Wout Van Aert, el eterno perseguidor que al fin culminó su caza más anhelada en los adoquines de Roubaix
- Su victoria en el ‘Infierno del Norte’ llega después de numerosos puestos de honor e infortunios
- El ciclista belga logra su segundo Monumento 6 años después de su Milán-San Remo
Había sido segundo, tercero y cuarto. Pero nunca había llegado al Velódromo de Roubaix con la victoria en liza. Siempre había alguien por delante. Siempre se veía a Wout Van Aert persiguiendo. Hasta la París-Roubaix de este domingo. El ciclista belga llegaba con un Tadej Pogacar dispuesto a entrar en la historia una vez más.
Una semana atrás el esloveno había vencido en el Tour de Flandes con absoluta superioridad. El belga fue 4º entonces. El mismo resultado que en sus tres últimas participaciones. Siempre a un peldaño del podio. Un cajón que conoce porque ya había sido 2º en Flandes en 2020, cuando parecía el gran favorito.
Pero aquel año cayó ante Mathieu Van der Poel, que le batió al sprint. Sin embargo, todo indicaba que su éxito en los adoquines terminaría llegando dado su poderío. Porque su derrota en 2020 fue una decepción enmascarada por sus victorias en Strade Bianche, Milán-San Remo y dos etapas en el Tour de Francia, en aquella temporada comprimida en 3 meses por el covid-19.
Candidato a todo
Su actuación en el Mundial de 2020 también contribuyó a erigir su perfil como el eterno candidato a todo, vencedor en múltiples etapas del Tour de Francia sí, pero al que se le negaban los triunfos en las grandes ocasiones. Plata en la crono tras Ganna y plata en ruta detrás de Alaphilippe. Aquellas fueron sus dos primeras platas de las 6 que ha conseguido con la selección belga, amén de otros 2 bronces. Siempre alguien por delante.
Como Richard Carapaz en los durísimos Juegos Olímpicos de Tokyo, donde el belga llegaba como gran favorito después de sus exhibiciones en el Tour de Francia ganando 3 etapas: la etapa con doble ascensión al Mont Ventoux, la crono final y el sprint en París. Ningún terreno se le resistía al belga, tan solo el oro. Porque Van Aert tuvo que conformarse de nuevo con la plata al batir al sprint a Pogacar, en aquella ocasión por milímetros.
5 años han transcurrido desde entonces. Su primavera en 2022 arrancó de forma prometedora. Vencedor en Het Nieuwsblad, se salió en París-Niza antes de ayudar a Roglic a ganar la general e hizo doblete para Jumbo en Harelbeke. Y cuando parecía su momento, una jugada del destino liquidó sus opciones en las grandes clásicas. No pudo salir en Flandes por un positivo en Covid-19 y dos pinchazos arruinaron su carrera en Roubaix, donde aun así pudo acabar segundo a gran distancia de Dylan Van Baarle. Siempre alguien por delante.
En el Tour de Francia volvería a realizar una gran actuación: al brillo personal de sus 3 etapas y lucir el maillot amarillo, añadió en esta ocasión su destacado papel como el gran gregario de Jonas Vingegaard en su primera victoria sobre Tadej Pogacar. Porque una de las virtudes del belga es que ha sabido cuando era su momento y cuando tenía que trabajar para sus compañeros. Como en el Giro del año pasado, en el que su labor en la penúltima etapa fue decisiva para que Simon Yates se hiciera con una maglia rosa que parecía destinada a Carapaz o Del Toro.
Relegado a secundario de lujo
Sin embargo, el arcoíris de Remco Evenepoel en Australia 2022 dejaba en evidencia la incapacidad de Van Aert para triunfar en las grandes ocasiones. Su victoria en Harelbeke en 2023 ante Van der Poel y Pogacar fue tan solo un espejismo. Semanas después, un pinchazo en el Carrefour de l’Arbre, cuando se lanzaba hacia la victoria en Roubaix, arruinó la que parecía su gran oportunidad. Desde aquella primavera Flandes se convirtió en coto privado del esloveno mientras la clásica francesa caía en las redes de Van der Poel un año tras otro.
En 2024, cuando se perdió estos Monumentos por su caída en A través de Flandes, el Mundial se convirtió de nuevo en su gran objetivo. Preparándolo en la Vuelta a España, el belga mostraría un gran estado de forma ganando 3 etapas. Pero todos sus planes se fueron por la borda con su dura caída en la Collada Llomena.
Los triunfos de Van der Poel y Pogacar repartiéndose clásicas y mundiales parecían relegar a un segundo plano a Van Aert. A pesar de todo el belga nunca tiró la toalla en los adoquines. Siempre en la pelea, sí, pero siempre a un mundo de los dos colosos.
Este domingo también tuvo un pinchazo camino de Roubaix. Sin embargo, su persecución apenas duró unos kilómetros. Cuando regresó al grupo de Pogacar con relativa facilidad, Wout supo que por una vez su fortuna había cambiado. Estaba venciendo a su destino para cazar al fin el gran triunfo en los adoquines que tanto había perseguido. Un Monumento a su trayectoria.