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El final del sistema europeo de cuotas lácteas obliga a los productores a adaptarse al mercado

  • En España, denuncian que quedan a expensas de los deseos de la industria
  • Las empresas españolas creen que habrá oportunidad de crecer
  • La intervención del sector surgió para frenar la sobreproducción de los 80
  • Tras 30 años, la UE cree que el sector está preparado para ajustarse él mismo

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Una mujer rellena un depósito con leche recién ordeñada
Una mujer rellena un depósito con leche recién ordeñada. AFP REUTERS

Las cuotas lácteas, el sistema diseñado para regular la producción de ese sector de la UE, desaparecen este miércoles. Este régimen ha marcado la fuerte reconversión láctea vivida en España desde su entrada en 1986 en la Comunidad Económica Europea. Se había establecido dos años antes para frenar la sobreproducción comunitaria que provocó excedentes sin salida en los mercados, lo que los medios de comunicación de la época describieron como “montañas de mantequilla” y “lagos de leche”.

La consecuencia más inmediata será que los productores de leche de vaca y lácteos tendrán que ajustar su producción al mercado, con la consiguiente volatilidad de precios que ya marca otros sectores alimentarios.

Sin embargo, la propia Comisión Europea advierte de que esa relación más directa entre oferta y demanda no tiene por qué traer bajadas de precios al consumidor.

Para garantizar cierta estabilidad en la recogida de leche y cierta sostenibilidad de las ganaderías, se han establecido unos contratos obligatorios que comprometen a productores e industria con un precio durante un año.

Más poder para la industria, según los ganaderos

Pero en España, los ganaderos alertan de que los contratos ofrecidos por las empresas imponen “condiciones leoninas”. Si los productores los rechazan, nadie recogerá su leche. Para evitar abusos, algunas comunidades autónomas han decretado que el productor debe renunciar al contrato ante la Administración, de forma que, cuando ésta detecte muchas renuncias a una misma empresa, podrá investigar lo que ocurre con sus contratos.

“El problema clave es que, a partir de ahora, el poder lo va a tener la industria, que impone la producción que quiere con las condiciones que quiere”, se lamenta Gaspar Anabitarte, productor de leche y secretario general de COAG en Cantabria.

Anabitarte indica a RTVE.es que están imponiendo reducciones muy fuertes de volumen de leche a los productores, mientras manipulan la valoración de los estándares de calidad y marcan precios de compra a los ganaderos por debajo de sus costes de producción.

Como ejemplo, menciona que la empresa dominante en su región ofrece un precio base de 0,26 euros por litro, frente a los 0,34 o 0,35 euros que cuesta producirlo. “Tengo facturas de 1989 en las que me pagaban 0,33 euros el litro, y entonces las calidades estaban mucho menos controladas”, recuerda el cántabro.

Esas condiciones son “inviables” para muchas explotaciones, denuncia a RTVE.es Adoración Llorente, técnica de ganadería de Asaja.

Una oportunidad de crecer sin limitaciones, según la industria

Sin embargo, el director general de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL), Luis Calabozo, asegura que esos precios no se pueden relacionar con el final del sistema de cuotas, sino que responden "a un momento bajo del ciclo" del mercado lácteo que, sin embargo, muestra "una tendencia claramente favorable" debido a la creciente demanda de leche.

Desde Asaja, Llorente también avisa de que la industria láctea española carece de “instalaciones que permitan diferenciarse en productos de más valor añadido y menos perecederos que la leche cruda”, lo que les permitiría tener un mayor margen de absorción de las producciones y optar a entrar en nuevos mercados.

Aunque admite esas carencias, Calabozo explica a RTVE.es que "el actual dimensionamiento y especialización del sector español corresponde a las cuotas que podía manejar hasta ahora". Por eso, cree que la eliminación de una cuota "claramente discriminatoria" para España abre oportunidades de inversión y diversificación que "le permitirán descubrir su verdadero potencial para producir de forma competitiva".

La cuota de España no podía superar el 60% de sus necesidades internas, por lo que -según el portavoz de FENIL- el sistema "no actuaba de manera restrictiva para el resto de Europa y convertía a España en un mercado cautivo, que no podía aumentar su producción".

