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EE.UU. y China se juegan el futuro del planeta en Copenhague

  • 190 países se reúnen para buscar un acuerdo contra el cambio climático
  • Los emergentes demandan una reducción del 40% de emisiones de los ricos
  • Éstos quieren que China e India reduzcan a la mitad sus gases en 2050
  • Se aspira a un acuerdo político de mínimos que se concrete en 2010
  • Envía tus preguntas sobre el tema a José Figueres el miércoles 9 de diciembre

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El planeta espera una solución en la próxima cumbre de Copenhague

"Si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene", decía el divulgador James Gleick para ilustrar las consecuencias de la teoría del Efecto Mariposa.

A partir de este lunes y durante doce días, los 15.000 participantes de hasta 190 países que se van a dar cita en Copenhague van a sentir ese aleteo a sus espaldas casi literalmente: Cualquier movimiento de China y Estados Unidos, los dos grandes contaminadores mundiales, puede determinar su posición mutuamente y con ellos la del resto del mundo.

Así, un gesto como el que ha hecho el presidente de EE.UU., Barack Obama, a última hora -anunciar que podría acudir a la cumbre por segunda vez en su recta final para impulsar un acuerdo- puede preparar todo un tsunami de expectativas en el resto.

Posible acuerdo político

El gesto de Obama ha venido precedido de otro gesto, el de India, que tras mucho apurar ha decidido comprometerse a reducir sus emisiones entre un 20 y un 25% por unidad de su PIB  respecto a las emisiones de 2005 de aquí a 2020.

Éste, a su vez, ha sido producido por China, que ha elevado esa cantidad a entre un 40 y un 45%. Y, por último, China reaccionó al gesto de propio Obama, que anunció una reducción de emisiones del 17% para 2020 y de hasta un 80% en 2050.

Estas sucesión de acontecimientos abre la puerta a un acuerdo político, aunque sea de mínimos y sin ningún tipo de obligatoriedad legal, que luego tendría que concretarse en 2010 en un pacto real y vinculante.

"Éstas son las conversaciones más difíciles en las que se ha embarcado nunca la humanidad", señalaba hace unos días el ministro de Medio Ambiente noruego, Erik Solheim, acerca del reto que hasta 98 líderes mundiales tienen estos días en la cumbre contra el Cambio Climático.

Ofertas engañosas

Y, sin embargo, la oferta de Obama no es más que la que ha aprobado el Congreso de EE.UU., el que tiene realmente competencias para tomar un compromiso de este tipo.

El Senado está estancado en su propia ley de emisiones, con la perspectiva de las elecciones legislativas del año que viene, que hace que los senadores demócratas no quieran enfadar a sus ciudadanos.

Ahí aparece de nuevo el efecto mariposa: la crisis económica en un antiguo estado industrial de EE.UU.  puede tener efectos en las islas Maldivas, donde un incremento de dos grados de temperatura se traduciría en su propia desaparición bajo mas aguas.

¿Servirá de algo?

Más aún, si la oferta de EE.UU y China se mantiene, puede que no se solucione gran cosa. La reducción de EE.UU.  es de apenas un 4% respecto a los niveles de 1990, que es la referencia que usan la Unión Europea y Japón, que ofrecen reducciones mucho más ambiciosas, de entre el 20 y el 30%.

Mientras tanto, se calcula que China, el principal emisor mundial, doblará sus emisiones de 2005 si sigue creciendo al mismo ritmo con la oferta presentada.

Según los cálculos del Panel Internacional contra el Cambio Climático (IPCC), para evitar la tragedia climática son necesarias reducciones de entre el 25 y el 40% para 2020 y de entre el 80 y el 95% para 2050, tomando siempre la referencia de 1990 en el caso de los países desarrollados.

Emergentes vs EE.UU.

En el documento de trabajo enviado a los países participantes por Dinamarca, país organizador, se obvia el objetivo de 2020 -que los emergentes quieren usar para que los desarrollados reduzcan sus emisiones hasta en un 40%- y se pide una reducción a la mitad de las emisiones mundiales en 2050 respecto a 1990.

Este objetivo ya ha sido rechazado de forma conjunta por las principales economías emergentes del mundo(China, India, Suráfrica y Brasil) que consideran que esta propuesta deja en "punto muerto" las negociaciones.

En realidad, éste es un movimiento más de la partida de ajedrez que se juega entre Estados Unidos y los países que se convertirán para 2050 en la primera economía mundial y en el más poblado del planeta: China e India.

Si, como es aceptado, los países desarrollados son los que tienen que hacer más esfuerzo en los próximos años para reducir sus emisiones y los emergentes solo deben reducir el ritmo de su aumento, a los emergentes les interesan objetivos muy ambiciosos para 2020 y difusos para 2050.

En el otro lado, los países desarrollados, comandados por EE.UU., quieren que los emergentes se comprometan ya a reducir sus emisiones.

A cambio, les ofrece dinero. Mucho dinero, dicen, aunque sin concretar. La UE habla de 100.000 millones de dólares al año desde 2020 entre todos los países desarrollados, de los 27 pondrían entre un 20 y un 30%. EE.UU. Aún no ha puesto una cifra sobre la mesa.

¿Y el resto?

Los emergentes consideran que la 'mitigación' -así se llama el cambio de un modelo energético barato y sucio a otro de renovables- tendrá un coste anual de hasta cuatro veces más.

Como espectadores de la partida, queda el resto que, sin embargo, se juega su futuro e incluso su superviviencia.

Por ejemplo, los miembros de la OPEP, para los que la cruzada contra los combustibles fósiles es un auténtico peligro. O, peor aún los países africanos y tropicales, que se arriesgan a fuertes sequías y lluvias que pueden provocar catástrofes de proporciones enormes.

"Los efectos los sentirán un cosechador de arroz en Sichuan, un directivo de Google en Seattle y un trabajador de una plataforma petrolífera noruega", concluye el ministro noruego de Medio Ambiente.

Con todo, el efecto no será igual para todos: aunque no han emitido casi nada- porque carecieron de Revolución Industrial- los países que más van a sufrir el calentamiento global son Haiti, Bangladesh o Sudán.

Si nada cambia, tendrán que confiar en que los tímidos aleteos de Obama y Hu serán suficientes para frenar el 'tsunami' climático.

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