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EE.UU. se moviliza para luchar contra el vertido de petróleo que amenaza sus costas

  • La marea negra puede causar una catástrofe medioambiental
  • Alcanzará la costa de Luisiana este viernes
  • El pozo podría seguir manando durante tres meses
  • Las acciones de BP se desploman y tendrá que pagar la limpieza

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El vertido del Golfo de México es más importante de lo que parecía en un principio

La secretaria de Interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, ha asegurado que el Gobierno hará todo lo posible para contener la marea negra en el Golfo de México.

El gobernador del Estado de Luisiana ha declarado el estado de emergencia, ante lo que puede ser una catástrofe medioambiental de proporciones equivalentes a la que causó el Exxon Valdez en Alaska.

Se teme que la marea negra alcance la costa de Luisiana este mismo viernes.

Nueva catástrofe medioambiental

Uno de los retos principales es taponar el pozo de petróleo, porque de lo contrario, según una portavoz de los Guardacostas, "constituirá una de las peores mareas negras de la historia de EEUU".

No será fácil estrangular la fuente del vertido, ya que la boca del pozo se encuentra a más de 1.500 metros de profundidad y carecía de válvula de obturación por control remoto. La administración calcula que harán falta tres meses para taponarlo.

La marea negra amenaza las costas de Luisiana, Misisipi, Alabama y el norte de Florida. Los sectores pesquero y turístico del Golfo de México se preparan para lo peor. El vertido puede arrasar la temporada de pesca de gamba, destruir el cultivo de ostras y hundir la afluencia de turistas. Todo en una zona que empieza a recuperarse del castigo del huracán Katrina.

El desastre comenzó la semana pasada tras la explosión en una plataforma petrolífera de la compañía BP en el Golfo de México, a unos 80 km. de la costa de Luisiana. En la explosión desaparecieron once empleados a los que se da por muertos. Otros 115 trabajadores pudieron ser rescatados. La plataforma se hundió dos días después.

El responsable también se hunde

La decisión de la administración Obama de declarar el desastre de "impacto nacional" permite al gobierno federal movilizar todos sus recursos -como los del departamento de Defensa- para hacer frente a la catástrofe. Hasta ahora, ni los incendios controlados ni las barreras han frenado la extensión de la mancha de crudo.

Los recursos federales y estatales se suman a las operaciones que lleva a cabo la petrolera responsable del vertido, BP. La compañía tendrá que afrontar todos los costes de limpieza, tal como ha precisado Obama.

Las acciones de la compañía se desplomaban un 7% al conocerse que el vertido de petróleo es cinco veces mayor de lo que se pensaba. La administración calcula que el pozo submarino expulsa unos 5.000 barriles de crudo al día, frente a los mil inicialmente estimados.

La decisión de Obama, en cuestión

El vertido de petróleo no es sólo una amenaza medioambiental. También pone en tela de juicio la decisión del presidente, Barack Obama, de volver a autorizar las perforaciones frente a las costas de Estados Unidos.

El mes pasado, Obama decidió permitir nuevas perforaciones de crudo submarino, al término de la moratoria que estaba en vigor. El vertido pone de relieve los riesgos de las plataformas petrolíferas y da renovada munición a los críticos, que durante años han presionado al Congreso para que ampliara las moratorias.

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