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Las tensiones en los países emergentes, un reflejo de los persistentes desequilibrios mundiales

       
  • El origen está en la política de los bancos centrales en los países avanzados
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  • FMI: desde 2007 han llegado 4 billones de dólares a los emergentes
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  • La huída de capital en busca de rentabilidad sin riesgo hunde las divisas débiles
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  • Los problemas de los emergentes pueden frustrar la recuperación occidental

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Cambio de moneda en una oficina de cambio de Turquía
Un hombre cambia billetes en una oficina de cambio de divisas en la ciudad turca de Estambul. EFE EFE/Sedat Suna

La tensión vivida en los mercados en la última semana a causa del desplome de las divisas de los países emergentes ha encendido todas las alarmas entre gobiernos, inversores y ciudadanos de a pie, ante el temor de que una nueva crisis en esas economías pueda frustrar la dubitativa salida de su propia crisis de los países más avanzados.

Los analistas tratan de calmar esos miedos, recordando que, aunque todavía con problemas estructurales por resolver, la situación de la mayoría de esos países ha mejorado respecto a la que tenían a finales de siglo pasado cuando desencadenaron crisis globales como la que se encendió en México en 1994, la que prendió en Tailandia y los tigres asiáticos en 1997 o la que partió de Rusia un año después.

Según Ramón Casilda, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles y especialista en América Latina, “la estructura económica del mundo ha cambiado y estos países han evolucionado, por lo que no se van a repetir las características de las crisis anteriores”.

Además, insiste a RTVE.es en que el grupo de los llamados emergentes ya no debe analizarse como un todo y hay que saber diferenciar los fundamentos económicos de cada uno: “Ya no hay solo una América Latina, hay varias, y lo mismo ocurre con el resto. El grupo de los denominados BRIC [Brasil, Rusia, India y China], por ejemplo, se ha resquebrajado” y cada uno tiene sus propias características y debilidades.

La clave de la Reserva Federal de EE.UU.

Por su parte, el analista de estrategia de Citi para España, José Luis Campuzano, confía en que las tensiones actuales “no se generalicen y se extiendan a todo el mundo”, y  añade a RTVE.es: “Y creo que la FED [la Reserva Federal de EE.UU.] tampoco lo piensa, visto el caso que ha hecho a las advertencias y señales que había el pasado miércoles, antes de reducir sus estímulos” monetarios.

Precisamente, uno de los detonantes del pánico sobre los emergentes –junto al temor a la ralentización de China causada por el cambio de su modelo económico y la salud de su sistema financiero, que soporta un elevado endeudamiento privado- ha sido ese giro en la política del banco central estadounidense, que ha rebajado en dos meses sus inyecciones de liquidez al mercado desde 85.000 millones de dólares mensuales a 65.000 millones a partir de este mes de enero.

Esa marea de liquidez comenzó en 2007 en EE.UU. (y en los años siguientes, en otros países avanzados como los de la zona euro y Japón) para tratar de lubricar un mercado financiero paralizado por la desconfianza que causaron entre los bancos las hipotecas basura. Desde entonces, el FMI cifra en unos 4 billones de dólares (cuatro veces el PIB español) el flujo masivo de capitales que ha llegado a los emergentes -alimentando el crecimiento de sus economías sin resolver la mayoría de sus desequilibrios- para obtener rentabilidades que no lograban en los países más desarrollados, sumidos en una etapa de bajos tipos de interés.

Cuando el grifo del capital amenaza ahora con cerrarse debido al apunte de cierta mejoría en las economías avanzadas, esos inversores empiezan a percatarse de que el riesgo que aún encierran los emergentes puede no compensarse con el rendimiento que obtienen allí por su dinero.

Esta situación se viene gestando desde el verano pasado, cuando la Reserva Federal anunció la posibilidad de reducir su programa de estímulos y ha encontrado la chispa en Argentina, un país con enormes desequilibrios y un cambio de divisa mantenido durante años de forma artificial, en el que una operación empresarial de venta de tres millones de dólares en divisas desencadenó la veloz huída de los capitales y la mayor depreciación en un día del peso desde 2002.

La huida de capital abre un círculo vicioso

A partir de ese momento, el mecanismo visto en todos los emergentes ha sido similar: los inversores han empezado a vender las divisas, que pierden valor frente al dólar y el euro. Esa depreciación hace que a los emergentes –la mayoría de los cuales tienen elevados déficits por cuenta corriente- les cueste más pagar sus deudas. Al mismo tiempo también sube la inflación, lo que empeora el poder adquisitivo de las poblaciones de esos países, lo que a su vez lleva a una reducción de las ventas de bienes y servicios. Esta caída del negocio afecta también a las empresas extranjeras, que ven aún más reducido sus beneficios al cambiarlos al dólar.

El círculo vicioso se cierra cuando los bancos centrales empiezan a subir los tipos de interés, algo que ha sucedido esta semana en India (un 0,25% más, hasta dejarlos en el 8%), Sudáfrica (un 0,5% más, hasta el 5,5%) y, sobre todo, Turquía, donde se apostó por un alza del 4,25% hasta situarlos en el 12%.

Con ese aumento del precio del dinero trata de frenarse la inflación y ayudar a mantener el valor de la moneda, al tiempo que se intenta aumentar la rentabilidad para que los inversores internacionales dejen su dinero en el país en cuestión. Sin embargo, esa medida también pone trabas al crecimiento, al encarecer los créditos, lo que amenaza de nuevo con agravar la pérdida de confianza de los inversores internacionales.

Las autoridades monetarias de esos países también han intervenido en los mercados de divisas vendiendo parte de sus reservas de dólares. Pero ni estos movimientos ni las subidas de tipos han frenado por ahora la huída de capital.

¿Se está gestando una nueva burbuja?

Para Campuzano, la reacción de los emergentes está provocando “un ajuste de competitividad”, es decir, la “normalización” de sus economías tras un período de sobredimensionamiento por la llegada masiva de inversiones. “Pero en la actual situación, ese proceso puede ser muy doloroso”, avisa.

Según este analista, los mercados financieros están ahora en un “impass”, a la espera de los datos que confirmen la intensidad de la mejora económica en los países más desarrollados. “La cuestión de fondo ahora es si los avanzados crecen con suficiente fuerza”, indica este analista a RTVE.es, pero si eso no se consolida, “tendremos un serio problema”.

“Los flujos de capital son como las golondrinas, que van de un lugar a otro siguiendo el buen tiempo. Pero ahora, los inversores se mueven en busca de rentabilidad en un mundo en el que no hay rentabilidad”, concluye el estratega de Citi para España.

Casilda destaca, sobre todo, el peligro de que se esté gestando una nueva burbuja financiera. “¿Cómo podemos pensar que la economía real esté en crisis y la economía financiera siga creciendo con cifras de dos dígitos? Esa disociación debe desaparecer porque, si no, vamos a estar en continuas crisis, cada vez mayores”, advierte, en referencia a que los rendimientos de la economía financiera no se están logrando por la buena marcha de la economía real, sino al sacar partido de los desequilibrios, lo que lleva a su agravamiento.

Con la actual crisis global -continúa este profesor-,“ya no queda mucho margen fiscal y el endeudamiento está en el límite. Estados y empresas están extenuados, exhaustos, tras el esfuerzo exigido y no habría garantías para poder afrontar una nueva recaída”.

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