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De Nueva York a Colón: La Roja baila ante Argentina y la 'plaza selección' estalla de felicidad

De Nueva York a Colón: así se vivió el histórico triunfo de la selección española

¡España es campeona del mundo de fútbol por segunda vez en su historia! Y la euforia que se vive esta noche solo es el inicio. Miles de españoles han visto la final ante Argentina frente a una de las centenares de pantallas gigantes que se han instalado a lo largo y ancho del país. Un ejemplo destacado ha sido el de la plaza de Colón en Madrid, donde desde el principio del torneo la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) instaló la denominada 'plaza selección'.

Era tal la capacidad de convocatoria durante el torneo, que mucha gente se quedaba fuera, dolida por no poder ver el partido en Colón. Por este motivo, en la final la organización ha puesto una segunda pantalla hacia la glorieta del monumento, lo que ha permitido aumentar el aforo de 6.000 a más de 25.000.

Y menos mal, porque desde bien temprano, los aficionados y aficionadas se han agolpado con más ganas que nunca para ser los primeros en entrar a las 17:30 y no quedarse fuera, quedando el aforo completo a las 18:45. En el lado del Paseo de Recoletos, los aficionados han entrado corriendo como si de un concierto o un festival se tratara.

"Yo soy español", "Argentino el que no bote", "A por ellos" o el simple "lololo" han sido los cánticos más repetidos desde el inicio bajo el Lorenzo.

Una pasión inexplicable

Pero, ¿qué lleva a las personas a estar durante horas en una cola al sol en pleno verano? La pasión por la selección española, las ganas de vivir en comunidad un momento que puede ser único y quedará grabado para la historia. Impregnarte de la confianza de quienes están alrededor. No solo tus amigos, sino toda la marea roja (y blanca, la segunda equipación ha arrasado en ventas), con la bandera pintada en la cara, que explota en cada ocasión y estalla como un volcán con cada gol, incluso los anulados.

La RFEF prepara toda una previa con DJ, cantantes de la talla de Chanel y la charanga Los Imparables para animar el ambiente, pero con sinceridad, solo unos pocos (la mayoría en la sombra frente al escenario) lo dan todo desde el principio.

En las horas previas, la mayor parte de los asistentes reservan fuerzas para el partido: deambulan entre las barras para hidratarse y comer y algunos de los puestos con actividades de los patrocinadores de la selección.

Aunque ha habido un momento de cinco aficionados seleccionados para narrar un futurible gol que sí que ha sido seguido y celebrado por muchos. Ganaron Óscar y Carmen, que se llevaron una camiseta de La Roja.

Vivir el partido en la multitud

Es en los minutos predecesores a los himnos nacionales cuando ya todo el mundo busca el mejor ángulo para ver la pantalla, pidiendo con sorna a los más altos que se echen a uno u otro lado (ayuda mucho si llevan una camiseta con nombre). La traducción es un movimiento de parabrisas constante de cuello y cabeza para intentar no perderse ningún detalle. No cabe un alfiler, y el movimiento hacia adelante es casi imposible.

Cualquier plano de un jugador (incluso Messi), cuerpo técnico o fan argentino (y también de Infantino), genera una sonora pitada. Así es el fútbol, y más cuando te juegas una Copa del Mundo.

Por contra, cuando la cámara se fija en los futbolistas españoles, los aplausos y los gritos de ánimo se contagian de unos a otros, siendo los más aclamados Cucurella, Porro, Olmo, Lamine (¡su hermanito!), Oyarzabal y, cómo no, Luis de la Fuente.

El himno de España se ha cantado de aquella manera (nunca se coordinan bien con la tele ni se canta el orden correcto de las estrofas de la melodía) y durante el himno de Argentina: "¡Argentino el que no bote!"

"Están jugando muy bien"

Durante toda la primera parte, la afición ha estado muy confiada, puesto que solo los futbolistas españoles llevaban el balón a campo rival: "Están jugando muy bien" y "ellos no hacen nada" eran las reflexiones más repetidas.