Motivos de la eliminación de las cuotas

El sistema de cuotas –integrado en la Política Agraria Común, la PAC- fijaba topes de producción a cada productor individual de leche de vaca y cada país en su conjunto, y una serie de multas para aquellos que las superaban. En revisiones posteriores se fue modificando el sistema, al permitir a los ganaderos comprar cuotas de otros y no sancionar los excedentes individuales si no se sobrepasaba la cuota nacional.

Pero ahora, con una mayor demanda de lácteos en el mundo y la previsión de que siga aumentando a un ritmo anual del 2% -por el crecimiento de la población, el incremento de las clases medias y los cambios de las preferencias de dieta-, la UE entendió que las cuotas se habían convertido en una limitación que impedía crecer a los productores europeos.

Esta circunstancia va unida a que las instituciones europeas consideran que, tras la reestructuración forzada por las cuotas, el sector lácteo se ha adaptado al mercado y ya regula su producción en función de las necesidades reales. Además, ha redirigido una parte importante hacia productos de alto valor añadido -como los quesos o los yogures-, así como a nuevos nichos como producción ecológica, alimentos de dieta, complementos nutricionales o deportivos.

En los 30 años que ha durado el sistema de cuotas, el número de explotaciones se ha reducido en el conjunto de la UE a un ritmo del 6% anual, aunque ese movimiento se ha visto contrarrestado en muchos países por el crecimiento del tamaño medio de las cabañas y las mejoras de productividad del ganado.

Más demanda, más producción y, en España, más costes

Como consecuencia, la producción europea de leche de vaca aumentó un 2,3% entre 2000 y 2013, a un ritmo anual del 0,2%, con lo que pasó de los 150,3 millones de toneladas a 153,8 millones.

En España, el incremento en ese período fue superior (4,3%) y colocó al país como el séptimo productor de la UE, con 6,56 millones de toneladas en 2013.

Ese alza se ha producido pese a que el número de cabezas de vacas lecheras se redujo en el país un 24,4% entre 2000 y 2014 (hasta sumar 862.000 el año pasado). Eso fue posible gracias a una de las mejoras de productividad más altas de la UE en ese período (del 38,8%, frente a una media del 18% en los Veintiocho), que coloca al ganado español como el sexto más productivo, por detrás de Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia y Holanda.

El problema de ese aumento de la producción de cada vaca es que se ha conseguido a través de un cambio en la alimentación de los animales, pasando a depender de piensos o combinaciones de cereales y sojas que vienen en gran medida de fuera y elevan los costes.

“En Europa, los costes de producción son mucho más bajos que aquí, porque trabajan en base a su tierra y nosotros, en base a barcos que traen cereal y soja”, señala Gaspar Anabitarte a RTVE.es.

“Un reto, pero también una oportunidad”

Pese a esos problemas, el comisario de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE, Phil Hogan, ha destacado que “el final del régimen de cuotas lácteas constituye un reto a la vez que una oportunidad para la Unión. Un reto, porque toda una generación de productores lácteos tendrá que vivir en circunstancias radicalmente nuevas y desenvolverse, qué duda cabe, en un medio caracterizado por la volatilidad. Pero será también, ciertamente, una espléndida oportunidad en términos de crecimiento y empleo”.

Así, los 650.000 explotaciones ganaderas que existen en la actualidad en los 28 países de la UE verán simplificarse los controles administrativos diarios a los que han estado sometidas. Sin embargo, con ayuda de cooperativas y organizaciones de productores, tendrán que estar muy atentas a la evolución del mercado lácteo para ajustar su producción a cualquier cambio que se produzca.

Además, la Comisión Europea ha creado un Observatorio del Mercado Lácteo con el objetivo de aumentar la transparencia en el análisis.

También mantiene una red de seguridad dentro de la organización común de mercado de este sector, con mecanismos de intervención para ocasiones de emergencia, como los esquemas de almacenamiento privado o la compra pública de mantequilla y leche en polvo, utilizados por última vez el año pasado, después de que Rusia vetara las importaciones lácteas desde la UE.

Aparte, para las explotaciones y zonas más vulnerables –como las de montaña- están disponibles ayudas dentro de los programas de desarrollo rural, destinadas a apoyar inversiones en las instalaciones, estabilizar los ingresos o incentivar la innovación.

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