempos de guerra" y Murad "es el testigo que cuenta los abusos perpetrados contra ella y contra otros", argumenta el comité Nobel para conceder el galardón. En cuanto a Murad (1995), el Comité Nobel recuerda que es "una de las cerca de 3.000 niñas y mujeres que han sufrido abusos sexuales como parte de la estrategia militar de Estado Islámico que usaban ese tipo de violencia como un arma contra los yazidíes y otras minorías religiosas".

Este médico congoleño siempre ha tenido claro que las violaciones a cargo de militares son "una potente arma de guerra", que busca "destruir no solo físicamente a la mujer, sino a toda la comunidad a la que pertenece" y que se prolonga cuando se producen embarazos de niños no deseados.

Hijo de un ministro pentecostal, estudió Medicina en Burundi y después comenzó a hacer prácticas en el Hospital Cristiano de Lemera, en Kivu del Sur.

Especializado en Obstetricia y Ginecología

Conmocionado por las ablaciones que sufrían las mujeres en el país decidió especializarse en Obstetricia y Ginecología y después de completar su formación en Francia regresó a Kivu del Sur en 1989. Como cirujano jefe, él y su equipo han intervenido a miles de mujeres víctimas de violaciones y de la ablación.

En 2012 Mukwege sufrió un atentado en el que murió uno de sus colaboradores.

En su trayectoria no lo ha tenido fácil porque Mukwege ya tuvo que dejar el Hospital de Lemera (Kivu del Sur), tras ser destruido el 6 de octubre de 1996 en un ataque que precedió a la Primera Guerra del Congo (1996-1997), que derrocó al dictador Mobutu Sésé Seko. En octubre de 2012 Mukwege sufrió un atentado en el que murió uno de sus colaboradores.

“Para mí cada mujer violada es como si fuera mi mujer, cada madre violada, es como si fuera mi madre y cada niño, como si fuera mi hijo”, señaló también Mukwege durante el discurso que pronunció cuando recibió el Premio Sajarov.

Nadia Murad, la joven que dignificó la humillación de los yazidíes

La también galardonada Nadia Murad es la voz de la conciencia de los yazadíes, y la joven heroína que transformó en dignidad la humillación y la esclavitud a la que el grupo terrorista Estado Islámico (EI) sometió a su milenario pueblo.

Todo cambió para Nadia Murad el 3 de agosto de 2014. Aquel día la comarca iraquí de Sinyar, donde nació y creció la joven que actualmente tiene 25 años, vio como una columna de vehículos del EI llegaban para iniciar una operación salvaje de sometimiento y de exterminio.

Los yazadíes son una minoría religiosa de etnia kurda asentada en el norte de Irak, considerada infiel por los yihadistas.

Su objetivo era acabar con los yazadíes, una minoría religiosa de etnia kurda asentada en el norte de Irak, cuyas raíces se remontan a 2.000 años en los que ha sufrido 74 genocidios, y a los que los yihadistas del EI consideran infieles.

La masacre del grupo terrorista supuso la muerte de unas 5.000 personas, según cálculos no oficiales, y la esclavitud de alrededor de 3.000 niñas y mujeres que fueron sometidas a ventas y reventas para su explotación sexual. Una de ellas fue Nadia Murad. Aquel día estaba junto a su madre y sus 12 hermanos en su natal Kojo, un pueblo agrícola, del que los yihadistas se llevaron a todo el mundo.

Durante tres meses Murad sufrió un tormento del que logró escapar en noviembre de aquel mismo año gracias a los vecinos que la ayudaron a salir de la zona controlada por los terroristas para llegar a un campo de refugiados en Irak y trasladarse posteriormente a Alemania.

Desde allí comenzó a alzar la voz para denunciar el suplicio de los yazidíes y el 16 de diciembre de 2015 contó su experiencia en el Consejo de Seguridad de la ONU, que la nombró embajadora de esta organización. Su rostro comenzó a hacerse habitual en las conferencias de Naciones Unidas y organismos internacionales, en donde sin descanso narra una y otra vez el horror que aún vive su pueblo.

Murad "es el testigo que cuenta los abusos perpetrados contra ella y contra otros", ha argumentado el comité Nobel para conceder el galardón, compartido con el congoleño Denis Mukwege, un médico que lleva años trabajando en la recuperación física y psicológica de las mujeres violadas durante los conflictos armados.

"Lo que estoy haciendo, y lo que he decidido hacer, es contar mi experiencia a la gente. Lo hago por la injusticia que hemos sufrido", expresaba la joven yazidí a los micrófonos del programa En Portada, durante la realización de Esclavas del Daesh.

"El Daesh nos capturó muy deprisa (...). Nos dijeron que todas las mujeres yazidíes íbamos a ser sus esclavas. A nosotras nos violaban, nos vendian (...). No hay vida bajo el Daesh", explicaba en el reportaje de TVE.

Violaciones como estrategia militar

Murad es "una de las cerca de 3.000 niñas y mujeres que han sufrido abusos sexuales como parte de la estrategia militar del yihadista Estado Islámico que usaba ese tipo de violencia como un arma contra los yazidíes y otras minorías religiosas", agrega el Comité Nobel.

El reconocimiento del Nobel se suma al que ya recibió en 2016 del Parlamento Europeo, que le otorgó el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia, un premio que la Eurocámara concede desde 1988 a personas y organizaciones que defiendan los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Tribunal para los responsables del EI en Siria e Irak

Además, la joven yazidí ha venido insistiendo en la necesidad de que se cree un tribunal especializado que juzgue a los responsables de los crímenes cometidos por el EI en Siria e Irak, donde a finales de junio de 2014 proclamó un "califato" en los territorios que había conquistado hasta ese momento y que en julio de 2017 daba sus últimos coletazos.