Ante la secuencia de faltas de los argentinos, el primer momento de gran celebración fue la primera tarjeta de Lisandro Martínez, minutos antes de su lesión. Aunque con menos frecuencia de la deseada, las ocasiones de España subían la moral: "¡Están aco**nados!" se cantaba del combinado argentino.

El tan controvertido descanso con actuación musical no ha sido muy bien recibido por la mayor parte de la afición futbolera. Solo canciones clásicas como Seven Nation Army o el hit del Mundial de Shakira fueron seguidos al unísono.

La tensión crece

En la segunda parte, los cambios se recibieron con alegría, con la confianza total en De la Fuente que le caracteriza ya a la afición española, e incluso con premoniciones: cuando salió al campo Ferran Torres, algunos dijeron "hoy es su día", después de un Mundial donde no estuvo del todo acertado.

El dominio seguía siendo el mismo, pero la tensión y el ansia por el gol iban creciendo, con la gente apoyándose cada vez más sobre la espalda de quien estaba delante cuando la jugada se acercaba al área de Argentina.

Las apariciones de Carlos Alcaraz y los campeones de 2010 aumentaban el ánimo y los vítores, y el buen juego provocaba los olés con cada pase. Una ocasión clara de Nico Williams y la roja a Enzo Fernández provocaron el segundo gran estallido de emoción.

Todos los presentes en la plaza vivimos abrazados el lanzamiento de falta de Lamine Yamal en el último minuto del tiempo reglamentario, pero el 'Dibu' Martínez la desvió a córner. Llegaba la prórroga.

Del enfado al éxtasis

La primera parte de la prórroga dejó un momento crucial en el ánimo de los espectadores. El gol anulado a Nico por una falta inexistente de Mikel Merino frenó en seco la celebración, que se tornó en indignación: "¡Qué vergüenza!", reiteraba más de uno, unido a cánticos contra el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y contra el árbitro.

Cuando las esperanzas se desmoronaban viendo las malas decisiones del colegiado y cómo la final se encaminaba a una tanda de penaltis donde el 'Dibu' suele destacar, se obró el milagro.

Nico Williams alcanzó el balón con la cabeza y se lo dejó a placer a Ferran Torres dentro del área, que esta vez sí, consiguió su primer gol del torneo, el que decide el Mundial en el 106'

Todo lo que sirve para combatir el sol y el calor saltó por los aires: sombreros, abanicos y vasos se elevaron al cielo de Madrid, empapándote por completo mientras no paras de botar en círculos, gritando y abrazándote con los de tu alrededor. En mi caso, me tuve que sujetar bien las gafas y me abracé a dos chavales que lloraban desconsolados de alegría. Personas a las que conoces minutos antes del milagro y con las que te hermanas en segundos.

El segundo de Ferran también hizo saltar a toda la plaza, pero quienes estábamos atentos nos encargamos de parar la euforia, porque estaba anulado por un dudoso fuera de juego: más gritos contra el árbitro. No obstante, la felicidad no se podía frenar; la confianza era plena y se escuchaba ya: "¿Dónde está Leo Messi, Leo Messi dónde está?".

Ya estaba, éramos campeones por segunda vez: "¡Hoy no voy a dormir!" aseguraba uno de los muchos jóvenes. Yo tampoco, pero por trabajo, y a mi pesar, abandoné la zona antes incluso de que los jugadores recibieran la copa.

De camino a la redacción, la fiesta se extendía por las calles y el Metro, lleno de camisetas y banderas de España y los clásicos pitidos de los coches. En la gente se notaba ya el cansancio de una larga jornada, pero porque se llegó a la extenuación.

Así termina un Mundial que comenzó con muchos preguntándose dónde está Curazao, en el que España se encontró con la sorpresiva Cabo Verde, pero a partir de ahí supo buscar la forma graciosa de jugar, dejó de estar despechá y alcanzó su súper-estrella: ¡la segunda!