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El papa Francisco visita los lugares más sagrados de judíos y musulmanes en Jerusalén

  • Ha visitado la Explanada de las Mezquitas y el Muro de las Lamentaciones
  • Pide a judíos, cristianos y musulmanes que abran sus corazones
  • Exige que nadie utilice el nombre de dios para justificar la violencia 
  • Visita la tumba del fundador del sionismo y el memorial a las víctimas del terrorismo

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El papa Francisco cierra su peregrinación a Tierra Santa en el emblemático Cenáculo de Jerusalén

El papa Francisco no ha evitado ninguna visita polémica y, al final de su periplo en Tierra Santa, ha honrado los lugares de culto de musulmanes y judíos, algunos de ellos en el corazón del conflicto en Oriente Medio.

En la sensible Explanada de las Mezquitas, el papa ha visitado la Cúpula de la Roca, el tercer lugar más sagrado para los musulmanes, a quienes ha llamado "queridos hermanos". En un discurso en dicha Explanada, el pontífice ha llamado a la paz y la justicia y ha pedido a judíos, cristianos y musulmanes que abran sus corazones y su mente para entender al otro, y pidió que nadie utilice el nombre de Dios para justificar la violencia.

Francisco subió a la disputada plataforma de la mano del Custodio de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa, y del príncipe Ghazi de Jordania, país que tiene la custodia de este lugar venerado por los musulmanes por ser el lugar desde donde la tradición dice que Mahoma subió al cielo.

Escoltado por las fuerzas de Seguridad israelíes, el pontífice visitó el Domo de la Roca, bajo cuya cúpula se guarda la piedra que la tradición sitúa el sacrificio de Isaac, y se reunió con el gran Mufti de Jerusalén, Mohamad Ahmad Husein.

En el Muro de las Lamentaciones

Su segundo rezo, a pocos metros, se ha producido en el lugar más sagrado para los judíos. Siguiendo su tradición, ha depositado su oración en el Muro de las Lamentaciones, situado en el corazón del casco viejo de Jerusalén.

Allí, un joven le explicó al pontífice en inglés la historia del monte Moria, lugar donde la tradición judía sitúa el templo edificado por Salomón para sustituir al Tabernáculo como único centro de culto del pueblo judío.

Considerado por la tradición judía el edificio más bello del mundo, en su interior se conservaba el arca de la alianza y otros objetos de culto como el candelabro de los siete brazos, y fue destruido durante el segundo asedio de Nabucodonosor II a Jerusalén (587 a.C.). Un segundo Templo, mucho más modesto, fue levantado sesenta años después, durante el reinado del rey persa Darío I y destruido de nuevo por las tropas del emperador romano Tito en el año 70 d.C., durante la revuelta de los zelotes.

El único vestigio que queda hoy es el llamado Muro de las Lamentaciones, al que Francisco se acercó para depositar una plegaria, como ya hicieran sus dos predecesores, Pablo II y Benedicto XVI.

Homenaje a las víctimas del Holocausto y al padre del sionismo

Poco antes, el rabino había entonado una oración en hebreo en la que pidió por la paz en Jerusalén, la unidad y la lucha contra el odio a los judíos.

Las dos visitas, con un rabino y un profesor musulmán, amigos suyos de Buenos Aires, han querido demostrar que las tres religiones pueden convivir en paz.

También ha encendido la llama eterna para honrar a las víctimas del Holocausto en el museo Yad Vashem. Y ha sido el primer papa en depositar flores en la tumba de Theodore Herzl, el fundador del sionismo.

Fuera del guión, Francisco se ha detenido en el memorial a las víctimas israelíes del terrorismo.

Misa en el Cenáculo, edificio en disputa

Oraciones y gestos, pero también política. En su encuentro con el presidente de Israel, ha reiterado la urgencia de poner fin al conflicto.

El presidente Peres ha aceptado la invitación del papa de ir al Vaticano a rezar por la paz junto con el presidente palestino, Abbas. El pontífice intenta mediar así entre israelíes y palestinos tras el fracaso de las negociaciones.

La peregrinación ha concluido esta tarde con un encuentro ecuménico con religiosos en el huerto de Getsemaní, al pie del monte de los olivos, donde ha plantado su propio árbol, y una misa en el Cenáculo, edificio en disputa entre Israel y el Vaticano, y cuyo futuro está en negociaciones entre ambas partes desde hace 20 años. EFE

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