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La policía alemana investiga quién envió el falso mensaje anunciando la tragedia

  • El falso mensaje del asesino de Winnenden añade confusión a la tragedia
  • La Fiscalía ha abierto un sumario contra el padre por no guardar bien las armas
  • Alemania entera busca explicaciones a la tragedia que ha dejado 16 muertos

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La revelación de que es falso el mensaje en el que el joven alemán, que ha matado a 15 personas, anunciaba sus intenciones ha añadido confusión a la tragedia.

Los transtornos psíquicos y el fácil acceso a las armas han sido, hasta donde se sabe, la combinación fatal que desencadenó la masacre escolar perpetrada por el chico de 17 años, que acabó suicidándose, entre su ex-colegio de Winnenden y un aparcamiento de Wendlingen.

Mientras Alemania entera busca explicaciones, los investigadores se vieron en el trance de tener que rectificar las informaciones dadas horas antes por el ministro de Interior de Baden Württemberg, Heribert Rech, según las cuales el muchacho había anunciado en internet su propósito de "convertir en una barbacoa" su antiguo colegio. Tal información es errónea, puesto que el mensaje hallado en un chat, aparentemente dirigido por el asesino a un amigo, no salió de su ordenador.

La rectificación sumó confusión a una jornada marcada por la conmoción y las informaciones que completaban el "retrato robot" de su autor, un muchacho de buena familia con acceso al arsenal legal de su padre, al que solía acompañar al club de tiro. Rech presentó a Tim Kretchsmer, el joven asesino, como un muchacho aficionado a los vídeo juegos violentos, que había sido sometido a repetidos tratamientos por depresión y que se sentía rechazado por sus compañeros.

Mientras se investiga quién envió tal mensaje anunciando la masacre, lo que está claro es que Tim perpetró su matanza con una pistola de su padre, que tenía en casa quince armas, todas legales.

La Fiscalía ha abierto un sumario contra el padre por presunta negligencia y vulneración de las leyes de posesión de armas, puesto que al parecer no las tenía a buen recaudo.

Según medios alemanes, tanto éste como su esposa, además de la hija menor, de 15 años, dejaron su casa tras identificar el cadáver de su hijo y prestar declaración, en busca de un lugar para reflexionar sobre una tragedia en la que al dolor por la pérdida del hijo deben sumarse cuestiones sobre su responsabilidad en ella. Se trata de una familia acomodada, cuyo responsable dirige una empresa con un centenar de empleados, tiene un Porsche y dedica todo su tiempo a trabajar, además de ir al club de tiro con su hijo.

El responsable de Interior informó asimismo de que el joven utilizó para su masacre una pistola automática Baretta de 9 mm, que su padre guardaba en su dormitorio, y que salió con más de 200 balas que tomó de uno de los dos armeros cerrados con una combinación que, según la policía, el asesino debía conocer.

En el mensaje inicialmente atribuido al muchacho, el autor afirmaba tener armas y estar dispuesto a ir a su antiguo colegio "para hacer una buena barbacoa". "Estoy harto de esta vida" y "nadie reconoce mi potencial" fueron otras de las frases del "chat" leídas ante la prensa por Rech.

El delito

El joven utilizó para la masacre una pistola automática Bernetta que su padre guardaba en su dormitorio, así como más de 200 balas que tomó de uno de los dos armeros cerrados con una combinación que, según la policía, el asesino debía conocer.

Descargó 60 de esas balas en el colegio de Albertville, donde había terminado sus estudios de enseñanza secundaria dos años atrás, y también que la mayoría de las víctimas en ese lugar fueron mujeres: ocho alumnas y tres maestras.

Otros 44 disparos fueron realizados por el joven al término de su fuga de 40 kilómetros, en un coche robado, hasta Wendlingen, donde mató a un vendedor de automóviles y su cliente.

Las últimas balas la empleó en abrir fuego contra los agentes que lo tenían acorralado y, tras resultar herido en la pierna, se suicidó con un tiro en la cabeza.

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