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Los nuevos estímulos del BCE, ¿una bala de plata o un cartucho para ganar tiempo?

  • Muchos analistas dudan de su efectividad en la actual situación económica
  • Hasta ahora, la liquidez y los bajos intereses no han animado ni crédito ni inflación
  • Draghi avisa que, si los Gobiernos no actúan sobre la economía real, no funcionarán
  • La banca advierte de la caída de rentabilidad y Alemania, del mayor riesgo asumido

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El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi, visto entre los periodistas que asistieron a la rueda de prensa en la que anunció un nuevo paquete de medidas monetarias de estímulo. EFE ARNE DEDERT

Las nuevas medidas de política monetaria del BCE han sorprendido a los mercados, no tanto por la ampliación de las compras de activos o la bajada de tipos de referencia, como por las nuevas operaciones de liquidez a la banca (bautizadas como TLTROS II), en las que el instituto emisor puede llegar a pagar a las entidades por pedirle dinero prestado.

Según los analistas, este es el esquema más radical de todos los adoptados nunca por una institución monetaria para tratar de impulsar el crédito a empresas y particulares.

Sin embargo, después de los escasos resultados conseguidos con las operaciones de liquidez anteriores -donde la concesión también estaba condicionada a que los bancos que pedían dinero al BCE lo utilizaran para prestar-, la mayoría de los economistas dudan de que esto sea una bala de plata, una medida efectiva en la actual situación de la eurozona, y se pregunta qué es lo que, verdaderamente, ha llevado a Mario Draghi a desplegar un arsenal tan amplio en estos momentos.

Según el BCE, los riesgos económicos de la zona euro se han “agudizado”, con los precios del petróleo en una caída libre que se prolongará más de lo previsto, una China cada vez más debilitada y la creciente posibilidad de una salida de Reino Unido de la UE. Con ese panorama, la previsión de crecimiento del regulador monetario europeo se reduce con cada mes que pasa (ahora la sitúa en un 1,4% este año, tres décimas menos que hace tres meses) y la inflación se encuentra en coma, ya que se estima que no supere el 0,1% de media al cierre del año.

"Último cartucho a la desesperada"

Para el catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull, Santiago Niño Becerra, la decisión del jueves del BCE es “el último cartucho a la desesperada para ganar tiempo, no para arreglar nada”.

“Hay que ganar tiempo para ir diseñando el nuevo modelo de funcionamiento para un sistema internacional donde la influencia de los Estados está en retroceso y son las grandes corporaciones las que tienen el poder real, donde la política monetaria del dólar-euro-yen está totalmente superada, y en el que el mosaico actual de políticas fiscales se ha demostrado absurdo”, explica el economista a RTVE.es.

Sólo en 2015, el BCE gastó 700.000 millones de euros en comprar activos y no logró aumentar la inflación (en febrero se situó en -0,2%). Además, las seis operaciones de liquidez condicionada a dar crédito -realizadas desde finales de 2014 hasta ahora- no despertaron el interés esperado en la banca europea, que mantuvo su atonía crediticia.

“Los bancos están llamando a sus clientes significativos para ofrecerles préstamos, pero nadie está interesado en pedir créditos, las empresas prefieren autofinanciarse”, señala Niño Becerra, quien advierte que “el problema a nivel global es que se está tratando un cáncer con anfetaminas: se está inyectando liquidez a un mundo hiper-endeudado. El planeta se debe a sí mismo 200 billones de dólares”.

Según este catedrático, "se criticó mucho a las medidas monetarias de los años 80 y 90 porque, se dijo, sólo se pensaba en el corto plazo, de hoy para mañana. Pero ahora es peor: se piensa de las 10 de la mañana para las 11".

Estancamiento del crédito y la inversión

El sobreendeudamiento de familias, empresas y Estados -sobre todo, en algunos países europeos- tiene mucho que ver en esa parálisis del crédito. Por el lado de la demanda, el estancamiento de los salarios y el elevado paro no incita a pedir préstamos y, por el lado de los bancos, se trata de limitar al mínimo el riesgo de morosidad.

A eso se añade, a nivel global, la reticencia a invertir que genera la actual situación económica, marcada por el exceso de oferta en un mundo que no puede o no quiere gastar.

Como destaca Barclays, muchas compañías han preferido emplear su liquidez en recomprar sus acciones -o, incluso, han optado por destinarla a reservas- antes que poner su dinero a producir.

Y es esa situación económica ante la que deben actuar los Estados con sus reformas estructurales y su política fiscal -incluso, con mayor inversión pública en los países con cuentas más saneadas-, tal y como insiste el presidente del BCE, Mario Draghi, cada vez que habla en público.

“Para aprovechar al máximo los beneficios de nuestras medidas de política monetaria, otro tipo de políticas deben contribuir decisivamente. Todos los países deberían esforzarse por una política fiscal más favorable al crecimiento”, reiteró el banquero italiano este jueves.

Críticas desde la banca

Por otro lado, el movimiento de Draghi ha enervado las críticas que ya se habían manifestado con más o menos intensidad desde países como Alemania o desde el sector bancario.

Los bancos se quejan de que estos tipos históricamente bajos están reduciendo al mínimo su rentabilidad, con lo que no tienen margen para retribuir los depósitos y evitar su fuga.

Sin embargo, el BCE cree que, a nivel agregado del sector bancario, no se está perjudicando a la banca porque, aunque los tipos de interés están en mínimos, eso también ha reducido enormemente los costes de financiación de las entidades. Además, como ha subrayado el vicepresidente del regulador, Vitor Constancio, los tipos bajos ayudan a la recuperación económica y, por tanto, al sistema bancario.

Desde abril podrán tomar prestado al BCE al 0% y, si solicitan las nuevas líneas de liquidez condicionada y cumplen los requisitos (es decir, si desde ahora a 2018, elevan más de un 2,5% su media de concesión de créditos a empresas y particulares), el regulador monetario les pagará el 0,4% de la cantidad que hayan solicitado dentro de las operaciones de liquidez.

“Se está presionando a la banca para que dé más crédito, se les está animando a tomar más riesgo”, opina Iván San Félix, analista de Renta 4, en declaraciones a RTVE.es. Pero también recuerda que, al mismo tiempo, se les está exigiendo mayores niveles de capital.

Los bancos, según este experto, “deben aceptar una nueva realidad, una situación en la que lo normal serán rentabilidades muy bajas, que nada tienen que ver con las que tuvieron hace unos años”.

San Félix explica que, ante esa realidad, las entidades pueden fusionarse, mejorar su eficiencia -“para lo que ya no tienen mucho margen”- o, por ejemplo, “bajar los intereses de los créditos al consumo hasta unos niveles que a la gente le parezcan razonables y con los que seguirán ganando”.

Otras críticas, como las procedentes de Alemania apuntan a que el perjuicio a la banca lo acabarán pagando los depositantes, y a que el BCE está asumiendo cada vez más riesgo con sus préstamos a nula rentabilidad, sus pagos a quienes le pidan prestado y sus compras de activos, que ahora ha ampliado a bonos de deuda emitidos por empresas europeas.

“Las decisiones del BCE sirven de guía a la especulación financiera. Los asalariados de clase media y los ahorradores tendrán que pagar por la política monetaria europea. Con Mario Draghi, el BCE es más Wall Street y menos el Bundesbank”, ha resumido el ministro de Finanzas de la región de Baviera, Markus Soeder.

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